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NYT: Spain, el foco viral de la deflación

Tacho Rufino21 de Abril de 2009 a las 5:08 pm

Pirro, rey de Epiro, tras derrotar a los romanos en una batalla, volvió a su tierra con las tropas tan diezmadas que pronunció una famosa frase: “Otra victoria como ésta y volveré solo a casa”, vino a decir. La paulatina bajada de los precios al consumo en España es otra victoria pírrica: sólo los miopes ven como algo positivo el descenso de los precios (y sí, también aquel reducido número de personas que saca partido y hace fortuna en las épocas de penuria). Desde el mundo exterior, nos ven como el epicentro de una nueva pandemia: la deflación. Hoy, 21 de abril, The New York Times publica un artículo descorazonador, titulado “La caída de los precios en España alimenta el miedo a la deflación en Europa”. La cadena de causas y efectos aquí descrita sería como sigue: 

  1. Ante la caída de las ventas y de los pedidos, los comerciantes de un país en recesión hacen algo que nunca habían hecho, o sólo como reclamo: bajar los precios.
  2. Como la bajada no estimula las ventas (porque el consumidor está agazapado esperando nuevas bajadas), los empresarios siguen despidiendo trabajadores.
  3. El paro supera el 15 por ciento, y se espera que alcance el 20 en pocos meses.
  4. La combinación de caída de precios y subida del paro huele a deflación, una situación de la que históricamente es difícil salir: la Gran Depresión (que duró una década a partir del crash del 29) y la reciente década perdida de Japón así lo atestiguan
  5. Deflación: bajada generalizada de los precios en una economía. Los precios disminuyen por falta de demanda, y es mucho más dañina que la inflación. La deflación puede desencadenar un círculo vicioso. Los comerciantes se ven forzados a vender como sea para cubrir al menos sus costes fijos, y bajan los precios. Si los precios bajan y bajan, la demanda disminuye más, porque los consumidores sienten que mañana será todavía más barato. Los empresarios no tienen aliciente y bloquean la actividad y despiden al personal.. Dado este círculo vicioso, la deflación se convierte en causa y efecto de la falta de circulación de dinero en la economía, porque todos prefieren retenerlo. Al final, la economía se derrumba, dado que el sector productivo no encuentra salida a sus productos y percibe que es un sinsentido aguantar con pérdidas. Deflación, pues, igual a marasmo y la parálisis.
  6. Este círculo vicioso parece haberse desencadendo en España. Al menos, hay síntomas no desdeñables: el mes pasado fue el único país de la Zona Euro que registró una “inflación negativa”, por así decirlo. Eso no pasa aquí desde hace más de 45 años (los que yo tengo, por ejemplo; y crío muchas más canas de las que se ven en la foto).
  7. Las economías no se recuperan fácilmente de la deflación

Los primeros damnificados son los más jóvenes, que son más baratos de despedir. Eso es una desgracia: se castra en origen el desarrollo del capital humano nacional -disculpen la expresión-, y con ello la necesaria creatividad par superar una crisis larga. El paro juvenil es el mayor de toda la Unión Europea, incluido Bulgaria, por ejemplo.

Ojalá fuera de otra manera, pero los comedores sociales están cada vez más poblados.

Bancos, (más) en la diana

Tacho Rufino24 de Marzo de 2009 a las 6:58 pm

Me mandan unos amigos un par de imágenes -una profética, la otra humorística- sobre los bancos. Yo me permito, al final, recordar una entrada (26/5/2008) de este blog al hilo del creciente “odio” al banco.

Profético Jefferson:

Guasón ´(¿sarcástico?) Bennett (Chattanooga Times Free Press)

La entrada en cuestión, titulada “La banca, en la diana”, pinchar aquí para ver. La ilustración es The Economist.

‘Quid pro quo’

Tacho Rufino17 de Diciembre de 2008 a las 10:15 am

LA vida es reciprocidad, Clarice, le venía a decir Hannibal El Caníbal a la agente Starling en El silencio de los corderos: quid pro quo, esto por aquello. No se puede ganar siempre, aunque es difícil hacer comprender este límite moral a quienes llevan ganando por goleada lustros y décadas. Una vez escuché a un editor afirmar que era una obligación devolver a la sociedad, ese ente abstracto, parte de lo que ella había proporcionado a quienes habían conseguido ganar mayor porción del pastel común. Me pareció lógico, y también poco corriente.

Sea más o menos exigible, dicha contrapartida se suele rentabilizar en marketing e imagen de empresa o de marca; así funciona el simbiótico mundo de la Responsabilidad Social Corporativa. Sin embargo, estamos asistiendo al tancredismo y hasta la parálisis de un sector económico que ha absorbido durante décadas una parte importantísima de dicho pastel -un suflé bastante inflado, a la postre-. La Banca, en efecto, se encuentra atrincherada en sus cuarteles de invierno, silbando con aire disimulado ante un sistema -otro ente abstracto donde los haya- que necesita que fluya el dinero que precisamente la banca debe hacer fluir: es su función social y su oficio. Como es por algo que los ejércitos lleven uniforme y pelo corto en todo el mundo, es por algo que la Banca tenga altísimos márgenes de beneficio. Así tendrá que ser. Pero, en plena tormenta, estamos más que sorprendidos por el comportamiento de un sector que no reacciona, y eso que más no se puede jalear y tocar las palmas para animarle a hacer lo que debe hacer. Por mucho que el Estado, la Junta o los ayuntamientos -que han recibido un precioso balón de oxígeno financiero del Gobierno- inyecten dinero, avalen o compren activos marroneros a los bancos, emitan deuda pública o se dediquen a invertir más de lo previsto, a nadie compete y obliga sino a las entidades financieras el reabrir las compuertas de un pantano que está lleno, pero cuya agua no se distribuye.

Veamos algún síntoma de este escenario incierto. Más de una caja de ahorros andaluza hace gala de una consigna estricta, de esas que hacen tabla rasa en las sucursales. De esa forma ilustrada de decidir desde la cima, con los consiguientes daños colaterales: no se dan créditos hipotecarios, así de sencillo. Si eres un buen cliente, no te dirán que no, pero te ofrecerán un tipo de interés disuasorio. Dejarás de ser no ya un buen cliente sino que dejarás de ser cliente, sin más (y lo serás de otra entidad, aun a tu pesar y para tu engorro). Es un síntoma y un ejemplo de cortoplacismo y cortedad de miras. Como niños que no comparten su balón en el recreo y lo tienen apretado contra su pecho ante los ruegos de los compañeros. Quietos y callados como corderos acorralados por un lobo más o menos corpóreo, el lobo de la sensación colectiva de crisis. Según Mark Twain, “un banquero es alguien que os presta un paraguas cuando el sol brilla y os lo reclama al caer la primera gota de agua”. Necesitamos a una Banca más comprometida con su negocio y con quienes lo han alimentado y engordado, y cada vez suenan peor las excusas. Si los poderes públicos se mojan y dan garantías, liquidez y juego, es obligatorio para la banca hacer fluir esos recursos hacia las familias y, aun más, hacia las empresas. No hacerlo es injustificable, sin más.

Que se abran las compuertas y que circulen los paraguas. No es algo discrecional; es una obligación social. Moral, si lo prefieren. Animemos a los particulares a consumir por la cuenta que le trae al empleo regional pero, con más razón y urgencia, animemos a ese agente económico crucial que es la Banca a hacer sus deberes.

ING: primero el rumor, después el pelotazo

Tacho Rufino23 de Octubre de 2008 a las 1:46 pm

(Omitible Prefacio: Dado que somos un país profundamente endeudado con el exterior, nuestra banca ha estado bastante ajena al riesgo de contagio del VIH de las hipotecas tóxicas: en general y salvo excepciones, la banca española no ha prestado fuera, sino que toma crédito de fuera, para otorgarlo a las familias y empresas españolas, que no han parado de gastar e invertir durante una década por encima de las disponibilidades financieras “endógenas” (perdón). Este factor que ha contribuido a la solidez de “la mejor banca del mundo” suele omitirse en la grandilocuencia chauvinista política al uso.)

Si alguien ha hecho “daño” a la banca española -y no sólo española-, ése ha sido ING, un banco que se permite retribuir mejor a sus depositantes por el mero hecho de que sus costes son muy inferiores a los de la banca tradicional: cero oficinas, mobiliario, papel, mínimo personal; máxima productividad de las tecnologías de la información. No yo, pero muchas personas que conozco han confiado sus ahorros a la entidad de matriz holandesa, o le han pedido sus hipotecas con unas condiciones sin parangón. Lógico. Hace meses que se viene difundiendo por spams de email o por el boca-oreja que este banco es fantasmagórico y que va a pegar el petardazo. ¿Verdad? ¿Bulo, difamación, artera treta competitiva, chismorreo puro y duro? Sea como sea, entre la realidad (o no) de su supuesta crisis de liquidez y su alta exposición a la morosidad y el impago, y la maledicencia que se distribuye cual llamita en el reguero de pólvora, lo que sí está claro es que a unos cuantos les ha salido la jugada redonda: la gente ha sacado sus ahorros en cantidad suficiente como para hacer daño a ING, que ha tenido que ser asistida por el Estado holandés, antes de lo cual su precio en el mercado bursátil cayó en picado. Y justo antes de que -¡Eureka!-, las acciones peguen un subidón enorme haciendo ricos en dos días a unos cuantos pescadores de ríos revueltos. Ah, la bolsa, ése supuesto termómetro de la “economía real”… Por lo menos, parece confirmarse que el Estado puede realmente salvar bancos (y a sus depositantes de a pie, claro). De momento, funciona la intervención, aunque no sabemos qué capacidad tienen los poderes públicos de hacerlo en más ocasiones con otras entidades. Que las habrá.

¿Se fía usted de la mejor banca del mundo?

Tacho Rufino2 de Octubre de 2008 a las 10:53 am

Cuando el río suena… Este dicho popular -injusto y certero según y como, igual que casi todos- se ha venido confirmando en el último año y medio con la cantidad de previsiones negativas que, aunque negadas oficialmente una y otra vez, han acabado realizándose. Básicamente, la burbuja inmobiliaria en España y la crisis financiera internacional.

El presidente Zapatero, en su línea clarividente, no ha cesado de negar las evidencias y, cuando no ha tenido más remedio que reconocerlas porque las tenía en la chepa, ha buscado una contrapartida, un contrapeso, algo de lo que presumir. Lo útlimo, ante la debacle del crédito y de los balances bancarios de medio mundo desarrollado, ha sido sacar pecho y decir que tenemos “el mejor sistema financiero del mundo”. No uno de los mejores o de los más sólidos: el mejor (alrededor del fantasmeo habitual, puede leer mi artículo “Fantasmagorías”, publicado el domingo en RdA pinchando aquí).

Cierto es que el Santander no para de pescar la parte bonita de bancos en práctica quiebra, y cierto es también que nuestra banca -tras la depuración acaecida en la última gran crisis y la consecuente intensificación de los controles- es de las menos maltrechas. Pero los fenómenos globales son eso, globales, y nadie está totalmente a salvo. Mucho se está hablando sobre nuestra banca. Esperemos que no suceda como ha venido sucediendo en este oscuro periodo económico: que cuanto más se niega algo, antes se demuestra cierto lo contrario. Joaquín Aurioles publica hoy un artículo de significativo título: “La banca no funciona” (pinchar aquí para leer).

Serengeti Wall Street

Tacho Rufino28 de Septiembre de 2008 a las 10:04 pm

El Serengeti de Wall Street

(El Poliedro, J.I.Rufino, publicado en los periódicos de Grupo Joly el sábado 27 de septiembre de 2008)

“No la toques ya más, que así es la rosa”. Éste poema de un solo verso fue escrito por Juan Ramón Jiménez y, aunque desconozco su poesía -y la de tantos otros-, debe de venir a sugerir el deseo de simplicidad, de autenticidad. Pero se me ocurre proponer una pirueta y, con la indulgencia de la lírica militante, traer esta frase a colación del debate que hoy ocupa las páginas y las ondas, no sólo las especializadas en economía (por cierto, a la fuerza ahorcan y la economía está totalmente in, y no es raro que un camarero te pregunte qué es la crisis financiera mientras te arrima la media tostada). Si la rosa es el sistema de libre mercado o capitalista, el debate de la semana ha girado sobre si hay que tocar la rosa (intervenir en el mercado para intentar salvarlo y prevenir el efecto dominó que alcanzará a la periferia) o dejar a la rosa virgen (dejar pasar, y esperar la renovación y la catarsis guiada por la invisible mano autorreguladora del mercado). El debate es casi filosófico y esencial. Entre la ingenuidad tral-larí tral-lará y el negro pesimismo misántropo, puede que esté la virtud de ver el panorama con moderado optimismo, de forma objetiva -la objetividad, ese mito-, sin apasionamiento. O sea, sin optar por el extremo de “no toques a la rosa” ni por el contrario de “mira que te lo tengo dicho”, que el capitalismo es salvaje por naturaleza, y en el Serengeti de Wall Street, más.

En estas páginas han podido ustedes seguir opiniones que han venido tratando de forma amablemente rigurosa el asunto: Ferraro, Velasco, Aurioles, Ruiz de Mansilla, Hidalgo… Con distintos puntos de vista y creencias, se ha debatido de forma privilegiada el porqué de las cosas y las crisis, el agotamiento o reciclaje de nuestro paradigma económico planetario, el futuro del modelo internacional y del patrio, las vías de escape y la necesidad de intervenir por parte de lo público; su intervencionismo -mejor que keynesianismo, otra palabra sacada del baúl de los recuerdos- o inhibición ante los batacazos y naufragios. Se han escuchado coros al estilo supporter futbolero, cantando sincopadamente “dónde están los neoliberales, que no los veo”, y también valientes defensas del modelo liberal frente los aserradores del árbol caído.

Parece innegable que el golferío, la exhuberancia orgiástica y la eclosión de cientos de michaeldouglas enfebrecidos por el oro fácil, todos haciendo de Gekko en la Wall Street de Oliver Stone, puede haber causado daños irreparables a muchos países, empresas y particulares, empezando por la propia Gran Manzana neoyorquina. No sabemos con certeza quién porta el VIH financiero. Aunque, respiremos: “Tenemos el mejor sistema financiero del mundo”. Modesto, bájate del árbol, que se va a subir el presidente Zapatero.

Esto se escribe a las cuatro de la tarde de ayer, y es posible que el temporal provoque otro botavarazo y otro cambio radical en la cuestión, pero parece que Bush va a lanzar el salvavidas a los malos de la película, no porque él sea también malo -que lo será-, sino, como suele decirse, “en evitación de males mayores”. Quiere tapar agujeros, intevenir, prestar dinero y dar capital para parar la sangría de entidades gigantescas que se van a pique. Se ha vuelto intervencionista. Un rascacielos que cae hace mucho daño, incluso en lugares lejanos. En apariencia de forma muy poco american way, quiere meter en los agujeros negros de la finanzas, a fondo perdido, lo que dejará de gastar en escuelas, sanidad, medio ambiente o infraestructuras de Nueva Orleans -¿en ejército y guerra?-, y lo hace en contra de la opinión de sus hermanos republicanos. Yo, humildemente, creo que no sabe qué hacer. No sabemos cuánto va a durar esto, ni si el barbecho quemado traerá una nueva fertilidad o si el caballo de Atila eliminará la posibilidad de que brizna alguna vuelva a crecer. Lo que sí sabemos es que la selva no es buena para los humanos.

Ontiveros prefiere la calma

Tacho Rufino7 de Febrero de 2008 a las 11:22 am

Joaquín AuriolesAyer, el Observatorio Económico de Andalucía invitó a Emilio Ontiveros a dar una charla sobre la crisis financiera. La opinión de este experto con gran presencia mediática era muy coincidente con la del Gobierno: hay crisis financiera (los bancos están alerta y se prestan poco dinero entre ellos, con lo que el fuel del consumo y la inversión es escaso), la desaceleración económica en España es más veloz de lo esperado (pero no tan grave como en otros sitios), nuestro sistema financiero es sólido, siendo negativo el paro rampante (que potenciaría los riesgos de impago de la deuda familiar), el grave peligro no es de impago familiar, sino de batacazo de las constructoras, muy endeudadas, así como opinó con prudencia y huyendo del pesismismo sobre otros rasgos del nuboso panorama.Curro Ferraro

Acerca de la contaminación invisible de las hipotecas basura estadounidenses (las llamadas “subprime“) giró buena parte del coloquio. Algunos economistas asistentes se preguntaban cómo un porcentaje menor de las hipotecas estadounidenses podía tener tal impacto entre la aristocracia bancaria (Merril Linch, JPMorgan, Bank of America, Baripas). El problema de esta que se ha dado en llamar “metástasis financiera” (ver artículo de Joaquín Estefanía) es la imposiblidad de detectar dónde está el marrón, quién lo tiene en sus balances, porque la sofisticación de los productos derivados es tal hoy día que hace muy complicado saber qué hay detrás de cada título de propiedad de muchos de los activos financieros que se compran y se venden. Emilio OntiverosDemasiada innovación, demasiado golfo intermediario (minoría, pero demasiados), demasiado poco control institucional sobre los derivados.

(Fotos: Joaquín Aurioles (siento no tener una foto mejor…), nuevo presidente del Observatorio Económico de Andalucía desde ayer; Francisco Ferraro, presidente saliente; Emilio Ontiveros)

Autor

Economía razonable para todos lo públicos Economista, profesor de la Universidad de Sevilla y columnista habitual de los medios del Grupo Joly

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