Nada mejor que un buen Volvo… chino


Muchos amantes de la estética discreta y de la seguridad en el coche piensan que no hay nada mejor que un buen Volvo. La firma sueca -de sueca a estas alturas, poco, pero llamémosla así para entendernos- tiene un prestigio que se traslada al precio de sus coches, lo que a su vez realimenta la apetencia de ese tipo de comprador recurrente, el que busca un diseño y una marca que distingue al vehículo y al conductor, pagando un suplemento de coche qualité y una cierta exclusividad sin estridencia. Volvo hace años que no es sueca: su dueño es Ford desde 1999. Con la drástica contracción del mercado automovilístico estadounidense y mundial -salvo los de China, India y otros países que crecen como ninguno a pesar de la crisis planetaria-, la decadente Ford apostó por una estrategia de vuelta a los orígenes cuyo lema es “One Ford” (”Una Ford”): vehículos de marca Ford, normalmente utilitarios, para lo cual se imponía deshacerse de marcas de más alta gama, calidad técnica y psicológica, y precio: Volvo estaba de más, y hay que hacer caja como sea. Ahora Ford ha elegido a una empresa china, Geely (ver la web del mayor fabrricante privado de coches de China), como comprador preferente (por un precio dos tercios inferior al que págó Ford en su día, y eso sin actualizar los dineros: otro síntoma de la salud precaria del mercado en cuestión), aunque desde sus cuarteles centrales no paran de decir que esa venta se producirá únicamente si los chinos respetan la marca, sus procesos de fabricación y, en definitiva, una cierta independencia formal y funcional para la marca originaria de Suecia… En fin, cosas difíciles de creer a medio plazo. Volvo no será siempre lo que fue y representó, y quizá casi nada en un mundo industrial mutante.


