Un especulador desacomplejado, tatuado y triatleta

Tacho Rufino | 4 de junio de 2012 a las 22:57

Antes de que los tatuajes se convirtieran en una moda ligada al “para presumir hay que sufrir”, y un reclamo sexual, marcarse la piel con un infantil corazón acompañado de la leyenda “Amor de madre” era cosa de facinerosos, perdularios y legionarios de oscuro pasado. Aunque en distinto nivel de horterismo, los horteras de Beckahm y Guti –ahora metido a intelectual, de momento sólo por las gafas—competían en tatuarse escrituras exóticas, animalitos y otras paridas fashion en la piel, viéndose –los pobres— obligados a lucirlas al final de cada partido y entrenamiento, si había cámaras. Hoy, soltando algunas de las toxinillas adquiridas durante el fin de semana, me permito un descanso leyendo una revista que veo por el mostrador de la sala de correr. Me encuentro con una entrevista a un tipo tatuado (probablemente) hasta el escroto, anillado en la nariz como un buey, atlético, pero vestido con trajes claramente carísimos, de nombre Josef Arjam. Me digo: un metrosexual de alto rendimiento. Pero no es eso sólo, que también, sino que es un rutilante agente financiero radicado en Barcelona, un tiburonazo monísimo y curradísimo.

Leo algunas frases de Arjam que hacen que arranque las hojas de la revista (Selected Class páginas 134 y ss.), de la manera en que arrancan la hoja donde está el número deseado de la guía que está en la cabina de turno en las películas americanas:

“Sería de gran ignorancia considerar a los traders como culpables de lo que pasa en Europa” (el propio Josef, español a pesar del nombre, es un trader, un agente de los mercados financieros, y un inversor);

“No hay ningún mecanismo que controle los ataques especulativos contra las deudas soberanas”;

“La lentitud de la clase política antes la velocidad de los mercados es algo que los políticos deberían entender que no es razonable”;

“Los especuladores enseñamos a los políticos a ser eficientes, que ya es hora”.

Me permito transcribir:

“A los mercados no nos ve la matrícula la política, vamos muy por delante, hacemos lo que queremos porque somos así y punto; atacamos países por puro lucro ante meros síntomas de debilidad, hasta cargarnos su moneda o su liquidez; los torpes son los políticos, que no están a la altura: yo especulo, pero quien me tiene que controlar no sabe ni puede hacerlo, se siente muchísimo”.

Dentro de lo que cabe, es reconfortante encontrar a un trader que dice lo que piensa, que no tiene problemas en llamar a su profesión una actividad esencialmente especulativa, una labor de dar liquidez aquí y allí sin ton ni son (bueno, sin ningún ton y son beneficioso para la comunidad, esa entelequia que para ellos apesta a carne podre). Somos los animales que limpian el biotopo liquidando a los débiles, castigando con o sin mesura a los países que se escantillan, acaparando cada vez más proporción de los recursos planetarios para nuestros bolsillos o los de nuestros clientes, viene a decir Josef Arjam. Aquí, también en este blog, lo normal es que haya surjan defensores de las causas que no quieren ser defendidas, que te acusan de demagogo, ignorante (como si entender en esencia los mercados financieros fuera algo tan difícil como entender los agujeros negros del universo o la Teoría de cuerdas), o malintencionado si simplemente hablas de la mera existencia de especuladores. Consuela algo el escuchar a un simba de rubicunda melena –aunque él es humano y de padre sirio, y morenito, y no lo dice tan selváticamente, la frase es mía– decir sin complejos:

“Si veo una hembra sola con cachorros de otro león ausente, me los cargo primero, me beneficio a la leona después y así dejo mi huella animal. Yo, la verdad, soy así”.

De ese 10% de traders que ganan lo que el 90% restante pierde.

  • Mao

    Creo que es un exhibicionista, y no lo digo por sus fotos en la revista Shangay (que ya sabemos el público mayoritario que tiene), sino por su impunidad y desfachatez ante falta de reacción por parte de los responsables de este desaguisado en el que estamos metidos.

  • Tatoo

    Este es un capullo que ni siquiera llega a cinico, y ademas le haceis los coros


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