Bankia: “… y Zapatero huyó hacia adelante”

Tacho Rufino | 21 de febrero de 2017 a las 21:06

“La judicialización de la vida política española es una paradójica ancla”

“Si sabía que sería desastroso, ¿por qué ‘Mafo’ hizo de violinista del Titanic?”

Esta semana hemos visto tumbar en juicio por delitos varios en connivencia con gobernantes e instituciones públicas a todo un ex miembro de la Casa Real, Iñaki Urdangarín, padre de tres hijos pequeños y marido de una hermana del Rey, que repudió a ambos al iniciarse la causa. Seis años de prisión. Rebobinen apenas una década y tal escenario hubiera parecido una broma de muy mal gusto. También esta semana, un ex gobernador del Banco de España, y un ex presidente de la CNMV, los grandes puestos vigilantes de nuestro sistema económico, estatutariamente independientes del Gobierno de turno, han sido llamados por el juez en calidad de imputados o investigados: los van a acusar, sería desconcertante que no fuera así.

La judicialización de la vida política española puede ser observada tanto desde un punto de vista positivo como de otro negativo. Alivia, si miramos la cara buena del fenómeno al que asistimos desde que estalló la crisis, que ante la extendida corrupción de las relaciones institucionales entre partidos gobernantes y organismos y empresas públicas, que han saqueado al Estado y han puesto al país al borde del colapso y, sin temor a exagerar, la miseria, el poder judicial haga de ancla de un sistema democrático que ha estado a la deriva. Con errores e injusticias: imputados o investigados tratados como peligrosos malhechores, sacados de su casa a deshora y con parafernalia mediática por la policía y guardia civil… que a la postre resultaron ser inocentes, o al menos no culpables. En la otra parte, la cara fea de la judicialización de la vida política es el coste económico asociado al colapso de los mal dotados tribunales; su lentitud es quizá el punto más débil de nuestro engranaje como Estado de Derecho. También es de lamentar que sea la Justicia quien se vea compelida a meter en vereda a tanto chorizo electo o con influencia pública. Paradojas de un ancla.

Que hay caso para investigar a Ordóñez (MAFO) y otros pretorianos suyos, y también a Segura, de la CNMV, parece evidente; ya fue desconcertante que un juez dijera en su día que no. Los inspectores los advirtieron de cosas como ésta: “La salida a bolsa con un banco doble [BFA-Bankia] es el primer paso para nacionalizar las pérdidas, algo injusto y contrario a lo que nos pide la norma“. O esta otra: “Dije que no lo diría más. Pero lo digo: este grupo NO ES VIABLE”. Una más: “Los ingresos serán menores que los costes por mucha cuenta de resultados que pinten con beneficio” Y otra: “Hay que venderlo, y gratis”. Y MAFO tiró para adelante cual violinista del Titanic. La rebelión interna del propio Banco de España esta semana, lleva un sapo muy entripado, muy dentro: aparte de que ese tipo de recogidas plebiscitarias de firmas suelen ser tramposas –“es un clamor popular, oiga; no firmes, tú verás…”–, hay gente en el Banco de España que mira hacia arriba, al Gobierno entonces vigente. Ayer, en estas páginas, la analista Carmen Pérez escribía un secreto a voces: si se pretendía socializar pérdidas, alguien daría la orden de sacar Bankia a bolsa, y el Banco de España, obediente, hizo la vista gorda: repartimos el marrón entre todos los españoles, no sólo entre preferentistas, accionistas o cuentacorrentistas del banco de Rato y BFA. ¿Quién gobernaba allí arriba del todo? Era Zapatero, superado por la presión de la UE: huyamos hacia adelante, ya veremos. “Que se llame también a Elena Salgado y José Luis Rodríguez Zapatero, ministra de Economía y presidente del Gobierno por entonces: sus declaraciones son necesarias para que la verdad sobre el caso Bankia sea desvelada”, sugiere Carmen con aplastante lógica. Que esto no va a pasar, ya lo sabemos: hagamos lo imposible, y preparémonos para los milagros.


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