Negociar con Cataluña

Tacho Rufino | 6 de marzo de 2017 a las 19:59

Con permiso de Machado, y en mi condición de españolito, aquello de que una de las dos Españas ha de helarte el corazón merece una actualización. A las dos de siempre, la historia ha unido otra, la independentista, con especial protagonismo de un patchwork de partidos catalanes que mediante el proceso de emancipación de una patria “oprimida” barre bajo la alfombra del procés la basura del trinconeo político generalizado, y de paso expele otra dosis de tinta de calamar sobre la nefasta gestión de un partido autoinmolado para evitar la cárcel a su padrino Jordi, a su casta, a su ahijado Artur y a otros mártires afectos. Todo ello en el territorio económico más poderoso del Estado, que hasta para el independentismo es España peculiar. Y justo cuando España pasa el momento más crítico de su contemporaneidad.

En un país que en estos momentos parece purgarse y redefinirse en las cortes de justicia, esta semana, en el Tribunal Supremo, ha continuado el juicio del 9-N, así llamado por la fecha en que las autoridades autonómicas catalanas convocaron un happening nacionalista a mitad de camino entre el referéndum, el plebiscito y la festiva jornada ecuménica, en el que votaron los mayores de 16, con una participación del 30% del censo. Una consulta que el Tribunal Constitucional (TC) había prohibido.

Tras Mas, ha declarado Homs, acusado de desobediencia y prevaricación. Solemne, al estilo fenicio , el que era conseller responsable del evento ha vaticinado que si él es castigado el Estado español “desaparecerá”. Huele a miedo, algo propio de gente inteligente, o sea, más miedica que valerosa. Muy en botiguer, ha soltado también que el TC no le dijo nada sobre qué hacer con los proveedores contratados para realizar la consulta: lo que le faltaba a ese tribunal es meterse a la consultoría de eventos. Su comprensible defensa también alega que aquello no fue un referéndum galgo, sino una consultilla podenca. También ha estado filosófico o directamente suspenso en Lengua al afirmar que la prohibición no le quedó del todo clara: “El todo y la nada son sinónimos”. Primera noticia.

Mientras, y con un estilo mucho menos siniestro que aquellas negociaciones del Gobierno de Felipe González con ETA en Argel o aquellas otras del Aznar que nombró al “Movimiento Nacional de Liberación Vasco”, parece que Rajoy negocia con Puigdemont sobre el futuro de Cataluña en España. Negociar era pertinente hace cinco años. Y es inevitable ahora. Dejemos de lado la peregrina idea de enviar a la Legión a tomar Barcelona. Negociemos. Dentro de la ley. No fuera, como hicieron Mas y Homs.


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