Silencio, se juzga

Tacho Rufino | 6 de marzo de 2017 a las 19:57

Un ex alto cargo de la Junta que será el juez de sus ex jefes Chaves y Griñán. La absolución de la Infanta hechizada y el trullo virtual para su marido. Uno que fue fiscal jefe de Murcia que protege el final de su espalda a destiempo con alusiones sobre gánsteres de ganzúa y disco duro. El ministro de Justicia que le conmina a callarse en la boquita. El morbo rancio de Sandokán y las discrepancias sorprendentes entre jueces y fiscales por su régimen cautelar. El primer juez del citado caso regio metido a IT girl, pidiendo a gritos el tutú de primera bailarina: “No me esperaba esta sentencia”. La causa contra los Pujol y su congénito trile familiar. Rato y Blesa, altos exponentes del arrebatacapas intersecular, condenados, sí.

No varía mucho de un periódico a otro. Ayer mismo: la portada, el editorial, más de la mitad de las columnas de opinión y la gran mayoría de los artículos, crónicas y reportajes de las secciones regional y nacional versan sobre asuntos judiciales y a la vez políticos (aceptemos corrupción como animal político de compañía). Miren esta columna y miren la de su izquierda. No cabe duda de que las sentencias de Urdangarín y de Cristina En Su Limbo, con la de Rato y Blesa haciendo los coros, han desatado un estado de opinión arrasador, en el que el que más y el que menos ha adquirido un máster exprés en Derecho Procesal y Penal, y más o menos la mitad de España dice sentir “asco” y “vergüenza”. Comparamos condenas de gente blindada con las de “pobres desgraciados” (en casi todos los casos, si miramos algo más, son desgraciados… y mangantes). Caído el telón de la farsa de la riqueza y descorrido el del drama de la Gran Recesión, la Justicia ha realizado el papel higiénico en nuestro reparto de poderes, dado que tanto el legislativo como el ejecutivo han sido devaluados por otros bribones menos desgraciados y apiñados en sus siglas.

Es comprensible y hasta saludable que la gente opine y se indigne y proteste. No lo resulta tanto, sino al contrario, el protagonismo de los que juzgan. Es bueno que la prensa haga su oficio, y que, sin bombardeo y ordeñe excesivo, trate lo que está más candente y la gente pide más. Pero resulta preocupante y extravagante la presencia mediática de los administradores de la Justicia: para que ella sea ciega, sus jueces y fiscales deben ser casi mudos. ¿Por qué? Porque lo que tratan exige tanta prudencia como oficio. En su menester debe estar evitar al máximo los micrófonos. No es su papel estar en los papeles, las pantallas y las radios. Que hablen otros.


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