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Trato y truco: el griego la da por la espalda

Tacho Rufino | 2 de noviembre de 2011 a las 15:17

En el martes metido a domingo de ayer, mientras sudaba los excesos de baja intensidad del puente –trabajé el lunes, conste, dando varias clases a no más de cinco abnegados alumnos–, la tele frente a la cinta de correr informaba del trile de Papandreu a sus socios comunitarios. Entre la recurrencia a la situación griega, y dado que era el Día de los Difuntos, los subtítulos del solonoticias informaban de que cada día se venden menos flores en el cementerio. La causa no es que la gente no se levante a tiempo de ir a visitar las tumbas de sus familiares desaparecidos, presa de una resaca del coñazo de Halloween que todo lo puede. No. La causa es, cómo no, la crisis: la penuria real o el miedo a la que está por venir. Las familias –y es de suponer que los propios fallecidos cuando estaban en vida— prefieren ahora incinerar a sus muertos antes que enterrarlos de la forma tradicional, es más barato. Pues bien, sería la fatiga mental que acarrea el ejercicio aeróbico, pero una pirueta triangular de mi cabeza me llevó a poner esta opción funeraria en conexión con aquella alternativa que daban los romanos a los judíos que iban a morir en La Vida de Bryan: “Crucifixion?”, “Yes!”. De ahí, la tele –y mi enfebrecida cabeza– va a Grecia de nuevo, cuyo Gobierno no sabe qué forma de morir prefiere: si sufriendo lentamente una purgación programada –que quizá no acabe en muerte– recetada por la troika (FMI, UE, BCE), o lanzándose directamente por un barranco si en el referéndum con que amenaza Papandreu resulta que los griegos deciden –muy democráticamente, hombre, por Dios— que rechazan el plan que tanto ha costado acordar. Un plan en el que los principales socios comunitarios afectados han echado el resto, hasta condonar un 50% de la deuda pública helena en manos de inversores privados (bancos alemanes, en gran medida). ¿Cómo puede acordar el representante más cualificado de un Estado un trato, y a los dos días, cuando la calma –ruinosa calma, pero calma a la postre—había vuelto a los mercados y los espíritus, descolgarse con que esto lo tienen que decidir “mis ciudadanos” en referéndum? Eso es tomar el nombre de la democracia en vano, eso es trampa. Si hubiera convocado referéndum hace año y medio, estupendo, eso sí es una consulta pertinente ante un asunto de máximo interés nacional. Vestido de fantasmita, “¿Truco o trato?”, dice Papandreu  (mejor “Trato… y truco”), llamando a las puertas de sus acreedores, como si fuera un niño español, halloweener de toda la vida como las mías. Puñaladita por la espalda… o quizá sólo farol. Esperemos acontecimientos.

Hechos a cualquier cosa

Tacho Rufino | 31 de octubre de 2011 a las 14:26

(Publicado el sábado pasado en El poliedro en los periódicos de Joly)

ESTAMOS curados de espanto, y la semana ha sido espantosa aunque ya no nos afecten mucho las noticias de economía-ficción. Veamos algunos ejemplos. Al día siguiente del acuerdo comunitario sobre la quita del 50% de la deuda soberana de Grecia y el doloroso palo a la banca -a la pata negra, además-, la periodista del telediario habitual en la bolsa de Madrid no cabía en sí de gozo, y exclamaba cual Sara Carbonero al terminar la final de Sudáfrica: “¡Esto es una fiesta; las acciones de Santander han subido un 8% en un momento, la gente está exultante!”. Faltaba ver a los brokers abriendo botellas de champaña rosé: “¡Merkel ha abierto el Mar Rojo! ¡Pasemos los bolsistas a la tierra prometida!”. Es posible, vaya usted a saber, que este acuerdo y estas medidas adoptadas por el Eurogrupo marquen un camino de estabilidad. Pero, ¿a qué viene tanta euforia, cuando en unos días habrá rebotes técnicos -cualquiera se llama técnico hoy- y altibajos jugosos para unos invisibles pocos? Este descreimiento, dicho sea de paso, no es cosa de irredentos antisistema: es cada día más habitual, incluido en gente acaudalada a quien han abierto los ojos sus propios gestores y el adelgazamiento de su patrimonio.

Otro ejemplo de noticia lisérgica -que, sin embargo, no ha puesto a nadie los ojos como si viera a Lucy in the sky with diamonds- es el acuerdo que se ha producido entre el Estado italiano y sus evasores fiscales de postín para que éstos, bajo la promesa de no ser enchironados ni perderlo todo, repatríen sus capitales desde sus paraísos fiscales y dejen una mordidita legal para el país que los vio nacer y les permitió labrarse su huidiza fortuna. Éstas son buenas noticias: en vez de subir impuestos a los de siempre -o alos de nunca, de forma testimonial y politicona-, se recuperan impuestos evaporados. Una forma hasta hoy muy ignorada de equilibrar en algo los presupuestos públicos. ¡Se podía, sí, se podía!

Un tercer suceso acaecido esta semana que hubiera hecho que las redacciones de periódicos económicos hubieran enfebrecido sólo hace tres años es el anuncio de Merkel de que “los impuestos van a subir en Alemania, y muchos otros países deberían hacer lo mismo”. Mientras aquí hacemos política fiscal de plástico y promesa electoral, la canciller alemana aplica la lógica: danke, Angela. Por estos pagos, unos hablan de gravar “a los ricos”, sin que nunca antes y pudiendo lo hayan hecho, ni decir cómo se mata esa rata; otros hablan de rebajar el muy puenteado y de por sí devaluado Impuesto de Sociedades. Pero el círculo no lo cuadra nadie. La presión fiscal -no este impuesto o aquel otro- subirá en todos los países de la Eurozona. Particularmente, España está bastante por debajo en presión fiscal (porcentaje de impuestos y cotizaciones sociales con respecto al PIB) de la media europea. Será el IVA, será el IBI, serán las multas, será una escala plana de IRPF, o serán de nuevo los asalariados quienes pagarán más… será lo que será, pero los impuestos subirán. Nadie -ni los ganaturi que ya te saludan- se va a tirar a la piscina y va a dejar de ingresar en la Hacienda pública lo que todavía entra, con la esperanza de que la economía se dinamice y el dinero más libre se vuelva productivo y empleador. Merkel, una liberal conservadora de un país económicamente sano y rey exportador dice que los impuestos se suben porque la situación lo exige. Únicamente podando no se arregla todo por mucho que el desconcierto propicie y justifique todo tijeretazo: al contrario.

No queda espacio [esto se publicó en papel] para comentar el gran varapalo del que pasaba por ser el más sólido sistema financiero bajo el sol, o casi. Nuestro gozo en un pozo. Sólo un detalle: la naturalidad y hasta mansedumbre con que González y Botín han aceptado ser señalados entre los más necesitados del universo bancario comunitario. “Bueno, no tendremos problemas, en junio de 2012 hemos cumplido con el core capital y con lo que haga falta. Con el tacón”, han venido a decir el propio gran jefe del BBVA y el inhabilitado Sáenz. Se queda uno mucho más tranquilo.

Don Emilio, por favor

Tacho Rufino | 19 de octubre de 2011 a las 14:31

Él no es ni bueno ni malo. Él es que lo tiene muy claro. Y no deja de tener razón, su razón, al modo de aquella “mi verdad” a la que cantaban Los Chunguitos. Emilio Botín tiene su razón cuando afirma que la recapitalización indiscriminada de la banca es hacer pagar a justos por pecadores o, si prefieren, a quienes son pecadores por quienes son churrasco del infierno con toda la razón. Recapitalizar: tapar los agujeros negros de la banca, aunque no toda la banca tenga el mismo tipo de agujero ni de la misma dimensión.

El boquete bancario hispánico crece con dos martillos percutores. Uno, el del deterioro de los títulos de deuda pública o soberana –en concreto, bonos y otros valores del Tesoro español, que abundan mucho en los activos de nuestros bancos, en buena parte porque están forzados a adquirirlos. Segundo berbiquí, la caída en picado del precio de los activos inmobiliarios que también sobreabundan en los balances de los bancos, sea porque se le quedaron sin promover y vender, sea porque los hipotecados han resultado fallidos y las casas han vuelto a casa: al activo del banco. Los activos bancarios inmobiliarios valen cada vez menos, y su venta por parte de los bancos, con grandes descuentos y a la desesperada, está acabañado de destrozar el patrimonio inmueble de los españoles y el mismo sector de la construcción. La banca no siempre gana, pero siempre perderá menos que un currito metido a inversor en ladrillo. Hasta ahí podría llegar la cosa.

Botín, ok, hará bien en erigirse en defensor de la industria bancaria y, con mayor intensidad, en defensor de su propia entidad, el Santander. Pero no tiene razón –y, además, mete hiel en la herida de muchos paisanos— al decir que “tanta intervención” a la actividad bancaria es muy nociva para el sistema y para la economía. Ahora nos viene don Emilio defendiendo a la pyme: “Como nos pongáis corsés, el crédito no fluye. Ustedes verán…”. Déjense de amenazas veladas, y sean socialmente responsables. Au  a riesgo de resultar demagógico, lo diré: menos millonadas para Alonso y los cochecitos, y más luchar por resucitar una economía de la cual no sólo han acaparado ustedes una grandísima parte de las rentas y el “valor añadido” (término para echarle de comer aparte en otra entrada), sino que aún a día de hoy les genera muchos más beneficios que a cualquier otros sector, o casi. Y no digamos a las pobres pymes pagadoras de todo pato.

Haga usted el favor, usted que puede.

Atrapados por nuestro pasado

Tacho Rufino | 8 de agosto de 2011 a las 17:15

”Penn

Carlito Brigante sale de la cárcel dispuesto a ser bueno, pero no puede. El camino de Carlito está fatalmente trazado por su pasado, del que no puede escapar. La película se llamó en España “Atrapado por su pasado”, que no deja de ser una traducción airosa del título original, “Carlito’s way” (el literal “El camino de Carlito” hubiera hecho pensar que la guionista era Gloria Fuertes). Fue dirigida por el para mí inclasificable Brian de Palma, y protagonizada por un Al Pacino que ya apunta el histrionismo que –con la excepción de su gran Michele Corleone en los padrinos I y II— se fue acentuando a lo largo de su carrera. Lo acompañaba en reparto un desquiciado e irreconocible Sean Penn, atrapado a su vez por la corrupción y la cocaína, cuyo camino como actor ha seguido un curso quizá contrario al de Pacino: Penn no está atrapado por su pasado, porque cada día lo hace mejor. Disculpen la digresión cinéfila…

¿Está España atrapada por su pasado? ¿Está condenada a un lustro de travesía del desierto por causa de una década de adicción al crédito? Permitan que tome prestado de las agencias de noticias oficiales chinas el término “adicción”, que han utilizado para definir la formad de hacer política presupuestaria en Estados Unidos (China no teme por otra cosa que por sus miles de millones prestados a Estados Unidos; unos fondos soberanos acumulados con alta productividad e industrialismo ensamblador, además de con dumping social y artificial tipo de cambio del yuan). Nosotros, a tenor de las cifras de deuda –sobre todo, deuda privada, empresarial y familiar–, hemos estado enganchados al préstamo personal, a la tarjeta de crédito, al descubierto y, por supuesto, a la hipoteca (vean el divertido cómic de abajo, que no dice todas las verdades, pero todo lo que dice es verdad). El último Aznar y el primer Zapatero animaron con soflamas y consejos (“Recalificar mucho suelo abaratará los precios de la vivienda”; “El ladrillo es una gran inversión”; “Estamos en la Champions League”, “El sector de la construcción es completamente sólido”), y también con leyes y políticas de engorde de la construcción que, entre otras cosas, sacaron a miles de jóvenes de los institutos para convertirlos en imberbes peones muy bien pagados… jóvenes ya no tan jóvenes, que hoy están condenados al desempleo o el infraempleo. Consumimos todo el crédito nacional, y empezamos a importar crédito internacional, que colocaba lo mismo. Para calmar el mono, la refinanciación fue una solución transitoria. Pero eso se acabó: ahora hay que devolver. O afrontar el embargo, el desahucio y otras formas de ruina. Hasta que no adelgacemos la panza crediticia, nuestra credibilidad como acreedores está por los suelos hasta nueva orden. El problema es que lo que verdaderamente necesitamos es crear empleo, y para eso el crédito es tan imprescindible como el agua para un huerto. La austeridad extrema no es panacea alguna, y España necesita un acuerdo nacional sobre el empleo. Rubalcaba viene a decir eso en estos días. Pero el compañero Alfredo está en campaña, y sus promesas y propuestas son como las que provoca el amor de verano entre adolescentes.

Un gran vídeo de Aleix Saló:

‘Mercado Kid’ noquea a ‘Mantequilla Estado’

Tacho Rufino | 6 de agosto de 2011 a las 15:58

“Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió”. Ojalá estas palabras que Borges puso en boca del joven que fue a matar al monstruo se hicieran realidad, y el minotauro estuviera deseando calmarse e incluso morir a manos de quien supiera llegar al centro de su laberinto. El laberinto económico inextricable que quizá a ustedes, también, les provoque tanto hartazgo como temor. En la misma línea mitológica, una analista sueca tira esta semana de metáfora para ilustrar lo que está pasando: “[los mercados]…un dios enfurecido, que nosotros mismos hemos creado, y al que ahora vamos a tener que ofrecerle muchos sacrificios para que se calme”. El “nosotros mismos hemos creado” es sin duda un plural algo injusto: todos los “nosotros” no somos igual de “nosotros”, hay algunos que han contribuido mucho más a emponzoñar la situación económica global que otros. Probablemente, no pocos de ellos son los que ahora obtienen grandes beneficios de la extrema inestabilidad, que amenaza con llevarse por delante ese poliedro diverso y dispar en que se ha convertido la Unión Económica y Monetaria. Lo que llamamos el euro.

”El

El combate está bien avanzado, y un púgil rocoso y sin estilo, con excelente juego de piernas, que nunca descubre su rostro y cuya pegada siempre hace pupa vapulea a los puntos a su contrincante, un espigado y elegante boxeador blanco, de alta escuela y método, que no tumba a un pelele y que tiene el mentón tan frágil como castigado el hígado. Los mercados revientan a la política. Titulaba Joaquín Aurioles en estas páginas el jueves: “El gobierno de los mercados”. No se quedaba en el desencanto, sino que cuantificaba cuál es el déficit de tesorería que tiene y tendrá España, y recordaba que, por nuestra parte, no queda sino trabajar en los gastos y/o en los ingresos. Mejor rápido que tarde. Porque siendo desproporcionada -abusiva si quieren, criminal incluso- la acción algo carroñera de los más conspicuos agentes financieros contra España o Italia -y lo que vendrá-, nosotros tenemos muchas tareas por hacer.

Sigamos haciendo patria, y citemos a otro articulista de esta casa. Fede Durán, con tino y elocuencia, escribía ayer viernes acerca de los deberes por finalizar y pendientes de empezar a meterles el diente. Tenemos que: aclarar a Mercado Kid cómo se organiza fiscalmente este país autonómico; corregir una reciente reforma laboral que ha sido lo que los jóvenes llaman ahora un pa ná; acabar cuanto antes con la reforma del sistema financiero español; acercarse a los países grandes, sean blancos o amarillos; subir el IVA. Sobre esta última cuestión se habla poco. Es un tabú político anunciar que se van a subir los impuestos porque no queda otra. Nadie lo hace. Es más, algunos prometen lo contrario. “Sé cómo obtener la cuadratura del círculo: voy a bajar los impuestos”. No nos vale tampoco la alquimia rubalcábica, un candidato metido a Robin Hood tributario: “Más impuestos para los más ricos, obligar a los bancos a dar crédito”. Esa rata, ¿quién la mata? Hace mucho tiempo que muchos lo decimos: los impuestos -así, en su conjunto- seguirán subiendo, por mucho maquillaje efectista que se haga (bajo un poco por aquí, subo mucho por allá). A nivel local, vean cómo se comportan los policías locales de su ciudad. Auténticas máquinas recaudadoras. Un alcalde del PP contradice la doctrina de su partido: “Voy a subir los impuestos, me da igual loo que piense mi partido. Esto se hunde”. Las verdades del lugareño. Como puños.

… y se colocaron todos (bastante caros)

Tacho Rufino | 4 de agosto de 2011 a las 13:27

España ha superado la prueba, y aunque ha debido prometer a los suscriptores de los títulos de deuda de hoy un interés superior al homólogo anterior (los emitidos el 2 de junio), ha colocado sin problema la cantidad  deseada: 3.300 millones de euros a tres años o tres años y medio. La demanda ha duplicado a la oferta de estos títulos tan arriesgados según el indicador llamado prima de riesgo… El interés está por debajo del 5%, y dado el nivel previo de la prima de riesgo, puede considerarse aceptable. Eso sí, habrá que pagar un sobrecoste de casi 7 millones de euros en intereses en comparación con lo que se hubiera pagado con los tipos contratados en la última emisión de bonos de la misma naturaleza. Por otro lado, la prima de riesgo española se ha relajado, aunque en pequeña medida. Como decíamos ayer (algo precipitadamente, sí, arriesgarse causa más ganancia o más dolor que no hacerlo, tanto en la bolsa como en cualquier actividad, aunque sea la de bloguero), era de esperar: la inversión de quienes han podido suscribir hoy los bonos españoles incomparablemente mayor de la que obtendrían si invirtieran en bonos alemanes. De hecho, el Tesoro ha tenido que desechar 1.500 millones que querían la apetitosa deuda española. El bono español es una buena inversión… menos para España. ¿Alguien dudaba de que se iba a colocar todo lo requerido por el Tesoro de España, hasta el último título, y rápidamente? Una conclusión inmediata es que la presión de los mercados secundarios por medio de posiciones bajistas  –presión que eleva la prima condicionando el interés que posteriormente en el mercado de emisión debe conceder España— ha dado sus frutos: sé que voy a comprar bono español, pero voy a presionar previamente en el mercado de segunda mano, así obtendré mayores intereses. Quien puede hacerlo, lo hace, desde Singapur o desde Albacete a solas, o agregadamente a favor de corriente. España tiene un serio problema de déficit presupuestario, que provoca la necesidad de acudir al convulso –ahora, para España e Italia, antes y después eran y serán otros—mercado de deuda pública. Está claro que los mercados tienen a la política cogida por el arco, a veces como un perrito zarandea a un peluche. Pero mientras el BCE y la Comisión (el Ejecutivo español pinta poco a corto plazo) previenen este tipo de convulsiones desproporcionadas, debe concentrarse el Gobierno actual y el por venir en reducir el déficit, que, no olvidemos, tiene dos partes: aumentar los ingresos o reducir el gasto… y no sólo esto último. Es una opción política, casi ideológica: ¿aumentamos impuestos y practicamos el “afán recaudatorio”, comabatiendo decididamente el fraude fiscal? ¿O sólo recortamos gasto social? ¿A quién aumentamos o, en su caso, reducimos la presión fiscal?  Sobre este particular y otros, el certero analista de esta casa y hasta hace unos días presidente del Observatorio Económico de Andalucía, Joaquín Aurioles, ha publicado hoy un excelente artículo en Joly, titulado El gobierno de los mercados

El mercado aprieta pero no afloja

Tacho Rufino | 26 de julio de 2011 a las 11:11

Día de emisión. Uno de los días en el que la prima de riesgo puede convertirse en un bombazo de relojería, aunque en este caso se trate de una bomba relativamente pequeña por tratarse de una emisión de letras y no de títulos a largo plazo. Mientras que durante la última oleada de la crisis de la deuda soberana la fluctuación de la prima (que ha subido mucho y ha bajado poco) ha afectado al mercado secundario, hoy compromete al Reino de España en una emisión de unos 3.000 millones (acabamos de saber que se ha colocado toda: era de esperar). Mientras que en el mercado secundario quienes arriesgan –ganan o pierden– son quienes suscribieron deuda española en su día, en el mercado primario o de emisión quien arriesga –aparte de quien compra, claro– es el Estado, o sea, los españoles del futuro, quienes deberán soportar el diferencial de interés que debemos comprometernos a pagar como país hoy para poder colocar esos 3.000 millones. El acuerdo comunitario –bueno, entre Francia, Alemania y el resto– para requetesalvar a Grecia de la semana pasada parecía que iba a calmar la inestabilidad, la desconfianza y la especulación contra el euro vía periféricos… desde el lunes siguiente ya se vio que no, que el mercado aprieta pero no afloja. Era demasiado apetitosa la alta y turgente prima española, de forma que trasladarla a la emisión de hoy prometía pingües beneficios. Si no se cubriera la emisión, se diría que los mercados temen de verdad un default o suspensión de pagos español. Si se cubre, la estrategia de elevar al alza la prima mediante operaciones directas y de derivados habrá dado sus frutos: el bono español será un chollo. Más de tres puntos por encima del alemán. La emisión de hoy se ha cubierto –¿de verdad alguien lo dudaba?–, y era de letras, o sea, a corto plazo. Ha habido que prometer un interés altísimo para estos títulos a seis meses (hasta un 2,5%): un auténtico bombón periférico para los inversores. En el peor de los casos –para los sucriptores de hoy–, el aval europeo cubriría el riesgo de impago al vencimiento, pero eso es una hipótesis sencillamente descabellada. Con el tiempo, si las cosas siguen en esta línea, estos ataques conseguirán pinchar la pelota –el euro–, y no habrá un título de deuda europeo a salvo. El negocio habrá volado por los aires.

La prima, el primario y el secundario

Tacho Rufino | 12 de julio de 2011 a las 19:21

Recordemos un principio básico del mercado financiero: a mayor riesgo percibido por el inversor, éste exige una mayor rentabilidad para invertir en un determinado producto financiero. Ese diferencial de rentabilidad –de tipo de interés “de más” que tiene que pagar los Estados con peores situación y perspectivas– se llama en deuda soberana prima de riesgo o spread, y se mide con respecto al interés que ofrece el bono alemán, que se considera muy seguro (y por tanto, es poco rentable). El riesgo asociado a España ha crecido de manera rampante en los últimos días. En buena parte debido a que existen dudas razonables sobre la capacidad de Grecia de devolver su deuda pública a medida que vaya venciendo –y aquí todos vamos en el mismo barco, el euro, esa moneda crisol de realidades tan dispares. En parte, porque se esperan y exigen más reformas y recortes a España. En parte también porque Italia ha entrado en el punto de mira de los asustados y de aquellos a quienes el “susto” conviene para invertir en títulos “de más dudoso cobro” con –eso sí— mucha mayor rentabilidad.

Comentemos brevemente otra realidad que parece que no se tiene muy en cuenta en la información. La prima de riesgo de España está fluctuando a día de hoy en el mercado secundario, es decir, aquel mercado de compra y venta de títulos de deuda pública que fueron emitidos y adquiridos en el mercado primario, y que hoy cotizan como cotizan las acciones en bolsa: España subasta títulos en el mercado primario o de emisión, a tantos años a tal precio, y bancos, inversores institucionales, fondos de inversión y particulares los compran. Después, los inversores que ya son “titulares de los títulos” los pueden vender, repetimos, en el mercado secundario. La prima de riesgo crece o decrece en el mercado secundario, pero eso no quiere decir que el Estado español vaya a pagar más o menos por esos títulos: pagará lo pactado a su emisión y puesta en circulación. Esa prima de riesgo, sin embargo, sí tiene efectos sobre el sobreprecio que España deberá soportar (y trasladar a los españoles del futuro, sea el futuro a cinco, diez o quince años) para poder colocar sus próximas emisiones de deuda pública. O sea, que si la prima de riesgo crece por razones fundamentadas y/o meramente especulativas en estos días, es posible que tengamos que hipotecar el país más de la cuenta para poder disponer de liquidez… si la prima de riesgo no baja drásticamente. No debemos, por último, dejar de tener en cuenta que la turbulencia máxima en la deuda soberana española –desproporcionada con respecto a nuestra realidad fiscal, por comprometida que esta sea– están creando una mayor rentabilidad para quienes inviertan dentro de unos meses en bonos y letras del Reino de España en la próxima emisión.
Gráfico (Bloomberg): Estado a día de hoy de las primas de riesgo (en el recuadro blanco) de distintos países con respecto al ‘bund’ alemán.

De repente, el desastre: ¿especulación o pánico fundamentado?

Tacho Rufino | 11 de julio de 2011 a las 21:28

Hoy ha sido uno de los días más negros de los últimos tiempos económicos: la prima de riesgo sobre el bono alemán se ha vuelto a volver loca (es un decir: la vuelven loca deliberadamente, ¿no creen?), y el barómetro imperfecto de la bolsa –cuya extrema sensibilidad y volatilidad es un buen río revuelto para pescadores con buena información y capacidad de influencia en las cotizaciones— se ha pegado un leñazo casi histórico.
España no ofrece toda la confianza debida a la opinión internacional y a sus mercados financieros. Ahora bien, atribuir a la falta de reformas drásticas y recortes quirúrgicos “necesarios” esta volatilidad de lunes es miope como mínimo, tendencioso probablemente, y políticamente interesado en algunos casos: ¿cómo puede atribuirse a causas sustanciales este movimiento tan abrupto e inesperado –de nuevo: inesperado según para quién: marionetas, rebaños… o pastores–? ¿No es otro zarpazo planificado de agentes con gran influencia, a cuyo cebo acuden miríadas de pececitos asustados, haciendo el caldo gordo a los grandes titiriteros? ¿Hay que ser un paranoico para ver que la debilidad de Italia está siendo aprovechada para machacar el futuro del euro al grito de “dos grandes por el precio de uno” (Itali y España)? La cosa es grave, y Zapatero y Berlusconi quizá harían bien en irse y diferir el problema unos meses (vaya papelón el de sus sucesores, en nuestro caso el del muy silente Rajoy). Pero estos ataques de pillaje a la costa, estas razzias financieras que crean nocivas inercias para pueblos enteros, son más especulativas que fundamentales: tienen más de maldad y codicia que de verdad y análisis. España crece poco, pero crece ya, y el empleo –puede que transitoriamente, claro—ha mejorado (muy levemente, sí). ¿Es este el momento donde la lógica dice que España está llegando a cotas de intereses de deuda “de rescate”, de un día para otro, con la bolsa haciendo los coros, abandonando el barco? No me cuadra. ¿A ustedes? El fuerte le dice al que renquea: “Dése usted por jodido, antes o después, ¡y haga lo que haga!”.

(Una opinión alternativa –diría que opuesta– a la de esta entrada en el interesante blog de Enrique Caltrava en Expansión)

Humor amarillo y mano negra

Tacho Rufino | 21 de diciembre de 2010 a las 8:14

CHINA-ASEM-FINANCE-ECONOMY-INDIAMariano es un antiguo compañero de carrera, que desde hace tiempo es máximo responsable ejecutivo de una de las principales franquicias del sector del mueble en Europa. Una empresa que, dicho sea de paso, tiene su sede social en Andalucía, y resiste con coraje no ya la crisis, sino la implantación de Ikea en diversos puntos del sur de España. Mariano va a soltar toxinas y calorías, y también a encontrarse con otros socios y amigos, al mismo centro al que acudo yo. En el vestuario me suelta un chiste de sopetón:

Zapatero, en una cumbre de máximo nivel, le espeta a Ju Hintao, el mandamás chino:

–  Supongo que dentro de su expansión e inversión de fondos soberanos tienen ustedes grandes planes en España, ¿no, Mr. Hintao?

Su interlocutor lo mira extrañado, cerrando un poco sus ya de por sí pequeños ojos, y le responde:

– Mr. Zapatero, usted, como mucha gente, nos confunde con nuestro vecino: los kamikaze eran los japoneses…

padrinoTras esto, peine en ristre, comentamos la última ocurrencia de Moody’s, hecha pública ayer: no conforme con amenazar a todo el país –a nuestra deuda pública colocada o por colocar en el exterior– con una rebaja de la calificación de fiabilidad que ellos fijan, aprietan la soga un poco más y dicen que no tienen más remedio que reconsiderar la calificación de solvencia, en este caso particular de cada entidad, que tienen unas treinta entidades banacarias españolas: “Vamos a por el paquete completo Made in Spain, daos por jodidos”. Comentamos la magia por la que una agencia que, además de otras, confundió al mundo con sus erróneas calificaciones durante años (cosa que dio alas a la debacle financiera global) sigue haciendo de las suyas con una ligereza (?) de ánimo notoria:

– Hombre, es que estos pájaros son los socios de los que atacan en el mercado financiero a España (dígase igualmente a Grecia, Irlanda, Italia, Bélgica y, ojo, Francia y Alemania). Cada uno hace su trabajo: los unos califican a la baja, los otros atacan a la moneda y los bonos de deuda de la presa elegida. Y vuelta a empezar: hasta que no sequen el pozo, cueste lo que cueste, no pararán.

– Oye, amigo, ¿te das cuenta que sólo hace cuatro añitos esto que acabas de decir sería una soflama antisistema indigna de crédito, propia de un obseso de la mano negra?

– Pues sí, pero a diferentes circunstancias, diferentes opiniones: reclamo mi derecho a cambiar de opinión.

– Bueno venga, pues hasta mañana.

(Sí: me permito aludir a los manejos de las agencias de califiación y sus presuntos socios inversores globales con la metáfora de los hilos de marioneta que figura en el affiche de El Padrino)