La melancolía del administrador Etxarandio

Tacho Rufino | 12 de junio de 2012 a las 21:00

Lo de ser presidente de los empresarios conlleva serios riesgos… para la imagen de los empresarios representados. El caso de Gerardo Díaz Ferrán es un caso claro de ignominia para la clase empresarial. Los ha habido funcionariales, a pesar de ser cabeza visible de emprendedores; los ha habido más señoritos que otra cosa; los ha habido –quizá la mayoría– movidos por una mal disimulada vocación política… pero arribistas trincones parapetados en la confederación empresarial de turno –en este caso, la nacional–, el dueño de Marsans; dueño que fue junto a su más tapado socio, Gonzalo Pascual. Un tándem protagonista de una de las mayores suspensiones de pagos de la historia española, excluidas las inmobiliarias (ver noticia en Cinco Días). Toma el dinero y corre, que ya nos veremos en los juzgados. Ayer,  el administrador judicial del concurso de acreedores de Grupo Marsans (ver otras entradas en este blog para mayor información: 1, 2, 3) afirmó que, a él, el caso Marsans le producía “melancolía”. Y no lo dijo una vez, sino varias: melancolía. Tómate algo. Qué creativo administrador, qué lirismo tan inescrutable. Vaya por delante que a Edorta Etxarandio, que así se llama el administrador concursal, la melancolía se la produce el hecho de que aquí no va a cobrar nadie. Es de aplicación ese dicho para mí tan querido y usado que me reveló Eduardo Suárez Labañino, conductor de bicitaxi en La Habana cuando lo conocí, hoy conductor de grandes camiones internacionales en nuestro país: “Por el dinero no te preocupes, que dinero no hay”… porque lo hemos puesto a hacer empresa, y ya no hay quién sepa dónde está el dinero de proveedores y viajeros con palmo de narices… ¿verdad, Gerardo? Verdad, Gonzalo, verdad.

Otra interpretación a la melancolía de Extarandio es que el administrador de seguro origen vasco está depresivo. Se le ha cronificado la astenia primaveral y se viene abajo por todo. Todo le da penita a Edorta, puede ser. Cabe también colegir –aunque esto le dé igual a los acreedores, que no verán ni mijita– que sea el típico personaje gris de esos a los que le pones un micrófono delante y se viene arriba, en este caso poniéndose cursi. Hoy hemos visto Francisco C0rrea –gran sacrificado de la trama Gürtel– salir de la cárcel con 200.000 euros que ha pagado de fianza su pobre madre, tras tres años y medio –¡cómo pasa el tiempo!– de trullo. O sea, que algunos van al trullo. La melancolía del administrador, frente a esto, es una nimiedad. Una capullada, con perdón. Cabreado, vale; impotente, puede. Pero melancólico…

  • er yoni

    algunos van, pero salen sin devolver un duro amigo tasho.


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