Tacho Rufino | 22 de febrero de 2012 a las 13:38
Montoro es un político de fondo de primer orden aunque de bajo perfil, y un técnico y académico de contrastada valía. Su Ministerio tiene la encomienda de lidiar –nada más y nada menos—con los presupuestos públicos y la articulación de éstos con los autonómicos. El ministro jiennense y diputado por Sevilla ha conseguido llegar a un acuerdo con la banca que aliviará financieramente a las comunidades autónomas y, más importante aun, resolverá en parte la endémica morosidad pública con pymes y autónomos, que se ven asfixiados por unos plazos de pago irracionales de consejerías de Salud, Obras Públicas y Educación, principalmente y entre otras, y por supuesto los no menos eternos plazos de pago de los ayuntamientos españoles. Hay que aplaudir la iniciativa del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas que conocimos ayer: Montoro ha negociado con los cuatro principales bancos y excajas españoles el pago de 30.000 millones de euros (una cantidad aproximadamente equivalente –y perdonen el oxímoron—al presupuesto de la Junta de Andalucía: ahí es nada) para que paguen todas las facturas que tienen dormidas las administraciones públicas periféricas en cajones y anaqueles más o menos electrónicos. Un megaesfuerzo financiero, auténtica gestión presupuestaria pública. Al parecer y pendiente de confirmar mañana, para coger el dinero y correr, las empresas acreedoras deberán renunciar a los costes de financiación que han soportado desde que emitieron las facturas tras servir o hacer sus trabajos. Más las comisiones bancarias: he ahí el negocio de Santander, BBVA, Caixabank y Bankia. Como el agua, el negocio bancario busca su salida: a falta de intereses por nuevas pólizas y préstamos, buenas son las comisiones (si usted se ha quedado en descubierto últimamente, habrá podido comprobar la ferocidad de su estimado banco).