Siete jornadas particulares

Tacho Rufino5 de Abril de 2009 a las 23:04

La Semana Santa en muchas localidades andaluzas te obliga a tomar decisiones: o la vives y te sumerges en la peculiarísima y, normalmente, espléndida escenografía, compartiendo el ritual con mayor o menor fe y fervor, o sales pitando. Quien, transitoriamente extrañado en su biotopo habitual, no puede marcharse capea el temporal con la máxima dignidad posible. La fiesta de las procesiones, los tambores, las cornetas y la extrema concurrencia no deja indiferente a nadie.

En ciertas ciudades, la transformación urbana es de tal magnitud que ni el tráfico, ni el comercio, ni los lugares habituales de ocio y esparcimiento hay quien los reconozca durante siete días. Como hay gente para todo, los que salen tarifando -en unas vacaciones casi impuestas- se compensan con las riadas de visitantes de fuera, que disfrutan de la puesta en escena sin pagar entrada alguna. El magnetismo de la fiesta llega a la periferia: en Sevilla, por ejemplo, en las sucesivas fiestas Semana Santa y Feria, la sensación de vacío en los barrios no céntricos es muy superior a la de una tarde tórrida de verano, que, a fin de cuentas, es natural. Turistas con sus botellitas de agua y sus acentos, que pululan por todos sitios; feriantes, carteristas y descuideros, nazarenos y costaleros orgullosos, vestimentas apoteósicas de Domingo de Ramos, artistas callejeros trashumantes, madres que hacen la estación de penitencia al lado de sus niños, arrimándoles bocadillos y líquido con los pies destrozados por la penitencia consorte. A la gente se le eriza el antebrazo al límite de poder colgarse llaves en los vellos: a unos por la emoción y el enardecimiento, a otros por el pavor de no saber bien cómo escapar de las bullas y la pasajera enajenación de las costumbres.

Hay gente para todo: hay hasta quien, teniendo su casa en el epicentro de la fiesta, huye a Canarias o a Madeira, a que se las den todas en un hotel con servicio de bar en tumbona. Los hay, en fin, barrocos irreductibles e infatigables, y también los hay que buscan serenidad y un poco de reparador dolce far niente.

Las fiestas tradicionales en Andalucía no sufren la crisis, aunque algunos indicadores de ocupación no llegan a los récords de la década prodigiosa de las costuras reventando. La Dirección General de Tráfico calcula tres millones de desplazamientos de coche por nuestras carreteras en estos días: los que entran, por los que van saliendo. Moviendo las ruedas, que el ritmo no pare, en consonancia con los macroplanes del G-20, la banda de cowboys más rápida en desenfundar un acuerdo planetario.

La ocupación turística andaluza será del 80 por ciento. Granada y Sierra Nevada estarán prácticamente copadas; Sevilla y Córdoba, al 85%; Huelva, Cádiz y la Costa del Sol, por encima del 80%. El turismo interior y las ganas de divertirse en masa no están pachuchos, como vemos. Con todo, ciertas pautas denotan contención: cada vez más gente espera a las ofertas de última hora (que pueden suponer descuentos de hasta el 60% en el precio de una habitación), y las cuatro estrellas democráticas y los balnearios se sustituyen por dignos hoteles de dos y tres estrellitas. Hay que decir, sin embargo, que estas dos tendencias las he leído en La Vanguardia, y se refieren al catalán medio. No tenemos certeza de poder extrapolar tal comportamiento. El avión, en suma, es el gran damnificado, y eso que lo que realmente cuesta caro es el taxi del aeropuerto.

En Una jornada particular, de Ettore Scola, Sophia Loren -una divinidad, ella también- y Marcello Mastroianni viven un extraño día de compartida soledad, mientras que toda Roma enfervorecida acude a vitorear a un mandatario extranjero. Los que no participan en la fiesta local tienen por delante siete jornadas particulares (sin Sophia ni Marcello, lamentablemente). No se quejen; tampoco está tan mal.

4 Comentarios

  • Primo

    El mandatario extranjero al que haces mención es Adolf Hitler. Desde luego, es para quedarse al lado de Sofía SÍ O SÍ. Es más, era para haber salido corriendo con ella lejos, muy lejos, y que le dieran por saco al fascio. Gran película. Preciosa.

  • T.R.

    Sí, el mandatario es el innombrable. Pero estimular -mediante la cita de Hitler- el paralelismo entre la bulla procesional y la aclamación fascista era no sólo arriesgado, sino tremendamente injusto. Dejémoslo en el contrapunto de el sosiego y el amor en casa frente al tumulto y la pasión en la calle, Primo. ¿No?

  • Primo

    Oído cocina. Nada que ver una cosa con la otra, desde luego. Lo de aclarar lo de Hitler fue más que nada para los no iniciados.

  • Hard Rock Hotel and Casino

    Desde luego, es para quedarse al lado de Sofía SÍ O SÍ. Es más, era para haber salido corriendo con ella lejos, muy lejos, y que le dieran por saco al fascio. Gran película. Preciosa.

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Autor

Economía razonable para todos lo públicos Economista, profesor de la Universidad de Sevilla y columnista habitual de los medios del Grupo Joly

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  • Tienda Fitness

    !Que verguenza lo de las mujeres mayores para el póquer! en fin.

  • Tienda Fitness

    Tienes toda la razón. Muy de acuerdo.

  • U-Boat 521

    Claro artículo, Herr Rufino, pero va a ser complicado que los niños acepten que a papá lo han...

  • T.R.

    @Según… 100% de acuerdo.

  • Según...

    Evidentemente esto tiene que plantearse de otra manera. Si mi salario, por 8 horas de trabajo 5 días...

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