Monotonía, divino tesoro… ¿de otro tiempo?

Tacho Rufino | 7 de febrero de 2012 a las 17:30

De contradicciones y certezas. Acabo de recibir la reconvención de un compañero de la universidad, que tacha de equidistante mi supuesta negativa a alinearme ideológicamente. Además de conocerme bien, dice haber deducido eso porque suele leer este blog y concluye de la entrada Un sabio de la ‘izquierdecha’ que no soy carne ni pescado, ni tampoco llevo a rajatabla –¿como debiera?– el “ficha dentro o ficha fuera”. Me suelta una frase de Manuel Vicent, el del Dios mediterráneo hecho pimiento asado y paella, lo cual no ayuda a convencerme: “Dice que no es de izquierdas ni de derechas, luego es de derechas”. Iba a contragolpear con aquel chiste de “Y tú, ¿por qué estás tan gordo?” “Yo, de no discutir” “Hombre, ¡no será por eso!” “Pues no será por eso…”, pero se tenía que marchar del despacho con prisa. Ayer, sin ir más lejos, otro compañero –en este caso periodista— me decía que me estaba volviendo muy rojo para lo que yo era, y que me iban a llamar la tención “los de arriba”. Yo me siento honrado por la atención, e incluso me aplico aquel dicho, a la manera chulesca en que lo recreó Luis Miguel Dominguín: “Que hablen de ti aunque sea bien”. Y nada más que por eso me voy a enriscar en otro asunto de actualidad en que doy la de arena y la de cal. A fin de cuentas, se requieren ambos materiales para construir, cal y arena, y algunos otros. Sé que la audiencia se alimenta con de posturas sencillas, contundentes y monocordes. Pero hablaremos contradictoriamente, otra vez, de Mario Monti y su ministra.

La de cal: Monti y su ministra. “Sin papá y mamá” quizá hubiera ya ardido más de una plaza de Italia y España en medio de un tufo a repulsiva barbacoa humana. Ustedes me dirán si los niveles de desempleo que ostentamos por ejemplo en Andalucía son compatibles con la llamada paz social. Economía sumergida y familia hacen el papel de las empresas y el Estado. En Italia, la ministra Cancellieri le ha hecho los coros al primer ministro, Mario Monti, afirmando que los italianos “están aferrados al empleo fijo en su ciudad, cerca de papá y mamá”. ¡Oh, gran pecado! Monti, nombrado por una señora extranjera que vale más que 40 millones de votos nacionales, había soltado otra gran bofetada a muchos que, a diferencia de los hijos del tecnócrata y su ministra, ven cómo su porvenir es precario y, posiblemente, lejos de su ciudad o su país. Monti dijo: “Digamos la verdad: qué monotonía el puesto de trabajo fijo”. A cualquier cosa le llaman monotonía. Diga usted que el trabajo fijo es una especie en vías de extinción, que la libertad en el contratar y en el despedir van a ser casi totales. Diga usted que al país le sobra fuerza de trabajo porque por el trabajo no hay que preocuparse, que trabajo aquí no hay, que está en el quinto pino chino, y que sus condiciones son de aquella manera. Diga usted, señora Cancellieri, que ni siquiera papá y mamá van a tener un plato de comida asegurado para sus hijos porque  las pensiones y otras prestaciones sociales se van a recortar progresivamente hasta convertirlas en limosna. Digan ustedes, si es que en vez de meter la pata y esconder la mano (“Se han sacado mis declaraciones de contexto”, dice Monti con gran originalidad) tienen redaños, que Italia está intervenida, cogida por le palle, y que no cree en el futuro de Italia.

La de arena: Eppure, si muove. Creo que Monti lo ha dicho mal, y además creo que él no comparte el problema laboral de miles de italianos, pero creo también que no le falta razón. En el fondo, Monti ejerce de padre que quiere dulcificar las perspectivas de su hijo (es un decir, su hijo no tendrá problemas, como no los tendrá el del otro Mario, Draghi, presidente del BCE y señor del euro… cuyo hijo está en Morgan Stanley en Londres, de gerente –¡oh coincidencia!– de “tipos de cambio”). Creo que, si bien la palabra monotonía suena repelente por paternalista, el hombre viene a decir que las cosas cambian. Me pregunto si, más allá de la indignación por las pijadas soltadas ante los micrófonos, a alguien le cabe duda de que la perspectiva laboral que afrontan nuestros hijos poco tiene que ver con la que en su día afrontamos otros (yo, en concreto, soy de los primeros años 60). He leído los comentarios indignados por las declaraciones de Monti y Cancelleri en la prensa de aquí y la de allí. Todos tienen moral y estéticamente razón. Hay pocos que escapen del derecho al pataleo, por ejemplo el que afirma que “tipos como estos sólo aprenderán de una manera: que les juzguemos a lo Mussolini”. Pero yo, que soy tibio, no suscribo el pasar a cuchillo a los gobernantes, al menos de momento. Tengo dos hijas, y me gustaría que dentro de 15 años tuvieran un trabajo en la ciudad que quisieran –si es posible la mía, de la que no pienso moverme mucho si puedo— y que dicho trabajo fuera estable y hasta un poco monótono. Pero sé que ayudarlas a prepararse para buscarse bien la vida en cualquier sitio civilizado (o retador para ellas) es mi obligación. Me guste mucho o me guste menos.

  • Mao

    Incluso tendrás seguramente que ayudarlas con sus gastos (¿becas Rufino?).Si las cosas no cambian y sus primeros trabajos son en otra ciudad y fuera de la casa de los padres no les llegará el sueldo para pagarlo todo. Espero que dentro de esos quince años de los que hablas las cosas estén mejor.

  • Randomice

    Dentro de 15 años, todos calvos.

  • Mirna

    Yo también creo que cambiar de trabajo es lógico y saludable. Primero, porque aunque nos duela reconocerlo la estabilidad propicia la aparición de esos personajes que tan bien describía Larra. Segundo, porque es absurdo esperar que una persona tenga las mismas condiciones o intereses con 30, 40 ó 50 años. Ahora bien, para que uno pueda cambiar de trabajo es indispensable la existencia de éste (lo del exilio yo lo veo otra cosa, la verdad) y no creo que el panorama esté para los sarcasmos de Monti. Sobre todo cuando, como dice el artículo, él está viendo los toros desde la barrera.

  • lalo

    Lo de cambiar de trabajo a algunos políticos es tarea fácil, unos se perpetúan en sus puestos sin que se les conozcan otras “utilidades”, pondré un ejemplo para que el autor del articulo no sea el único criticado ideologicamente , Sanz del PP, ¿alguien sabe a que oriento sus desvelos estudiantiles?, ¿estudio para político?, por que no se le conoce otra “virtud”, ( a su descargo diré como muchos de todos lados), y después de esto años de “servicio publico”, o los mandan de senadores a Europa, o algún consejo de administración o fundación, eso si ellos no tienen que esperar a la jubilación a lo 67, enhorabuena al autor.


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