Eurocopa: post exitum omne triste est

Tacho1 de julio de 2008 a las 6:45 pm

“Ese vacío que deja…. la Eurocopa que se va…”. “Eurocopa” por “amigo”, esta interpretación libre del comienzo de una de las ubicuas y archiconocidas “Sevillanas del adiós” pretendía ser el título de una entrada en este blog. Lo pretendía ser hasta que, sólo dos días después de la rotunda victoria española, yo, futbolero nato y confeso, estoy anonadado y hasta saturado por la cantidad de puntas, interpretaciones y simbólicas aristas que se han originado con el éxito; de azafatas huríes bailando el Macarena (vean lo encantadas que hacen su performance) para los gladiadores convertidos en gansos o apáticos chupamóviles; de macarrónicos festejos, exageraciones y abusos patrióticos y políticos, y -como fin y como medio- de teles, radios y papeles ordeñando el asunto que es que ya no se puede más. Yo, el primero (pinchen aquí y aquí para leer dos artículos en los que, durnate el campeonato, me atreví a vincular fútbol y expectativas económicas).

Cuántas interpretaciones sobre la capacidad organizativa de Luis Aragonés, esa ave fénix del banquillo: eliminando preventivamente nocivos lideres mediáticos de la lista, creando un equipo sin personalismos, reprimiendo las conductas disfuncionales para la dinámica grupal para después dar paternal apoyo al bronqueado, integrando-motivando-liderando; creyendo firmemente en los objetivos y en el modelo de “chiquititos peloteros”, una flexible y orgánica adhocracia frente a las burocráticas máquinas italianas y alemanas. Luis, un héroe. Valdano, Iturriaga y Corbalán, temblad en vuestra faceta de consultores de recursos humanos: el de Hortaleza no vestirá vuestros trajes -ni mucho menos-, pero incluso en chándal y polito marcando tripa os pega un repaso en gestión de equipos de alto rendimiento: a los hechos me remito. Y nunca ha sido santo de mi devoción, todos tenemos un pasado. Aquí inserto la única foto que he encontrado de él…

foto_aragones2.jpg

Bueno, si ustedes empiezan a sentir ese post exitum omni triste est, consuélense: entre que llega y no llega la Olimpiada de agosto, tenemos el Tour, la final de Nadal en Wimbledon (d.m.), y hasta puede que unas vacaciones en un apartamento sin tele o sin señal directamente, en las que podremos emular esa pared que le hace Fábregas a Güiza  para pasmo de la defensa rusa. Cuidadito con las articulaciones, Zinedine…

4 Comentarios

  • Pat O'Feo

    ¿No era “post coitum omne triste est”? Bueno, en cualquier caso, ¿qué menos que dos días de celebraciones y simbolismos eufóricos tras decenas de años sin comernos una rosca pelotera?

  • Gonzalo

    Un buen post, un saludo.

  • Gonzalo

    Una de las claves del verano, que diferencia al invierno, es que en la vida pública no pasa nada y en la privada todo lo que pasa es bueno. La gente con sus cañas, sus playitas, sus soles, siestas y fiestas, los famosos de vacaciones y la prensa… esta es otra historia, es la época en la que exprimen las desgracias, hacen del suceso arte y epopeya del incendio forestal. El estío, nuestro querida estación estival, cuántas cosas pueden llegar a suceder: una pareja a la que multaron por fumarse un cigarrillo despúes de echar una canita al aire en el tren. Resulta que la ley prohibía lo del cigarrillo en el vagón, pero no lo otro. O el del marido al que rebajaron la pena precisamente por fumar, estaba acuchillando a su pareja, paró un poco para encenderse un cigarrillo (ya se sabe que en todos los trabajos se fuma) y ofreció otro a su víctima. La buena acción le sirvió de atenuante. Observe entonces, lector, que todos los veranos, cuando el bochorno aprieta, un equipo de investigadores descubre un gen, un nuevo paso hacia las células madres o cualquier cosa que pongan contra las cuerdas de la ciencia. Pensará que el calor despertará las neuronas de unos científicos dormidos nueve meses del año, pero la realidad es más prosaica: los científicos los descubren todos los días. Sólo que en el verano, cuando nada transcendente ocurre, conseguirían que estos acontecimientos hallen sitio en las primeras páginas.

    Estas consideraciones generales, válidas desde tiempos inm,emorial, dejarán de serlo este verano. Sólo un acontecimiento hizo que la crisis económica, los incendios forestales o los descubrimientos científicos pasaran a la sección de “breves” de los periódicos. Sí, lo que se está imaginando, el éxito en la Eurocopa.

    A mediados de año, el país empezó a verse canutas por la crisis económica, pero al Gonierno y a Solbes, el ministro de la cosa no dijeron ni “mú”. Todo un mutas mutandis. Luego el año próximo vendrán las prisas y se acabará el dinero público, ya se sabe: que si la balanza de pagos, que si el mercado internacional, que si el déficit público, la bolsa o el IPC. El caso es que se quedarán sin fondos y se buscará donde siempre los ministros suelen buscar fondos: en el profundo bolsillo de los contribuyentes.

    En este año, cuando los acontecimientos empiezan a atropellarse, los más extraordinarios hechos tuvieron como marco Centroeuropa, Suiza -que nadie se acuerda de ella- y Asutria -a quien le sucede poco más de lo mismo-. Por la Eurocopa, el fútbol para más señas, que parece que a todos les da un pálpito y les embriaga en un entusiasmo colectivo y patriótico (será por eso que lo llaman el deporte nacional), ya ganemos o perdamos, a lo que nos veíamos avocados una vez más. De hecho, ya habían entregado la carta de despido a Luis Aragones, el seleccionador, para después de la Eurocopa, un par de meses antes. En realidad, otra de las idiosincracio de lo español. Pero que ganamos a Italia y pasemos de cuartos, y sobre todo que nos llevemos la copa a casa ganando a Alemania, en la final, parecía cosa de magia. Por unos días, España se bañó en oro y se llenó de héroes. Y los españoles abusábamos de la primera persona del plural, mientras veíamos sudar a aquellas pobres criaturas desde el sofá del cuarto de estar. Pero lo más sorprente no era eso, sino el himno nacional español, que sin letra (otro de los temas del año, si lo recordarán), sonaba tanto en esos estadios de fúbtol y en plena calle, para entusiasmo de unos y otros.

    Algo había de eso. Una de las noticias que acompañaron al éxito deportivo era la armoniosa convivencia con los símbolos, los himons y las banderas. Hasta el nacionalista más pintado debería rendirse al alarde triunfalista de nuestra selección nacional de fútbol. Y en este entusiasmo, ni siquiera el director de E.T. hubiera podido concebir tan tierna apología de la institución monárquica: mientras se sucedían las victorias de esos tercios de Flandes, bañados en el color rojo de la camiseta nacional, se sucedían los gestos de la Casa Real y de aquellas cámaras, que muy oportunamente, los enfocaban en poses de lo más “humanas” como la prensa se lanzó a clamar. Qué si los príncipes se abrazaban, que si la Reina, alzaba los brazos, los dos, en un inusitado arrebato de alegría. Allí, la Caa Real se ganaron el sueldo con su dedicación plena, cada vez que se metía el gol allí estaba el Rey, la Reina o quien haga falta. Si la selección de fútbol no metía, Felipe daba la vuelta al marcador. Seguramente a la prensa local (de aquellas tierras centroeuropeas) le sorprendiera lo del Rey y la falta de protocolo, pero a los patrios que los habíamos visto en otras (en las Olimpiadas de 1992, por ejemplo) ya no choca tanto lo de la Reina. Resulta que aquella dama de apellido ignoto (a ver, ¿quién se sabe su apellido?) y discretos modales, no sólo sabía saludar con un brazo, sino con los dos, sino que además sabía ser radiante. Saludando, emocionándose, derrochando energía y sonrisas. Con el éxito en la Eurocopa España se soltó la melena y la Reina, también. Esa sí que sería la noticia del verano.

  • Randomize

    Gonzalo, su contenidamente irónica redacción me ha hecho ver lo más digno del verano, incluidos esos periodistas que luchan por llenar las páginas que azotarán arena y brisa marina donde el lector lee bajo sonbrilla. Al final, el producto es mejor incluso que el de invierno, o por lo menos es tan distinto… Me gustó mucho también la foto del post sobre el verano en este mismo blog. Por el niño y no por las tangas, claro es…

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Economía razonable para todos lo públicos

Economista, profesor de la Universidad de Sevilla y columnista habitual de los medios del Grupo Joly

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