El tigre y el toro renquean al unísono

Tacho Rufino | 24 de marzo de 2009 a las 16:36

(Quedémonos con estas imágenes…)

Hace unos ocho meses, al denominado Tigre Celta -la República de Irlanda- le empezaban a flaquear los remos, después de una década prodigiosa en las que enseñaron la matrícula a toda Europa, empezando por sus íntimos enemigos británicos. El 18 de julio de 2008, una entrada de este blog (“A todo tigre (y toro) le llega su San Martín”, pinchar para ver) resumía los principales rasgos de, por una parte, el éxito irlandés, y, por otra los de la repentina zozobra verde. Entre las claves del éxito:

– Una mano de obra bien formada, joven, angloparlante, de bajo coste

– Unos impuestos bajos

– Una propensión del lobby irlandés USA a invertir en su país de origen, debido no ya sólo a la morriña, sino también al idioma, a los bajísimos impuestos relativos, a la pertenencia irlandesa a la Zona Euro y, por consiguiente, a una atalaya privilegiada para los mercados europeos.

– Unos tipos de interés bajos -los de la Europa comunitaria- que posibilitaron un boom crediticio y un boom inmobiliario anejo, de manera prácticamente idéntica a los ingredientes de la burbuja inmobiliaria española. La explosión del consumo debido al dinero “gratis” y al efecto riqueza fue otra consecuencia inmediata de tal estado de cosas.

Pero, como se intuía ya entonces y confirma The Economist en un artículo reciente (“The party is definitely over”, “La fiesta, definitivamente, ha terminado”, de 19 de marzo pasado), el panorama tras la exuberancia y la fiesta queda más o menos así:

– La burbuja ha estallado, los precios de la vivienda van cuesta abajo y los “malos créditos” que asumieron muchos irlandeses siguen ahí. Igual que en España.

– Los costes laborales, tras la inflación, son todo menos bajos. El coste laboral unitario (salario entre productividad) no ha parado de subir, y en Irlanda son a día de hoy el que más ha subido desde 1999. España debe de ser quien ocupa el segundo lugar de este ratio espanta-competitividad y espanta-inversión extranjera.

– Los costes salariales del sector público, a favor de corriente, han subido mucho en Irlanda, y ahora son un grave peso para el presupuesto público (The Economist obvia en este punto el hecho de que unos funcionarios y empleados públicos con seguridad en el empleo y razonable poder adquisitivo son una tabla de salvación para la economía en tiempos de crisis, allí y aquí). En España, aunque en menor medida, la situación es, de nuevo, prácticamente idéntica. Los superávit fiscales y exteriores, en ambos casos, se han esfumado (bueno, a España no se le recuerda superávit en la balanza comercial).

– Los bajos impuestos, para Irlanda en este caso, son un lastre importantísimo. Los ingresos públicos por IVA y otros conceptos derivados del boom inmobiliario han desparecido. Los notarios, si allí los hay, están como en España: jugando al sudoku -o al golf- en las horas muertas. El gran problema irlandés -y un grave problema para España si la crisis se instala- es el déficit público: los pérfidos británicos consideran la posibilidad de entrar en el euro, pero sugieren que los que llevan orejas de burro (los PIGS + Irlanda) deben salir fuera del paraíso euro que maquilla nuestra falta de competitividad.

– Para conseguir financiación exterior, la deuda pública irlandesa -como la española, de nuevo- debe pagar un sobreprecio. Por ejemplo, mientras Alemania paga un 3,2 % por los bonos a diez años, Irlanda paga un 6%.

Tras las similitudes, las diferencias: mientras nosotros tenemos el turismo aún, ellos, los irlandeses, tienen:

– Una mano de obra cualificada y una educación primaria, secundaria y universitaria de primer nivel relativo. Hablan inglés como lengua materna, más allá de los carteles de carretera en gaélico menguante.

– Un país pequeño, situación que -por causas nunca bien descritas y en contra de las economías de escala supuestas- protege de las crisis y se beneficia más de los periodos de expansión. Hay que decir, no obstnate, que países como Islandia la han pifiado precisamente por el tamaño.

El tigre y el toro están mustios.

  • R. M.

    ¡Por fin me he enterado! Y entiendo que… ¡lo tenemos muy mal!

  • David Putty

    Hago notar que Jefferson en 1802 (cuando pronunció tal proclama) no era un jovenzuelo revolucionario ni un viejo bocazas sin pudor. Era presidente del gobierno de Estados Unidos.

  • […] post de este blog sobre Irlanda: El tigre y el toro renquean al unísono (Marzo 2009), A todo tigre (y toro) le llega su San Martín (Julio […]


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