Tacho Rufino | 17 de junio de 2012 a las 21:59
Dani Rodrik es un afamado economista de Harvard. no se corta un pelo ni hace concesiones balsámicas a sus lectores, y tituló el jueves así de casandrianamente un artículo en Project Syndicate: El fin del mundo tal como lo conocemos [cuando este artículo se publicó el sábado en prensa, no sabíamos todavía que Syriza no ganaría las elecciones]. Glups. El apocalipsis razonado en clave de economía global, a saber: hoy gana el partido izquierdista Syriza, y reclama renegociar su martirio; Merkel se niega, y el BCE no da un euro más de liquidez; los bancos griegos se quedan secos: corralito y emisión de dracmas para respirar; Grecia descontada, y España observada por todos con cara de espectadores de una ejecución pública. Una ejecución demorada, porque hemos firmado un crédito galáctico que nos tendrá en pie tres meses. Pero al final, Merkel, presionada por su indignado pueblo superior, se niega a dar más oxígeno. España, ko: Sayonara, mi arma. Los ojos inyectados se vuelven hacia Italia y Francia. Surge a la postre un euro nuevo, sólo para rubios alemanes, holandeses, finlandeses y austriacos. El contagio financiero cruza charcos, hacia EEUU y China, que es presa de revueltas sociales. Su Gobierno decide echar el resto inundando el mundo de productos no ya baratos sino por debajo del coste. EEUU abandona la Organización Mundial de Comercio. El mundo árabe se radicaliza en el Islam, versión odio ciego. La autarquía se generaliza y la globalización es una condena debilitada. La II Gran Depresión está servida.
En el origen fue Grecia. El principio del final, en Grecia igualmente. También catarsis es una palabra de origen griego. Dice el diccionario de la RAE: “Purificación, liberación o transformación interior suscitados por una experiencia vital profunda”. Mejor verlo así.