Tacho Rufino | 25 de junio de 2012 a las 15:14
(Publicado ayer domingo en El Periscopio, Grupo Joly)
Hay vida más allá del fútbol. Y en parte gracias al fútbol. Porque las ganas de Angela Merkel de ver cómo su equipo vapuleaba a Grecia en la Eurocopa inyectaron productividad a la reunión a cuatro -la propia Merkel, Hollande, Monti y Rajoy- que tuvo lugar en Roma el viernes. Rapidito, que me espera el palco y quiero que me vean agitar los puños mis compatriotas mientras grito¡Tor,Tor! hasta cuatro veces. Lo que parecía imposible se ha obrado por pelotas y chutes: Alemania ha decidido que sí, que quiere salvar el euro. Tras varios años de abandono de la criatura, donde Merkel ha jugado a castigar muy germánicamente a los viciosos, ha bastado una pachanguita entre cuatro jugadores -ahí, Mariano, ahí- para decidir que se van a tomar las medidas necesarias para calmar a los inversores llamados mercados, y apuntalar así el euro. Una divisa que producía todas las desconfianzas y que olía a cadáver porque no tenía quien la quisiera.
La semana de la Bolsa, y la de la deuda y su prima, ha sido la mejor del año. El rescate bancario de España, la presión que Obama, los emergentes y Lagarde han ejercido sobre Alemania y, finalmente, la hoja de ruta acordada antes de ayer para salvar al euro de su vertiginosa decrepitud han encendido una luz clara al final del túnel. Hasta el rabo todo es toro, desde luego, pero la convergencia bancaria, fiscal y financiera es un objetivo acordado con pompa -rápida, pero pompa- por los cuatro grandes de la Eurozona. Hemos pasado de hablar de la muerte del euro a su resurrección; de sospechar que el euro era cosa de rubios fiscalmente estables a sentirnos hermanitos de nuevo.
Y, lo mejor: se acuerda que se persigue el crecimiento con el estímulo de los fondos públicos. Hasta 130.000 millones de fondos europeos, un 1% del PIB de la Unión Europea, se destinará selectiva y controladamente a inversiones productivas y fomento del empleo. No sólo era posible tal estímulo público, sino que era necesario, y era suicida no hacerlo. Se acabaron los fondos europeos de engorde pasivo, tantas veces aplicados sin verdadero sentido, y hasta fraudulentamente, o alimentando ineficaz e ineficientemente a instituciones públicas como sindicatos y patronales. Éstos, sin duda, se aplicarán con más propósito. Dios me oiga.
La cosa tiene otra pinta. Mientras esto se escribe, veo una foto sintomática: también el viernes, en el Ecofín, De Guindos, exultante y pletórico, le da una colleja a Juncker en pleno pestorejo. Cuando Juncker, un bromista improbable, lo agarró por el cuello también muy simbólicamente hace unos meses, España tenía un futuro más negro que los ojos de un grillo. Alegrémonos, que falta nos hace. Sin exagerar, eso sí.
27 de junio de 2012 a las 4:34 pm | Enlace permanente
Señor Rufino, busco en internet una sola razón para ser optimista respecto a la crisis y solamente encuentro esta reseña escrita por usted.
Gracias, pero me sigo quedando a medias y sin entender muy bien cómo y cuándo saldremos de esta.
Saludos.