La red elefantiásica
ENMARCADO en el interesante ciclo de conferencias de la Fundación Antares Foro, el acto concitaba un considerable número de personas el martes pasado. Asiduo a dicho club que soy, me pareció evidente que existía desproporción entre el número de mujeres y hombres asistentes. Muchas más mujeres, y muchas más de lo habitual: el ponente era Mario Conde, que se sacude con renovados y espirituales bríos las cenizas penitenciarias y personales de la solapa de su siempre impecables traje y talle.
Seguramente la casualidad hizo que, buscando en la pantalla un excelente artículo (Dos utopías regresivas) que Joaquín Estefanía publicó en El País el lunes, me topara con el blog del ex banquero y doctor honoris causa por la Complutense, porque precisamente en su bitácora Conde titulaba Fracaso técnico, moral e intelectual un comentario sobre dicho artículo. Significativamente, Conde se despedía allí de uno de sus lectores -en este caso, un varón- con “un abrazo en tu alma”. El artículo de Estefanía, sin embargo, se sumergía en esencias económicas e históricas, y no tanto místicas. Según el columnista y ex director de publicaciones de Prisa, en los catorce años de crecimiento sostenido “el capitalismo occidental (…) abusó de su poder. Fue aquél un crecimiento desequilibrado, sin equidad y salpicado de corrupción (…) hablar de equidad con algunos economistas equivalía a eructar en una cena de gala (…) cada una de las tres últimas recesiones de Estados Unidos está relacionada con la corrupción [¿y la vigente de España?] (…) un fracaso moral, por la adoración al crecimiento económico como un fin en sí mismo más que como un modo de alcanzar el bienestar para la mayoría”. Estas palabras, hace no más de tres años y no tan bien escritas, las hubiéramos encontrado en publicaciones del tipo Fondo de Cultura Económica, Attac u otros medios “radicales de izquierda”. Los tiempos siempre cambian, y lo hacen ahora de una manera bárbara: acelerada e intensamente.
Valga una anécdota para enfocar este estado de cosas hacia un escenario más cotidiano: del siglo XX que soy, recorté el artículo citado del periódico en papel, y lo guardé en algún sitio, o sea, lo traspapelé y lo perdí, por eso tuve que acudir a “la red” a recuperarlo… en pocos segundos. Internet; una red que, confieso, cada día me da más miedo, aun siendo dependiente de ella. Cuanto más ofrece, cuanta más gratuidad, mayor velocidad de actualización, mayores contenidos, posibilidades, infinitas cadenas y usuarios tienen internet y la tecnología digital en general, más desconfianza genera… en quienes se desarrollaron en otras estructuras y otras certezas. Quizá porque, de pronto, el mundo de muchos de nosotros es un mundo ya de ayer. Lo cual no es malo ni bueno, es ley de vida.
La forma de leer y la de informarse, la forma de desarrollar amigos y hasta amores, la forma de consumir, la de viajar, la de relajarse, todo está cambiando, y sustancialmente. Repentinamente. El futuro y el valor de la lectura y la cultura en general, o, pongamos, el del automóvil, no tienen mucho que ver con los que atisbábamos hace poco. El caso es que, siendo cierto que eso que llamamos “los tiempos” cambia día a día, las situaciones de crisis profunda suponen un salto más que proporcional. Como la evolución natural en el crecimiento de un niño se desmadra y desequilibra con unas anginas, la crisis acelera el cambio de pautas: sociales, económicas, políticas. Quizá la única permanencia sea la de los valores. Una palabra y, más aun, un concepto que sí vuelve a adquirir una centralidad: una pica ante la hiperinflación digital y su incertidumbre congénita, y un ancla frente a la velocidad tempestuosa de los cambios.



15 de Noviembre de 2009 a las 8:49 pm | Enlace permanente
Los denominados liberales no tiene nada que ver con quienes originalmente fueron denominados así. Si Adam Smith levantar la cabeza se la cortaria al ver que algunas politicas intervencionaistas, manipuladoras, ambiciosas sin fin no paran de declararse liberales. Hablo de Espe Aguirre. Dime de que presumes… Buena semana.
15 de Noviembre de 2009 a las 8:50 pm | Enlace permanente
Adonde quieres llegar con lo de la mayoria de mujeres en la conferencia de Conde Tacho?
16 de Noviembre de 2009 a las 8:42 am | Enlace permanente
Parece que es cíclico y recurrente eso de que la sociedad abandone sus valores y vuelva sus ojos al becerro de oro, esperemos que la expiación no dure mucho…
El miedo ante el cambio es lógico, a pesar del progreso que eso significa.Imagino a los coetáneos de las primeras letras impresas, o de los primeros viajes en ferrocarril (esos caballos de hierro) de los primeros aviones, del teléfono o de la electricidad…no crees que pensaron lo mismo? que le hicieron sentirse anacrónicos, desfasados en su propio tiempo? Quizás todas las generaciones han pensado eso de que “los tiempos cambian que es una barbaridad” pero nosotros, ombligistas (creo que esta palabra te la he robado), pensamos que es nuestra generación, nuestra época, la que más y mayores cambios experimenta. Nada nuevo bajo el Sol
16 de Noviembre de 2009 a las 8:48 am | Enlace permanente
De acuerdo con @L.Castillo en cuanto a la mera coincidencia entre las dos acepciones de la palabra liberal.
@Raúl. Lo de la mayoría de mujeres en el acto de MArio Conde era un comentario sin mayor intención, una constatación que diría alguno. ¿LA causa? Que aparte sus atractivos históricos, que es ocnsiderado guapísimo, claro. Además de eso, su nota en las oposiciones de abogado del Estado es la más lata de lla historia hasta que llegó él, según me han contado.
@Orna, la peculiaridad del cambio digital es su velocidad y su complejidad, lo que lo hace más intensamente incierto. GRacias por tus siempre sensatas y sesudas intervneciones.
Buena semana a todos.