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Grandes hombres, dejen paso

Tacho17 de noviembre de 2008 a las 10:15 am

El poliedro

Grandes hombres, dejen paso

José Ignacio Rufino / Economia&empleo@grupojoly.com | Publicado sábado 15.11.2008 

CUANDO se empezó a investigar el fenómeno del liderazgo -es decir, de la capacidad de hacer que otros hagan cosas y, si es posible, queden contentos-, se pensaba que el líder era tal de forma innata, porque poseía en su carga genética una serie de rasgos clave. A aquellas teorías tan populares como de dudoso rigor -suele suceder- se las llamó Teorías del Gran Hombre. Resultó para los investigadores sociales inmediatamente evidente que para evaluar la capacidad de liderazgo de una persona y para orientar la forma de gestionar hay que considerar las circunstancias en que se encuentra dicha persona: lo genético, de acuerdo, pero también lo ambiental, lo adquirido, lo cultural. A los políticos les pasa tres cuartos de lo mismo: son una mezcla variable de azar y necesidad; la vida misma. Piensen en Bush, en Sarkozy, en el inefable Berlusconi: ¿no son producto de esa combinación de factores internos y externos? ¿No son las alianzas, estar en el sitio adecuado en el momento preciso, la eventual baja forma de los contrincantes o el hartazgo del electorado tan decisivos como sus capacidades de fábrica, en algunos casos difíciles de encontrar a primera vista? ¿Qué decir de la suerte? Sin embargo, vanidad de vanidades, uno suele atribuir los éxitos a uno mismo, y proyecta al exterior la causa de los fracasos. Suele convertirse poco a poco en olvidadizo y vanidoso, y es en ése momento cuando el político se siente estadista nato, comienza a levitar, a decir obviedades como si enunciara un gran principio filosófico, a moverse de forma extraña -manita incluida- y a mirar como un iluminado. Pensemos en nuestro anterior presidente, Aznar, y en el actual, Zapatero.

Recordarán a Sarkozy, beodo de vodka como una culebra siberiana, dando la cara (de borracho) ante los periodistas en una cumbre del G8, que son nueve, tras cogerse un puntazo con Putin, quien, frío como un lagarto, quizá le vendió gas a precio de uranio. O a Berlusconi tirándole los trastos a una presentadora de televisión con todas las cámaras delante, para mosqueo de la propia. O a Bush alegando homérico engollipe con galleta para justificar una brecha en la cabeza, en vez de reconocer que tuvo una mala tarde con el vaso. O a nuestro Zapatero, al que imagino haciendo como que habla con otros líderes, sin tener ni pajolera idea de inglés. ¡Foto, foto, foto! La joven esperanza blanca de la socialdemocracia y el progresismo. Grandes hombres, dejen paso. Y que entren cuanto antes los oscuros técnicos, los que saben de verdad -o deberían- sobre comercio, finanzas y leyes internacionales. Porque los grandes hombres pueden llegar a a ser un peligro: ahora mismo me entero de que Zapatero le ha dicho a Sarkozy, textualmente, “Te daré todo lo que me pidas”. Esperemos que no le entregue la honra… española. De momento, les adelanto que sí le ha dado a Francia la presidencia del Eurogrupo, que nos correspondería al acceder Chequia (que no está en la Eurozona) a la presidencia de la UE. La primera factura del sillón.

La denominada cumbre financiera en el marco del G20 (en cuyo handbook, publicado por el Gobierno USA, no está España, no) tiene la obligación ineludible de lograr algún acuerdo global -ahora sí que sí debemos no usar la globalización en vano- que limite el golferío y las estafas piramidales planetarias en forma de “estructuras financieras” bola-de-nieve que, llenas de troyanos subprime, acaban emponzoñando el sistema financiero mundial. Y, a la postre, multiplicando la longitud de las colas del paro y empobreciendo a los menos avisados. La recesión, que ya lo es, tiene causas cíclicas, no sabemos en qué medida. Pero tiene causas que se pueden calificar delitos, y en gran medida. Debemos aparcar el paternalismo que nos hace sobrevalorar a individuos (Obama es un caso paradigmático de confianza extrema y encantamiento colectivo por una persona que sufrirá, como cualquiera, estreñimiento), y confiar en las segunda, tercera y cuarta línea de las delegaciones. Ellos son los que deben diagnosticar y, sobre todo, prescribir. En estos momentos en los que los partidos conservadores han aprovechado el tirón para -en sólo aparente contracorriente- defender el libre mercado. Por supuesto que sí. Libre, pero tanto. ¡Que salten al campo los que saben!

Profeta Pérez-Reverte

Tacho12 de noviembre de 2008 a las 12:46 pm

Me manda un amigo el artículo titulado “Los amos del mundo” (pinchar aquí o aquí para leerlo) escrito por Arturo Pérez-Reverte. Sea usted partidario o menos partidario del estilo del escritor de Cartagena, debe considerar que la gracia del asunto está en que la pieza en cuestión fue escrita hace… ¡diez años! Docenas de artículos se escriben ahora en esos mismos términos -aunque en tiempo pretérito perfecto, con la herida recién abierta y entrando sin remedio en razón-, pero en 1998 decir estas cosas seguramente se achacarían a una pose canalla o chulesca, a ganas de ser leído a toda costa o a visiones calenturientas de un escritor que ha sido capaz de forrarse con Alatriste. Eppure si muoveva…

En busca de la liquidez perdida

Tacho20 de octubre de 2008 a las 2:00 pm

El sábado se publicó el siguiente artículo acerca del parón del crédito, de las medidas previstas para paliar la situación, de los bancos en forma y menos en forma y de la maledicencia con respecto a las quiebras financieras por venir (si es que vienen).

El poliedro

De gaseoso a líquido

“El bien escaso -o sea, económico- no es ya el dinero, sino su disponibilidad. La liquidez es, así, el nuevo grial”

MUCHAS empresas españolas van a tener serias dificultades para cumplir sus objetivos de este año, estén dichos objetivos expresados en forma de presupuestos o lo estén en forma de planes de negocio, lo que no deja de ser la misma cosa. Es decir, sus previsiones de ingresos, gastos y resultados -realizadas antes de tomar conciencia del verdadero estado de las cosas- eran optimistas, poco realistas y, en cierto modo, naif. Por eso, no me extrañó mucho escuchar en la radio que un alto directivo de una compañía describiera el nuevo ideal corporativo como el de la consecución de la liquidez, y no de la rentabilidad (supongo que, en parte, se autoconvencía y se preparaba para la próxima junta general que él debía dirigir). Es decir, se da uno con un canto en los dientes si tiene dinero parar poder mover su máquina -aunque el motor de la máquina esté funcionando con la mitad de cilindros-, no pretendiendo, en plena emergencia universal, el supuesto imposible de ingresar más dinero del que se gasta en cada ejercicio. Dicho de otra manera más deportiva, mientras hasta antesdeayer el aire y el gas funcionaban como vendaval trasero arreando las velas del negocio, a día de hoy la botellita de agua medio llena es un lujo en este ascenso al ochomil del parón económico. Las burbujas, cuando estallan, dejan poco líquido. Como el futurista Mad Max y sus congéneres vivían en exclusiva para conseguir unas gotas de gasolina que los llevara a ninguna parte, buscamos ahora líquido, efectivo, líneas de crédito, préstamos, renovaciones, plazos más largos; desinvertimos, nos acoquinamos… Objetivo, pues: la liquidez. El amor y la cortesía infinita con los bancos quedan atrás: Versalles Banking is over. Los financieros, dentro de la propia empresa, vuelven a sacar pecho y a asumir eso que en recursos humanos llaman centralidad. Fuera, la tortuosa gymkana en pos del euro, del oxígeno al cabo.

Si damos por cierto que el verdadero bien escaso, o sea económico, no es el dinero o, técnicamente, los recursos financieros, sino su disponibilidad, debemos concluir que ponerle red a una eventual caída de la banca es una prioridad de la política económica, dado que es precisamente la compra y venta de dinero el oficio de los banco. En ese sentido, ni el mismo semanario The Economist -oráculo liberal de tozuda fe en los mecanismos del mercado- deja de calificar de necesario un plan de salvamento coordinado que parece cuajar a ambos lados del Atlántico. Cosa que, por cierto, no comparte el principal banquero de España -¿de Europa? ¿Y buena parte del mundo?-, Emilio Botín. Puestos a quedarse con parte del capital de bancos maltrechos, ¿por qué ha de ser el Estado quien apechugue si hay un competidor sano que puede y a lo mejor quiere pagarlo a precio de mercado (o sea, a día de hoy, un precio de saldo)?

Nadie se hubiera atrevido hace medio año a pronosticar una situación del sector bancario tan inestable, deprimida e incierta como la existente, si no era a riesgo de recibir mamporros de todos los colores. ¡Nacionalización de la banca, anatema! ¡Y de la banca de la Gran Manzana neoyorquina! Las autoridades políticas están intentando estar a la altura de las circunstancias sin crear asimetrías de países espabilados frente a países más responsables con lo que es supranacional. Mientras, una circunstancia está haciendo un daño sordo y paranoide a la deseada normalidad bancaria: el rumor, o quizá mejor, la insidia; el rumor malintencionado, propagado probablemente desde una tercera parte implicada. En la copita del viernes, en el vestuario de la piscina, al dejar a los hijos en el colegio o en la cola del autobús habrán ustedes escuchado que tal o cual banco va a quebrar, y que si tiene dinero depositado en él, mejor lo saque. En algún pueblo andaluz se han visto ya colas de cuentacorrentistas que han dejado el tractor en marcha para irse a la ventanilla con la cartilla a llevarse la manteca, tras recibir una llamada de móvil de un asesor financiero espontáneo, muy bien informado, cuya primera ocupación es, pongamos, vender pan o piensos compuestos.

(Un artículo relacionado: Josep Piqué “La trampa de la liquidez”, ayer domingo en Negocios, El País.)

La hermandad del puño y las diputaciones

Tacho8 de octubre de 2008 a las 9:19 pm

El sábado se publicó el artículo que adjunto. Trata,no sin algo de pimienta, de las antiguas/nuevas profesiones en auge por la crisis: zapateros, monte de piedad, trueque y segunda mano, más legumbres en la dieta, modistas…  En este caso, no tengo el archivo con el formato habitual en el blog, pero lo tengo en pdf. Si queréis leerlo, pinchad aquí. La noticia que acompaña a la columna es digna de leerse: el Observatorio Económico de Andalucía -al cual pertenezco, por cierto, aunque me acabo de enterar de la propuesta que sigue- reclama la supresión de las diputaciones para reducir el gasto público. Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho. La madre del cordero. La caja de Pandora.

Fusiones a gogó

Tacho15 de septiembre de 2008 a las 12:04 pm

Un par de artículos de este fin de semana acerca de las fusiones en tiempos de crisis, uno de ellos de este humilde servidor, que transcribo al completo.

1. Luis Carlos Moya, gerente de Towers Perrin HCS, en Negocios, El País. Pinchar para ver.

2. EL BOLSILLO” POR JOSÉ IGNACIO RUFINO, RDA Grupo Joly, domingo 14/9/2008

Dése usted por fusionado

Las denominadas economías de escala son un comodín: lo mismo valen para un roto que para un descosido. Son capaces de explicar muchas cosas de la vida diaria, y no digamos en las épocas de crisis. Seguramente, usted ya no dude que estamos inmersos en una crisis económica. Esta semana, los telediarios, los periódicos, Almunia desde Bruselas y –más Rajoy, pero también, por fin, Zapatero– el Parlamento han terminado de grabar a fuego en nuestro corazoncito consumidor e inversor que la cosa está muy mala.

Como usted quizá sepa también, las economías de escala son un principio económico que dice que donde comen cuatro, comen seis. O, visto desde el “ángulo inverso” –expresión chirriante propia de las repeticiones del fútbol en la tele–, que siete juntos son más provechosos y dan más rendimiento que siete por separado. Son primas de las sinergias y hermanas de la productividad. Antes de que alguien maquine dejarme sin mi título y mi oficio por poco riguroso y muy vulgar, advertiremos de que me sé la definición técnica del fenómeno, sin ni siquiera acudir a Wikipedia: las economías de escala son una mejor absorción del coste fijo en cualquier proceso productivo; a mayor escala, menor coste por unidad producida. Pero si empezamos el artículo así, usted apaga y se va. Si los besos que no se dan quedan en el limbo para siempre, los artículos que no se leen también tienen un triste destino en la inopia: no se vaya, que es domingo y hay tiempo. Queremos proponer hoy que las economías de escala están por todos los lados, y emergen como malecones ante los embates de la marejada. Son una coartada técnica de primer orden en estos tiempos caninos, más caninos aun a fuerza de escuchar por todos lados que son caninos y más que lo van a ser.
Como sucede con la familia numerosa, en la base del contrato matrimonial están las economías de escala, incluso si el régimen a que se acoge la pareja es de separación de bienes y no ganancial. De hecho, más de una pareja se mantiene unida porque separarse es antieconómico (menos para abogados, detectives, restaurantes con velas y hotelitos con encanto adonde huir en la antesala del adiós). Multiplica los costes familiares: alquiler o hipoteca, coches, ordenadores, conexiones a Internet, electrodomésticos, la propia olla y hasta las vacaciones. Hay casi que duplicar la capacidad instalada para poder hacer frente a las mismas necesidades: se producen deseconomías de escala (les juro que el termino existe). También están las mágicas economías de escala detrás del hecho de que comprar un litro de caldo de pollo o de tomate frito en tetrabrik sea más barato que hacerlo en casa con todos sus avíos, incluso si no tenemos en cuenta el precio del tiempo o el gas. Ni el del Agerul, necesario para dejar la cocina en perfecto estado de revista tras la lucha.

Por eso, en épocas de crisis, las familias salen a buscar economías de escala aunque no lo sepan: en la cesta de la compra, en el número de lavadoras semanales, en los niños compartiendo bañeras. Y las empresas, más.
Si producir mil unidades es más barato –por cada unidad– que producir quinientas, es lógico deducir que las fusiones se realizan para conseguir los beneficios de la escala. Por eso hay ciertos mercados en los que, o se tiene cierta dimensión, o no se puede competir en ellos, como el del maltrecho automóvil, que ha padecido en ésta una de las peores semanas de su reciente historia. Sin embargo, ¿por qué hay más fusiones en tiempos de crisis?¿Por qué las crisis provocan fusiones a la par que cierres? En algunos casos, como en el del proyecto de fusión entre Iberia y British Airways, la versión oficial es que buscan protegerse con la que se avecina: petróleo caro y compañías de bajo coste. No sabemos en ésta, pero en muchas de estas operaciones lo que se produce es una abosrción encubierta: usted está débil ante la crisis, yo me lo como a usted.  Exagerando un poco, las periodos de depresión económica son como el festín que se dan los osos con los salmones débiles que han cumplido con el inexorable rito genético de desovar. Para quien tuvo y aún tiene, conseguir escalas está de saldo.

La pérfida estanflación ataca de nuevo

Tacho24 de agosto de 2008 a las 9:33 pm

En tercero de carrera, allá por el año 84, se convirtió en algo recurrente la palabra “estanflación” en las clases de Estructura Económica, que entonces impartía en la Universidad de Sevilla el profesor Vallés Ferrer. Con su gran parsimonia y su marcado acento catalán, nos descubría que un cuadro clínico caracterizado por el estancamiento económico o la recesión (o sea, no crecimiento o decrecimiento del Producto Interior Bruto de un país durante dos trimestres seguidos), la inflación (crecimiento sostenido de los precios al consumo, deteriorando el poder adquisitivo de las personas del país, y también deteriorando la capacidad competitiva de ese país con respecto al exterior) y el desempleo. Tres variables nocivas para la economía, causas y/o consecuencias unas de otras de manera más o menos directa. La estanflación -una adaptación del término inglés stagflation, a su vez una mezcla de “stagnation” (estancamiento) e “inflation”- venía a tirar por tierra las certezas de la llamada Curva de Philips, que establecía que cuando se intenta controlar la inflación, el desempleo tiende a subir. Hay que elegir, pues.

O sea, según Philips, para combatir el paro hay que tolerar cierta inflación. Y resultaba que, en ciertos periodos como aquél de las clases de Vallés y en otras fases cíclicas anteriores, no sucedía así: podía haber alta inflación, incapacidad para reducirla, paro rampante y -gallina o huevo-, estancamiento o recesión de la actividad económica general. Más o menos como ahora, tras unos veinte años en los que el palabro ha estado en el desván cogiendo polvo.

Se me ocurren dos expresiones cliché en este orden de cosas: “la estanflación ataca de nuevo” y “la estanflación ha venido y nadie sabe como ha sido”. Y no les falta razón a los tópicos.

Señoras y señores, la recesión

Tacho10 de julio de 2008 a las 11:28 am

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Era de esperar -un secreto a voces, un tabú-, lo que sucede es que no se la esperaba tan pronto: la recesión ha venido y nadie sabe cómo ha sido. La pasión terminológica que -¿cortina de humo?- el Gobierno ha conseguido contagiar a la población ha permitido que asistamos a debates de barra y máquina de café en los que unos nos corregíamos a otros: qué esto no es crisis (situación caracterizada por una caída significativa y larga en el nivel de actividad económica de un país o región. También se usa el mismo término para referirse a situaciones de alto desempleo o de alta inflación), que es aterrizaje suave, o sea, desceleración (proceso de disminución transitoria del ritmo de crecimiento de una magnitud económica, y que se manifiesta porque en un período dado la tasa de crecimiento es menor que en igual período inmediatamente anterior); que en puridad esto es una corrección económica (una recesión breve) o ajuste más o menos intenso, o que tras esto no hay más que el determinismo del ciclo económico. Según dijo el altísimo Galbraith, las diferencias entre estos términos no son más que de intención… de intención de alarmar o calmar a la población.

Como acaba de advertir en primicia el BBVA con los datos del último trismestre, si el crecimiento del PIB era cada vez más pequeño y ha llegado a no ser crecimiento en absoluto, estamos en crecimiento cero (el término es como decir  “lluvia seca”, pero es el que es), y como nada invita a pensar que la tendencia vaya a revertir a corto plazo, estamos a las puertas del crecimiento negativo (éste es aun más eufemístico). Según las escuelas y los países, para que el crecimiento negativo se convierta en recesión sólo hace falta que lo sea durante un tiempo: un año para los europeos en general, seis meses para los estadounidenses…

Botín y el secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, dicen que es una gripe o un catarro. Pero hace meses que asistimos a una cantidad de diagnósticos y pronósticos que, de manera inmediata, son desmentidos por las estadísticas. O sea que hacer acto de fe en nuestros líderes políticos y económicos, la verdad, son ganas de engañarse. Mientras, la crisis convive con nosotros desde hace meses, y muestra él síntoma más palmario de ser tal crisis: un aumento notable y continuado del paro.

Cómo nos gusta el verano

Tacho9 de junio de 2008 a las 5:17 pm

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Afronto el verano como el niño que mira asombrado a las cuatro británicas cocidas que se lucen por las calles de ese caleidoscopio humano llamado Benidorm: paralizado, sin planes, arrastrado por las circunstancias, con un billete lowcost del que la desconocida compañía no ha confirmado la reserva, glups; obligado a utilizar pantalla total de por vida. El aeropuerto traicionero; la carretera que pone a prueba la templanza del carácter y la relación de pareja o de amistad preexistente al atasco; el chiringuito cuya tarima de madera, raspas y servilletas de papel recorremos con los pies descalzos y enarenados, en un camino hasta la paradisíaca barra que está cargado de simbolismo sobre los avatares de la vida. Propongo dos enlaces para meter el cuerpo en caja:

- La mítica canción de Paco-Paco sobre cómo nos gusta el verano, en video del año anterior a la muerte de Franco:


- Un artículo de este su humilde servidor el publicado ayer domingo en RdA, titulado”Llega el verano de la crisis”. Pinchar aquí

Solbes, Sebastián, Chacón, Aído

Tacho14 de abril de 2008 a las 4:41 pm

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Solbes quiere dejar claro su mando en plaza. Soy el vicepresidente  por segunda vez, mi ministerio y mi vicepresidencia son la clave en tiempos de crisis, y cualquiera que quiera actuar en el gabinete tiene que pasar por mí… Si somos pérfidos, este mensaje va dirigido con especial cariño a Miguel Sebastián, cuya estrepitosa caída como asesor y candidato político ha dado paso a su nombramiento como ministro: Zapatero no olvida a sus amigos, en este caso a su profesor particular de rudimentos económicos.

Solbes ha ofrecido, además, un gesto inequívoco de decisión al anunciar dinero para las partes del sistema económico que más peligro corren y mayores síntomas de inestabilidad y/o depresión muestran: avales por la concesión de créditos para la compra de VPO (banca+construcción: alto riesgo a día de hoy) y apoyo a la financiación de pymes. En total, 10.000 millones. Corren tiempos de estatalismo, neokeynesianismo e intervención. Los ultraliberales del no toques a la rosa del mercado están agazapados (pinchar aquí para ver artículo del sábado pasado en economía&empleo de Joly Digital).

Por último, una mención a Carme Chacón, nueva ministra de Defensa, una catalana pacifista al mando de los generales (por favor, pinchen aquí y no se pierdan este video: lo habrán visto en la tele, pero es impagable ver a esa atractiva mujer encinta mandando sobre nuestros ejércitos). Un auténtico golpe de efecto de Zapatero: a progresistas no nos gana nadie. Y otra mención a la jovencísima Bibiana Aido, cuota de partido por la parte de Alcalá de los Gazules, una de las canteras del PSOE andaluz. Nuestro presidente es un gran especialista en no faltarle a nadie y darle a cada uno lo suyo: así se sobrevive más en política, es de suponer. Bibiana, de todas formas, es titular de Igualdad, y no de Igualdad, Asuntos Sociales e Inmigración, por ejemplo. Poco ministerio es ése, sobre todo considerando que a la para mí brillante Narbona la han quitado de enmedio. Una pena, e incluyo en el lamento la desparición del Ministerio de Medio Ambiente. Difícil de explicar.

Por cierto, está echando geniecillo Zapatero. Esperemos que, tras el coraje, no comience a levitar como hizo su predecesor en el cargo, Aznar, y acabe perdiendo el contacto con la tierra mortal.

Ontiveros prefiere la calma

Tacho7 de febrero de 2008 a las 11:22 am

Joaquín AuriolesAyer, el Observatorio Económico de Andalucía invitó a Emilio Ontiveros a dar una charla sobre la crisis financiera. La opinión de este experto con gran presencia mediática era muy coincidente con la del Gobierno: hay crisis financiera (los bancos están alerta y se prestan poco dinero entre ellos, con lo que el fuel del consumo y la inversión es escaso), la desaceleración económica en España es más veloz de lo esperado (pero no tan grave como en otros sitios), nuestro sistema financiero es sólido, siendo negativo el paro rampante (que potenciaría los riesgos de impago de la deuda familiar), el grave peligro no es de impago familiar, sino de batacazo de las constructoras, muy endeudadas, así como opinó con prudencia y huyendo del pesismismo sobre otros rasgos del nuboso panorama.Curro Ferraro

Acerca de la contaminación invisible de las hipotecas basura estadounidenses (las llamadas “subprime“) giró buena parte del coloquio. Algunos economistas asistentes se preguntaban cómo un porcentaje menor de las hipotecas estadounidenses podía tener tal impacto entre la aristocracia bancaria (Merril Linch, JPMorgan, Bank of America, Baripas). El problema de esta que se ha dado en llamar “metástasis financiera” (ver artículo de Joaquín Estefanía) es la imposiblidad de detectar dónde está el marrón, quién lo tiene en sus balances, porque la sofisticación de los productos derivados es tal hoy día que hace muy complicado saber qué hay detrás de cada título de propiedad de muchos de los activos financieros que se compran y se venden. Emilio OntiverosDemasiada innovación, demasiado golfo intermediario (minoría, pero demasiados), demasiado poco control institucional sobre los derivados.

(Fotos: Joaquín Aurioles (siento no tener una foto mejor…), nuevo presidente del Observatorio Económico de Andalucía desde ayer; Francisco Ferraro, presidente saliente; Emilio Ontiveros)

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Economía razonable para todos lo públicos

Economista, profesor de la Universidad de Sevilla y columnista habitual de los medios del Grupo Joly

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