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Ruiz-Mateos: el espíritu de la colmena

Tacho15 de septiembre de 2008 a las 12:13 pm

Aquí va un artículo publicado el sábado en Economía de los nueve periódicos de Grupo Joly. Alguien me ha dicho que escribir sobre Ruiz-Mateos es políticamente incorrecto. Desde luego, lo que sí es política y socialmente correcto es mantener e ir incrementado los miles de puestos de trabajo que un ave fénix -por lo delas cenizas…- de la empresa española ostenta.

“El poliedro”, J.I. Rufino Rus

El espíritu de la colmena

HACE ahora algo más de treinta años, un día de verano, mi tío Salvador, de camino a Rota, paró en Jerez. En aquellos tiempos, los niños éramos mucho más tropa que ahora -en el número y en el respeto jerárquico-, y ni mis primos ni yo protestamos demasiado porque mi tío parara en el Hotel Jerez con la intención de quedarse un buen rato. Por lo menos, nos iba a dejar sueltos en un sitio fascinante. La playa podía esperar; sobre todo si estábamos a nuestro aire en un gran hotel nuevecito como aquel, lleno de modernidades y lujos desconocidos, empezando por el hilo musical y las fuentes interiores.

También había allí un acto empresarial, una charla a la que acudían empresarios y profesionales, la mayoría creo recordar que con auténtico fervor, a tenor de sus expresiones. Tras enredar un poco por el hotel, me asomé tras la cortina al salón donde tenía lugar aquel encuentro, que después supe que era algo de lo más insólito, más en Andalucía: el mundo del management, el perfeccionamiento directivo, los foros y el marketing eran algo muy minoritario, por decir que eran algo. El ponente, un entusiasta y pletórico “gurú” empresarial español de los primeros setenta (o sea, algo también sumamente improbable), era José María Ruiz-Mateos, empresario roteño de Jerez (lo cual no es decir poco, valga como imagen de la condición de aquéllos que nadan a contracorriente, frente al señorío de siempre o frente a la banca de siempre o contra cualquier otro tótem inamovible e impermeable).

He sabido también posteriormente que aquél no era un encuentro de un grupo habitual, una tertulia de conocidos o afectos, ni de hermanos de fe política o religiosa: allí había todo tipo de empresarios y directivos, porque en aquel entonces, Ruiz-Mateos era la punta de lanza, el paradigma del emprendedor, alguien que practicaba el riesgo calculado, la diversificación, la integración horizontal y vertical y, por ello, las economía de escala; la gestión financiera, los incentivos y la motivación en recursos humanos… todas esas cosas que llenan los programas máster y los anuncios de cursos en los periódicos en estos días. Pero entonces no eran comunes. O sea, hablamos de un adelantado, de un pionero. Era muy admirado, diría que por todos. ¿Recuerdan?

Después, varios años más tarde, pasó lo que sabemos o creemos que sabemos que pasó: Rumasa expropiada, legiones al paro, pleitos, malas reventas de todo color, huidas, persecuciones, tardíos reconocimientos judiciales. Todos tenemos una opinión, y hay mil cosas escritas. Por eso no es el momento, al menos aquí, de hablar más sobre este periodo, larguísimo periodo en el que la figura de este empresario ha sido algo parecido a un tabú; algo innombrable, molesto, inquietante. Tótem y tabú. El repudio repentino y la mala conciencia acallada. Pero la nueva abeja de Ruiz-Mateos -él, los que llevan su nombre como un equipo sin fisuras aparentes desde hace años, sus miles de empleados- constituye hoy una renovada colmena corporativa. A la ortodoxia -al “establishment”- no le gustan sus métodos; por ejemplo, su forma de captar financiación de los particulares. Como decía George Brassens, “no, a la gente no gusta que uno siga su propia fe”. Pero en tiempos de zozobra, debemos quitarnos de encima complejos y prejuicios y ver como algo digno de admiración que Nueva Rumasa -de origen andaluz, ¿cuántas parecidas hay?- sea un poliedro de actividades y empresas que, por citar su último empeño, incluye luchar por el liderazgo en el sector lechero. Una abeja por la vía láctea.

La negación de la evidencia

Tacho9 de septiembre de 2008 a las 1:11 pm

El poliedro, pubicado el sábado pasado.

¿La primera fase etílica?
José Ignacio Rufino / Economia&empleo@grupojoly.com

HAY rayos de luz entre las tinieblas. En la feria del pesimismo, de la gráfica desplomada (o, al contrario, rampante, si es la del paro o la morosidad), del informe que confirma los peores pronósticos y de la estadística maltrecha, algunas noticias vienen a darnos un respiro. Y expelemos un suspiro de alivio, sentimos un poco de calor. Septiembre es, con enero quizá, el mes de la contrición y el propósito de la enmienda: pilates o spinning o yoga o natación, contención del gasto y otros planes financieros, dieta sana, un tinte. Purificación tras los excesos. Por eso, saber que algunas noticias económicas son positivas ayuda a afrontar la catarsis personal, familiar o empresarial propia de la entrada del otoño. Y es bueno para -permítanme la horrenda expresión- la psique colectiva. Aunque la halagüeña noticia sea un sondeo de opinión que trata no sobre datos duros, sino sobre expectativas y percepciones. Si tenemos en cuenta que la coincidencia en la opinión -subjetiva, como buena opinión- de muchos se acerca bastante a la objetividad, un índice de confianza de los consumidores que mejora es algo doblemente poderoso: por un lado, genera un clima proclive a desatascar la situación tanto para los que producen como para los que consumen y los que financian, y, por otro, realimenta el propio optimismo (o menor pesimismo). Si los estudiosos de las cajas de ahorros, la prestigiosa Funcas, se atienen a los datos y a los modelos predictivos y se han declarado abiertamente pesimistas esta semana (prevén recesión, un paro del 15 por ciento y un aumento notorio del déficit público), los consumidores españoles dan la de cal y dicen que no, que la economía española va ir a mejor. El Índice de Confianza del Consumidor, que elabora desde no hace mucho el ICO, tras meses de caída libre, ha vuelto a ser positivo: los españoles han aumentado en agosto su confianza en la economía y su futuro. No me pregunten por qué, dado que el propio índice no tiene claras las razones, aunque apunta como causas del cambio de tendencia del ánimo común la bajada de los precios del petróleo. La crisis genera economistas, y argentiniza el estado de opinión.

Podemos decir que las encuestas son escopetas de feria a las que la hemeroteca protege, y eso sería bastante injusto, o podemos atribuir a la buena vida y el “dolce far niente” veraniego esta visión beatífica de las cosas: bien comido, bien dormido y bien bebido, las cosas se ven de otra manera. Pero esto también es una elucubración. Los índices de confianza o expectativas de consumidores (o empresarios, o votantes) son poderosas armas para guiar la gestión, y así los son en todos los países de peso. En Estados Unidos, la publicación del índice de confianza empresarial puede convulsionar la economía, empujándola hacia arriba o hacia abajo. En Alemania y otros países hay ejemplos similares. Solemos agarrarnos al dato duro y cuantitativo -por ejemplo, un paro del 15 por ciento, o 50 kilos de melones- como objetivo y fiable, y desconfiamos del dato blando -opiniones, básicamente- como algo etéreo y menos fiable. Y no es necesariamente así. Valga como prueba que los sondeos, encuestas, barómetros, demoscopias y otras “valoraciones agregadas de la subjetividad” se usan profusamente y tiene una alta consideración entre quienes deciden, siempre y cuando tengan rigor. Por eso, que los consumidores españoles, bajo la sombrilla o no y con o sin tinto de verano en ristre, opinen que las cosas van a mejorar pronto es algo valioso. Como dijo Pirandello justo antes de dar por terminada alguna controversia, “Así es, si así os parece”. Recordarán la primera fase de la cogorza: la negación de la evidencia, previa al tuteo a la autoridad, a la entonación de cánticos populares y a la rotura de vidrios. Hay una cierta hartura con la crisis y los repentinísimos datos del desastre, por lo que no viene mal negar la evidencia: es el principio de la euforia. ¡A por ellos!

Autor

Economía razonable para todos lo públicos

Economista, profesor de la Universidad de Sevilla y columnista habitual de los medios del Grupo Joly

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