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La independencia o la permanencia de Cataluña

Tacho Rufino | 12 de septiembre de 2012 a las 14:17

Si hay algo enquistado en España es la relación entre el Estado central y los partidos nacionalistas catalanes y vascos y las amplias capas de población a las que representan. Crecientes capas. Una manifestación multitudinaria reclamaba ayer la independencia de Cataluña de una forma palmaria: nada de tópicos greñudos antisistema, ni de violentos “colgados”. Gente como usted, a puñados. Llamar victimistas a los catalanes, afirmar con la vena en el cuello que su forma de vida consiste en la continua reacción contra el algo inmaterial enemigo (España), siempre reclamando y protestando, siempre despreciando a unos malqueridos compatriotas de inferior condición… llamarles todo esto es a estas alturas absurdo, aunque sea verdad en casos, pocos o muchos. No importa mucho que la visión catalanista sea la contraria a la españolista –mejor, la complementaria, en una crónica desunión indisoluble. Importa que hay quórum suficiente como para que se desencadene finalmente un proceso de autodeterminación de las regiones todavía españolas que odian (en un porcentaje que las urnas determinarán, y del que hay serios indicios para valorarlo) precisamente eso: ser español. Aunque Rajoy ha afirmado que éste no es momento de “algarabías” –desafortunado término–, refiriéndose a que la crítica situación nacional debe dejar de lado de momento las reclamaciones independentistas, la realidad es que los manifestantes de ayer (y muchas personas de otros en otros sitios, como el País Vasco, se manifiesten o no, que no paran de manifestarse, por cierto) tiene claro que “su” crisis no sería tal si fueran independientes. Sobre esto hay mucho que decir, mucho que debatir, muchas perspectivas y datos diferentes. Pero a la fuerza ahorcan: así es si así os parece. ¿Debe España ceder al referéndum de autodeterminación? Yo creo que sí, pero con condiciones en forma de términos y plazos.

“Yo soy independentista porque quiero dejar de ser nacionalista”, venían a decir con intensa carga semántica los manifestantes de ayer. Quiero tener mi país, mi Estado, mi silla en la UE, mi ejército, mi pasaporte. Sí, deberían pedir su ingreso en la UE y que éste sea ratificado por unanimidad, incluida España. Pero no me parece realista pensar que España puede boicotear más que transitoriamente dicha posibilidad. Si se desencadena el proceso, será inexorable, para la independencia o para la permanencia. Porque no olvidemos que es posible que los independentistas –incluido el presidente Artur Mas: parece que CiU ya no es nacionalista, sino independentista– pierdan. El miedo a la libertad es un clásico, volar solos es una ilusión que normalmente se reclama por muchos que, en su fuero interno, no desean verla realizada: sucede en las parejas, en los hijos con los padres, en el trabajo: “me voy, pero no me voy nunca”. Pues bien, mi opinión: adelante. Quitémonos de encima este marasmo con el que gente como yo ha convivido desde que tiene uso de razón política: catalanes y vascos que no quieren ser españoles, y que a tenor de las elecciones son mayoría en sus territorios. Si así lo queréis, adiós, nadie va a morir por ello. Habrá que determinar con lupa en qué condiciones nos separamos: quién tiene la custodia de los hijos (recursos con intersecciones y empresas, por ejemplo), qué sucede con el patrimonio; o con nuestros intercambios comerciales; qué compensaciones fijar por las concesiones recíprocas realizadas para dar cremita cansina a este desencuentro histórico.

Desde mi punto de vista, es la crisis la que ha insuflado energía súper a la desfección catalana, de forma que el rescate catalán por parte del Estado–tenido como humillante por no pocos independentistas y españoles, aunque en modo contrapuesto–, en vez de conducir a la humildad catalana ha conducido a la soberbia reclamación de la independencia, basada en el argumentos tales como “Estamos hartos de pagar fiestas de otros” (a lo que no ayuda que pueblos como el andaluz salgamos en la tele sólo para requeterromerías de millón de personas, jornaleros de posguerra en pie de guerra o para la sal gorda de algunos de nuestros humoristas de bandera). U otros como la balanza fiscal: “Si no diéramos la millonada que damos a la solidaridad interterritorial, no pediríamos rescate alguno, e incluso seríamos un país bastante riquito en Europa”. Olvidemos por un momento de qué y de quién vive mayormente la empresa catalana y vasca; hemos hablado mucho aquí de las otras balanzas, la comercial y la financiera. Olvidemos los privilegios industriales otorgados por Franco, personaje histórico que hizo realmente más daño, mucho más, a Andalucía, Extremadura y Galicia que a Cataluña o País Vasco. Olvidemos todo eso y respetemos la libertad de elección de un asunto que no es una moda o un capricho. Que me perdonen los expertos de las letras del Derecho Administrativo y Constitucional: con todos los respetos, es un debate técnico irrrelevante en estos momentos, al menos para mí. Olvidemos, claro, mandar al ejército, y disculpen que mencione tan desquiciada posibilidad.

Particularmente, y sin que me vaya la vida en ello, no quiero seguir treinta años más escuchando soflamas e insultos cargados de víscera, tanto de un lado como de otro. La brecha con Europa, la brecha de riqueza entre las personas, la brecha entre la gente y sus políticos. Y ahora la oportuna brecha abierta de una región que odia el término región… pero no sabemos cuántos habitantes de esa región quieren ser país y Estado. A mí me gustaría salir de dudas. Con una cadencia y formas respetuosas con las necesidades urgentes y, también, con la Historia, ese blandiblú tan manoseado según los intereses de cada uno.

Ruego por favor que quienes estén en contra de mi visión razonen y no insulten, ni disparen al pianista.

Por qué Europa “nos dio tanto”: una píldora interpretativa

Tacho Rufino | 28 de agosto de 2012 a las 13:15

El departamento de estudios de UBS, un banco suizo de inversión de primer orden, ha realizado un informe (dirigido por Paul Donovan) que viene a concluir –hablando mal y pronto—que las familias más beneficiadas por el euro son las griegas, las españolas y las portuguesas, economías mediterráneas que partieron con un gran desfase renta con respecto al núcleo duro europeo, básicamente de cultura protestante y poderosamente abanderados a su vez por Alemania. Ah, Finlandia, el gran protestante –en el sentido de quejarse, en este caso— de la Unión Europea, se ha beneficiado incluso más que España, pero como la realidad no te puede estropear un buen titular, ha quedado tal detalle para el interior de la noticia (véase cómo la daba Expansión, de forma idéntica Financial Times: “Las familias de Grecia, Portugal y España, las que más se han beneficiado con el euro”). Los PIGS, qué gente más mala… A este respecto, debemos hacer notar que, con el enfoque de este estudio en concreto, las familias italianas e irlandesas –pigs ellas también– han perdido renta en el periodo considerado. Pero el titular es el titular…

Sin ánimo de desentrañar la metodología de la investigación de UBS de manera pormenorizada, lo que el estudio ha medido es la variación de la renta disponible de las familias en el periodo 2000-2010 (sería muy interesante ampliar el periodo considerado hasta 2012, próximamente). Otros factores que pudieran ser relevantes quedan fuera. Esa condición epistemológica llamada ceteris paribus (“permaneciendo constantes el resto de los factores”, es decir, ignorándolos), hace que no se tenga en cuenta la balanza comercial entre los distintos países, o sea, cuánto compro yo a tal país y cuánto me compra a mí tal otro país. Tampoco la llamada balanza financiera, o sea, cuántos de mis ahorros van a financiar inversiones en otras tierras, y cuántos de mis préstamos son concedidos por territorios diferentes del mío. Evidentemente, estudiarlo todo “con todos sus avíos” es una pretensión megalómana que puede originar que las conclusiones sean un gazpacho intragable y sin significación para interpretar la economía agregada y poder plantear políticas públicas. Pero interpretar como cierto las conculsiones de un dato parcial, ensombreciendo datos relevantes (como el de Finlandia, o los de Italia e Irlanda), está todavía más feo.

También hay que tener en cuenta –o habría que tenerlo— que la Unión Monetaria, o sea, el euro, se crea precisamente como un instrumento necesario para la convergencia en renta entre los países del euro. Cosa que todavía España ha hecho sin llegar al objetivo a pesar de las conclusiones del estudio de UBS. Converger realmente significa acercar paulatinamente la renta por habitante de un país con respecto a la media comunitaria. Y no hemos llegado a la media auqí, tdavía (siempre en visión agregada: no es lo mismo San Sebastián que Cádiz). ¿Por qué los países más ricos podrían querer que converjamos en renta con ellos, es decir, que nos acerquemos en riqueza material a ellos? ¿Por qué pagan más a las arcas comunes? ¿Por qué hemos recibido, dicho por pasiva, más fondos los países “por debajo de la media”, más fondos para crecimiento y desarrollo? ¿Es por filantropía? ¿Por paneuropeísmo ideológico? No, claro que no: se pone más en la balanza fiscal común para asegurar territorios comerciales y estabilidad en la balanza por cuenta corriente, por controlar el sistema financiero, y por asegurar una posición de predominio en las actividades de alto valor añadido, o sea y sin ser exhaustivos, en aquellas de alta aplicación tecnológica e industrial, en los suministros militares y su mantenimiento, en las actividades financieras mismas.

Coda: Los datos necesariamente parciales del estudio de UBS, echados a pelear estadísticamente, concluyen que la Unión europea ha hecho en parte sus deberes. Tendría derecho a quejarse Italia; mucho más que Finlandia, por ejemplo.

Coda 2: El mal uso de los fondos comunitarios es otro pecado muy grave, claro que lo es.

La nueva forma de dominio

Tacho Rufino | 12 de enero de 2011 a las 17:29

Los países emergentes (no sólo, pero sobre todo China) exportan mucho, y su consumo interno es muy débil, como sus salarios. Por eso, acumulan fuertes cantidades de dinero, de liquidez. ¿Dónde la invierten, sobre todo mediante lo que se da en llamar Fondos Soberanos? En deuda pública de aqullos a quienes les ha pasado lo contrario: exportan poco (o sea, su balanza comercial es negativa), conusmen  mucho… y tienen necesidad de enedudarse, con lo que su deuda exterior es grande (por ejemplo, España, 1, 2, 3, responda otra vez). ¿Quién compra esa deuda, cada vez en mayor proporción? Quien tiene liquidez, como los mencionados países emergentes. Ser acreedor de alguien con muchas deudas es una excelente forma de dominación geoestratégica.

 

(Con la venia, ahí va una viñeta del gran “El Roto”)

el roto deudores

Puigcercós y la verdad incompleta

Tacho Rufino | 15 de noviembre de 2010 a las 12:19

mapa_las_balanzas_fiscalesCataluña es, junto a Madrid y Baleares, la comunidad autónoma donde más recauda el Estado en relación con lo que gasta en ella. Por eso su balanza fiscal es deficitaria. Otras comunidades, entre ellas Andalucía, tienen un saldo de signo contrario. La razón de tal asimetría es puramente económica: se recauda más donde se vende y más se ingresa. Igual que sucede con el IRPF; quien más gana, más paga. La balanza fiscal es un argumento de queja y reivindicación del nacionalismo catalán (Cataluña tiene su balanzario fiscal de cabecera, Ramón Tremosa, profesor de Economía y cabeza de CiU en el Parlamento Europeo), que suele encenderse con especial intensidad en los periodos electorales, como el que está en curso. Ayer, Puigcercós, líder de ERC, dijo que “en Andalucía no paga impuestos ni Dios”. Evidentemente, hablaba en un mitin, y como en los mítines se suelen emitir más sandeces por minuto que en la vida corriente, debemos ser indulgentes. Pero debemos precisar algunas cosas.

declaracion-irpfEmpezaré por lo particular: yo pago más impuestos a las arcas públicas que el catalán medio, mi tipo de gravamen y mi cuota son desde hace años es superiores a los  equivalentes catalanes medios; y soy andaluz y residente en Andalucía. No reclamo nada por ello, sólo quiero recordar que los impuestos son personales y no territoriales, por mucho que esto se ignore contumazmente, como se ignora que existe un  principio de redistribución, de progresividad y de solidaridad en cualquier sistema jurídico y tributario que se precie. En este sentido, los habitantes del Carmel o de Viladecans también expolian a los de Pedralbes o a los del Valle de Arán. Pero es que hay más cosas, que una y otra vez se ignoran al denunciar el agravio. Pero no se puede llamar defraudador al andaluz. Lo malo es que se suelta la piedra, y el ignorante la recoge y la pone en una urna en su argumentario de lugareño superior. Démonos por jodidos. Intentemos explicarnos un poco más.

made in cataluñaPrimero, la balanza fiscal es deficitaria en Cataluña por diversos motivos. Pero, básicamente, porque Cataluña es más rica y produce más y vende más que otros terriotorios. Sucede que la otra balanza, la comercial, está íntimamente relacionada con la fiscal: Cataluña vende muy principalmente en España sus bienes y servicios, donde –por cercanía y porque los canales de distribución son españoles– resultan más competitivos que en el exterior. Esta preponderancia comercial deviene de su estructura económica, su carácter emprendedor y profesionalidad general, y también de la historia común y del momento histórico que vivimos. La cosa no siempre ha sido así, y en una parte no despreciable la industria y el comercio catalán han debido ser protegidos por los poderes públicos –autarquía franquista incluida– para no ser barridos por competidores extranjeros: esto molesta mucho a algunos, pero es innegable. El efecto sede –ubicar allí cuarteles generales y fábricas principales de empresas públicas y privadas– también ha contribuido a este dominio comercial (y, por tanto, a la obligación de pagar más al fondo común). De forma análoga a la balanza comercial cabe hablar de la balanza financiera: dónde captan los fondos las entidades bancarias regionales y dónde lo invierten después. Hay muchas más sucursales de La Caixa en Andalucía que de Unicaja o Cajasol en Cataluña. Y el flujo financiero y de inversión corporativa de la modélica entidad catalana revierte más que proporcionalmente en su tierra que en otras. Sobre esto no hay datos específicos publicados, sólo evidencia pituitaria. Sobre la balanza fiscal, curiosamente sí, aunque se puedan poner en duda si sólo se quiere ver una cara de un poliedro, y con una intención política y electoral además.

Enhorabuena a Cataluña por ser más rica. Lo digo sinceramente.

Alemania: los mejores, pero no sólo eso

Tacho Rufino | 7 de junio de 2010 a las 13:56

merkel

Suele ocurrir con casi todo en la vida: las verdades que a uno lo enaltecen son exageradas por uno. Por ejemplo, uno puede ser reconocido como un benefactor, como una locomotora económica, como un abnegado paganini de las ineficacias de los vecinos, como alguien más productivo, más competitivo, más ahorrador, más trabajador y hasta más guapo y más culto. Y tal reconocimiento acaba siendo objeto de maximalismo por parte del propio campeón. Interesa no ver más que la parte del sacrificio que uno hace por los demás, de lo mucho que hace por el resto: de los camareros con los que trabajo, de los compañeros de sucursal, del resto de comunidades autónomas subsidiadas, del resto de países de la Unión Europea.

Exagerado lo que es esencialmente cierto, la otra cara de esta actitud tan común y tan humana es omitir en la salmodia de quejas y dolencias por el parasitismo y la incompetencia del resto –dada por verdad y hasta por dogma, incontrovertible como buen  tal– el hecho de que uno suele beneficiarse más del pastel común, vende sus productos, servicios y post-servicios a los menos competitivos, menos ordenados y más pobres, venta sin la cual su riqueza relativa no sería cierta. Puede ser el caso de mi admirada Alemania, que comienza a mostrar algunos síntomas de esa ceguera selectiva.

Alemania, tan admirable en tantas cosas, tiene una balanza comercial con casi todo el resto de Europa apabullantemente positiva. Alemania vende todo tipo de productos de alto valor añadido al resto de la UE, tanques y aviones incluidos. Alemania está disfrutando de una intensificación de esta balanza comercial tan favorable -no sólo con la Zona Euro- precisamente por la debilidad del euro, una moneda que se estableció a imagen y semejanza del extinto marco (ver El euro era un marco disfrazado). Alemania fue el primer país en transgredir la limitación de la amgnitud del déficit público establecida en Maastricht. Alemania ha conseguido una enorme afluencia de dinero que busca refugio en su deuda soberana por causa de la seguridad (aunque con baja rentabilidad) que ofrecen sus bonos (los bund), lo cual les permite prestarlos a Grecia (y los que vengan) con un diferencial en los tipos realmente suculentos: ganancia financiera pura, dura y rápida. Alemania es, de acuerdo, el gran bastión europeo, pero también el gran beneficiado de este estado de cosas. PAga más a la caja común porque le interesan las contrapartidas comerciales y geoestratégicas, por mucho que el estado de opinión alemán esté crecientemente descontento con el euro y la exagerada vida de ciertos socios comunitarios. Esta parte da mucho juego, aquí y allí: “estos ineptos no valoran lo mucho que hago por ellos, y encima no me quieren”.

(Foto: El País)

La locomotora alemana renquea

Tacho Rufino | 9 de junio de 2009 a las 14:02

(Foto: EFE)

Alemania sufre como pocos países la recesión mundial, al menos a tenor de los datos de descenso del PIB (que no lo son todo). Otra prueba palmaria de que la economía es, quizá inexorablemente, global es el hecho de que los campeones mundiales de la exportación -y, debido en gran parte a ello, los que lucen una la balanza comercial más lustrosa- acusan caídas del PIB inimaginables sólo ayer. Si los destinos de sus mercancías de alto valor añadido y de su know-how congelan los pedidos y las compras, lo que antes era una fortaleza indudable se convierte ahora en un repentino talón de Aquiles comercial. España es el caso contrario: nuestro déficit comercial es tan acusado que la crisis, pírricamente, ha apaciguado la vertiginosa entre importaciones y exportaciones de nuestra economía. Según datos de ayer, el banco central germano, el Bundesbank, prevé una caída del PIB de nada menos que el 6,2 por ciento en 2009.

Hasta ahora, la productividad laboral y su reverso, la competitividad del país, habían sido señalados como los flotadores que estaban consiguiendo que el desplome económico alemán no se tradujera en un oleada de despidos: la sangría laboral española se ha producido antes por nuestra muy diferente estructura sectorial, de costes laborales y de producto obtenido por hora trabajada. La continuada caída de la producción alemana agregada de bienes y servicios -el PIB- acabará más pronto que tarde por empujar a miles de personas a las colas del paro. El país que gobierna Angela Merkel supone casi un tercio de la economía de la zona euro. La locomotora se ralentiza peligrosamente: olvidémonos de las certezas.

No obstante, el pesimismo no ha secuestrado a los alemanes: allí no ha estallado burbuja inmobiliaria alguna; sus familias son prudentemente ahorradoras y no son presa del consumismo; sus bancos e intermediarios financieros no abrazaron la fe libérrima que condujo a las estafas de mayor o menor intensidad; su fuerza de trabajo cuenta con un segmento de formación profesional bien capacitada; sus ciudadanos, en suma, no son partidarios de salvarle el cuello a nadie con fondos públicos. Todo muy alemán.