Fósforos en la oscuridad
En estos tiempos de cambio de ciclo económico -en buena medida, cambio de estado mental colectivo, con puntuales brotes psicóticos y ataques de pánico-; tiempos de agoreros vaticinios y, en definitiva, de pesimismo, de vez en cuando te sorprenden opiniones e interpretaciones de la realidad que te reconcilian -unos segundos- con la realidad y encienden un fosforito en la oscuridad de la manoseada palabra “crisis”. Comentaré brevemente dos:
- León Lasa, jurista, escritor y, po si eso fuera poco, ex-jugador del Betis y amigo, me viene a decir -con descreída guasa, todo sea dicho- que la desaceleración y la bajada de temperatura de la caldera económica debe tener un efecto positivo sobre el clima del planeta. O sea: calentón económico directamente proporcional a emisiones de gases nocivos y otros daños ecológicos (ergo crisis d.p. a menos daño). Un hombre, León, que ha hecho preciosas novelas y artículos de viaje sobre lugares extraordinarios (La Patagonia, el oeste de Irlanda, la Noruega remota o las rutas templarias en Extremadura), y cuya mirada a los problemas de la Tierra es más triste que dulce y más cínica que buenista, me aporta hoy miércoles un poco de optimismo.
- En una línea quizás similar, Carlos Pizá, redactor de Economía de Grupo Joly, publicó en economía&empleo el domingo un excelente reportaje sobre el papel que las renovables pueden jugar en Andalucía: Revolución Industrial Renovable. ¿Hay más alternativas? Claro que sí; el quid de la cuestión está en la factibilidad y trauma del cambio a otro modelo de crecimiento.
Urgen miradas en positivo más allá de los insoportables ejercicios de autocomplacencia (o machaques a todo lo que se menea) preelectorales. De todas formas, me permito poner un poco el freno al furor renovable poniendo aquí un enlace de un artículo mío.


