Lo que vale un euro español
El azar y la incontinencia del discurso político han querido brindarme la oportunidad de hacer debutar este blog con algo tan jugoso como las inefables declaraciones de nuestro ministro de Economía. El prestigioso Solbes se ha sobrado, y nos ha sorprendido a todos transformando su papel habitual de sensato papá pitufo en el de lenguaraz analista económico de barra: los españoles no saben lo que vale un euro.
A estas alturas, el ministro con aire de cura engolado debe de estar maldiciendo la hora del sábado en que afirmó que la espiral inflacionaria española tiene que ver con nuestra ignorancia monetaria, y también con que somos tan rumbosos que damos un euro entero de propina al tomar café.
De entrada, más de una quinta parte de los españoles han empezado a tener dinero en el bolsillo con la llegada del euro, y las pesetas le suenan menos que a la generación peseta le sonaban los reales o los duros de sus mayores. En la parte alta de nuestra pirámide-botijo poblacional –los mayores de 65– las estrecheces abundan, y los euros que reciben de pensión son tan escasos que conocen su valor a la perfección. Entre ambos segmentos tenemos a más de la mitad de los españoles, que también sabe lo que vale un euro: con las cosas de comer no se juega.¿Lo peor de la boutade ministerial?: más allá de la trivialidad, repelen la autocomplacencia, la levitación sobre la realidad y la cortina de humo que, sin éxito, pretendía poner sobre la responsabilidad que, en una parte apreciable, tiene el Gobierno en nuestra estabilidad monetaria.


