La deuda del cerdo, muy rica

La seguridad y la rentabilidad se comportan de forma inversa. Vale decirlo de otra manera: la alta rentabilidad suele ser arriesgada. En el mundo loco de las subprime y la burbuja financiera, sin embargo, había productos financieros estructurados y derivados financiertos complejísimos -y tanto- que daban un pastón periódicamente a quienes los compraban, casi por arte de magia. Solían ofrecerse sólo a gente con grandes patrimonios, lo cual constituía un anzuelo para el adinerado: “Esto viene de New York y Japón, y sólo se lo ofrezco a gente como tú y otros millonetis, que podéis invertir 500.000 euros, gente solvente, nada de tiesos…”. Muchas grandes fortunas ya no son tan grandes por mor de este truco piramidal, quedándose a la postre sin silla en el juego o, lo que es lo mismo, con una buena pila de millones evaporados de sus cuentas. E incluso peor: con una deuda que adquirieron a bajo interés para forrarse invirtiendo en los exclusivos derivados inescrutables, un juego de niños de lo más lucrativo. Bien; la codicia rompe el saco, o lo agujerea un tiempo y lo vacía un poco o un mucho. Los ricos loraron. Pero esto no era inversión financiera clásica: la realidad es que la alta rentabilidad debe ser arriesgada. (Ilustración: Riesgo de la deuda de los países desarrollados.)

Una inversión muy segura, no deja mucho dinero; una inversión arriesgada, puede dejar mucho dinero. En esta segunda categoría, los llamados hedge-funds o fondos de alto riesgo son la máxima expresión de las finanzas para jugadores rápidos y ultrainformados. En la primera, tradicionalmente está la deuda pública: letras, pagarés o bonos. Se otorga al Estado la máxima seguridad, ergo el Estado paga poco interés periódico a quienes compran uno de sus productos financieros de renta fija. Sin embargo, la deuda de todos los países no es igual de segura a ojos del inversor y quienes califican la deuda (Moody’s et al.), por lo que si un país (véase Grecia) no es de fiar, debe pagar más cara la deuda que emite. La deuda alemana es segura y un pelín (importante pelín) menos rentable; la deuda griega es más rentable. El jueves, Expansión titulaba “Y los que nos llaman PIGS compran ahora deuda española” (sobre este asunto, ver la anterior entrada de este blog). Normal: el diferencial de rentabilidad es atractivo se invierta a corto o a largo, y la seguridad, la verdad, es casi absoluta… al menos de momento. Británico y faltoncillo en la ironía, pero no tonto. Al día siguiente de la publicación del artículo de la citada entrada, hoy mismo, Claudi Pérez publica en El País dominical un pormenorizado e interesantísimo reportaje donde, precisamente, se apunta a la deuda británica y estadounidense: “Ahora le toca a Estados Unidos y Reino Unido”. Nadie, nadie está libre de pecado ni de peligro.
Por último, pasado y perspectivas de la deuda en España, gráficamente:










