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Un especulador desacomplejado, tatuado y triatleta

Tacho Rufino | 4 de junio de 2012 a las 22:57

Antes de que los tatuajes se convirtieran en una moda ligada al “para presumir hay que sufrir”, y un reclamo sexual, marcarse la piel con un infantil corazón acompañado de la leyenda “Amor de madre” era cosa de facinerosos, perdularios y legionarios de oscuro pasado. Aunque en distinto nivel de horterismo, los horteras de Beckahm y Guti –ahora metido a intelectual, de momento sólo por las gafas—competían en tatuarse escrituras exóticas, animalitos y otras paridas fashion en la piel, viéndose –los pobres— obligados a lucirlas al final de cada partido y entrenamiento, si había cámaras. Hoy, soltando algunas de las toxinillas adquiridas durante el fin de semana, me permito un descanso leyendo una revista que veo por el mostrador de la sala de correr. Me encuentro con una entrevista a un tipo tatuado (probablemente) hasta el escroto, anillado en la nariz como un buey, atlético, pero vestido con trajes claramente carísimos, de nombre Josef Arjam. Me digo: un metrosexual de alto rendimiento. Pero no es eso sólo, que también, sino que es un rutilante agente financiero radicado en Barcelona, un tiburonazo monísimo y curradísimo.

Leo algunas frases de Arjam que hacen que arranque las hojas de la revista (Selected Class páginas 134 y ss.), de la manera en que arrancan la hoja donde está el número deseado de la guía que está en la cabina de turno en las películas americanas:

“Sería de gran ignorancia considerar a los traders como culpables de lo que pasa en Europa” (el propio Josef, español a pesar del nombre, es un trader, un agente de los mercados financieros, y un inversor);

“No hay ningún mecanismo que controle los ataques especulativos contra las deudas soberanas”;

“La lentitud de la clase política antes la velocidad de los mercados es algo que los políticos deberían entender que no es razonable”;

“Los especuladores enseñamos a los políticos a ser eficientes, que ya es hora”.

Me permito transcribir:

“A los mercados no nos ve la matrícula la política, vamos muy por delante, hacemos lo que queremos porque somos así y punto; atacamos países por puro lucro ante meros síntomas de debilidad, hasta cargarnos su moneda o su liquidez; los torpes son los políticos, que no están a la altura: yo especulo, pero quien me tiene que controlar no sabe ni puede hacerlo, se siente muchísimo”.

Dentro de lo que cabe, es reconfortante encontrar a un trader que dice lo que piensa, que no tiene problemas en llamar a su profesión una actividad esencialmente especulativa, una labor de dar liquidez aquí y allí sin ton ni son (bueno, sin ningún ton y son beneficioso para la comunidad, esa entelequia que para ellos apesta a carne podre). Somos los animales que limpian el biotopo liquidando a los débiles, castigando con o sin mesura a los países que se escantillan, acaparando cada vez más proporción de los recursos planetarios para nuestros bolsillos o los de nuestros clientes, viene a decir Josef Arjam. Aquí, también en este blog, lo normal es que haya surjan defensores de las causas que no quieren ser defendidas, que te acusan de demagogo, ignorante (como si entender en esencia los mercados financieros fuera algo tan difícil como entender los agujeros negros del universo o la Teoría de cuerdas), o malintencionado si simplemente hablas de la mera existencia de especuladores. Consuela algo el escuchar a un simba de rubicunda melena –aunque él es humano y de padre sirio, y morenito, y no lo dice tan selváticamente, la frase es mía– decir sin complejos:

“Si veo una hembra sola con cachorros de otro león ausente, me los cargo primero, me beneficio a la leona después y así dejo mi huella animal. Yo, la verdad, soy así”.

De ese 10% de traders que ganan lo que el 90% restante pierde.

…y en eso llegó Hollande

Tacho Rufino | 24 de enero de 2012 a las 13:59

Breve apunte técnico:

Aunque los bancos españoles –y los de otros muchos países– juegan con las dos piernas, existen dos tipos de bancos, cosa que se olvida u obvia demasiado a la hora de analizar el sistema financiero. Existe la banca comercial y existe la banca de inversión. La banca comercial es la que responde al concepto que el gran público tiene de un banco: con sus sucursales, sus depósitos retribuidos, sus créditos concedidos, sus transferencias, sus avales, sus tarjetas de crédito, sus planes de pensiones (e –innovando que es gerundio– sus seguros, sus viajes, sus ollas exprés y sus edredones). Por otro lado, funciona la banca de inversión. Es más desconocida para la gran mayoría (en Estados Unidos y países con grandes excedentes de renta, no es tan desconocida), y sus funciones y actividades son las propias de lo que llamamos mercados financieros o, simplemente, “los mercados: emiten bonos y acciones, suyos o de otros; operan a gran escala comprando y vendiendo acciones, divisas, títulos de deuda pública, derivados o futuros en los mercados financieros; sacan empresas a cotizar en bolsa; diseñan y ejecutan fusiones de empresas y OPAs. La banca de inversión pura no tiene sucursales, sólo pocas oficinas de alto standing visitadas por poca gente (rica), ninguna cola y menos papeles. Mientras que la banca comercial de toda la vida tiene un negocio estable, sin demasiados altibajos y erratismo en sus ingresos y gastos, la banca de inversión es la que está en el centro de todo el follón financiero planetario. Merril Lynch (adquirida a la fuerza por Bank of America tras el colapso de Lehman Brothers), Goldman Sachs o Morgan Stanley han sido los grandes bancos de inversión… hasta que se han visto obligados a reconvertirse en parte en comerciales por el desastre que han combinado, solos o en compañía de otros. Coda: Cuando un banco es al mismo tiempo comercial y de inversión, es muy posible que la inestabilidad de su actividad de ‘trader’ o inversor acabe comprometiendo su solvencia como banco comercial.

Y en eso llegó Hollande. El candidato socialista y alternativa a Sarkozy ha dicho hace pocos días lo que muchos piensan: “El verdadero enemigo del mundo son las finanzas”. Fuerte, ¿no? Y sigue: [el sistema financiero] “no tiene nombre ni cara, no será nunca candidato ni elegido y, sin embargo, gobierna”. La primera afirmación se puede poner en duda y está dicha en un mitin. La segunda, sin duda, es verdad. Hollande pretende, o eso viene a decir, acabar con la posibilidad de estar en misa y repicando, o comer teta y sopa, o ser carne y pescado. Quiere aprobar por ley que separen sus negocios de especulación y los de crédito. En esto no es el primero: hay escuelas económicas de primer orden que proponen tal cosa desde hace décadas. Y, atentos: quiere prohibir sin más los productos financieros sin relación con la economía real (economía real: la que hace cosas y servicios, la industria, la agricultura, el comercio, otros servicios no financieros; economía financiera: negocios en bolsa y otros mercados financieros. Su función es dar liquidez y soporte a la economía real; la realidad es que opera en su propio mundo especulativo y creador de burbujas, y se calcula su volumen en diez veces superior a la economía real). Prohibir puede sonar mal, la verdad, pero regular es imprescindible. El problema es que la regulación y el control debe ser consensuado internacionalmente. Si no, de poco valdrá… ¿O sí, si es Francia quien impulsa tales medidas de control, entre ellas la de establecer tasas a las transacciones financieras? ¿Estamos ante una nueva revolución francesa, y permitan la creatividad? ¿Es este tipo con pinta de profe la joven esperanza de la mustia socialdemocracia europea? Por supuesto, sus detractores y oponentes lo llaman fantasma, visionario y oportunista, y niegan ex-ante que nada de lo que promete se pueda hacer. Y, en caso de hacerse, cataclismo y apocalipsis, el Armagedón. Miedito.

Alessio Rastani, el hombre que soñaba recesiones

Tacho Rufino | 27 de septiembre de 2011 a las 12:43

Recibo este video de Luis Rull, de gran éxito en youtube aunque todavía no hay versión subtitulada en español, si bien la habrá en breve porque el pollo en cuestión ha montado un buen cirio. Está en inglés, aunque al hombre se le entiende bien. Si usted es “de francés”, aquí van alguna de las perlas que este trader (broker, agente, inversor en los mercados financieros) lanza a la patidifusa presentadora. Más clarito, el agua, y no me refiero a que yo comparta sus opiniones catastrofistas (puede que el tipo busque notoriedad, aun diciendo una verdad tabú), sino al espíritu depredator hard-core que mueve a muchos agentes financieros y que tanto parece mover al éxtasis a no pocos defensores de no tocar a la rosa, aunque la rosa sea antropófaga:

El crash está a la vuelta dela esquina, y la economía va a caer de forma muy dura… el euro y la bosa están muertos. Los inversores… el gran dinero y el dinero ‘listo': los grandes fondos, los hedge funds, las instituciones financieras… no compran planes de rescate, saben que la bolsa y el euro están listos, están poniendo su dinero en valores más seguros, como los bonos del tesoro y bonos a tres años [de países seguros, debe de querer decir] y al dólar… valores seguros..

- “¿Qué puede hacer que los inversores estén más contentos y más seguros?, pregunta la atribulada periodista. Esa pregunta es difícil. Personalmente no me importa nada de eso, soy un ‘trader’, no me preocupo por esas cosas, mi trabajo es ganar dinero donde se pueda. Me importa un pimiento la crisis y arreglar la economía… confieso que, desde hace tres años, cada vez que me acuesto sueño con una nueva recesión… hay gente que sabe prepararse para ganar pasta con los ‘crash’ económicos… pasó en los años 30, y la gente no recuerda que aquello no fue sólo un ‘market crash’, sino que hubo gente que se preparó para aquella crisis y sacar dinero de ella, todos podrían ganar dinero con esta situación, es una oportunidad… mi trabajo es ganar dinero cuando se presentan las oportunidades, [repite] yo, como los otros agentes e inversores, no me preocupo ni un poco por la economía o por arreglar la situación: nuestro trabajo es sacar dinero de ello… cuando reviente la bolsa, cuando reviente el euro, si sabes lo que tienes que hacer, si tienes los planes adecuados, te puedes hacer rico.

- “La gente debe de estar sobrecogida con lo que usted está diciendo…”, dice ella. Él se sonríe: Escuche… a todo el mundo que escucha esto, lo que sucede es como un cáncer, no se puede esperar hasta que sea demasiado tarde. Dejémonos de buenas intenciones y de declaraciones políticas. Los políticos no gobiernan el mundo, el mundo lo gobierna Goldman Sachs…

A partir de ahí, el joven recomienda a las personas que no sean tontas, que se preparen, que se metan a broker y ganen dinero si no quieren ver sus ahorros esfumarse. “Protejan sus ahorros”, dice, “porque en menos de doce meses pueden ver cómo desaparecen”. [¿Desaparecerán también las hipotecas…? Eso no se lo preguntó. El hombre iba a lo que iba]

En dos palabras: a-lucinante. Espero que los que se reían de la existencia de una forma de especulación ciega y destructiva (algunos de ellos mandando encendidas y hasta insultantes respuestas a las reflexiones que aquí y en otros lugares se han hecho sobre la excesiva libertad y codicia en los mercados financieros) reconozcan que hace falta reconocer al enemigo para poder afrontarlo. Las cosas son como son, y no porque lo haya venido a reconocer un broker sin complejos ni medias tintas en la (estupefacta) BBC, incluso si es un brokercillo necesitado de atención. Aquí tienen el perfil en facebook del muchacho, de nombre Alessio Rastani.

‘Mercado Kid’ noquea a ‘Mantequilla Estado’

Tacho Rufino | 6 de agosto de 2011 a las 15:58

“Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió”. Ojalá estas palabras que Borges puso en boca del joven que fue a matar al monstruo se hicieran realidad, y el minotauro estuviera deseando calmarse e incluso morir a manos de quien supiera llegar al centro de su laberinto. El laberinto económico inextricable que quizá a ustedes, también, les provoque tanto hartazgo como temor. En la misma línea mitológica, una analista sueca tira esta semana de metáfora para ilustrar lo que está pasando: “[los mercados]…un dios enfurecido, que nosotros mismos hemos creado, y al que ahora vamos a tener que ofrecerle muchos sacrificios para que se calme”. El “nosotros mismos hemos creado” es sin duda un plural algo injusto: todos los “nosotros” no somos igual de “nosotros”, hay algunos que han contribuido mucho más a emponzoñar la situación económica global que otros. Probablemente, no pocos de ellos son los que ahora obtienen grandes beneficios de la extrema inestabilidad, que amenaza con llevarse por delante ese poliedro diverso y dispar en que se ha convertido la Unión Económica y Monetaria. Lo que llamamos el euro.

”El

El combate está bien avanzado, y un púgil rocoso y sin estilo, con excelente juego de piernas, que nunca descubre su rostro y cuya pegada siempre hace pupa vapulea a los puntos a su contrincante, un espigado y elegante boxeador blanco, de alta escuela y método, que no tumba a un pelele y que tiene el mentón tan frágil como castigado el hígado. Los mercados revientan a la política. Titulaba Joaquín Aurioles en estas páginas el jueves: “El gobierno de los mercados”. No se quedaba en el desencanto, sino que cuantificaba cuál es el déficit de tesorería que tiene y tendrá España, y recordaba que, por nuestra parte, no queda sino trabajar en los gastos y/o en los ingresos. Mejor rápido que tarde. Porque siendo desproporcionada -abusiva si quieren, criminal incluso- la acción algo carroñera de los más conspicuos agentes financieros contra España o Italia -y lo que vendrá-, nosotros tenemos muchas tareas por hacer.

Sigamos haciendo patria, y citemos a otro articulista de esta casa. Fede Durán, con tino y elocuencia, escribía ayer viernes acerca de los deberes por finalizar y pendientes de empezar a meterles el diente. Tenemos que: aclarar a Mercado Kid cómo se organiza fiscalmente este país autonómico; corregir una reciente reforma laboral que ha sido lo que los jóvenes llaman ahora un pa ná; acabar cuanto antes con la reforma del sistema financiero español; acercarse a los países grandes, sean blancos o amarillos; subir el IVA. Sobre esta última cuestión se habla poco. Es un tabú político anunciar que se van a subir los impuestos porque no queda otra. Nadie lo hace. Es más, algunos prometen lo contrario. “Sé cómo obtener la cuadratura del círculo: voy a bajar los impuestos”. No nos vale tampoco la alquimia rubalcábica, un candidato metido a Robin Hood tributario: “Más impuestos para los más ricos, obligar a los bancos a dar crédito”. Esa rata, ¿quién la mata? Hace mucho tiempo que muchos lo decimos: los impuestos -así, en su conjunto- seguirán subiendo, por mucho maquillaje efectista que se haga (bajo un poco por aquí, subo mucho por allá). A nivel local, vean cómo se comportan los policías locales de su ciudad. Auténticas máquinas recaudadoras. Un alcalde del PP contradice la doctrina de su partido: “Voy a subir los impuestos, me da igual loo que piense mi partido. Esto se hunde”. Las verdades del lugareño. Como puños.

… y se colocaron todos (bastante caros)

Tacho Rufino | 4 de agosto de 2011 a las 13:27

España ha superado la prueba, y aunque ha debido prometer a los suscriptores de los títulos de deuda de hoy un interés superior al homólogo anterior (los emitidos el 2 de junio), ha colocado sin problema la cantidad  deseada: 3.300 millones de euros a tres años o tres años y medio. La demanda ha duplicado a la oferta de estos títulos tan arriesgados según el indicador llamado prima de riesgo… El interés está por debajo del 5%, y dado el nivel previo de la prima de riesgo, puede considerarse aceptable. Eso sí, habrá que pagar un sobrecoste de casi 7 millones de euros en intereses en comparación con lo que se hubiera pagado con los tipos contratados en la última emisión de bonos de la misma naturaleza. Por otro lado, la prima de riesgo española se ha relajado, aunque en pequeña medida. Como decíamos ayer (algo precipitadamente, sí, arriesgarse causa más ganancia o más dolor que no hacerlo, tanto en la bolsa como en cualquier actividad, aunque sea la de bloguero), era de esperar: la inversión de quienes han podido suscribir hoy los bonos españoles incomparablemente mayor de la que obtendrían si invirtieran en bonos alemanes. De hecho, el Tesoro ha tenido que desechar 1.500 millones que querían la apetitosa deuda española. El bono español es una buena inversión… menos para España. ¿Alguien dudaba de que se iba a colocar todo lo requerido por el Tesoro de España, hasta el último título, y rápidamente? Una conclusión inmediata es que la presión de los mercados secundarios por medio de posiciones bajistas  –presión que eleva la prima condicionando el interés que posteriormente en el mercado de emisión debe conceder España— ha dado sus frutos: sé que voy a comprar bono español, pero voy a presionar previamente en el mercado de segunda mano, así obtendré mayores intereses. Quien puede hacerlo, lo hace, desde Singapur o desde Albacete a solas, o agregadamente a favor de corriente. España tiene un serio problema de déficit presupuestario, que provoca la necesidad de acudir al convulso –ahora, para España e Italia, antes y después eran y serán otros—mercado de deuda pública. Está claro que los mercados tienen a la política cogida por el arco, a veces como un perrito zarandea a un peluche. Pero mientras el BCE y la Comisión (el Ejecutivo español pinta poco a corto plazo) previenen este tipo de convulsiones desproporcionadas, debe concentrarse el Gobierno actual y el por venir en reducir el déficit, que, no olvidemos, tiene dos partes: aumentar los ingresos o reducir el gasto… y no sólo esto último. Es una opción política, casi ideológica: ¿aumentamos impuestos y practicamos el “afán recaudatorio”, comabatiendo decididamente el fraude fiscal? ¿O sólo recortamos gasto social? ¿A quién aumentamos o, en su caso, reducimos la presión fiscal?  Sobre este particular y otros, el certero analista de esta casa y hasta hace unos días presidente del Observatorio Económico de Andalucía, Joaquín Aurioles, ha publicado hoy un excelente artículo en Joly, titulado El gobierno de los mercados

Orgullo y prejuicio en la periferia

Tacho Rufino | 26 de marzo de 2011 a las 11:27

(De nuevo sobre Portugal, publicado en los periódicos de Grupo Joly hoy sábado)
 
PORTUGAL es una economía pequeña. Según qué baremo utilicemos, unas tres o seis veces menor que la española. El país hermano no ha hecho deberes reformistas visibles durante la crisis financiera, ni cuando ésta mutó a crisis de deuda pública: su caída estaba descontada, y las primas de riesgo de 500 puntos básicos que debía prometer para colocar su deuda en el exterior así lo atestiguaban. Las propuestas de reformas fiscales y laborales del fulminado Sócrates estaban muertas de antemano, antes de ser rechazadas masivamente por el Parlamento, y más bien fueron un gesto para buscar su salida con cierta dignidad. Además, Portugal no cuenta con un número apreciable de empresas globales. Ni una bancarrota potencial de sus bancos de bandera tendría un gran efecto expansivo. Portugal sabía que sería rescatada “por Europa”, y que en el rescate la coartada para la reforma quirúrgica estaba servida. “Te salvo, pero me pagas fuertes intereses y me amortizas rápido la deuda, por no hablar de que vas a tirar de decreto por un tubo”. Cuanto antes reorganicen su gobernanza los portugueses, menos carísima le saldrá la deuda que deberán emitir para ir apagando los fuegos de tesorería, incluidos los pelotazos de devolución de la deuda que va venciendo.

ESPAÑA es una economía grande: demasiado grande para derrumbarse, como un rascacielos que arrastrara varias manzanas en su caída. España comenzó a hacer dolorosas reformas cuando los ataques desproporcionados de los agentes financieros pusieron un nudo en la garganta de Europa, o sea, de Alemania. Nuestro Gobierno ha llevado a cabo una política de reformas -con un Zapatero que entonces ya estaba también descontado; hoy no se atreve uno a afirmar tal cosa- compelido por la presión de un exterior que temía el crash del euro, aunque haya vestido de responsabilidad tal política de ajuste presupuestario: lo mismo da que da lo mismo. A veces balbuciente en los tijeretazos, sí, pero notables son las reformas que ha llevado a cabo España, por mucho que a no pocos todo les parezca poco a la hora de escenificar la entrega de la cuchara de la intervención pública en la economía. España, por terminar con la breve radiografía comparativa, cuenta con un buen ramillete de espléndidas empresas globales, también bancarias o financieras. Que, por cierto, asumen prácticamente un tercio de todo el riesgo financiero portugués. Las empresas globales es lo que tienen: riesgo global.

O sea, que aunque para algunas cosas a algunos ya nos gustaría, Portugal no se parece a España. Y los mercados financieros han demostrado que los prejuicios contra los periféricos no son los mismos prejuicios -que se transforman en mayores primas de riesgo y dificultades para colocar y revender la deuda pública- cuando se habla de España que cuando se habla de Portugal, Grecia o Irlanda. Siempre hubo clases, hasta entre los pigs. De forma que los indicadores evolutivos de la prima de riesgo española son mucho más alentadores que los del resto de la suburbia comunitaria. Más estables y, sobre todo, más bajos. Razonables a día de hoy, más adecuados al análisis fundamental de nuestro estado económico-financiero.

¿Debemos sentirnos satisfechos -si lo prefiere, orgullosos- por la política de reformas del Gobierno, más allá de consabidas letanías tipo “ya puedes hacer milagros, que eres malo malísimo en todo”? No hay dinero en Europa para salvar a España en caso de colapso y suspensión de pagos. Como sucede que no lo había ni lo hay por mucho que haya un superfondo de rescate planificado para 2013, no se ha permitido que España caiga. Ni se va a permitir tampoco, como decimos, desde afuera. Descartemos el orgullo, vale, pero también el prejuicio de que todo es amorfo en la periferia. Y esgrimamos por enésima vez nuestra frase preferida de la crisis: de la necesidad, virtud.

Los mercados, ¿quiénes son?

Tacho Rufino | 29 de noviembre de 2010 a las 15:25

wall-street-film-photoELLOS no son tan malos. Ellos sólo encienden la mecha, y después gritan “¡fuego, fuego!”, aunque puede que no haya ni siquiera olor a chamusquina. Entonces, mucha gente se teme lo peor, porque el grito se ha escuchado, y bien fuerte, por lo que avivan la mecha, y abandonan el lugar, despavoridos. Ellos son los invisibles actores de “los mercados”. La mecha es la apuesta de ellos por que algo va a ir mal -unas acciones, una empresa, un país-. La gente que huye son fondos de inversión y de pensiones y también los muchísimos inversores, menos informados, que siguen la estela de ellos, y venden o compran aquí o allá. El lugar del que huye la gente es la Bolsa, el mercado de futuros y otros derivados… los traídos y llevados mercados financieros.

El proceloso y multiforme mercado financiero es aún hoy día, y a pesar de la crisis, más de diez veces mayor que el real en volumen económico. Es el sitio -un sitio también invisible, a tiro de Enter- donde se emiten, compran y venden bonos, acciones, derivados, divisas y muchos otros papeles que están sujetos a expectativas, movimientos faroleros y otros juegos puramente especulativos. Lo especulativo no es en sí bueno ni malo: las consecuencias sí lo son. Todos especulamos cuando esperamos que, pongamos, nuestra casa de la playa se revalorice para asegurarnos la pensión o el estudio de nuestros hijos en el extranjero. Lo que sí es perversamente especulativo es poner todo tu esfuerzo en derrumbar algo que, aquejado de un simple resfriado, acabas matando de neumonía o tuberculosis a base de ponerlo en la corriente, y ustedes perdonen la metáfora. Por ejemplo, el euro.

Los políticos, los que gobiernan, no pueden con ellos. No se ponen de acuerdo para poner coto a las actividades de los tahúres, quienesquiera que éstos sean. Millones de personas pierden su empleo, ven volatilizarse su patrimonio y sus ahorros. El enemigo más letal para sectores, empresas o territorios es la llamada venta corta. Se trata de apostar a que algo va a perder valor: Ellos -llamémosles hedge funds- le piden a alguien acciones o divisas, y las venden. Eso lo hacen masivamente, una y otra vez. Esos valores, por lo que viene a llamarse ley de la oferta y la demanda, pierden valor. Paralelamente, ellos se han comprometido a recomprar dichos valores, que como han caído de precio caen en sus manos baratitas. Su ganancia es previa, pues. Claro, que el riesgo existe, y pueden perder. No es éste el caso del asedio al euro, que está saliendo redondo a los cortistas. Desde primeros de año, las posiciones cortas contra el euro han ido creciendo exponencialmente, y la merma de la divisa comunitaria ha sido contemporánea a dichas apuestas de la ruina: las apuestas a la baja contra el euro se encuentran en máximos históricos, y se han multiplicado por diez desde principios de año. La caída del valor del euro con respecto al dólar ha sido casi de un 20%. Mucho dinero ganado, y no sabemos hasta cuándo.

El asunto tiene una doble cara. El vaso medio vacío o medio lleno. Alguien pierde porque alguien gana. La venta corta, dicen sus defensores, proporciona liquidez al sistema y penaliza las malas prácticas y las ineficiencias, y hasta desinfla burbujas. La realidad es que su apuesta es ciega, tanto con respecto a la estabilidad y corrección supuesta de los mercados (financieros o reales), como con respecto al daño emergente. La particularidad de estos ataques es que se están llevando por delante a países enteros, a su futuro y al de su gente. Ya puedes hacer los deberes o dejar de hacerlos: voy a por ti, como una locomotora, y voy a por ti ahora, que decía aquella canción.

el roto

Economistas sindicales

Tacho Rufino | 4 de enero de 2008 a las 7:42

No doy crédito: me acabo despertar escuchando en la radio a un alto representante sindical dicendo que “los empresarios españoles deben de dejar de obsesionarse con el beneficio especulativo” (!) y que deben apostar por la I+D y dedicar más dinero para la formación. Dos cosas (la referencia al beneficio especulativo se califica sola):

– Parece que el cursillo acelerado ha surtido efecto y el hombre se ha aprendido el mantra de la innovación y la formación como inversiones de futuro.

– Esperemos que la formación se gestione bien, para lo cual quizás los sindicatos deberían mantenerese al margen.