Ciclistas bajo más control: se veía venir

Tacho Rufino | 9 de noviembre de 2015 a las 17:57

La autocita es casi siempre prescindible porque suele contener una vanidad también muy prescindible: a quién le importa lo que entonces dijiste, y además dijiste tan fugazmente como se dicen las cosas en un periódico. Sin embargo, hoy, al leer el reportaje de Ana Sánchez Ameneiro en el Diario (da igual que se el de Sevilla que el de Cádiz, Huelva o Málaga: el carril-bici y el uso de la bici crecen como la espuma en todos sitios), me he acordado de un artículo que publiqué en el periódico y en el blog (puedes verlo aquí), hace ahora dos años. Extracto un párrafo que resultaría premonitorio… si no fuera porque estaba cantado: la actitud de no pocos ciclistas en nuestras ciudades, sobre todo algunos novatos –más excusables– y algunos veteranos radicales e invasivos –menos excusables– responde al clásico paradigma meridional: “Me importa una higa lo común, es decir, me importas un pito tú, conciudadano: yo voy a lo mío, o alternativamente, a imponer mi ley de ciclista castigador en posisión de la verdad de todas las movilidades”.
Lo diré: yo llevo decenas de años circulando en bici en mi ciudad y en todas aquellas en las que he estado varios días. Creo que tengo criterio para cirticar a mis conciclistas más incívicos, que a la postre son los que hacen que paguen justos por pecadores con esta nueva normativa, mucho más restrictiva, que viene a sancionar más. Y lo que queda: ya mismo, todos con cascos y con papeles y seguros. Al tiempo: sólo hacen falta un 15% de imbéciles narcisos sobre dos ruedas.
Ahí va un parrafo de este artículo de nostradames-de-andar-por casa.

“Sin embargo, como en todas las intervenciones “para el pueblo, pero sin el pueblo”, la adaptación de las costumbres a las ventajas sociales depende mucho de la educación de las personas, que en general tarda en acompasarse a la nueva realidad propiciada por sus gobernantes. No nos comportamos circulando en la bici de forma muy distinta a como nos comportamos al volante de los coches. Aunque hay en ambos casos una mayoría de gente cívica y respetuosa con los demás, hay un porcentaje, minoritario pero demasiado alto, que practica el narcisicismo conductor que nos adorna no sólo como ciudad, sino en general como país (según un estudio de la Comisión Europea de hace varios años, España es el país cuyos conductores son más “narcisos” e infantiles de toda la Unión Europea).

Gente que va más rápido de la cuenta, otros que invaden los territorios peatonales sin dar la prioridad a los viandantes o se meten en contramano por el sitio de los coches. Convertidos a la fe de las dos ruedas sin motor que exigen que un coche respete igual en un paso de cebra a un peatón a cinco por hora que a un ciclista a veinte, y quizá acaben atropellados. Ciclistas que hacen sonar su timbre despóticamente para exigir que se aparte todo ser humano de su trayectoria, incluso mayores atribulados o madres con carritos de bebé; algunos por autoritarismo egocéntrico, otros por su condición de novato inseguro. Olímpicos improbables, tan equipados con sus cascos y sus burras de Decathlón, que abroncan a niñas que patinan, porque ignoran que el carril verde no es sólo para las bicicletas. Kamikazes del equipo Sevici entre los veladores donde hay mayores y niños. Exhibicionistas y gansos, amedrentados diletantes. Y gente normal, la mayoría. Una fauna que reproduce los vicios del tráfico a motor. Estamos urbana y ciclísticamente por cocer. Crudos. ¿Que hay mucho peatón que invade los carriles-bici? Voy a diario en bicicleta, y la mayoría de ellos son despistados todavía no hechos al nuevo medio, o gente que es foránea. Pero hay quien piensa que lo hacen para fastidiar. En este preciso instante que escribo esto leo a una chica de unos 25 años en el Facebook decirle a una sobrina mía que comentaba esto mismo: “Yo optaría por llevarme palante a to los palurdos que van por donde no tienen que ir y su ego es más grande que su educación”. Anecdótico, quizá, pero creo que ésta es una visión de la jugada bastante sintomática. Parece que dos nuevos bandos se conforman, en este caso a favor o en contra del uso de la bici.

La bici ha provocado una creciente polarización, que en algunos casos llega a una verdadera tirria recíproca -rayana en el odio- entre ciclistas fundamentalistas y no pocos viandantes o conductores a motor. En realidad, pasará tiempo antes de que exista un equilibrio respetuoso entre las personas que se desplazan por las aceras, plazas, zonas peatonales y calzadas con distintos medios. Pero mucho me temo que pasará como pasa con tantos otros asuntos por estos andurriales: al final, la norma crecerá, el papeleo se exigirá, la multa vendrá, el casco se impondrá. Y creo que este innecesario corsé externo -que proviene de falta de corsé interno- será inevitable, y será tanto culpa de esa abultada minoría de abusivos usuarios de la bicicleta como de aquellos que, frustrados por el éxito del carrilito-bisi, piden más y más cortapisas a una forma de transporte, la bicicleta, que desde que existe no ha tenido obligaciones reglamentarias o administrativas… porque no es lógico que las tenga. Sevilla tiene una normativa al respecto. Como sucede con casi cualquier ley, los ciudadanos no la conocen. El sentido común debería imperar, se supone, y la ley responde a ese sentido común. Pero aquí la palabra común está muy en desuso, y el sentido común, demasiadas veces, también.”

  • Joaquín Voltes

    La cuestión es que la bici le ha arrebatado la acera al peatón, ya no es un placer ser un paseador, un flaneur de la ciudad.La tensión es para nosotros, yo optaría por que os pusieran el carril en la carretera y que tuvierais como vecinos a coches, autobuses y furgonetas de reparto. El mismo acojonamiento tenemos nosotros cuando, como la bici es silenciosa, no pasáis arrollandonos por mucho que haya carteles donde se diga: “PRIORIDAD PEATONAL”. No quiero bicis en las aceras y menos que el ayuntamiento nos haga compartir estas. Una bici puede matar a alguien a 20 Km/h.

  • Mdec

    Yo entiendo perfectamente lo que quieres decir, y también el comentario de Joaquín. Soy usuario de bicicleta y también he sufrido siendo peatón a algún ‘ciclista’ que pasa más cerca de la cuenta y a una velocidad no adecuada.
    Pero tampoco me parece casual que cuando algo se vuelve de uso común, la administración ve un resquicio del que sacar dinero. Como comentas en el artículo, tiempo al tiempo y todos pagando seguro, matrícula e impuestos municipales de nuestras bicicletas.


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