Las edades del euro

Tacho Rufino | 28 de mayo de 2012 a las 13:08

LA edad nos enseña que no hay nada completamente sólido en la vida. Vemos parejas que pasan por indestructibles, que nunca discutieron y siempre fueron a una antes de anunciar una separación a la postre repleta de odio; sabemos de personas con rumbo cierto a ritmo sostenido que acabaron durmiendo sobre cartones en un cajero; descubrimos que nuestros referentes de honestidad de la infancia hacen el granuja con frecuencia. Ídolos de andar por casa que acaban caídos. Mitos y leyendas vulnerables, si no falsos.

Todos hablamos de la rutilante marcha económica de España durante la década anterior a la crisis que comenzó en 2007, de su artificialidad y del alien de Ridley Scott que traía dentro, aunque pocos y de manera parcial acertaron a intuir al monstruo de relojería que habría de devorarnos por entregas. Tampoco Alemania ha sido siempre lo que hoy representa: un país que reduce el paro progresivamente, que exporta de forma galáctica y que recibe gratis toda la financiación que otros pierden o sudan tinta para conseguir. Y todo ello en plena crisis global. Pero no, no siempre han sido las cosas así.

Durante la década que precede a la puesta en circulación del euro en 1999, Alemania tuvo un déficit por cuenta corriente (la diferencia entre los cobros y pagos con el exterior) muy superior a España o Italia. Es decir, el campeón de las exportaciones importaba más que exportaba. Desde la introducción del euro, las tornas cambiaron: Alemania pasó a tener superávit, mientras que el arco mediterráneo pasó a ser deficitario, importando más que exportaba y consumiendo mucho, todo ello en gran parte financiado con créditos baratos. Alemania aprovechó la Eurozona con fruición, convirtiéndose en un gran exportador a países a los que, en gran medida también, les prestaba dinero… y les arrimaba ingentes fondos comunitarios: la versión comercial del “Paz por territorios” palestino; préstamos y fondos a cambio de territorios comerciales. Llamativo, ¿verdad? Otro tanto, con matices, cabe decir de las relaciones interregionales y las balanzas fiscales autonómicas dentro de España.

Lo cierto es que nos hicimos vendedores malos y vagos y adictos al crédito por aquí abajo; y un poco lo contrario “arriba”. Conviene recordar esto para comprender nuestras reclamaciones en la Unión Europea (o sea, la puesta en circulación de los eurobonos y las políticas de crecimiento con fondos europeos), no para apuntalar nuestra dudosa honra. A nosotros nos han pillao con el carrito del helao; Alemania ha sido la gran beneficiaria del euro. Nos entregamos sin mesura a un idilio lleno de cruceros y puentes de cuatro estrellas. Y ahora nos quieren abandonar y echarnos de casa porque estamos tiesos. Un clásico.

  • Granada Juncal

    Muy bueno… Aunque un poco pesimista con eso de que nada permanece… Aunque te recuerdo un poema de Ángel González:

    “Nada es lo mismo, nada permanece, menos la Historia y la morcilla de mi pueblo. Se hacen las dos con sangre. Se repiten”… También era suyo este otro tan maravilloso:
    “Ninguna tan bella como tú en aquel preciso instante en que te amaba: mi vida entera”. Puedes ser cenizo y pensar que en aquel momento para él era su vida entera o ser optimismta y pensar que aquel preciso instante duró la vida entera… ¿Por qué no?


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