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Hasta el fondo

Tacho Rufino | 10 de junio de 2013 a las 21:55

EL Fondo Monetario Internacional es un organismo planetario que, dicho en corto, tiene como objetivo que los intercambios comerciales sean fecundos y estables, pero también tiene como fin fundacional “hacer retroceder la pobreza”. No está claro que esto último sea muy prioritario a tenor de algunos resultados de sus intervenciones. Esta semana hemos asistido a algo insólito: el Fondo ha entonado el mea culpa por su acción coordinada con la Comisión Europea y el BCE en Grecia: “No previmos los efectos devastadores de nuestra intervención y las medidas impuestas a cambio del rescate a Grecia”, han venido a decir en un informe. ¿En qué pensaron, entonces?, se pregunta uno. El FMI ha hecho examen de conciencia y se ha dolido de sus pecados, concedamos que ha hecho propósito de la enmienda y que ha contado sus pecados a un confesor, la opinión pública. El último requisito de la buena confesión -cumplir la penitencia- no ha sido satisfecho. A modo de penitencia, una buena compensación económica al pueblo griego no estaría nada mal, y no se me rían. Que los gobernantes y no pocos habitantes de Grecia hayan gestionado mal y pirateado mucho a costa del erario público parece un hecho incontrovertible. Pero esto no quita que el castigo haya sido desproporcionado y sus consecuencias, perversas.

Como un hombre que se entera de que su amante ha confesado la infidelidad a su marido sin consultarle a él, la Comisión Europea se ha apresurado a declarar que ve “erróneas e infundadas” las críticas del FMI. Suaviza su sorpresa y rechazo con un pañito caliente, con una coartadilla: “Este es un proceso de aprendizaje. Por supuesto, a posteriori, con la experiencia de tres años y medio, podemos volver atrás y examinar qué podría haberse hecho de forma distinta en un mundo ideal”. Alivia que la troika no sea tan rocosa y monocorde, reconforta la disidencia, aunque provenga de una institución cuyas erráticas previsiones económicas transpiren ideología y tengan una alta capacidad de hacer daño a las personas. Ahora, el Fondo reconoce sutilmente haber metido la pata hasta el fondo con Grecia! aunque centra su error en el incremento de impuestos a que forzaron a los griegos.  Y de paso, una entidad de alma yanqui le da una patada en la espinilla al germanismo que tanta caña da afuera, pero que se pone manirroto como cualquiera cuando llegan las elecciones nacionales. Lo mismo que a Grecia hubiera sucedido con España: una condena a ser un satélite pobretón. De repente, un aliado. Y uno muy sorprendente. Bienvenida la autocrítica, por mucho que las advertencias sobre los excesos en el calibre y el ritmo de los recortes fueron muchas. Es una buena noticia, en el fondo.

Rajoy, neokeynesiano

Tacho Rufino | 9 de abril de 2013 a las 12:01

- ¿Qué te ha parecido lo de Rajoy pidiendo al BCE que haga como los bancos centrales de Estados Unidos y Japón e inyecten dinero en la economía?
– Pues que se nos ha vuelto keynesiano a la fuerza.
– Tras ver el efecto desastroso que sobre la economía de países como Portugal está teniendo la política de ajustes y recortes, no ha tenido más remedio que convertirse a la fe de la acera de enfrente.
– A la fuerza ahorcan. Los números de Portugal no salen por ningún lado. Se asfixia Portugal. Y eso nos queda muy cerquita. Somos países distintos, pero no tanto si los consideramos a escala.
– Hubo un momento en que incluso los tecnócratas patrios declaraban arrebatados de responsabilidad que el rescate era lo más racional y menos malo para España. Hubiera sido un desastre. Intervenidos, y fiscalizados, por gente que no sabemos quiénes son.
– Mejor que entregar la cuchara con el rescate hubiera sido haber amenazado con salirnos del euro y empezar a decirle a nuestros acreedores exteriores que dinero no hay para devolver en los plazos y condiciones contraídos.
– Una quita. Y lo que dices de salir del euro cada día toma más cuerpo. Ya no es el apocalipsis. Con permiso de Coppola, Apocalypse?… now!
– Y miedo para la Europa superior; sus paíseperderían aún más que nosotros en una voladura descontrolada del euro.
– Yo creo que Guindos lo ha hecho bien al evitar el rescate, y mira que lo he criticado. Pero a la postre es un ejecutivo.
– Un tipo que resuelve problemas sin tanto lastre ideológico. Les habrá dicho: “Merkel, Draghi, Rehn y compañía: soy de los vuestros, soy conservador y colaborador. No me hundáis, dadme vida. Os conviene”.
– A cambio de un fraudulento rescate parcial bancario que pagaremos las clases medias y nuestros hijos.
– La menos mala de las soluciones, ¿no?
– La menos sangrienta, ya sabemos cómo las gastamos aquí tras la calma chicha.
– A cuchillo. Y los hijos de los políticos se tendrían que ir de aquí. Y ellos, atrincherarse en sus buenas casas.
– ¿Eso a quién le gusta?
– A nadie, supongo.
– Mejor ir cambiando, apartando el talibanismo. “¿Keynesiano? Hay cosas peores”, se dirán.

- La política es el arte de lo posible.

- Del posible trinque.

- Hombre, no seas así.

La esperanza en la recesión alemana

Tacho Rufino | 25 de agosto de 2012 a las 19:43

SI le dieran a elegir, ¿qué preferiría usted, ser rescatado o ser intervenido? El rescate es sin duda más romántico y estimulante, es redentor: a quién no le gusta ser liberado y poder respirar al fin, aunque sea por poco tiempo. La intervención, por su parte, es el duro que no se da a cuatro pesetas, es el precio a pagar por el rescate, de cualquier tipo de rescate: amoroso, bélico o financiero. Tras el rescate viene la intervención: eres mío y para mí; tus territorios son nuestros territorios ya; deberás hacer la política económica que yo te diga. La “condicionalidad macroeconómica”, que le hemos dado en llamar, o sea: recorta gastos, olvídate de las inversiones, reduce lo público sin pausa, eleva impuestos, reforma el sistema financiero ese tan peligroso que tienes, reorganiza el poliedro territorial y competencial ese tan sui géneris tuyo. Son precisamente estas dos últimas condicionalidades -el sistema financiero y el Estado autonómico en su versión actual- las nuevas urgencias de la santísima troika, una y trina. Es comprensible: nuestra rutilante banca -véase, mayormente, cajas- era un bluff, y el déficit autonómico es en su conjunto grande, resistente y difícil de coordinar: Guindos negocia fuera de España, y le toca a Montoro negociar dentro. ¿Qué papel preferiría usted? ¿O prefiere muerte, como el del chiste? A este respecto, por cierto, el sector erre-que-erre de la opinión económica sigue reclamando nuevas y siempre urgentes medidas de ajuste, hoy otras nuevas y distintas de las de ayer, a pesar de que las de ayer no han hecho de momento más que daño a la economía y las personas. Cuánto dolor es necesario infligir a cambio de un mejor e indefinido futuro es el gran sofisma español contemporáneo.


El rescate de España es un hecho; la intervención, también. Le llamamos ayuda, rescate parcial, financiero o suave; decimos supervisión en vez de intervención. Pero la realidad es que España hace tiempo que es cualquier cosa menos soberana en política económica. De tal forma que cuando el presidente dice este verano que “lo último que tocaría son las pensiones”, hay que contar con la reducción de éstas en el plazo de un año al máximo. Más tarde es demasiado tarde para la troika, y demasiado cerca de las próximas elecciones para el partido en el Gobierno. La llave y el grifo son, de fachada, cosa del BCE, que es una institución técnica, fría y liderada por un tecnócrata implacable, sabedor de cuál es su jerarquía hacia arriba y hacia abajo, un Mario Draghi nada de fiar desde una perspectiva española (el verdadero halcón de la austeridad en la sombra, firme partidario de que España pida ser rescatada e intervenida al estilo griego, irlandés y portugués, y contrario a la compra de deuda por parte del BCE como recurso ante el castigo inversor a España; el adalid del pánico alemán a la inflación es el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann: él es más poderoso que Draghi en este contexto). Si es el FEEF quien aflojará la mosca, si lo hará su sucesor el MEDE, si el BCE compra deuda española “sin límite” mientras que estos fondos de rescate -lo que son-se aprueban y los próximos rescates españoles -que lo son- son aprobados parlamentariamente en Alemania, son distintos cómos de un qué esencial: sólo cabe apretar los dientes mientras estemos en el euro. ¿O alguien tiene alguna alternativa? No es muy alentador, pero la única tabla de salvación para la degradación socioeconómica española es que Alemania entre en recesión, y el miedo a la inflación se vea superado por la necesidad de mantener la política monetaria de bajísimos tipos y, como piden cada vez más voces, una política fiscal expansiva comunitaria. Un frío que duela a Alemania, como el del invierno ruso en la Segunda Guerra Mundial. Y disculpen el símil.

Bajan los intereses… la banca gana

Tacho Rufino | 13 de agosto de 2012 a las 17:59

EN el mundo occidental, quien más y quien menos tiene una hipoteca, y en España en mayor proporción que la media del todavía llamado mundo desarrollado (otro término que decae penosamente y va resultando patético, como el de Estado de bienestar): un español es un aspirante a propietario de su casa desde la tierna infancia. Los hipotecados tienen algún motivo para estar contentos, incluso los que ven cómo por su segunda o tercera casita “para inversión” deben más de lo que valdría si pudiera venderse. Pero los intereses van bajando. Aunque con sus picos, la tendencia descendente de los tipos desde los primeros años 90 es clara, hasta llegar a unos niveles realmente bajos, alrededor del 1% en el interés de referencia para calcular el Euríbor (breve rabillo de pasa: usted paga mensualmente intereses al “Euríbor más algo”; el Euríbor es el interés al que se prestan los bancos unos a otros; el Euríbor se va calculando en función del interés oficial del BCE). Uno, en un alarde de lógica, puede decirse a este respecto: si el precio de lo que venden los bancos (dinero a crédito) va bajando, los bancos cada vez ganarán menos por las hipotecas, ¿no? Pues va a ser que no.


Excluyendo del cálculo el lamentablemente típico caso español de hipotecado fallido por perder el empleo o los ingresos, la banca está ganando más (casi) que nunca por las hipotecas. Por ejemplo, en Estados Unidos, según informaba el New York Times el pasado miércoles, los tipos actuales le pueden ahorrar a una familia prestataria unos 30.000 dólares por una hipoteca de 300.000 a 20 años. Ganancia para el deudor. Pero también gana el acreedor. Porque ellos, los bancos, lo toman a un precio aun más barato que antes, cosa que compensa los mayores costes de establecimiento de hipotecas por mayores garantías y exigencias regulatorias. Claro que ese problema no lo tenemos aquí. No firmando hipotecas nuevas… problema resuelto, bien mirado. Y aquí no se firman, de momento.

Europa, en el fondo, mira por nosotros, aunque con más miedo que compasión: si los tipos suben -como al populismo alemán le gustaría en sus bucles melancólicos de superioridad e histórico trauma inflacionario-, nuestra economía comatosa fallecería, y no conviene perder clientes ni mucho menos desencadenar el pánico. Desde que le dimos la política económica a las autoridades del euro, o sea a Alemania; perdón, qué digo, al Banco Central Europeo, los intereses han sido desconocida e inusitadamente bajos para los españoles. Lo cual, no lo olvidemos, fue uno de los motivos de nuestro gaseoso boom inmobiliario y nuestro plus de crisis. Pero si embargo, ahora, los tipos bajos alivian a las economías domésticas. La banca gana, claro.

¿Por qué se permite hacerlo? ¡Porque puede!

Tacho Rufino | 6 de agosto de 2012 a las 13:05

TODO es ahora cambiante y complejo, extremadamente dinámico e incierto, así que por qué no practicar un poco de revisionismo también en nuestro refranero de calle. Por ejemplo, “Que tienes más peligro que una caja de draghis”. Alternativamente, “eres más falso que un Draghi de plástico”. Esta semana, contra todo pronóstico y seguramente reconvenido por Merkel, este Shylock con másteres y currículum de gran escualo de Goldman Sachs nos vuelve a hundir en la miseria. ¿Por qué lo hace? Porque puede: he ahí la cuestión. Shylock era el avaro prestamista shakespeariano, que encarnaba lo peor del estereotipo antisemita, pero evidentemente no es por la condición de judío de Mario Draghi -que lo es- por lo que él resulta inmoralmente peligroso para grandes masas de población. Krugman o Stiglitz, grandes críticos del papel del dúo Merkel-Draghi en los últimos tres años (error, el último año; antes, Trichet), también lo son. Como un niño caprichoso y despiadado, el presidente del BCE se ha desdicho, la ha envainado, y la calma que infundió la semana pasada a los también insoportablemente leves mercados se ha esfumado este jueves. Una palabra tuya bastará para sanarme, Mario, y otra palabra tuya bastará para matarme. Hay en España quien pide que Draghi sea juzgado por crímenes contra la Humanidad (no es broma). Hay en España maximalistas en otras trincheras que opinan que nos merecemos este castigo, que por qué nos va a salvar el BCE comprando nuestra deuda pública: la ortodoxia selectiva e intermitente -ahora sí, ahora no- resulta tan demagógica como pretender sentar a Draghi en un banquillo de acusados como sentaron en Nuremberg los aliados a aquel juez nazi, el Dr. Jennings (escalofriantes interpretaciones de Burt Lancaster y Spencer Tracy en la película de Stanley Kramer). ¿Mucha referencia a la Alemania nazi? Con mayor claridad y cantidad las podemos encontrar en la prensa alemana contemporánea y en referencia al papel político de su país en esta crisis. El semanario Der Spiegel tiene una versión reducida en español. No está nada mal darse una vuelta por sus páginas digitales para modular nuestras percepciones sobre “los alemanes”. Jakob Augstein, prestigioso columnista y editor, publicó hace pocas semanas en Der Spiegel un artículo titulado “Alemania, conductora kamikaze”, en el que dice a las claras que el discurso merkelista -bien cocinado por el diario populista Bild- de que “todo el mundo quiere llevarse nuestro dinero” no es sólo falso, sino que incrementa el riesgo de corrosión de la Democracia. Y no tiene Augstein miedo de establecer paralelismos de la situación actual con la República de Weimar y el surgimiento del nazismo. “Merkel trabaja en debilitar el compromiso europeo de los alemanes… comete un grave error al enterrar la idea clave de la posguerra: la potencia media que constituye Alemania no tiene futuro fuera de la comunidad europea de destinos”. La vía europea es complicada, pero la vía alemana no existe: “¿Qué hará Merkel cuando el euro y Schengen, fruto de sesenta años de integración, hayan desaparecido? ¿Confiar en China?”, se pregunta Augstein. Y volvamos a Draghi, un hombre que aparece de pronto investido de un poder excesivo. El curator del euro puede provocar y apaciguar maremotos diciendo unas palabrillas misteriosas ante la prensa. Aunque sin duda Draghi es la correa de transmisión de la actual política obsesiva y corta de miras de Merkel, la capacidad de hacer daño del italiano es inmensa. Pero recordemos que el origen de su poder no es democrático, y da miedo pensar en que las fuerzas que rigen nuestros destinos no son nuestras voluntades hechas representantes políticos y gobernantes, sino un gobernador de un banco central de una Europa dividida en lo esencial… y unos mercados financieros erráticos, asustadizos o, peor, yonquis de la especulación y el corto plazo.

Veinticinco horas con Mario

Tacho Rufino | 8 de mayo de 2012 a las 11:58

(Publicado en Joly el sábado 5/5/2012)

 

TIENE un aire a Peter Sellers, pero su nariz aguileña canta su etnia italiana judía, y queda descartado que sea un patoso capaz de dinamitar un guateque como Sellers haciendo el indio –en todos los sentidos– en aquella memorable película. Lo suyo no es dinamitar, o al menos no directamente. Como su propio apellido indica, Mario es un dragón, un dragón tecnócrata y con buen aliento; aunque potencialmente letal, él es fino y cortesano, sin duda demasiado listo como para defraudar a Alemania. Mario Draghi tiene un cargo esencial en el grupo de poder que lleva a España como meretriz por rastrojo. El Banco Central Europeo que dirige es pieza clave del trío que pone los deberes, amenaza o da palmaditas en la espalda a la política de hechos consumados y reformas cada viernes que practica nuestro Gobierno. La forzada extracción de conejos de la chistera -es decir, sin un plan ni programa conocido, e incluso en contra de lo prometido- se impuso a España desde el exterior desde que Angela Merkel, con Nicolas Sarkozy de palmero, llamó a consultas a Zapatero en mayo de 2010. De vuelta a casa –ya sin cuchara, honra ni futuro– el anterior presidente redujo y congeló los salarios de los funcionarios, congeló también las pensiones y eliminó el cheque-bebé, entre otras medidas de una austeridad que ha señoreado como único principio político. Una dinámica insostenible que, eureka, ya se ve como algo que, sin un Plan Marshall redivivo que lo acompañe, nos llevaba a todos al hoyo. Y a España la primera (o la cuarta, según se mire).

Esta semana, Draghi ha estado aquí, presidiendo un consejo de gobierno del Banco Central Europeo en Barcelona. También en España esta semana, el ministro económico alemán, Wolfgang Schaüble, ha estado muy cariñoso y ha bendecido las “valientes” e “impresionantes” andanadas de medidas de Rajoy, las vírgenes que ofrecemos en sacrificio a un Minotauro permanentemente insatisfecho. Aunque en realidad son cuatro sus miembros, la triada funciona grosso modo así: Alemania urge a reducir el gasto público porque su pánico histórico al déficit y a la inflación no le deja pensar más que lineal y monocordemente; el FMI urgiendo también a lo mismo, aunque el Fondo es cada vez menos obcecado, y pronuncia ya sin miedo la palabra crecimiento como necesidad tan grande como la de la austeridad; la tercera pata son los opacos inversores globales, que no por invisibles dejan de ser los más coherentes -y letales- del lobby político-financiero que tiene a España cogida por el arco. Son los que castigan o premian. El BCE es el recurso final para evitar estar absolutamente en manos de los inversores –llamados mercados. El BCE, con Draghi de manijero, es la válvula de escape a las presiones recurrentes sobre nuestra deuda. Pero Draghi nos alivia sólo intermitentemente; ahora sí, ahora no. El BCE, dice solemne cuando conviene, no se dedica a salvar a nadie de las garras de nadie. No vaya a ser que nos relajemos y dejemos de ofrecerle vírgenes al Minotauro en su laberinto. Una conjura tácita en parte, un castigo merecido en parte.

Suponemos que Draghi irá a cenar con frecuencia con su hijo Giaccomo a Londres, donde júnior es máximo ejecutivo de tipos de interés en Morgan Stanley (yo no digo nada). Esta noche de jueves, sin embargo, cena con Manriano Rajoy, alargando una horita las 24 que Draghi ha pasado entre nosotros. Antes, con su ex compañero de Goldman Sachs De Guindos, habrá recordado los tiempos en que enseñaron al Gobierno griego a hacer contabilidad creativa pública. Draghi es un símbolo de los tiempos: un técnico con gran capacidad metamórfica, un ejecutivo multipurpose. ¡Cuidado, Mariano, tú habla poco! ¡En gallego, Mariano!

(Me entero en este momento de que el consejero de Economía andaluz, Recio, ha tuiteado el discurso programático de Griñán a Krugman y a Hollande. Qué contraproducente oportunidad. “Tú eres de los nuestros, Paul, de siempre, y tú más, François!”. No hay manera. Qué nos gusta una pandilla y su rival.)

Arrinconado en un balcón por la insaciable Angela

Tacho Rufino | 14 de abril de 2012 a las 21:07

En la noticia, el pollo, de 43 años, había salido “a donne” que dicen los italianos: a la caza, a ver lo que cae, a meter cuello que se dice ahora. Y lo había triunfado, como también se dice ahora. Conoció a una pava algo mayor que él, se les dilataron las pupilas y se les hizo pesada la sístole y también la diástole. Charlaron lo justo y se fueron a disfrutarse a casa de ella. Él lo debió de hacer medianamente bien –en la noticia puede leerse que lo malo vino “tras una larga noche de pasión”–, porque a ella le pareció poco. O quién sabe, quizá lo hizo demasiado mal, como suele suceder en los primeros encuentros, y más tras la ingesta copiosa de alcohol, y ella se rebrincó teutónicamente. Sea como sea, él acabó pidiendo socorro desde el balcón de la casa hasta el que ella lo había arrinconado exigiéndole más y más. La policía acudió, lo rescató y lo liberó, y la detuvo a ella por privación de libertad y acoso sexual. La noticia dice que ella era ninfómana, de lo cual no se aporta diagnóstico pericial alguno. Si lo de querer más o querer siempre es ninfomanía, conozco unos pocos de ninfómanos, al menos a tenor de sus declaraciones y el peso estadístico del monotema –junto con el fútbol, en muchos casos, y no tirará quien suscribe la primera piedra– en las conversaciones de masculino-pandillares. Pero la palabra ninfómano no existe, y me da a mí que quien redactó la noticia no ha podido resistir la tentación de utilizar el sí existente término femenino, y se ha lanzado a la piscina sin mayor contrastación. (¿Recuerdan a la Volpina (Zorrita) del Amarcord de Fellini? A mí esa ninfómana –bueno, su recuerdo solo, lamentablemente– me enturbió más de un rato en mi juventud. Mucho me temo que no soy la única víctima del genio italiano y sus expresionistas y húmedos personajes, la Gradisca y hasta la estanquera incluidas.)

Eso de que una mujer atractiva te acose sexualmente es una fantasía masculina habitual –según cuentan–, pero en la práctica debe de ser un absoluto horror. Según cuentan, digo, el “quiero más, lo hacemos poco” es cosa muy masculina, y cuando te roban ese papel la sensación debe de ser estresante, inquietante y repelente. Y muy poco excitante. El caso es que el muniqués que reculó en braslis –por compensar la terminología con un toque setentero— hasta el balcón pudo haber muerto de éxito, víctima de un edema pulmonar o un infarto causado por exceso de mueve-mueve, como le courrió a algún expresidente del Madrid y a algún espigado ejecutivo olímpico. O con una cadera rota al estilo tardía luna de miel nobiliaria o –máxima actualidad– a la manera de los monarcas cazaelefantes.

Pero esto es un blog con vocación económica, así que (copyright de Juanma Marqués) es pertinente extrapolar la noticia a la situación de una España contra las cuerdas, machacada en la bolsa y otros mercados financieros por un útil fantasma llamado intervención (si España no está intervenida, que venga Dios y lo vea), mientras el árbitro llamado UE-BCE actúa como los de pressing catch: secándose, ajeno a la cosa, el sudor en una esquina mientras nos vapulean a modo. Pues vamos a la rica metáfora, oiga. Atención pregunta:

Si la noticia que viene de Alemania habla de un generoso amante que da todo lo que tiene dentro, una insaciable y rigurosa señora y un montón de polvos que supieron a poco, ¿quiénes serían en la actualidad económica esos personajes y hechos?

a)      Dinio, la Bermúdez, seis casquetes

b)      Pipi Estrada, Lucía Lapiedra, 4 caliqueños de una hora la pieza

c)       Rajoy, Merkel, los recortes que no cesan

 

 

¿’Hispania delenda est’?

Tacho Rufino | 10 de abril de 2012 a las 12:36

Si España es el condenado a la crucifixión, los inversores financieros son los romanos y la Unión Europea una mezcla de sanedrines de pose técnica y de Herodes lavándose las manos (por ejemplo, no comprando deuda española durante estos episodios de ataque y venta masiva, lo cual disuadiría a los atemorizados de vender presa del pánico y a los especuladores puros de jugar a ganar en el río revuelto). Recordarán aquella hilarante escena de La vida de Brian: “¿Crucifixión?”, preguntaba amablemente el listero romano. “Sí”, respondía con igual cortesía el reo. “Bien, salga por esa puerta, alinéese a la derecha, una cruz por persona”. España no tiene quien la defienda, o mejor, ni siquiera la atribulada adopción de medidas de enorme impacto social y económico de su Gobierno es capaz de parar las impenitentes y periódicas razzias de unos agentes de los mercados que vienen a decirle: “Dése usted por jodida; le canto a usted por Luz Casal: Y voy a por ti, y voy a por ti, como una locomotora por ti, y voy a por ti, y voy a por ti, y voy a por ti ahora”.

Los confusamente llamados “mercados”, los dueños y árbitros finales de la economía que vivimos, los emperadores invisibles, no se creen que vayamos a ser capaz de ir amortizando nuestra creciente deuda (privada, pública, externa), a retomar la senda del crecimiento ni a poder soportar los mazazos automutiladores de los recortes, muchos repentinos y atribulados, alguno planificado, casi todos negados antes de anunciados. Los romanos del siglo XXI dan y quitan. Si, por un lado, es innegable que la situación de España es muy comprometida fiscalmente y muy preocupante en cuanto a su nivel de actividad, y todo ello justifica parte de la prima de riesgo, por otro es también innegable que un reducido número de inversores globales es capaz de condenar a una economía completa, reforzando su proceso de degradación y taponándole las vías de recuperación. No sólo la prima de riesgo (el interés que pagamos de más que el que paga menos por su deuda pública, Alemania, en estos momentos con un alarmante nivel de 420 puntos básicos), sino los ataques a ciertos valores de nuestra bolsa de valores. En este sentido, el levantamiento de la suspensión de las operaciones bajistas o de short selling (dicho mal y pronto, apostar con dinero o acciones de otro a que a alguien –por ejemplo, ahora, Abengoa, Bankinter o Popular– le va a ir mal, vendiendo a su valor acciones u otros títulos, haciendo así caer su precio en el mercado, para recomprarlas baratas, ganando en origen) ha ocasionado que unos pocos grandes inversores acaparen cientos de millones de euros en inversiones destructivas (para ellos no lo son, claro es). Hay quien las justifica porque dan liquidez al sistema, algo así como decir que cortándole la mano a alguien elimino la posibilidad de que ese alguien se hurgue la nariz. Algunos nombres de estas gestoras que se han instalado en España para hacer subir y bajar las cosas obteniendo réditos en una y otra circunstancia, acelerando el proceso de mala fama y descomposición de nuestra economía: Amber Capital, Wellington Management, Landsdowne Partners y Marshall Wace.

Carthago delenda est“–“Cartago debe ser destruida”–  dicen que dijo un senador romano. Cartago es España, los romanos, queda dicho, son los inversores. “Hispania delenda est”.

¡Que corra esa liquidez, oiga!

Tacho Rufino | 21 de diciembre de 2011 a las 8:58

Tras el accidente del avión en el que volaban –muy por encima de la cota y velocidad debidas y sin haber realizado los controles necesarios al aparato– la travesía del desierto que emprendió buena parte de la banca europea hace unos tres años se encuentra con un oasis hoy por la mañana. Las cantimploras han sido durante ese tiempo racionadas hasta chupar los golletes y, en el terrible camino sin brújula, la sed, la obesidad de muchos ellos y las reyertas y hasta el canibalismo entre ellos mismos diezmaron a la triste topa financiera. La mayor parte sobrevivió por las benéficas nubes públicas, que descargaron sus aguas sobre ellos, dejando yermos otros territorios necesitados. Hoy la banca puede acudir a una fuente mayor, a un gran oasis repentino de cuya situación había noticias, pero que por algún motivo no había sido hasta hoy explorada por ningún geógrafo ni explorador.

Hoy a las 9,30, el Banco Central Europeo pone liquidez masiva a disposición de la banca de la Europa comunitaria. Nada menos que 300.000 millones en créditos a un interés japonés (menos del 1%) y a tres años, que podrían ser más si la propia banca demandara más. El principal problema de la economía productiva (y familiar: el ciclo de producción y consumo exige crédito) se palía de golpe… o así debe ser. A la banca apuntalada y subsidiada –y a la que no lo ha sido– no le quedan excusas, porque esta macrolínea crediticia ha nacido para quedarse y rellenarse cual biberón de muñeco que nunca se vacía. Han existido estas subastas antes, sí, pero eran menores en su cifra total, en mucho peores condiciones y se suponían destinadas para la banca de segunda. Ahora que nadie es realmente de primera, los prejuicios de clase no son tolerables. Para que se pueda percibir un impacto benéfico las economías nacionales y, en segunda instancia, para el mercado común, es necesario que la facilidad que ordena Mario Draghi (presidente del BCE) sea suscrita masivamente. Si se piden 500.000 en vez de 300.000, mejor. No hay problema. El tipo de interés mínimo y el plazo de vencimiento que multiplica por tres al anterior para los bancos con problemas de refinanciación son una oferta que no pueden rechazar.

El deseable efecto positivo de la medida es diverso, y no sólo afecta al líquido elemento sin el cual no hay, en el límite, más economía que la jibarizada o la del trueque: la banca que necesita recapitalizarse puede apoyarse en estos créditos blandos para conseguir las nuevas exigencias de capital que se les ha impuesto (los créditos no computan como capital de alta calidad, capital básico, o core capital, pero la liquidez facilita su incremento). Además, estos dineros alivian las presiones sobre la deuda soberana de la mayor parte de los países importantes (luego peligrosos) de la Unión Europea. También pueden empezar, con mejor palanca financiera y seguridad, a hacer sus deberes más dolorosos: vender o ajustar el valor de sus activos inmobiliarios, muchos de ellos devaluados hasta la anorexia. Para los Estados, esta inyección de deseable suscripción máxima reducirá los costes de financiación de la deuda soberana, que ya han descontado parte del efecto. Eso sí, si la banca espera a que “la cosa mejore” para empezar a reconducir ese crédito a empresas y familias, nuestro gozo habrá sido precipitado y acabará en un pozo, un pozo improductivo. Por eso, como nos hemos atrevido a sugerir desde aquí otras veces, de alguna manera hay que obligar a los bancos hacer su función, tengan miedo o no lo tengan. Si todo esto queda en un maquillaje de los balances bancarios, por muy necesario que este maquillaje sea, la consecuencia habrá sido una nueva bofetada para le gente de a pie. La que vive de su salario o de su empresa, y que de forma vertiginosa va engrosando las listas del paro. ¿Que no existen mecanismos para obligar a la banca a hacer circular en parte las ayudas que recibe? Se pintan. A ver si la innovación financiera que ha llegado a construir artefactos incomprensibles potencialmente letales para la economía no va a furular precisamente en esto.

Un dragón pulcro y jesuítico

Tacho Rufino | 6 de noviembre de 2011 a las 15:07

SU apellido puede traducirse como “dragones” y, aunque algunas decisiones suyas han despedido efluvios pestilentes y sulfurosos, él ha conseguido no despeinarse y labrarse una imagen de tecnócrata algo curil. Podría pasar por el hermano esbelto de Florentino Pérez, no en balde fue jugador de baloncesto -también bastante invisible- y conoce el Mont Blanc como la palma de la mano. Lo suyo, de hecho, es escalar: ascender sin prisa pero sin pausa. Fue un discreto número uno en la Universidad La Sapienza, de donde partió para doctorarse con Solow y con su compatriota y también nobel Franco Modigliani en el MITde Boston. Antes, estudió en el Instituto Massimo de los jesuitas, también en Roma, donde pasaba la solución de los exámenes a Luca Cordero di Montezzemolo (con ese nombre hay que ser alguien, por ejemplo presidente de la Ferrari). Según el ex presidente de la República Scalfaro, el hasta ahora gobernador del banco central italiano, y ya nuevo presidente del Banco Central Europeo (BCE) en sustitución de Trichet, “no tiene el aire de un funcionario de la administración pública sino de un yuppie, sólo que los yuppies tienen como objetivo la riqueza, mientras que Draghi mide el éxito en función del poder que él administra”. No sé si se puede ser yuppie y sacerdotal al mismo tiempo pero, sin duda, Scalfaro tenía razón: Mario Draghi ha conseguido escalar a sus improbables 64 años hasta la cumbre estratégica que -junto con otras pocas- más poder público administra en el mundo. Él es el manijero del euro y los tipos de interés, el albacea de la política monetaria de la hoy histérica y empanicada Unión Europea.

Un italiano en Fráncfort, un jefe periférico en la residencia del inestable hijo del marco, el euro (pronúnciese “oijo”, como lo pronuncia su maternal defensora Angela Merkel). A no pocos alemanes les ha temblado el labio de soberbia al conocer el nombramiento -que estaba cantado, por otra parte-; Salgado dice estar encantadita. Ahora, a él le toca encontrar el equilibrio entre contener la inflación que corroería el poder adquisitivo de 600 millones de europeos si los tipos son altos o, alternativamente, bajarlos para que la carga de los créditos de esos europeos no se coma su salario, y además alentar así el flujo del crédito y reverdecer el consumo. Nada más llegar, Draghi ha optado por lo segundo en contra del núcleo duro de los expertos: le encanta caer bien, aunque sea contradiciendo a los brujos monetarios.

[caption id=”attachment_4750″ align=”alignnone” width=”150″ caption=”Giacomo. El hijo

”Mario

 

Todos tenemos un pasado, y Draghi también. Marcando el paso a su hijo, actualmente ejecutivo de Morgan Stanley en Londres (qué buena suerte, junior, y qué listo quien te fichó), Draghi fue máximo ejecutivo de Goldman Sachs en Europa. Giacomo, que así se llama el hijo, tendrá que soportar que todo el mundo piense que un chivatacillo de papá en una cena familiar cualquiera -“en un mes subo un cuartillo, hijo”- puede ocasionarle pelotazos rigurosos a sus inversores, y de paso pingües comisiones a él mismo. El joven, por cierto, ostenta el cargo de vicepresidente trader en tipos de interés… Esto es ser mal pensado, desde luego, pero no lo es tanto recordar que el nuevo presidente del BCE, cuando estuvo en Goldman Sachs, asesoró directamente al gobierno conservador de Karamanlis, ruinoso antecesor de Papandreu. Draghi trabajó como consultor -galáctico, pero consultor- para Grecia, la Grecia que falseó fatalmente sus cuentas para poder entrar en el euro, y puede que así llevarlo a su destrucción. Draghi tiene un borrón importante en su expediente. No se puede uno fiar ni de un cura. Ni del propio padre siquiera. Bueno, Giacomo quizá sí pueda.