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Antipolítica italiana y segunda transición española

Tacho Rufino | 25 de febrero de 2013 a las 13:24

CONFESARÉ que no he hecho mis deberes de ciudadano ni los inherentes a escribir aquí, y no sólo no he visto en la tele un solo minuto del Debate sobre el estado de la Nación, sino que cuando, cenando ante la tele, han aparecido en la pantalla imágenes de las sesiones, he cambiado de canal. Quizá está uno pre-primaveral, por lo que es preciso racionarse las dosis de pesadumbre y angustia: a estas alturas de curso uno se conoce bastante. He seguido, eso sí, los titulares y algunas excelentes piezas que sobre el Debate se han hecho en esta casa… y sobre todo, he visto las fotos. Sean quienes hayan resultado ser los ganadores según las encuestas y opiniones, todos mostraban una cara de tensión vencida y enfermiza. La desviación visual de Rajoy se ha acentuado hasta convertir su mirar en catatónico; su barba no es ya canosa, sino cenicienta, seca; su color -aun en blanco y negro- es de ese desvaído tono cetrino con que los pálidos palidecen. Demasiado para cualquier persona, demasiado para Rajoy. En el otro lado, el oportunismo cainita de los socialistas catalanes al hablar de la abdicación del Rey en ese momento ha sido una gran puñalada trapera, y ha transmutado el gesto de Rubalcaba y los suyos, que, si tenían alguna ventaja, el compañero Pere Navarro se ha ocupado de tirarla al retrete. Un país andamiado, unos muros de la patria nuestra que da grima mirar. Pero sobre todo por una razón de fondo: el debate no ha interesado porque lo que interesa a la gente no está en el debate. Por eso no es irresponsable ni desquiciado pensar que los ocupantes de este Parlamento están en buena parte amortizados. Y que mirar a lo que ha ocurrido simultáneamente en Italia nos dé algunas claves para atisbar nuestro futuro político a no muy largo plazo.

Los italianos votan mañana y pasado. Se la juegan en una baldosa varias coaliciones que a su vez son jaulas de grillos. Un conglomerado de izquierda liderado por el candidato de mayor probable número de votos, Bersani; un conglomerado de centro derecha con el inefable Berlusconi a la cabeza; una coalición de centro -territorio político que resurge en las transiciones y situaciones de cambio crítico- cuya cabeza visible es Mario Monti, el cipayo técnico de Merkel que se revolvió contra ella en la recta final de la campaña; una coalición “civil” de gente más o menos limpia y reformadora, como el juez Di Pietro, y, por último, la estrella mediática del show electoral italiano: el Movimiento 5 Estrellas, liderado por el cómico Beppe Grillo, que puede tener la llave de la gobernabilidad de ese país donde la acracia es institucional, un Grillo -éste, incluso de apellido- cuyas propuestas no sabe uno si son pintorescas o son el necesario antídoto para el descreimiento y el cinismo imperante allí.

Como va imperando crecientemente aquí. En Italia, además, se da una creciente radicalización de la contestación frente a los gobernantes, las grandes corporaciones y la corrupta promiscuidad entre unos y otras. La conspiración, los contubernios y hasta los golpes de Estado por lo fino están allí en boca de todos, y películas casi imposibles de encontrar por la censura de los poderosos (en concreto, Girlfriend in a coma, del ex redactor jefe de The Economist residente en Italia, Bill Emmont, que ataca a Berlusconi con un tremendo arsenal de valentía y datos) hablan a las claras de crímenes y conspiraciones que sólo hace pocos años hubieran hecho a los difusores dar con sus huesos en la cárcel ¿Les suena todo esto? Para asistir a nuestro propio maremágnum y reingeniería electoral, sólo nos queda esperar a las próximas elecciones, que muy probablemente no se desarrollen en la fecha programada. La maltrecha economía de nuestros países, masacrada por la austera ceguera, hace levantarse a las personas. No puede ser de otra manera.

Pero los morituri no se coscan.

Berlusconi, su prima, Hollande y Bernanke

Tacho Rufino | 13 de diciembre de 2012 a las 13:20

Sin duda, lo más llamativo de la semana es la vuelta de Berlusconi al ruedo político. ¿Horreur? Sí, puede, pero su derecho lo ampara: es un candidato electo, forzado a abandonar el cargo de premier por el sindicato de fuerzas exteriores llamado troika, que colocó en el puesto de primer ministro a un técnico (un delegado territorial, la verdad) llamado Mario Monti. Sobre este asunto pretendo basar la El poliedro que se publica los sábados en los diarios de Joly. Sólo adelantar una cosa, acerca del primer silviazo de la nueva era (“Lo de la prima de riesgo es una estafa”): estoy totalmente de acuerdo con Berlusconi, sin antecedentes y sin que sirva de precedente. Es una estafa vestida de racionalidad de mercado.
Pero la semana ha dado más de sí: los socialistas franceses en el poder hacen lobby ante Alemania –lo ha cantado la propia Merkel– para precipitar nuestro encadenamiento al rescate y la intervención del mencionado sindicato exterior –un directorio tecnocrático: BCE, Alemania, Comisión, FMI, OCDE, otros–, de forma que hagamos de cortafuego a su propia caída en el descrédito financiero internacional, su exposición al tiburoneo inversor vía prima de riesgo y, eventualmente, su propia bancarrota y petición de rescate. “Maricón el último” (dicho sea sin homofobia ninguna; carezco absolutamente de ese detestable sentimiento). La gran esperanza socialista, Hollande, el contrapeso progresista de una Europa llena de aristas, facciones, divergencias y obsesiones de austeridad… resulta ser un enemigo para España. Nada nuevo cuando se comparten fronteras, bien mirado. Fronteras y pánico.
La semana, en fin, ha traído otra noticia bien jugosa y desmitificadora, en este caso desde el otro lado del Atlántico, desde Estados Unidos concretamente. El Gobierno de Obama ha movido –no me cabe duda– a la autoridad monetaria, la Reserva Federal que gobierna a su vez Bernanke, a implantar una política monetaria aún más expansiva expansiva, no sólo reduciendo al mínimo (al cero) los tipos de interés reales, sino metiendo cantidades fenomenales de dinero público en el sistema, vía compra anticipada de títulos públicos en el mercado, bonos y demás (concepto: quantitative easing). ¡Oh, es posible! ¡Y conveniente! ¿Qué habrán pensado la Merkel y su Draghi?: “Cosas de americanos, locuras que no nos podemos permitir en una jaula de grillos como la UE, con lo disolutos que son algunos socios (no los golfos que también han transitado el propio Deutsche Bank, no, esos no cuentan para el populismo norteño)”. Meter dinero público en el sistema con el objetivo de crear empleo: de eso se trata. Lo hace la meca del libre mercado y el sistema capitalista: política pública made in USA, pata negra, ¿o no?

Más allá hay monstruos

Tacho Rufino | 14 de mayo de 2012 a las 12:20

LA llamada clase política es uno de los grupos sociales que más desprestigio sufre en las épocas de degradación económica. La perversión que supone que la política sea una forma de vida para muchos, y la confusión de su naturaleza de servicio público por la de autoservicio (“la política está aquí para que yo y los míos trabajemos y ejerzamos poder”) es un vicio que se genera y se ignora en las fases rutilantes del ciclo económico, pero que resulta escandaloso cuando mucha gente sufre y carece de expectativas de futuro. Históricamente, las grandes crisis económicas devienen en radicalidad y enfermedades sociales como la xenofobia.

Lo habrán visto en la televisión. Una de las escenas más terribles de la semana, y probablemente de los últimos años por su significado, llegaba de Grecia. Un gorila con la cabeza rapada, de esos con pinta de no haber recibido suficiente cariño en su casa ni en su barrio ni en el colegio, conmina a los periodistas a que se levanten cuando entra en la rueda de prensa su jefe: “¡De pie, de pie! ¡Mostrad respeto al líder!”, les grita con ademanes agresivos. Con su apellido con resonancias de genocida balcánico y su aspecto de loquito comilón, Mikos Mijaloliakos, el jefe, irrumpe ante los periodistas… que, lamentablemente, se ponen en pie sin excepción. Antes, había levantado su brazo a la manera nazi por las calles, con cara de querer dar susto, llamando “escoria” a los extranjeros. Un friki de manual, si no fuera porque su partido, Amanecer Dorado, es la tercera fuerza política más votada en Grecia, con veintiún diputados.

Una versión más suave del populismo puede emerger en España de la mano del hartazgo, del miedo y del descrédito de la clase política hasta ahora tradicional. El empresario es una alternativa a la que la opinión pública se agarra cuando descuenta y odia a sus representantes políticos. Una persona que da empleo, se dedica a ganar dinero para su empresa y va a lo que va con un mensaje simple y llano, aparentemente ajeno a la ideología. Sucedió en Italia y dio paso a la emergencia de un chorizo como Berlusconi, que descubrió que la mejor manera de diluir sus delitos era gobernar, aforarse y hacer leyes a la medida de sus intereses personales y empresariales. La fiscalía de Milán, la prensa que no era de Silvio y, finalmente, la UE liquidaron al fenómeno Berlusconi. Nosotros tuvimos un alter ego del italiano, otro hortera parapetado en la política y el fútbol. Jesús Gil fue masivamente votado por marbellíes, y fue finalmente fagocitado -con buen criterio- por el Gobierno y la Justicia cuando quiso reproducir su modelo por la Costa del Sol, Ceuta y Melilla. Ni tecnócratas, ni empresarios, ni mucho menos criminales sin careta: necesitamos buenos políticos para la política. Como mínimo, honrados. Más allá hay monstruos (leyenda que insertaban en los mapas algunos cartógrafos cuando desconocían lo que había más allá).

È un mondo difficile…

Tacho Rufino | 11 de julio de 2011 a las 13:10

En el año 1992, la lira tuvo que salir del embrión del euro llamado SME (Sistema Monetario Europeo), e inmediatamente fue severamente devaluada. Previamente, Italia, asfixiada por una gran deuda pública, fue machacada por la especulación. Lo que le está sucediendo ahora al país transalpino se parece bastante a aquel panorama, pero no es lo mismo. La lira no existe, y por tanto no puede ser devaluada. Lo que se va a devaluar seriamente es la estabilidad económica y financiera de Italia. Y posiblemente la calidad de vida media de sus habitantes… si no lo remedian sus tumultuosas y ortopédicas instituciones. Y algunas de ellas están en ello.

La gran diferencia de aquel entonces con este ahora es que el euro ha ido maquillando y difiriendo la toma de conciencia de la complicada situación italiana (algo similar cabe decir sobre la crisis de deuda española, larvada durante años de exuberancia crediticia). Su deuda sigue creciendo, y –no menos importante para excitar los ataques de los leones a los ñúes que muestran síntomas de debilidad– la crisis institucional es más que seria. Berlusconi está acabado, y el equilibrio de alianzas que lo mantiene en el poder se ha deshecho. Aunque el delito está prescrito, ha sido condenado por lo que todo el mundo sabía pero il Cavaliere consiguió parar hasta ahora, evitando su debacle y la cárcel: su imperio mediático está cimentado en la corrupción. En concreto, en la compra de una sentencia pagada a un juez por 400 millones de aquellas liras (menos unos 200.000 euros, calculo, si actualizamos los valores a día de hoy). Italia no tiene perspectivas de crecer, ni de crear empleo, sino al contrario. Su señera y poderosa industria del norte y su gran capacidad exportadora no lo son todo.

El precio de ahuyentar a los especuladores de Italia es de 40.000 millones de euros, la cifra en que se valora su reequilibrio presupuestario en el plazo de tres años; su déficit publico, en definitiva. Para ello, como le ha sucedido a España, debe contener los gastos y/o aumentar los ingresos de los presupuestos públicos. Nunca en la historia de Italia se había ideado y aprobado en el Parlamento en una sola semana un proyecto de consolidación fiscal –ni de nada, realmente–. Ha ocurrido ahora: miracoloso (ver video para reír). Si cierto es que la sincopada y lenta solución –o patada a seguir— de la bancarrota griega ha acelerado las dudas sobre Italia –sobre su liquidez y su solvencia– y ha estimulado los jugos gástricos de las fieras financieras globales, también es cierto que la situación italiana debe meterse en cintura. Italia no es un país pequeño como Irlanda, Grecia o Portugal: su capacidad de originar daños colaterales en su desplome en muchísimo mayor. Bofetada tras bofetada, el euro tal como está compuesto, compartido y concebido a día de hoy tiene menos futuro que Berlusconi como primer ministro italiano. El inefable papi Silvio estorba tanto a su país como Zapatero al nuestro, e incluso más. Si Berlusconi se largara, los ataques se calmarían y la prima de riesgo se reduciría enormemente, según opinan sus detractores. Un consuelo: el asedio podría trasladarse un poco al Este y un poco al Norte. Desde España a Italia. De momento, no es así.

Como decía Tonino Carotone, español que tuvo gran éxito en Italia, “è un mondo difficile”…

DSK y el chauvinismo

Tacho Rufino | 4 de julio de 2011 a las 21:53

Resulta tan admirable como repelente el chauvinismo, el de cualquier parte. Admirable por su consistencia, su constancia en la fe y el orgullo de lo propio. Y repelente por esos mismos motivos y, a partir de ellos, la carencia de criterio que implica la pasión subjetiva –permitan la redundancia– hacia lo que nace del propio terruño (y, por tanto, el rechazo y desprecio por lo que viene de afuera, particularmente del “afuera” más cercano). No es gratuito que Francia sea el país del que proviene el término chauvinismo: muchos franceses hacen gala de él siempre que pueden.

Por algún motivo que no alcanza uno a discernir del todo, entre España y Francia se da una relación extraña, y me explicaré. Los países sometidos por otros –o más pobres y subdesarrollados que sus vecinos– suelen sentir más odio hacia el rico dominador que al contrario. Por su parte, los más poderosos suelen practicar hacia el pariente pobre el ninguneo o el despreocupado desprecio… sin embargo, cuando el poderoso ve –como decía Sting en “Wrapped around your finger” – que “tu esclavo es tu dueño”, aunque sea puntualmente, la soberbia, la ira y algún otro pecado capital emergen con mal disimulada mala baba. Recientemente, hemos tenido ejemplos menores de estos comportamientos nacional-pueriles franceses (nosotros tenemos los nuestros; si lo prefieren, cada uno al estilo de su barriada autonómica): los pitidos a un Nadal que gana por sexta vez el Roland Garros sin hablar ni papa de francés, y también los pitidos hacia el último ganador del tour, el a día de hoy incontestable mejor ciclista mundial, Alberto Contador. Con grandes glorias en el pasado, de tenistas y ciclistas de élite Francia va cortita hasta nueva orden. El caso de Strauss-Kahn es una nueva muestra del prietas las filas galo en defensa de lo propio. Y si el ataque exterior es Made in Usa, la irracionalidad cobra tintes fenomenales.

Según sondeos calentitos, Strauss-Kahn es aclamado por la mitad de Francia para que vuelva a la política nacional: vente a casa, que esos yanquis son unos salvajes que te han detenido sin garantías, ni pruebas ni indicios. Ni los rasguños de la camarera de hotel, ni su declaración inmediata, ni el ADN de don Dominique en la ropa de la africana, ni los pies en polvorosa del exdirector del FMI inmediatamente después del incidente, ni los varios y variopintos antecedentes de DSK en acoso y abuso con mujeres de cualquier edad (con o sin dependencia jerárquica)… nada de esto pareció poner a la mitad de Francia en contra de su compatriota destinado en Washington –la otra mitad que sí cree que es un impresentable, dicho sea de paso–. No me interesan los volátiles detalles procesales, pero he leído que el caso contra DSK tiene visos de desmontarse porque la limpiadora de hotel supuestamente agredida dijo a alguien que “el tío tiene pasta y yo sé lo que me hago”. Sinceramente, yo a la camarera le hubiera recomendado intentar sacar toda la pasta posible por el intento de violación (o violación). ¿Que es posible que se trate de una trama de la desgraciada sin que terciara ningún acercamiento “impropio” por parte de un señor que debe controlar eso y mucho más, los préstamos de rescate del mundo incluidos y hasta los destinos de Francia? Lo dudo. ¿Que fue consentido el magreo, dado el sexy brutal de Strauss-Kahn, como el amor de las velinas por papi Silvio y sus bunga-bunga? Oh, très probable! El caso es que el chauvinismo hace que ahora se lo reclame en loor de multitudes (el 50% del país, como dice la demoscopia instantánea) en su país. Cosas veredes, mon ami

PD: cuando esto se escribe, leo que una periodista francesa denunciará a Strauss-Kahn por un intento de violación en 2003. Y van… ¡Pobre Dominique! ¡Cuánta tía oportunista! Estaría bueno tener de presidentes de nuestros vecinos a Berlusconi y a DSK. Un buen macho de la vara, dominante y territorial, que se lo quiera beneficiar todo con ímpetu e inmediatez: eso es lo que necesita el país, cojones.

Papi papi, papi chulo

Tacho Rufino | 7 de noviembre de 2010 a las 20:01

”'Papi'

EN España solemos considerar a Berlusconi un caso alucinante de desahogo y poca vergüenza. Y seguramente lo es. También pensamos que es imposible que en nuestra vida política sucedan cosas como las que protagoniza Papi Silvio (así lo llaman sus chicas), que sus locuras y manejos no podrían nunca darse aquí. Y seguramente nos equivocamos. Puede que no surja por estos lares un líder político idéntico a él, tan histrión, putero, homófobo, racista y machista (haberlos, haylos, pero disimulan) como el primer ministro italiano, pero corremos serio riesgo de acabar teniendo nuestra propia versión del -al loro- primer ministro de Italia, dueño de gigantes como Fininvest, Mondadori o Mediaset; de periódicos como La Repubblica, de participaciones de control sobre la propia RAI… El hombre más rico de Italia, un país donde hay mucho dinero. Corremos un riesgo cierto de que el actual estado de cosas partitocrático salte por los aires. La demeritocracia y la corrupción con la que no sólo conviven, sino que perdonan los principales partidos nacionales y regionales va regando la planta del odio al político. Cocínenla con penuria económica y de expectativas, y tendrán servido el plato del castigo y la venganza a los partidos. Déjenlo reposar, y vean como se convierte en grupos xenófobos, de soflama autoritaria; de corta mira y mensaje simple. Nuestro Popolo della Libertà, nuestra fascistoide Alleanza Nazionale, nuestra rico-nacionalista Lega Nord.

Reproducimos muchas etapas de la política italiana quince o veinte años más tarde. Italia castigó la corrupción sin límite de Tangentopoli (tangente: mordida) y mandó a sus PSOE y PP a los albañiles o a la cárcel. El pueblo italiano es cualquier cosa menos tonto, y es capaz de hacer de la anarquía y el caos una forma de ser, su forma de estabilidad. Que voten a Berlusconi, que se rían con él, que lo consideren -como su muy indulgente La Repubblica esta semana- solare (radiante), que le permitan sus payasadas y, lo que es peor, sus blindajes y mangazos vía parlamento y ley… puede que no sea el más dramático de los escenarios que un pueblo puede encarar una vez derribados y calcinados los tótem políticos dominantes. Vamos por el buen camino. El paro y las (no) perspectivas aceleran la marcha. ¿Estamos a tiempo de parar esto? Acabemos con una advertencia dylaniana ya usada aquí otras veces: “Vengan senadores, congresistas, escuchen el aviso, no bloqueen la entrada, porque resultará herido el que se ponga en contra, hay afuera una batalla descarnada, pronto golpearán sus ventanas y crujirán sus paredes, porque los tiempos están cambiando”.

(Reggaeton delque esta entrada toma el título: http://www.youtube.com/watch?v=VnWxUZ29kvs)

A por nuestro ‘Berluscónez’

Tacho Rufino | 24 de mayo de 2010 a las 14:34

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En Irlanda, Reino Unido y Alemania, lo que más se cuecen son patatas; Francia es un país “adorable, a pesar de que comen algo tan asqueroso como los caracoles” (Woody Allen), previamente cocidos; mientras, en Italia lo que se cuece a cualquier hora es pasta. En Grecia algo cocerán, pero lo que más abunda es el ciudadano frito. Sea como sea, en todos esos sitios cuecen habas. Las habas difíciles de tragar de los planes de recorte presupuestario públicos.

David Cameron ha planteado un duro recorte del gasto británico, dado que su déficit -como el español- es casi cuatro veces mayor del establecido como máximo en Maastricht… además de subir los impuestos por patrimonio y por renta (algo, en ortodoxia, poco de derechas). Alemania no ha cuantificado sus ajustes, pero Merkel dice que los hará, suponemos que para dar ejemplo, a la vez que plantean “prohibir el déficit público”, que es como prohibir las flatulencias -válvula de escape, al cabo- en el propio domicilio (en tiempos de turbación suelen llegar los ataques normativos tajantes). Los periódicos extranjeros de referencia alaban las medidas tomadas por España, y en todos subyace un cierto canguelo por el potencial mazazo de un default español (como Zapatero, “no doy crédito” a este escenario). Le Figaro, por ejemplo, las tilda incluso de “radicales” -por drástico, más que de raíz-.

Centrémonos un poco en Italia. Según informaba Il sole (ver) el miércoles, las regiones ricas siguen en su empeño de lograr un sistema federal, principalmente por boca de Umberto Bossi, líder de la Liga Norte, que ha superado un ictus y aprieta pero no afloja en sus reclamaciones: “El federalismo no cuesta, incluso ahorra”. De todas formas, y de forma similar a lo que pasa en España, las reclamaciones nacionalistas allí se escuchan con la sordina de la inmediatez y mayor importancia de La Crisis. España no es Grecia, pero tampoco se parece a Italia como muchos creen aquí. La estructura industrial italiana, en algunos sectores decadente, y basada en distritos repletos de pequeñas empresas familiares, fue y todavía es la envidia de Europa. Mientras, en crear virreinatos autonómicos (con y sin sentido) difíciles de manejar y sostenerlos conjuntamente llevamos ventaja, y ellos pueden aprender de nuestros grandes excesos. En algo Italia nos ofrece enseñanzas. Allí gobierna el inefable Berlusconi (y otros antes de diversísimo pelaje), tras cargarse los votantes al bipartidismo de la Democracia Cristiana y el Partido Comunista, harta la gente de corrupción, ineficacia e ineficiencia. Descreído, el pueblo votó fragmentadamente, punitivamente, desencantadamente, casi a cualquier cosa. ¿Se imaginan algo así aquí? Cómo no.

(Este artículo fue publicado el domingo en El Periscopio, Grupo Joly)

La veda del funcionario

Tacho Rufino | 12 de octubre de 2009 a las 18:33

”(Ilustración;

BERLUSCONI no es amigo casi de nadie, pero de los funcionarios de su país, que no son pocos, es menos amigo todavía. Al inefable Silvio le gusta lo privado y hasta lo privadísimo, y si es suyo mucho más. El anuncio del Gobierno italiano de que, si acumula tres faltas injustificadas, el servidor público será despedido ha sido recibida por muchos aquí con un “así se hace”. No entro en la pertinencia de tan radical y ejemplar medida; más bien llama la atención la saña con la que se trata a veces a la condición de funcionario -a la que debe accederse por mérito y en pie de igualdad, salvo delito-. Sobre todo cuando el miedo y la penuria acechan, el paro crece y, por tanto, el porcentaje de funcionarios sobre la población activa crece también. Sea por aquello de “las uvas no están maduras” o aquello de “no me gustan los funcionarios porque yo no lo soy”, sea porque existen penosos casos de puestos y personas superfluos, ineficaces o ineficientes, el debate sobre la función pública suele estar teñido de emocionalidad y, en casos, de demagogia.

Por ejemplo, se dice que en España hay demasiados funcionarios. Dejemos hoy de lado el hecho de que el porcentaje de funcionarios es aquí mayor cuanto más pobre es la región: eso es un hecho. Y además es lógico. De cada cien asalariados, Andalucía tiene nueve más que Cataluña y apenas cinco más que el País Vasco. De ahí a lamentar que las regiones productoras o con mayor tejido empresarial privado (o sea, País Vasco y Cataluña) financian el sustento de los trabajadores públicos en las regiones consumidoras más deprimidas (o sea Extremadura y Andalucía) va un pequeño paso. Pero dejemos ese debate de vena hinchada para otra ocasión. ¿Demasiados funcionarios? Comparado con Suecia, Dinamarca o Reino Unido, no: tenemos menos porcentaje de ellos, no sólo en las regiones ricas, sino también en las menos ricas. Para explicaciones e hipótesis sobre las causas del tal dato hay gustos.

Otra cuestión que llama la atención sobre el tiro al funcionario es la reclamación de su reducción o cambio de estatus laboral por parte de empresarios que, en no pocos casos aquí y allí, viven mucho de las subvenciones y de lo público. También es sorprendente que se hable de “privilegiados” cuando se alude a mileuristas que llenan el carro del Carreplus dos veces al mes, pagando hipotecas y gastando en bienes y servicios varios: un humilde motorcito del sistema económico que -¡anatema!- se ganó un trabajo seguro estudiando. Esos mismos que en la era del renting del Cayenne, la tarjeta ciega y el despiporre del efecto riqueza eran unos individuos faltos de arrojo para promover suelo y ganar dinero de verdad: unas modestas hormiguitas convertidas de pronto en condes Drácula de adosado.

Un debate sosegado es necesario. La evaluación de la productividad, el castigo del absentismo y la recuperación de la figura del jefe-con-mando son ineludibles, y es necesario abordar reformas ahí. Pero no todos los funcionarios son los de Forges (pinchar para ver colección de viñetas y chistes). Debe ser algo amargo escuchar la eterna cantinela para quienes trabajan, por ejemplo, en la Agencia Tributaria o en atención al público en la Seguridad Social y otras dependencias públicas, no pocas. Reformas, sí, pero nos pasemos de frenada ni disparemos al pianista.

Los cambios tan veloces

Tacho Rufino | 15 de julio de 2009 a las 16:37

“ADMITID que las aguas que os rodean han crecido y que pronto os calarán hasta los huesos, será mejor que empecéis a nadar (…) u os hundiréis como una piedra”. Cuando Bob Dylan compuso The times they are a-Changin’ corría 1964, y pronto se convirtió en un himno generacional que movía a la agitación política y social, y a no quedarse quietos ante los cambios de gran calado que se producían en la sociedad. Por supuesto que los tiempos nunca han dejado de cambiar, aunque la velocidad e intensidad de las transformaciones ha sido variable a lo largo de distintas épocas. Si aquellos años 60 y 70 del gran trovador judío y yanqui fueron tiempos de grandes y rápidos cambios, la obra de Dylan no sólo daba para criticar un imperio belicista, sino también para componer canciones de profundo corte filosófico y oscuros aforismos sobre una sociedad caduca, así como sobre las drogas, la ternura o, claro, el desamor. Puede que la perspectiva de un clásico del pop como Los tiempos están cambiando -que se compuso cuando quien suscribe tenía un año- nos haga percibirla como reformista, renovadora, comprometida y, en definitiva y con permiso de los dylanianos de carné, como optimista dentro de la crítica. ¿Cabe plantear un paralelismo entre los inminentes cambios sociales -locales y globales- provocados por los vicios de una economía enfermizamente financiera y la situación que vivía el arisco Dylan? Por qué no. Otra cosa sería considerar la situación que vivimos con el filtro rosa de un optimismo providencialista. Sea como sea, a nadie le gusta hundirse como una piedra, así que a la fuerza ahorcan: muchas verdades y certezas han desparecido casi de repente, y el cambio sucederá con o sin nuestra adaptación a él.

Permitámonos una enumeración heterogénea y no exhaustiva de asuntos y rasgos sociales que ya no son como eran tan sólo ayer: el uso del coche, las relaciones laborales y el empleo por cuenta ajena, la función pública y los contratos indefinidos, nucleares sí o no y hasta cuándo, los dineros de una vejez que cada vez cumple más años, la gravitación del centro del mundo hacia Asia, la metástasis de una tecnocracia ejecutiva blindada y muchas veces codiciosa (a la que la política no es ajena), la clase media que periclita, la clase obrera mutante, el uso y el futuro de la energía y el agua, la locura del turismo de masas volando con frenesí, las pandemias, el buen uso de las tecnologías y el abuso desquiciado de las redes sociales…

Para manejar todo lo cual, sin duda, la forma de gobernar y los vicios de las democracias y sus ubicuos partidos políticos deben ser corregidos, si no queremos correr el riesgo de desembocar en una contestación social que desmantele el actual statu quo partitocrático, con la emergencia de partidos de nuevo cuño que simplifiquen la realidad con mensajes populistas. El padre de Mari Luz se plantea entrar en política. ¿Será el germen de nuestros berlusconis regionales o nacionales? Nos empeñamos en denostar al presidente de un país como Italia. Si conocen a italianos, seguramente convendrán conmigo en que ignorantes, irreflexivos y estúpidos no son adjetivos que se les pueda aplicar como pueblo. ¿Por qué votan a ese hombre tras mandar a la papelera a democristianos y comunistas? Volviendo a la canción de Dylan, una de sus estrofas resulta también premonitoria: “Vengan senadores, congresistas, escuchen el aviso, y no se queden en el umbral, no bloqueen la entrada, porque resultará herido el que se ponga en contra, hay afuera una batalla descarnada, pronto golpeará sus ventanas y crujirán sus paredes, porque los tiempos están cambiando”.