Tacho Rufino | 24 de agosto de 2008 a las 21:33
En tercero de carrera, allá por el año 84, se convirtió en algo recurrente la palabra “estanflación” en las clases de Estructura Económica, que entonces impartía en la Universidad de Sevilla el profesor Vallés Ferrer. Con su gran parsimonia y su marcado acento catalán, nos descubría que un cuadro clínico caracterizado por el estancamiento económico o la recesión (o sea, no crecimiento o decrecimiento del Producto Interior Bruto de un país durante dos trimestres seguidos), la inflación (crecimiento sostenido de los precios al consumo, deteriorando el poder adquisitivo de las personas del país, y también deteriorando la capacidad competitiva de ese país con respecto al exterior) y el desempleo. Tres variables nocivas para la economía, causas y/o consecuencias unas de otras de manera más o menos directa. La estanflación -una adaptación del término inglés stagflation, a su vez una mezcla de “stagnation” (estancamiento) e “inflation”- venía a tirar por tierra las certezas de la llamada Curva de Philips, que establecía que cuando se intenta controlar la inflación, el desempleo tiende a subir. Hay que elegir, pues.
O sea, según Philips, para combatir el paro hay que tolerar cierta inflación. Y resultaba que, en ciertos periodos como aquél de las clases de Vallés y en otras fases cíclicas anteriores, no sucedía así: podía haber alta inflación, incapacidad para reducirla, paro rampante y -gallina o huevo-, estancamiento o recesión de la actividad económica general. Más o menos como ahora, tras unos veinte años en los que el palabro ha estado en el desván cogiendo polvo.
Se me ocurren dos expresiones cliché en este orden de cosas: “la estanflación ataca de nuevo” y “la estanflación ha venido y nadie sabe como ha sido”. Y no les falta razón a los tópicos.
27 de agosto de 2008 a las 7:47 pm | Enlace permanente
¿Los ciclos económicos son inciertos o son realmente cíclcos? ¿Quién los predice y quién los provoca? Si Philips, el de la curva, se equivoca, ¿qué puede hacer un gobierno para compensar el ciclo? ¿Dónde está Keynes? Estamos en las manos de los mercaderes, ¿no? ¿Dónde invierto mis ahorros? ¿Todo es especulativo y financiero?
29 de agosto de 2008 a las 12:38 pm | Enlace permanente
La curva de philips es “un modelo”. Eso que los investigadores sociales y los economistas utilizan para publicar y ponerle nombre a algo y pasar a la posteridad. Eso si, el modelo tiene cantidad de excepciones y como otros, no sirve para nada en muchos casos. Para confundir si acaso. Zapatero, de lo más confundido, suspendió el parcial de críticas a la curva de philips. Los quebrados se le dan mejor. Y las sumas con los dedillos en la espalda y la lengua retorcida, y el arte de birbiribloque de todas las autonomias contentas y con más dinero. La levadura agranda mucho. Aire al aire. Estancamiento con inflación y paro. Viejo, sin ahorros ni pensión, y con espinillas y desbarajuste hormonal.
2 de septiembre de 2008 a las 8:51 am | Enlace permanente
En mi modesta opinión, pienso que actualmente se mezclan y confunden dos términos: Inflación y Especulación.
La subida de precios como consecuencia del lógico aumento de los costes de producción al incrementarse la tarifa energética para producir bienes de consumo, equipos, etc, sí es inflación.
El comprar una vivienda y al año siguiente multiplicar por dos el precio de venta frente al precio de compra inicial,
o incrementar casi en el doble el precio de alimentos básicos justificado con no muy claras subidas de las materias primas o multiplicar por doscientos o más el precio de productos de consumo por pura intermediación entre productor y consumidor final………..todo ello y más es pura especulación.
En mi modesta opinión, soy un lego en Economía, creo que hemos dejado crecer dentro de nuestro sistema económico un cáncer especulativo que ha desembocado o acelerado la aparición de la crisis en la que estamos.
El crecimiento económico basado en movimientos especulativos puramente y no en inversiones productivas me temo que conducen a una inflación y posterior estallido tras el que solo queda la falta de infraestructuras económicas para poder crecer cuando baje la marea.