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La banca, a desintoxicarse

Tacho Rufino | 19 de mayo de 2012 a las 11:42

SI los euros han abandonado a Grecia, Grecia no tendrá más remedio que abandonar el euro. Olvidarlo, volver a los antiguos amigos -el dracma, el mercado interior, los Balcanes- dados de lado por un idilio artificial de diez años, tras haber sido descubierta en varias infidelidades contables y presupuestarias. El dinero es cobarde, y si además está dolido, no sólo huirá, sino que te hará daño en la huida. Te dejará seco. Desde hace varios años, el saldo entre los capitales que entran en Grecia y los que salen del país denota una clara fuga de capitales (que no evasión: hablamos de dineros fiscalmente limpios). El drenaje de liquidez del sistema monetario heleno ha sido continuo, pero hay dos países que en los últimos ocho meses ven cómo esa fuga es mucho mayor que la griega. Se trata de Italia y de España. De ahí la caída de la Bolsa y la leonina prima de riesgo que, a la postre, incrementa brutalmente la carga financiera del Tesoro español. Las acciones de las empresas que cotizan y la deuda pública española no tienen quien las quiera. Mientras tanto, el dinero de los países fuente ha llenado de benéfica liquidez los bancos de los países receptores: Holanda y, por supuesto, Alemania, que en ese periodo han recibido liquidez extra por cerca de ¡500.000 millones de euros! “Rubio, me voy contigo a cambio de nada, sin ningún tipo de interés -literalmente-, no quiero saber nada de estos mediterráneos: sólo te pido seguridad”. Extranjeros, y no pocos españoles -el patriotismo de los adinerados no da para tanto a unas malas-, cogen el dinero y corren, o sea, lo transfieren. La banca sufre.El principio del final de la crisis bien puede ser la reestructuración de nuestro sector bancario, y debemos apostar por un escenario no catastrofista, por un periodo de saneamiento y recuperación seguido de un lento crecimiento. Como quien va a desintoxicarse a una clínica. Dado el proceso de destrucción de economía y empleo galopante en nuestro país, los activos tóxicos bancarios ya no son sólo los morosos y los suelos y promociones fantasmagóricos, sino muchos otros que todavía no han dado señales de impago. Sin embargo, el error -enésima bajada de pantalones; sin alternativa buena, eso sí- de aceptar dos auditores independientes para revisar los ingentes y devaluados activos de nuestra banca puede hacer del proceso de ajuste patrimonial bancario una feria de la exageración: ni las auditoras privadas están acreditadas como verdaderamente confiables, ni conviene olvidar que cuando auditan a una empresa o institución desprestigiada suelen sesgar negativamente el dictamen. El Banco de España ha sido descalificado sine díe. Otra parcela de soberanía entregada. En la caída en desgracia de MAFO, debería haber sido la Autoridad Bancaria Europea la que gobernara la auditoría. Pero con tanta división funcional, la Unión Europea no se aclara funcionalmente.

La banca española -que no es homogénea, bien es cierto- será retratada, mejor o peor, por los expertos de esta ocasión. Ajustada, consolidada, recortada, concentrada, de saldo, en parte nacionalizada, muy intervenida. No es un desastre: peor estamos ahora. Soñemos con cierto fundamento -si el euro no salta por los aires- que, tras recibir fondos europeos para apuntalar su situación patrimonial, la banca volverá en un plazo no muy largo a hacer su función social: dar crédito. Una banca rescatada, más controlada, es decir, orientada a financiar operaciones e inversiones de empresas que crean o mantienen el empleo. No es un sueño, es una necesidad para aspirar a la supervivencia. Si tragamos el sapo de socializar sus pérdidas y el de apoyar a los bancos pero no apoyar al ciudadano que también entra en crisis de liquidez y solvencia personal; si cargamos con el sambenito de país intervenido por causa del rescate europeo de nuestra banca, exijamos a la banca que haga su trabajo después. Pura reciprocidad y emergencia.

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