La deuda del cerdo, muy rica

Tacho Rufino21 de Febrero de 2010 a las 21:04

pigs mapa

La seguridad y la rentabilidad se comportan de forma inversa. Vale decirlo de otra manera: la alta rentabilidad suele ser arriesgada. En el mundo loco de las subprime y la burbuja financiera, sin embargo, había productos financieros estructurados y derivados financiertos complejísimos -y tanto- que daban un pastón periódicamente a quienes los compraban, casi por arte de magia. Solían ofrecerse sólo a gente con grandes patrimonios, lo cual constituía un anzuelo para el adinerado: “Esto viene de New York y Japón, y sólo se lo ofrezco a gente como tú y otros millonetis, que podéis  invertir 500.000 euros, gente solvente, nada de tiesos…”. Muchas grandes fortunas ya no son tan grandes por mor de este truco piramidal, quedándose a la postre sin silla en el juego o, lo que es lo mismo, con una buena pila de millones evaporados de sus cuentas. E incluso peor: con una deuda que adquirieron a bajo interés para forrarse invirtiendo en los exclusivos derivados inescrutables, un juego de niños de lo más lucrativo. Bien; la codicia rompe el saco, o lo agujerea un tiempo y lo vacía un poco o un mucho. Los ricos loraron. Pero esto no era inversión financiera clásica: la realidad es que la alta rentabilidad debe ser arriesgada. (Ilustración: Riesgo de la deuda de los países desarrollados.)

riesgo-soberano-deuda-publica

Una inversión muy segura, no deja mucho dinero; una inversión arriesgada, puede dejar mucho dinero. En esta segunda categoría, los llamados hedge-funds o fondos de alto riesgo son la máxima expresión de las finanzas para jugadores rápidos y ultrainformados. En la primera, tradicionalmente está la deuda pública: letras, pagarés o bonos. Se otorga al Estado la máxima seguridad, ergo el Estado paga poco interés periódico a quienes compran uno de sus productos financieros de renta fija. Sin embargo, la deuda de todos los países no es igual de segura a ojos del inversor y quienes califican la deuda (Moody’s et al.), por lo que si un país (véase Grecia) no es de fiar, debe pagar más cara la deuda que emite. La deuda alemana es segura y un pelín (importante pelín) menos rentable; la deuda griega es más rentable. El jueves, Expansión titulaba “Y los que nos llaman PIGS compran ahora deuda española” (sobre este asunto, ver la anterior entrada de este blog). Normal: el diferencial de rentabilidad es atractivo se invierta a corto o a largo, y la seguridad, la verdad, es casi absoluta… al menos de momento. Británico y faltoncillo en la ironía, pero no tonto. Al día siguiente de la publicación del artículo de la citada entrada, hoy mismo, Claudi Pérez publica en El País dominical un pormenorizado e interesantísimo reportaje donde, precisamente, se apunta a la deuda británica y estadounidense: “Ahora le toca a Estados Unidos y Reino Unido”. Nadie, nadie está libre de pecado ni de peligro.

Por último, pasado y perspectivas de la deuda en España, gráficamente:

deuda_estatal_1995-2011

El poliédrico mundo de la deuda

Tacho Rufino21 de Febrero de 2010 a las 19:56

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(Ilustración Viti Goodman, “Nada es unidireccional”)

A todo pig (cerdo) le llega su San Martín, y el país en el que se acuñó el acrónimo en cuestión (iniciales de Portugal, Irlanda/Italia, Grecia y Spain, los PIGS, tenidos en bloque por los malos de la clase comunitaria) ha recibido el impacto del boomerang: según la OCDE, la deuda pública de Gran Bretaña será la mayor de la Eurozona en 2011. Gran Bretaña, de acuerdo, no es la estigmatizada Grecia, como tampoco lo es España según reconoció el británico Financial Times tras fustigarnos sin piedad, y hasta con razón. Pero Gran Bretaña adolece del mismo problema esencial de otros tantos países: los ingresos públicos han menguado mucho más rápidamente que los gastos, con lo cual su presupuesto se ha descuajaringado peligrosamente; déficit llama a deuda. Un dato del jueves: en enero, la economía de las Islas se endeudó en unos 5.000 millones de euros. La clave no está en la cifra, mareante como tantas otras, sino en el hecho de que nunca antes en ese mes de copiosa recaudación el país de la libra había tenido que acudir al crédito.

Ah, la deuda, magnitud que se ha hecho corpórea y omnipresente tras años de olvido, se olvida la salud cuando uno cree tenerla. En España, la deuda pública no es, de momento, un asunto tan grave como lo acabará siendo si no cambian las tornas. El problema real es la deuda privada, y no hablamos ya de la de la inmobiliarias y otras empresas, sino de la deuda de las familias y los individuos en general. Los hogares españoles son de los más endeudados en Europa, con un montante total de alrededor del 85% del PIB. Paro creciente, consumo menguante, deuda preocupante: brochazos básicos en un lienzo cuya visión consterna. Y aun hay más deudas.

Las deudas huelen hoy a morosidad, ¿quién no tiene una deuda de dudoso cobro a favor o en contra? La morosidad es fuente de inseguridad mercantil y jurídica, y la inseguridad emponzoña la economía. Las deudas dudosas paralizan. Siendo esto así, resulta más intolerable que el deudor sea una institución pública (Estado, autonomías, diputaciones, ayuntamientos, servicios de salud, largo etc.), y los acreedores las empresas privadas que han trabajado para ellas… y no cobran o, mejor dicho, cobran tarde y tras mil gestiones y cornadas. Es éste un problema de estrangulamiento de la iniciativa privada, la que es y debe seguir siendo verdadero motor de las relaciones de intercambio y del empleo. ¿Con qué argumentos pueden los gobernantes pedir a la banca que haga de banca y abra las compuertas del crédito si el principal moroso es el sector público, que hace gestión financiera a costa de las empresas? El sector público es un cliente teóricamente seguro para las empresas, y por eso se permite pagar con plazos que duplican el de la media comunitaria (casi setenta, ¡70!, días más de media para cobrar aquí un trabajo terminado, según informaba ayer Expansión). Con las líneas de crédito retiradas en sus cuarteles de invierno, dígame usted quién aguanta el tirón; qué gran empresa, qué pyme, qué autónomo. El Estado, nuestro alucinante Estado plurinacional e hiperlocal, debe recortar gastos porque los ingresos se han encogido enormemente (y no vale con incentivar-presionar a los inspectores de Hacienda, policías locales o haciendas autonómicas a recaudar casi “como sea”), pero dicha pérdida de peso por los ingresos y los gastos no debe encima ayudar a que el dolor económico sea mayor de lo que debe ser.

“La economía española retrocedió once puestos entre 2008 y 2009 en el ranking de países que ofrecen más facilidades para hacer negocios, donde pasó a ocupar el puesto 62 frente a la posición 51 del año anterior, según un informe elaborado por el Banco Mundial”, informaba Cinco Días el jueves. ¿Cómo nos podemos permitir eso? El Estado (la Junta, el SAS, los ayuntamientos) debe dejar de echar gasolina al fuego de la falta de liquidez y acometer sin dilación una reforma estructural de máxima urgencia como es la de facilitar el establecimiento de empresas.

deuda

¿Magnate y cómico al mismo tiempo?

Tacho Rufino15 de Febrero de 2010 a las 18:39

(Publicado ayer domingo en “El Periscopio”, diarios Grupo Joly)
PARA nosotros, la expresión “palomo cojo” tiene un sentido bien distinto a “pato cojo” en inglés: mientras que nuestro palomo incapaz de pisar supone una expresión tirando a homófoba, para ellos un pato cojo es un incapaz, pero en el sentido de “caso perdido”. Esta semana, The Economist dedica a España un artículo titulado “El follón oscurece el mensaje” en el que, aunque se nos desmarca de los máximos patos cojos de la UE (Grecia y Letonia), se dice que somos “la única economía grande desarrollada todavía en recesión”. Tanto el semanario británico como otras publicaciones extranjeras señalan a los sindicatos como auténticos lastres para desarrollar política económica de emergencia alguna: es imposible tener contentos a sindicatos y mercados de deuda al mismo tiempo. Más o menos como le decía en itañolo un ínclito personaje de la jet romana, el malagueño Juan Manuel Jiménez, a la mujer de uno de los más poderosos y opulentos joyeros italianos, decidida a llenar su tiempo con el teatro: “Non si può cotizzare in Borsa e fare la teatra”.

Dado por cierto que España está en el ojo del huracán de nuestros socios de referencia y que seguir estando en la pandilla comunitaria y en el euro nos supondrá contrapartidas en forma de sacrificios y reformas, la dependencia del Gobierno de Zapatero de los sindicatos y el miedo cerval del presidente a una huelga general se ve desde fuera como problema principal. Jason Webb, de Reuters, afirmaba el lunes que no sólo no es posible seguir contentado a todo el mundo, sino que Zapatero ha conseguido cabrear a los sindicatos sin convencer a los inversores de que la deuda española es segura. Con un 20% de paro, le resulta a Webs difícil de creer que el gasto público va a reducirse hasta el punto de que comprar bonos y obligaciones del Reino de España sea seguro para el inversor y, además, no le cueste demasiado al Estado en unos intereses superiores a los que pagan otros estados más robustos.

No obstante, el viernes las noticias daban cuenta de la diligencia -no reconozcamos sólo lo malo, no seamos tan españoles- con que nuestro gobernantes están procediendo (ahora). El Ministerio de Fomento, el más afectado, reducirá un 20 por ciento su presupuesto: José Blanco, siempre a la orden. Es cierto que de donde más hay es donde más se puede reducir, pero es triste para un país tener que menguar su capacidad inversora precisamente donde se encuentra el motor del empleo más directo. O sea, debemos soltar lastre y reducir nuestra capacidad productiva, porque nada menos que 500 millones de euros se dejarán de invertir el año próximo en infraestructuras públicas. No son buenas noticias, pero mucho peor sería seguir dando brochazos de maquillaje en una cara demasiado ajada ya.

(Abajo, foto de Hugh Hefner, dueño de Playboy, un magnate muy gracioso)

hugh hefner

De peso pesado a ‘welter’

Tacho Rufino15 de Febrero de 2010 a las 18:13
(Artículo publicado el sábado 13/2/2010 en El Poliedro, Economía, diarios Grupo Joly)
DEMASIADAS cosas insospechadas han sucedido en estos días: Zapatero ha enviado a Salgado a Londres a calmar a esa bestia mediática llamada Financial Times (FT), que nos flagela sin piedad y nos llama “torpes”, para acabar dándonos la de cal con un “España no es Grecia“; las teorías conspiratorias contra el propio Zapatero han saltado al aire por boca de José Blanco -el caporegime del presidente-, a quien precisamente FT ha llamado sin empacho “paranoico” en uno de sus blogs; nos han señalado arteramente como los verdaderos culpables del batacazo del euro, haciendo caso omiso del altísimo componente especulador que está siempre tras estas debacles transitorias, como también lo ha sido la caída correlativa de la propia bolsa española en estos días: cuando el broker huele sangre, lo mismo le vale la realidad que un rumor. Esta semana, en fin, el Banco de España ha lanzado la primera estimación de cuánto se está recortando nuestra economía y, paralelamente, deberá contraerse nuestro nivel de vida: un 20%. No lo ha dicho directamente, es cierto.

En realidad, Fernández Ordóñez (gobernador del Banco de España y a la vez gran mosca cojonera del Gobierno que lo nombró) lo que ha hecho es exigir que mengüen los activos inmobiliarios que figuran en el activo de los balances de bancos y cajas, que crecieron por la compra de solares y pisos, y que no dejan de crecer por culpa de los impagos hipotecarios. Los bancos son los principales propietarios inmobiliarios del país (unas 100.000 casas) y lo que en sus balances figura como “Activos no corrientes a la venta” empiezan a ser activos corrientes que no se venden nada bien. Es decir, deben reducir su patrimonio inmobiliario -contable, sí, pero que no deja de ser el valor de referencia para casi todo- en una quinta parte. Como si usted debiera perder quince de sus ochenta kilos de hoy para mañana. O como a un púgil al que obligan a bajar de categoría, de pesados a welter, para poner su pegada y su encaje a la altura de sus verdaderas posibilidades. Un saneamiento que, eso sí, debe dar mayor garantías a sus cuentas… a la vez que mete las cabras en el corral a las mayores poseedoras de casas y suelo de entre las entidades financieras españolas: las cajas, a las que con esta medida Ordóñez fuerza, por un lado, a buscar socios fuertes mediante fusiones o ventas y, por otro, a poner a la postre casas en el mercado a precios realmente bajos. En realidad, dicho sea de paso, los pisos bajan de precio porque no tienen quien los compre, y no tanto porque la distancia entre el valor razonable de uso y el de venta (es decir, la burbuja) no se haya corregido suficientemente. De hecho, la recuperación del mercado de primera vivienda, siendo lenta, es un hecho, de manera pareja al repunte de las hipotecas. El suelo es la gran incógnita del sector, parado cual estatua de sal de Sodoma y Gomorra.

Si nuestra crisis es una crisis derivada de la dependencia del ladrillo y el crédito barato a mansalva, las enfermedades de los bancos son en buena medida equivalentes a los de las familias y las empresas, y también al agregado macroeconómico de éstas. Por ello, la estimación del peso que debe perder la banca que hace el Banco de España no deja de ser una medida válida de lo que nuestra economía y nuestro tren de vida debe contraerse para intentar renacer: cuando Paul Krugman y otros oráculos exteriores hablaron de reducciones parecidas en precios y otras magnitudes en España, nos quedamos a cuadros. Y lo de Krugman fue hace menos de un año, en la sede de la CEA. Muchos nos preguntamos a qué precios se refería cuando hablaba de un 15% de deflación: no dábamos crédito a una receta que suponía sangre, sudor y lágrimas. Se refería al nivel general de precios y de vida. Como indirectamente hace Fernández Ordóñez, cuyas recomendaciones ya suenan bien al Ejecutivo: a la fuerza ahorcan.

Sobra el griego… en todo caso

Tacho Rufino11 de Febrero de 2010 a las 19:51

Supongo que a Expansión no le importará que este humilde servidor cuelgue el siguiente enlace, en el que se aprecia a las claras que el “caso griego” no tiene demasiado que ver con el “caso español”, a los efectos de estabilidad del euro y de la Unión Europea. Si les gusta leer en inglés, Financial Times, a la sazón socio de Expansión, ofrece una colección de artículos sobre el particular (Grecia), pinchar aquí.

Affiche de “Zorba el griego”:

zorba

Krugman: 1 imagen>1.000 palabras

Tacho Rufino8 de Febrero de 2010 a las 16:40

Luis Rull me manda una entrada del nobel Paul Krugman en su blog del New York Times. La entrada sólo tiene título (”El problema español, ilustrado”) y un gráfico, este que sigue:

ulc_spain

“Unit Labour Costs in manufacturing (ULC)”: Coste laboral untario industrial, tomando los datos del año 2000 como base cien que homogeneiza los datos (o sea, los hace comparables a través de los años). A partir de dicho año el indicador evoluciona de la forma significativa y dispareja en la comparación Alemania-España. El nuestro aumenta casi un 30 por ciento; el alemán desciende levemente bajo el nivel del año de referencia. El coste laboral unitario relaciona salario y productividad: el coste verdaderamente relevante no es la remuneración por asalariado, sino el coste laboral por unidad de producción (CLU), que se obtiene dividiendo la remuneración por asalariado por la productividad por ocupado (PIB real/ocupados).

Una imagen vale más que mil palabras.

No es país para pactos

Tacho Rufino8 de Febrero de 2010 a las 15:53

FranciscodeGoya-Dueloagarrotazos

REVISANDO la cronología de los hechos más relevantes del año pasado, resalta la siguiente noticia de 25 de noviembre, fascinante: “Detienen a 42 ancianas en Chipre por jugar al póquer, prohibido en esta isla mediterránea. Las mujeres, de 75 a 85 años de edad, habían sido denunciadas por molestar a sus vecinos con sus idas y venidas. Después de ser acusadas por su delito, fueron puestas en libertad”. Me imaginé unas breves escenas de los hechos: esas viejecitas encorvadas, vestidas y tocadas de negro, apostadas por las esquinas, silbándose notas secretas, dando renqueantes sprints de portal a portal con las enaguas y el refajo remangados, intentando despistar a la Policía mientras se dirigen a la hora convenida a la casa-garito donde va a tener lugar la timba… en fin, un espectáculo impagable que, sin embargo, los vecinos no toleraban, supongo que más por culpa del tercer tiempo tras la partida, en la que las ancianas habrían libado lo suyo, lo que provocaba que la salida de vuelta a casa fuera desconsiderada con el descanso de sus poco condescendientes vecinos. Tras fantasear con esa puesta en escena, fue sin duda el estrés de las noticias sobre el sistema de pensiones en nuestro país lo que me llevó a relacionar ambas cosas: si alguien es capaz de jugarse la libertad por jugar con vocación al póquer, ese alguien está en condiciones de ejercer algún tipo de trabajo remunerado. Tener 75 años, e incluso 85, no es óbice para hacer cosas más o menos valiosas. En lo tocante a la longevidad laboral, no es lo mismo haber estado trabajando de camarero 50 años que haberlos pasado dando clases de latín. No se puede comparar los 32 años de un futbolista de poquito desgaste, como el inflacionado Guti, que los de su compañero Raúl. Los trabajos menos cualificados son más penosos, y el anuncio del retraso de la jubilación no tenía en cuenta esta cuestión. Al día siguiente, Salgado dijo que sí, que eso entra dentro del área de negociación y tal, pero de nuevo la sensación de precipitación que expelen nuestros máximos dirigentes se muestra desnuda. A esto vamos.

Ejemplo contrario de la receta de no dar puntada sin hilo, el debate de las pensiones ha sido para el Ejecutivo español una prueba de la que, de momento, no ha salido airoso. Las lógicas exigencias de una Europa que hace suyo el “España como problema” de Laín Entralgo han forzado a una respuesta a España. El temor por la inestabilidad que nuestros paro, déficit, deuda y falta de competitividad pueda ocasionar al euro ha hecho que Europa, comandada por Alemania, nos pida sacrificios. Y en vez de agarrar al toro por los cuernos y tomar decisiones con efectos a corto plazo (recortes presupuestarios de entidad con la mayor justicia social posible), se arrea una patada a seguir, mandando el balón hasta no se sabe dentro de cuántos años, cuando el natural retraso de la edad de jubilación comience a tener efectos en las cuentas públicas. Todo menos perder el cuello electoral, y mira que 2012 queda lejos.

Desde dentro también se le exige al Gobierno diligencia en la política económica, aunque la impresión que da el otro bando es de no querer arrimar el hombro lo más mínimo. Si cambias y coincides con lo que yo defiendo, cambio mi discurso y leña al mono. Libro de Aznar aparte, ¿alguien sabe cómo parar la sangría del empleo, el único caballo de batalla de la oposición, como si las legiones de parados no fueran consecuencia no ya de la crisis mundial, sino de las enormes bocanadas que los gobiernos -del PSOE y del PP- han insuflado en nuestro modelo productivo sin futuro? No nos ayuda a afrontar la realidad la innata incapacidad hispánica para entendernos en momentos de emergencia, la obsesión por afirmarnos siempre en contra de un enemigo: “la patria”, pura boquilla. Lo mismo que los alemanes, igual igual. La única ancla posible parece descartada ante la carrera que Zapatero debe correr en solitario (”se lo merece, que se joda”, dirán algunos): una mesa nacional de emergencia, en la que partidos, autonomías, sindicatos y empresarios se sentaran sin cartas marcadas. Y sin jugar al póquer como las tahúres abuelas chipriotas. ¿Se imaginan? A mí me cuesta mucho.

(Arriba, Goya, “Duelo a garrotazos”)

El tabú de los salarios menguantes

Tacho Rufino2 de Febrero de 2010 a las 21:21

(Esto que sigue empezó a ser una respuesta a una pregunta de Lorenzo en el post “Nuestra propia tormenta perfecta“, pero me alargué tanto que decidí que fuera una entrada nueva)

Antes de responder a tu pregunta, un breve recordatorio que creo necesario, sin caer en excesos técnicos. En cualquier mercado, incluido el de trabajo, el precio (salario) se determina por el juego de la oferta y la demanda. En épocas de mayor dinamismo económico, habrá más demanda de trabajadores y el salario tenderá a subir. Y viceversa: en épocas de crisis, de atonía de la producción, la inversión y el consumo, habrá menos demanda de trabajo por parte de los empresarios y empleadores, y mucha oferta de trabajo por parte de los trabajadores potenciales, bolsa de parados incluidos. Si el mercado fuera perfecto, los salarios estarían bajando ya en España. Por suerte o por desgracia, no lo es. Pero desde luego el salario tiende a bajar. Esto es un modelo teórico si quieren, que las leyes de los países como España tutelan y limitan, a lo cual se une el hecho de que no existen verdaderos mercados “perfectos”, que es lo que subyace detrás de la ley de la oferta y la demanda, entre otros principios ideales.

Dicho esto, nosotros (España toda) tenemos un desfase negativo de competitividad que nadie niega. Nos podemos pasar la competitividad por el forro: una pose interesantona con un vodka helado en la mano, pero insensata. Turismo y poco más aparte, no producimos, vedemos ni servimos cosas que quieran los que compran esos productos o servicios fuera de su país, sea por falta de calidad o por excesivo precio. Podemos achacar nuestra falta de competitividad a “Zp malo” o a los empresarios malísimos. No es una hipótesis, el otro día lo dijo un líder sindical andaluz: “los empresarios tienen la culpa porque no piensan más que en la cuenta de resultados”… ¿en qué deben pensar para querer seguir siendo empresarios? ¿Quién debe resolvernos la papeleta?. También podemos proponer que la competitividad mejore vía aumento de la productividad general del trabajo español, en tasas por encima de la de nuestros países de referencia (con los que queremos compararnos social y económicamente, doy por convenido), lo cual está muy bien pero no es factible ni realista a corto plazo: a la historia me remito.

Como se repite una y otra vez, no podemos devaluar nuestra moneda (que no es “nuestra”, está en una cesta amalgamada llamada euro); y tampoco no podemos tirar de la economía y la “demanda agregada” con un incremento de un gasto público como prescribía Keynes: ya no hay dinero público para ello. Luego, técnicamente al menos, na cabe otra. Por eso lo decía.

Dicho lo cual, voy a ser osado esta tarde. Esbozaré a bote pronto por dónde creo yo que se debería empezar a recortar: nunca en los salarios más bajos ni en los medio-bajos; sí en la nomenclatura política elefantiásica, incluidos los salarios efectivos y en especie de los excesivos altos cargos y asesores y presidentes de instituciones de dudosa utilidad (no ministros y presidentes de gobiernos, que cobran sueldos moderados en nuestro país); sí en los excesos retributivos que en nuestro país se han establecido con las vacas gordas para tecnócratas de grandes empresas públicas y privadas-subvencionadas; sí en las castas técnicas extraña y excesivamente privilegiadas de empresas en el fondo públicas, como Aena; sí congelando salarios públicos mientras la cosa dure, de manera “progresiva”, como en el IRPF: recortar sueldos a funcionarios mileuristas o casi -que son muchos, y han ganado su plaza- que cobran para llenar el carro del híper y pagarse unas vacaciones no me parece de ley. Se me ocurren más formas de empezar a recortar, pero quizá alguien quiera apuntar sus soluciones. O bien alguien quiera defender por qué los salarios tienen que ser rígidos cuando las empresas no ganan dinero y el país puede irse al carajo.

Me gusta menos que poco haber apuntado una solución (que por cierto, economistas del gusto de la izquierda, como San Paul Krugman, han prescrito para España) que hoy salta a la prensa como propuesta del FMI. Pero no se trata de patalear o seguir tocando el violín mientras la nave se hunde, sino de debatir soluciones. Claro, que si lo que tenemos es un Aznar que dijo ayer que “nadie hizo tanto daño en tan poco tiempo como Zapatero” (adobado con una nueva expresión típica de quien confunde ya su español y su inglés, uf: “extremamente”, dijo nuestro ex-presidente en otra parte de su última filípica para atraer focos, en vez de “extremadamente”) y un Montoro que no para de arrear cera pero cuando se le pregunta si quiere reducir la indemnización por despido dice que no… aviados estamos. Una Gran Coalición a la alemana en España en estos momentos es como pedir… no sé, dejémoslo en peras al olmo par no faltar a nadie.

Yo me he despachado a gusto, espero comentarios. Desde que se publicó “Nuestra propia tormenta perfecta” en los diarios de Grupo Joly el sábado, he recibido varias collejas morales por mencionar los recortes salariales como posibilidad; sea como medida acordada por las fuerzas sociales, sea como, a la postre, realidad inexorable. Todos hablan fuera de nuestras fronteras de la cosa. Dentro, que yo sepa, poquísimos. Miremos para otro lado si queremos.

Ponemos nerviosa a Europa

Tacho Rufino1 de Febrero de 2010 a las 13:26

ZAPATERO se ha debido tragar unos cuantos sapos en su puesta de largo presidencial en Davos, y ha acabado pidiendo “fe” en España a los mandatarios allí reunidos, que están nerviosos con nuestros pésimos números económicos y no han parado de exigir explicaciones y, sobre todo, medidas drásticas. España, su economía, empieza a ser un problema no sólo para España, sino también para la Unión Europea, y así lo manifiesta esta semana tanto la agencia Reuters como el diario Der Spiegel, ambos alemanes. Nuestra deuda pública, nuestro déficit fiscal, nuestra tasa de desempleo y ciertos rasgos de nuestro sistema financiero dan mucho susto a los países de más peso de la Unión.

Der Spiegel teme que, después de Grecia y quizá Portugal, el siguiente fallido del club sea España. El “riesgo español” es, empero, más temible: nuestra población más que duplica a la suma de griegos y portugueses, y nuestra economía, medida en PIB, es casi tres veces superior a la de los otros dos rezagados juntos. Jan Strupczewsky, de Reuters, explicaba el miércoles la filtración a Der Spiegel de un informe de la D. G. de Economía y Finanzas de la UE, “sólo para los ojos” de los ministros de Economía del Eurogrupo. Según dicho informe secreto, el tipo de cambio subyacente de España está sobrevalorado en más de un 10%, mientras que los grandes hombros alemanes están infravalorados en un 5%. Se trata de estimaciones, ya que no existe tipo de cambio oficial alguno entre las economías comunitarias: todos estamos bajo el cielo protector del euro. Un paraguas que puede desequilibrares gravemente, cosa que los alemanes y el resto de países verdaderamente competitivos no tolerarán: quieren una moneda de referencia internacional y no una convulsa lavadora de miserias de algunos. Curiosamente, los británicos tampoco paran de arrearnos cera, con intenciones no muy claras, ya que ellos mantienen su libra: quizá están pensando cambiar de divisa y quieren que la Eurozona esté saneadita para entonces.

Sea como sea, y más allá de la interpretación técnica del tipo de cambio implícito, lo que subyace es una enorme divergencia de competitividad. En la última década, mientras Alemania y Finlandia han sido cada vez más competitivos como países, nosotros -y Grecia, Portugal o Irlanda- hemos ido empeorando nuestros indicadores. Ahora se nos piden cirugía: reducir el gasto público a lo bestia -adiós, Keynes-; reestructurar de verdad las cajas de aquí a seis meses y otras medidas que, a la postre, supondrán una reducción dolorosa de nuestros salarios y nuestros precios: también se llama empobrecimiento. El Gobierno ya está actuando. Algo es algo.

Nuestra propia tormenta perfecta

Tacho Rufino30 de Enero de 2010 a las 18:40
tormenta
XAVIER Sala i Martín es directivo del Barça (ver foto de su página) con aspiraciones a presidente, independentista catalán y desinhibido usuario de extravagantes americanas y corbatas. Economista y catedrático de la Universidad de Columbia en Nueva York, sus líneas de investigación incluyen la sugerente tesis de que la gente de derechas es más feliz que la de izquierdas (el hecho de ser creyente y de tener dinero cuenta para tal afán humano, dice) y aquella otra que sostiene que la inmigración -que no vota nacionalista- debilita el sentimiento de pertenencia a la colectividad, en concreto la de su Cataluña natal. En fin, el profesor Sala i Martín es también, a sus 46 años, articulista de La Vanguardia. Precisamente en este medio, hace ahora dos años, publicó un artículo de referencia en la interpretación de las causas del crash que se hizo patente en agosto de 2007. Titulado La tormenta perfecta, como aquel filme de Clooney, la pieza señalaba seis causas de la crisis en curso, algunas de las cuales ha envejecido mal como tal causa. Lo cual no empequeñece al analista, que se atrevió en público a tomar el timón de la interpretación de una realidad históricamente insólita. La tormenta perfecta, fueran cuales fueran con precisión sus causas, no ha amainado; al menos, no ha amainado para España. Tampoco tenemos a George Clooney al mando de nuestro barco. Y es que no se trata de una película: la realidad amenaza con hacer zozobrar la nave y, y a los datos de la semana nos remitimos.

Aunque el equipo de la ministra Salgado siga empeñado en ponerse a los pies de los caballos informando de que su Índice Sintético de Actividad -un bonito futurible en forma de número, un fundido de datos de dudosa significación- ve “brotes verdes” (no disparen al pianista: a mí también me produce empacho la expresión) a corto plazo, siguen pintado bastos. Crecen los enanos. Por mucho que estemos anestesiados ante el optimismo impostado y, también, ante los nubarrones plomizos que no cesan, debemos esforzarnos en ver con claridad a través de las cortinas de humo, los codazos de Cristiano y la inminente programación de fútbol en la tele casi a diario.

La banca, por medio de la Asociación Hipotecaria Española, nos reveló el lunes que las promotoras no pueden pagar su deuda bancaria, 325.000 millones de euros -ojo: una cantidad mayor que todas las hipotecas basura del mundo anglosajón, tenidas por verdadera génesis de la tormenta perfecta-. Dicha falta de liquidez, sumada a lo incierto de las promociones a las que están vinculadas, frena el crédito y afecta a los balances y a la propia calificación de las entidades financieras (no digamos de las cajas, que con sus sintonías políticas han financiado océanos de metros cuadrados municipales por toda la faz de la tierra hispana). Lo que, a su vez, redunda en nuestra calificación como país, en trance de ser rebajada por las agencias de rating, que incluso insinúan que estamos en el camino del default (término utilizado también para indicar que no podremos pagar nuestras obligaciones como país). Fitch, Moody’s o S&p’s, por mucho que hayan pecado de ineficacia o tancredismo ante la que se venía encima, siguen siendo vitales para poder financiarse como país en tanto que se recuperan los ingresos públicos… lo cual, admitámoslo, no es probable con la nueva oleada de parados de la que supimos el lunes. Menos empleados; menos ingresos por impuestos y seguros sociales; más subsidios que cubrir por parados y dependientes; menor capacidad de acometer obras públicas y tirar del empleo; un coste enorme en salarios públicos y políticos, son, entre otros, factores que no mueven sino a prever una verdadera contracción severa de nuestro nivel de vida. La única medida política para controlar esa caída resulta ser la reducción de salarios, porque sabido es que ya no podemos devaluar nuestra moneda para así vender mejor fuera nuestros productos. Con respecto a la moneda, el euro, la semana también nos ha hecho exclamar el touchè! de los tiradores de esgrima alcanzados por el hierro: de nuevo desde Europa se plantea la salida de España de la Zona Euro, una disparatada broma hace un par de años. Roubini, profesor den la competencia de Sala, la Universidad de Nueva York, dijo sin empacho en Davos el otro día que “España es un riesgo para la Zona Euro”.

Repugna y duele la tormenta perfecta Made in Spain, pero no tiene nada de ficción. Nuestras cuadernas crujen.

Autor

Economía razonable para todos lo públicos Economista, profesor de la Universidad de Sevilla y columnista habitual de los medios del Grupo Joly

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