Ana Patricia

Tacho Rufino | 15 de septiembre de 2014 a las 19:51

(Foto del funeral por la muerte de su padre, tomada de ‘Divinity’)
ana patricia botín

EL nombre de Ana Patricia me gusta porque me es muy familiar, y no porque coincida con el de la ya presidenta -el sillón de su padre estaba aún caliente- de uno de los bancos más poderosos del planeta. Los apellidos no me son tan familiares: la nueva banquera del Reino va sobrada de apelativos: Botín Sáenz de Sautuola O’Shea; de ésos que te obligan a ampliar la columna de la hoja de cálculo. Ana Patricia tiene también un currículum largo, a pesar de ser joven, aunque esto sólo sea autoindulgencia: tiene dos años más que quien suscribe, 53. No todo son estrellas en su vida, hay algún lamparón, como el de fracasar -no triunfar, si prefieren- en la gestión de un fondo de inversión que ella confeccionó en 2006, la antesala de la voladura. Está bien formada sin duda. Medios no le han faltado para estar en Harvard o en el controvertido Grupo Bilderberg, un club del que se dice que forman parte los titiriteros que manejan los hilos del mundo; cada uno que crea lo que quiera sobre los doctores No.

Ana Patricia fue nombrada por su difunto padre gran jefa de su rutilante desembarco en Gran Bretaña, cargo en el que sustituyó al Cristiano Ronaldo de la alta dirección bancaria, el portugués Horta-Ossorio, y no le fue mal. Después volvió a casa para dirigir a un banco del Grupo Santander, la entidad que compró quebrada y a buen precio Emilio Botín, Banesto, en una jugada con la que el cántabro obró su incontestable ascensión al liderato del ranking bancario español. Ana Patricia se parece a su padre como se parecen algunas hijas guapas a un padre feo, y permitan que diga una evidencia completa: es una mujer. Una de las cien mujeres más poderosas del mundo según Financial Times. No es la primera presidenta de un gran banco privado -las cajas, ay, no lo eran- en España, antes ostentó ese cargo en el Popular otra mujer, aunque sin duda de forma menos ejecutiva que Botín júnior (no hay femenino para el anglicismo, lo siento). En este país en el que repetimos ciertos tics que ignoran la historia de la fobia antibancaria -tan siniestra como los manejos letales de algunas entidades financieras y no pocos prestamistas, cierto es-, que ascienda a una de las más atalayas del poder del país una mujer no es mala noticia, aunque ya digo: para una buena parte de nuestra sociedad, en esos territorios de las altas finanzas no hay géneros, sino peligrosas personas. Uno, sin embargo, prefiere que a Ana Patricia y a su banco le vaya bien, que me cuide la hipoteca y me la mantenga a tipos tan bajos, que no fracase y que sus prestatarios -media España- no pasen a deber su dinero a entidades con menos carácter nacional. La estamos observando, señora Botín. A jugar. Trátenos bien.


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