Frikonomía serrana: coca y carretera

Tacho Rufino | 28 de febrero de 2011 a las 22:33

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Una carretera que conecta con mayor velocidad y comodidad a un pueblo serrano con su capital y otras localidades es, en principio, un gloria, una inversión pública bien recibida por los habitantes del pueblo. Aun dejando de lado la consideración ecológica o conservacionista que defenderían algunos lugareños y muchos forasteros, en algunos casos esas inversiones no sirven para dinamizar el comercio y la movilidad comercial y el disfrute cultural de sus habitantes, e incluso pueden tener consecuencias perversas para el pueblo. Hace treinta años, pongamos, la conexión entre esa nuestra localidad y su capital suponía dos o tres horas de tortuosa carretera, quizá un par de pinchazos y alguna vomitona de los niños. El pueblo era “muy auténtico y ancestral” para los turistas de ocasión, pero sus habitantes deseaban mejores comunicaciones; se asfixiaban allí, siempre los mismos sitios con las mismas caras, una economía prácticamente autárquica y estática.

Tras el ingreso en la Europa comunitaria, este lógico afán local de desarrollo se vio realizado: fondos que propiciaron carreteras de primera para llegar a la capital, desarrollo del turismo rural, cosechas aseguradas por la PAC, dineros para mejorar también carriles y merenderos, miradores y demás; calles adecentadas, casas sensatamente uniformadas en sus aspectos y colores, supermercados, bares, restaurantes, agencias de desarrollo local… de todo.

Un día, en plena crisis, los estertores de las obras públicas trajeron una carretera comarcal de primer orden, una vía que unía en un pispás al pueblo serrano con otro que estaba mucho más cerca de la capital, un pueblo con mucha más gente, con mercamonas y carrepluses; con muchos más bares, discotecas noctívagas y hasta matutinas, polígonos, puticlús, mucha coca. Lo dicho: de todo. Ahora, precisamente la coca llegaba en autopista, en los bolsillos de los jovenzuelos serranos, a tiro de una salto en coche negro, en media hora larga de vuelta a la sierra. Dispuestos a la batalla, a no dormir, a quemar el pueblo, con los ojos despalancados y la sesera enfebrecida y obnubilada. Un litro de ron por barba, siete rayas, alguna pastillita para reír, otra para bajar e intentar dormir… mañana o pasado. Tras lo cual, seguramente, no recordarían nada.

La carretera comarcal del pepino convirtió al pueblo en un sitio con marcha de primera, en el que la Policía Local –mucho menos dotada que las infraestructuras de la comunicación del sitio, dónde va a parar– se declaraba impotente y hasta incompetente no ya para controlar el desfase, sino los asaltos a las casas vacías del pueblo. Una nueva forma de diversión y de botellón de invierno: “Hace mucho frío en enero, tronco, vamos a ponernos ciegos en aquella de casa de allí, y de paso destrozamos las macetas, nos cagamos y meamos en el cuarto de matrimonio, quemamos un par de cortinas y toallas con una mesilla de noche en la chimenea; en fin, tron, ¡a pasarlo dabutiiiiii!”.

El pueblo tranquilo de la sierra se convirtió, por arte de un asfalto bien peraltado, en un sitio mucho más peligroso que la capital. Un sitio agresivo al caer la noche, donde te podían partir la cara delante de tu familia si osabas mirar a los ojos a un nosferatu balacaero. Como en muchos pueblos de Andalucía (y de otros sitios, claro que sí: España es supermarchosa). Cada día más.

¡Viva Europa, coño, y viva la Junta y sus cartelazos de carreteras!

PD: juro que esta historia no es autobiográfica, aunque la he conocido de primera mano por un damnificado (uno entre bastantes).

(LA FOTO DE LAS OVEJAS LA COGÍ DE : http://www.flickr.com/photos/grillosolitario/3234031909/ )

  • GRILLO SOLITARIO

    SE TE HA OLVIDADO ENTRE LAS DIVERSIONES LA DE ROBAR FOTOS SIN PERMISO DEL FLICKR, COMO LA MÍA. http://www.flickr.com/photos/grillosolitario/3234031909/

    QUE POR LO MENOS PODÍAS HABER PUESTO EL ENLACE, QUE NO CUESTA TANTO.

  • Tacho Rufino

    Usted perdone, Grillo Solitario, creí que era una de tantas fotos de turistas que se cuelgan en la red sin mayores pretensiones de autoría. No conocía a Fliki. Gracias.


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