Tacho Rufino | 7 de febrero de 2012 a las 12:38
Resulta paradójico que la reforma del sistema financiero vaya a desmbocar en un menor nivel de competencia bancaria. Habrá menos entidades, ninguna con carácter verdaderamente social o de apoyo a la política local. Los fuertes serán más fuertes, aunque la tercera entidad (¿BankiaCaixa?) y la cuarta (¿el renovado y emergente Sabadell?) del país estarán más cerca e incluso a la par que la primera (Santander) y la segunda (BBVA). Un proceso de concentración con trazas oligopolísiticas. Lo cual tiene a su vez varias consecuencias.
Primero, los usuarios pagaremos más comisiones, y en general peores condiciones para nuestros depósitos y en nuestros préstamos. Segundo, la aplicación de lo anterior al nivel macro: el Estado y el propio Gobierno de turno estarán en peor posición a la hora de regular y a la hora de operar con la banca que subsista al proceso de reorganización. Tercero, miles de personas irán a la calle, y miles de sucursales cercanas cerrarán (¿puede España permitirse tanta sangría de puestos de trabajo y cotizaciones a medio plazo? Estamos en la antesala de la eclosión de los minisueldos de 300 ó 400 euros). Cuarto, la banca no va a dar más crédito porque necesita sanear sus activos dudosos, fundamentalmente inmobiliarios. Por un lado, esta exigencia absorbe recursos que dejan de ir al mercado del crédito para apuntalar el capital y las reservas de las entidades afectadas (todas)… que se convertirán paralelamente en lo que ya vienen siendo: inmobiliarias de bajo coste, que acabarán por dar la puntilla a las maltrechas empresas inmobiliarias pata negra. Una competencia desleal que no sólo hará ese daño, sino que acabrá por hundir los precios de la vivienda, y paralelamente, el patrimonio de cientos de miles de familias que tienen todos los huevos en la misma cesta: su casa hipotecada. Solamente desea que los precios sigan bajando quien quiere comprar. Pero nadie quiere comprar. De fuera vendrán quienes nuestras casas por dos duros comprarán.
Paradójico resultó el sorprendente (no para quien suscribe, que lo tenía claro porque claro era) anuncio de subida de impuestos que Rajoy hizo justo al llegar, cuando todavía le dolía la boca de gritar lo contrario en los mítines. Paradójico resulta también que sea Guindos –adalid de la desregulación y del libre mercado– el que pilote el camino del sistema financiero español hacia el oligopolio.