Tacho Rufino | 18 de mayo de 2010 a las 19:32


Reflexión que me hace un amigo profesor de Universidad, cuyo sueldo va a ser recortado no se sabe si en 3.000 o en 6.000 euros anuales a partir, probablemente, de junio:
- Yo nunca había tenido incentivo para ahorrar. Mi forma de ahorrar, con un sueldo seguro, era tener una hipoteca. Mi consumo era, por tanto, alegre.
- Ahora me han metido el miedo en el cuerpo y, sin mediar aviso ni periodo de adaptación a mi nuevo futuro salarial, mi renta disponible será sensiblemente inferior a la que era hasta ahora.
- Luego me planteo dejar de consumir sensiblemente y poner mi dinero a buen recaudo: ahorraré, considerando el calcetín como un posible “buen recaudo”
Este esquema de comportamiento, en una clase de Teoría Económica, nos lo explicarían más o menos así (con permiso de la ortodoxia): la propensión marginal al consumo de los cientos de miles de familias afectadas por el recorte (que, no lo olvidemos, eran un buen motorcito de la economía) se cercena, emergiendo una propensión al ahorro de sustitución que, por otra parte, no alimentará inversión ninguna (sobre todo, si no se queda en las cuentas corrientes, o si aunque sí se queden en los bancos, éstos deciden no movilizar esos recursos, también por miedo) hasta que el miedo se pase.
18 de mayo de 2010 a las 7:38 pm | Enlace permanente
Visto lo visto, va a haber que empezar a ahorrar más de la cuenta.
18 de mayo de 2010 a las 9:22 pm | Enlace permanente
Totalmente de acuerdo. Que consuman ellos.
19 de mayo de 2010 a las 6:01 am | Enlace permanente
No hace falta ser “Ministro” para saber que en estos tiempos que corren cualquier persona que perciba un sueldo fijo medianamente decente, cual es el caso de la gran mayoría de los funcionarios públicos de este país son por dicho motivo potenciales compradores de todo tipo de productos (vehículos, viviendas, etc….). Si se ataca directamente a dicho colectivo con una bajada sustancial de sus retribuciones es evidente que en una gran mayoría dejarán de gastar y adquirir productos que no sean de primera necesidad, pudiendo caer en la “sensata” costumbre de ahorrar lo poco que les quede de sueldo mensual. Todo ello redundará notablemente en la bajada de la ventas así como en un claro perjuicio de la economía en general.
6 de agosto de 2011 a las 1:04 pm | Enlace permanente
viviendo en el miedo