Archivos para el tag ‘Euro’

Friburgo recurrente

Tacho Rufino | 24 de julio de 2012 a las 19:49

Friburgo, 25 años más tarde“, León Lasa, marzo de 2010:

(…) “Durante todos estos años, en especial los que van desde 1994 hasta hace relativamente poco, y muy particularmente desde la entrada en la moneda común, hemos experimentado una suerte de estado de euforia evanescente que, tanto a título particular como nacional, nos ha llevado a creer, sin duda erróneamente, que habíamos dejado de ser ni siquiera la sombra de lo que siempre fuimos. Con la estulticia propia del nuevo rico, mirábamos casi con desdén a quienes nos sufragaban muchos de nuestros excesos. Nos hemos despertado de golpe y porrazo y al final, tras ese tránsito efímero por las sendas de la prosperidad, nos enfrentamos a una realidad que, como un bucle permanente, nos lleva de nuevo al principio, al estado en el que las cosas estaban cuando uno, cateto y juvenil, caminaba despreocupado con un cuarto de siglo menos por la Munsterplatz. Ahí me encontraba, saboreando una jarra de la cerveza local Ganter a un precio ajustado (en los últimos diez años la inflación española ha triplicado a la alemana… pero gozamos de su misma moneda; ¡qué listos somos!) cuando leí en el Badische Zeitung (www.badische-zeitung.de) la noticia de que, ya sin tapujos, tanto el ministro de economía alemán como la canciller Merkel declaraban que el socio que no fuera capaz de cumplir con las reglas del euro podría y debería ser expulsado. Miré la inmensa torre gótica que domina toda la plaza y me pregunté si en mi próxima visita a Friburgo, al cabo de unos años, no tendría que, como en aquellos días, acudir a una casa de cambio antes de comenzar el viaje. Añadiría entonces tristeza a la melancolía.”

Quien esto escribió hace dos años largos, León Lasa, se dispone a volver a Alemania, Friburfo incluida, aunque ahora acompaña en su calidad de consejero al Real Betis en su stage veraniego en ese país. Hace 27 años viajó a Friburgo con pocas pesetas que debía cambiar por unos carísimos marcos; hace apenas tres, se veía con una cerveza bastante asequible en una terraza de Friburgo, rodeado de turistas entre los que abundaban los españoles que no reparaban en gastos. Quién sabe si, con las estremecedoras y acongojantes noticias de hoy, no le pillará allí el rescate con intervención y suspensión de derechos políticos de los españoles. La antesala de la voladura del euro tal como se concibe hoy. El domingo, por cierto, pude leer cómo un analista –quizá político– alemán pronosticaba y hasta recomendaba la convivencia del euro –para devolver la deuda exterior griega sin merma para el acreedor alemán o francés– y el dracma –para pagar salarios y para las transacciones domésticas. Que España no es Grecia se ha dicho hasta la saciedad. Pero por mucho que se diga, las diferencias de tamaño y estructurales pueden muy bien no ser capaces de impedir que se nos trate de una manera casi idéntica. Prost!

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Las edades del euro

Tacho Rufino | 28 de mayo de 2012 a las 13:08

LA edad nos enseña que no hay nada completamente sólido en la vida. Vemos parejas que pasan por indestructibles, que nunca discutieron y siempre fueron a una antes de anunciar una separación a la postre repleta de odio; sabemos de personas con rumbo cierto a ritmo sostenido que acabaron durmiendo sobre cartones en un cajero; descubrimos que nuestros referentes de honestidad de la infancia hacen el granuja con frecuencia. Ídolos de andar por casa que acaban caídos. Mitos y leyendas vulnerables, si no falsos.

Todos hablamos de la rutilante marcha económica de España durante la década anterior a la crisis que comenzó en 2007, de su artificialidad y del alien de Ridley Scott que traía dentro, aunque pocos y de manera parcial acertaron a intuir al monstruo de relojería que habría de devorarnos por entregas. Tampoco Alemania ha sido siempre lo que hoy representa: un país que reduce el paro progresivamente, que exporta de forma galáctica y que recibe gratis toda la financiación que otros pierden o sudan tinta para conseguir. Y todo ello en plena crisis global. Pero no, no siempre han sido las cosas así.

Durante la década que precede a la puesta en circulación del euro en 1999, Alemania tuvo un déficit por cuenta corriente (la diferencia entre los cobros y pagos con el exterior) muy superior a España o Italia. Es decir, el campeón de las exportaciones importaba más que exportaba. Desde la introducción del euro, las tornas cambiaron: Alemania pasó a tener superávit, mientras que el arco mediterráneo pasó a ser deficitario, importando más que exportaba y consumiendo mucho, todo ello en gran parte financiado con créditos baratos. Alemania aprovechó la Eurozona con fruición, convirtiéndose en un gran exportador a países a los que, en gran medida también, les prestaba dinero… y les arrimaba ingentes fondos comunitarios: la versión comercial del “Paz por territorios” palestino; préstamos y fondos a cambio de territorios comerciales. Llamativo, ¿verdad? Otro tanto, con matices, cabe decir de las relaciones interregionales y las balanzas fiscales autonómicas dentro de España.

Lo cierto es que nos hicimos vendedores malos y vagos y adictos al crédito por aquí abajo; y un poco lo contrario “arriba”. Conviene recordar esto para comprender nuestras reclamaciones en la Unión Europea (o sea, la puesta en circulación de los eurobonos y las políticas de crecimiento con fondos europeos), no para apuntalar nuestra dudosa honra. A nosotros nos han pillao con el carrito del helao; Alemania ha sido la gran beneficiaria del euro. Nos entregamos sin mesura a un idilio lleno de cruceros y puentes de cuatro estrellas. Y ahora nos quieren abandonar y echarnos de casa porque estamos tiesos. Un clásico.

‘Mercado Kid’ noquea a ‘Mantequilla Estado’

Tacho Rufino | 6 de agosto de 2011 a las 15:58

“Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió”. Ojalá estas palabras que Borges puso en boca del joven que fue a matar al monstruo se hicieran realidad, y el minotauro estuviera deseando calmarse e incluso morir a manos de quien supiera llegar al centro de su laberinto. El laberinto económico inextricable que quizá a ustedes, también, les provoque tanto hartazgo como temor. En la misma línea mitológica, una analista sueca tira esta semana de metáfora para ilustrar lo que está pasando: “[los mercados]…un dios enfurecido, que nosotros mismos hemos creado, y al que ahora vamos a tener que ofrecerle muchos sacrificios para que se calme”. El “nosotros mismos hemos creado” es sin duda un plural algo injusto: todos los “nosotros” no somos igual de “nosotros”, hay algunos que han contribuido mucho más a emponzoñar la situación económica global que otros. Probablemente, no pocos de ellos son los que ahora obtienen grandes beneficios de la extrema inestabilidad, que amenaza con llevarse por delante ese poliedro diverso y dispar en que se ha convertido la Unión Económica y Monetaria. Lo que llamamos el euro.

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El combate está bien avanzado, y un púgil rocoso y sin estilo, con excelente juego de piernas, que nunca descubre su rostro y cuya pegada siempre hace pupa vapulea a los puntos a su contrincante, un espigado y elegante boxeador blanco, de alta escuela y método, que no tumba a un pelele y que tiene el mentón tan frágil como castigado el hígado. Los mercados revientan a la política. Titulaba Joaquín Aurioles en estas páginas el jueves: “El gobierno de los mercados”. No se quedaba en el desencanto, sino que cuantificaba cuál es el déficit de tesorería que tiene y tendrá España, y recordaba que, por nuestra parte, no queda sino trabajar en los gastos y/o en los ingresos. Mejor rápido que tarde. Porque siendo desproporcionada -abusiva si quieren, criminal incluso- la acción algo carroñera de los más conspicuos agentes financieros contra España o Italia -y lo que vendrá-, nosotros tenemos muchas tareas por hacer.

Sigamos haciendo patria, y citemos a otro articulista de esta casa. Fede Durán, con tino y elocuencia, escribía ayer viernes acerca de los deberes por finalizar y pendientes de empezar a meterles el diente. Tenemos que: aclarar a Mercado Kid cómo se organiza fiscalmente este país autonómico; corregir una reciente reforma laboral que ha sido lo que los jóvenes llaman ahora un pa ná; acabar cuanto antes con la reforma del sistema financiero español; acercarse a los países grandes, sean blancos o amarillos; subir el IVA. Sobre esta última cuestión se habla poco. Es un tabú político anunciar que se van a subir los impuestos porque no queda otra. Nadie lo hace. Es más, algunos prometen lo contrario. “Sé cómo obtener la cuadratura del círculo: voy a bajar los impuestos”. No nos vale tampoco la alquimia rubalcábica, un candidato metido a Robin Hood tributario: “Más impuestos para los más ricos, obligar a los bancos a dar crédito”. Esa rata, ¿quién la mata? Hace mucho tiempo que muchos lo decimos: los impuestos -así, en su conjunto- seguirán subiendo, por mucho maquillaje efectista que se haga (bajo un poco por aquí, subo mucho por allá). A nivel local, vean cómo se comportan los policías locales de su ciudad. Auténticas máquinas recaudadoras. Un alcalde del PP contradice la doctrina de su partido: “Voy a subir los impuestos, me da igual loo que piense mi partido. Esto se hunde”. Las verdades del lugareño. Como puños.

El euro, un negocio familiar mal avenido

Tacho Rufino | 30 de julio de 2011 a las 12:39

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EL euro es como un negocio familiar: llega un momento en que son demasiados sus participantes, y demasiado diversos sus intereses para ser gobernable. Mientras que en las empresas de Don Fundador (después hermanos, después primos) la primogenitura, el sexo y otras razones más o menos azarosas son las que otorgan mayor control a uno que a otros, en el caso del euro las razones para ejercer el mando en la moneda común son objetivas: el euro es un marco alemán disfrazado de banderitas de colores nacionales, y la sede del Banco Central Europeo está en Fráncfort porque, a saber: Alemania aporta más que nadie al presupuesto comunitario, Alemania es la mayor potencia industrial de Europa, Alemania es la campeona mundial de las exportaciones, y Alemania, en fin, ofrece un cuadro macroeconómico cuyo presente y cuyas perspectivas no son comparables a los de nadie en la UE. De esta forma, cuando Trichet decide subir los tipos de interés de la zona euro, hace la política monetaria que conviene a Alemania… y viene desastrosamente mal al Estado, a las empresas y a los particulares de España. Asimetrías de la vida. Por este complicado poliedro económico y monetario, el ministro de Finanzas alemán ha dicho esta semana que “los países rescatados deberían prescindir de parte de su soberanía”… o ser expulsados de la zona euro. Se refiere Schauble a la soberanía presupuestaria y fiscal: “Tú organiza teatro al aire libre en el Partenón y tenme las islas en condiciones, que yo me encargo de llevarte las cuentas” (esto no lo ha dicho…). No es de extrañar que el sentimiento anti-mediterráneo crezca en Alemania con el miedo a una crisis que -lo que nos quedaba por ver- amenaza cual hidra de siete cabezas con reinventarse cuando llegan noticias sobre la posible suspensión de pagos de Estados Unidos.

Pero veamos el contrapunto a esta preponderancia teutona: veámoslo todo, o al menos miremos otra cara del cubo. El euro ha sido absolutamente clave para la expansión exportadora alemana; recuerden que en los 90 Alemania tenía déficit por cuenta corriente, y se endeudaba como si fuera un PIGS. La moneda única les ha venido de coco y huevo para financiar la reunificación. Recordemos también que uno de sus destinos comerciales esenciales ha sido la periferia europea: cómprame, cómprame mucho que yo financio los fondos de desarrollo y, si no tienes en el bolsillo, aquí hay crédito, que estamos en familia. Sin deudas griegas, portuguesas e irlandesas el poderío alemán no sería tanto poderío. ¿Por qué el mayor acreedor extranjero de Grecia es Alemania y sus bancos? Los países pobres y compradores son la otra cara de los ricos y exportadores. Hace falta lo uno para que exista lo otro. ¿Que ello no exime de culpa a gobernantes y particulares por embarcarse en una política de endeudamiento público y privado como el español? Desde luego que no. Pero el maniqueísmo y las verdades absolutas, para los mítines y las tabernas.

El euro tiene un futuro más que comprometido, y su actual realidad dista mucho de parecerse a lo que Robert Mundell denominó “área monetaria óptima”, entre otras cosas por la diversidad en la política fiscal de sus miembros. El euro, tras una década en la que navegó con el viento mayormente de popa, se encuentra instalado en la adversidad, ante el dilema de ser o no ser. O ser de otra manera. E incluso ser de más de una manera; que exista más de un euro. El visionario Nouriel Roubini ha dicho esta semana que no sólo Grecia es insolvente, sino que también lo son Portugal e Irlanda. El apodado Doctor Catástrofe hila fino: “Hay un 30% de probabilidades de que Grecia y Portugal salgan de la zona euro”. Presa del vedettismo y el alto caché, lo dijo en Alemania, ante los asentimientos generalizados de los algo ensobebercidos primos de zumosol comunitarios, a quienes no cabe duda de que los mediterráneos y los irlandeses -como mínimo- “vivimos de ellos” (obviemos paralelismos hispánicos). Puede que el euro haya sido flor de una década. En cualquier caso, el euro de nuestros hijos no será éste.

È un mondo difficile…

Tacho Rufino | 11 de julio de 2011 a las 13:10

En el año 1992, la lira tuvo que salir del embrión del euro llamado SME (Sistema Monetario Europeo), e inmediatamente fue severamente devaluada. Previamente, Italia, asfixiada por una gran deuda pública, fue machacada por la especulación. Lo que le está sucediendo ahora al país transalpino se parece bastante a aquel panorama, pero no es lo mismo. La lira no existe, y por tanto no puede ser devaluada. Lo que se va a devaluar seriamente es la estabilidad económica y financiera de Italia. Y posiblemente la calidad de vida media de sus habitantes… si no lo remedian sus tumultuosas y ortopédicas instituciones. Y algunas de ellas están en ello.

La gran diferencia de aquel entonces con este ahora es que el euro ha ido maquillando y difiriendo la toma de conciencia de la complicada situación italiana (algo similar cabe decir sobre la crisis de deuda española, larvada durante años de exuberancia crediticia). Su deuda sigue creciendo, y –no menos importante para excitar los ataques de los leones a los ñúes que muestran síntomas de debilidad– la crisis institucional es más que seria. Berlusconi está acabado, y el equilibrio de alianzas que lo mantiene en el poder se ha deshecho. Aunque el delito está prescrito, ha sido condenado por lo que todo el mundo sabía pero il Cavaliere consiguió parar hasta ahora, evitando su debacle y la cárcel: su imperio mediático está cimentado en la corrupción. En concreto, en la compra de una sentencia pagada a un juez por 400 millones de aquellas liras (menos unos 200.000 euros, calculo, si actualizamos los valores a día de hoy). Italia no tiene perspectivas de crecer, ni de crear empleo, sino al contrario. Su señera y poderosa industria del norte y su gran capacidad exportadora no lo son todo.

El precio de ahuyentar a los especuladores de Italia es de 40.000 millones de euros, la cifra en que se valora su reequilibrio presupuestario en el plazo de tres años; su déficit publico, en definitiva. Para ello, como le ha sucedido a España, debe contener los gastos y/o aumentar los ingresos de los presupuestos públicos. Nunca en la historia de Italia se había ideado y aprobado en el Parlamento en una sola semana un proyecto de consolidación fiscal –ni de nada, realmente–. Ha ocurrido ahora: miracoloso (ver video para reír). Si cierto es que la sincopada y lenta solución –o patada a seguir— de la bancarrota griega ha acelerado las dudas sobre Italia –sobre su liquidez y su solvencia– y ha estimulado los jugos gástricos de las fieras financieras globales, también es cierto que la situación italiana debe meterse en cintura. Italia no es un país pequeño como Irlanda, Grecia o Portugal: su capacidad de originar daños colaterales en su desplome en muchísimo mayor. Bofetada tras bofetada, el euro tal como está compuesto, compartido y concebido a día de hoy tiene menos futuro que Berlusconi como primer ministro italiano. El inefable papi Silvio estorba tanto a su país como Zapatero al nuestro, e incluso más. Si Berlusconi se largara, los ataques se calmarían y la prima de riesgo se reduciría enormemente, según opinan sus detractores. Un consuelo: el asedio podría trasladarse un poco al Este y un poco al Norte. Desde España a Italia. De momento, no es así.

Como decía Tonino Carotone, español que tuvo gran éxito en Italia, “è un mondo difficile”…

Juncker: Grecia entrega su soberanía

Tacho Rufino | 3 de julio de 2011 a las 21:44

Mientras cualquier fórmula de multilaterialidad exige dar y tomar, cuando la reciprocidad y el intercambio se convierten en una unión económica, el embarque compromete a mayores niveles de interdependencia y por tanto, a prescindir de cosas (moneda propia y ejercicio de la política monetaria; legislación exclusivamente propia) para conseguir otras (la contrapartida de las anteriores: estabilidad monetaria, seguridad cambiaria y jurídica, mayores niveles de desarrollo social mediante leyes comunes, por ejemplo medioambientales).La UniónEuropea es un caso de multilateralidad comercial y política que, con la entrada del euro, supuso una verdadera unión económica, con su primus inter pares, Alemania, y sus vagones de cola, como Grecia, aunque no sólo Grecia. Grecia sufre ahora en sus carnes la cara oscura del compromiso y la interdependencia, el reverso de la moneda (nunca mejor dicho). Grecia se ve atrapada por sus ineficiencias, sus sinsentidos públicos y hasta sus mentiras estadísticas… pero también por el retorno de la singladura en popada que supuso su entrada en el euro y la recepción de enormes cantidades de fondos europeos y bancarios que financiaron un edificio sin cimientos.

Ayer, el jefe del Eurogrupo, el belga Jean-Claude Juncker, expresó con toda crudeza lo que les espera a los griegos: reformas fiscales radicales (pagar impuestos es la excepción a día de hoy, hay prebendas descabelladas en el sector público) y privatizaciones de todo aquello que tenga valor o cueste demasiado a las arcas públicas. Juncker habla de “correción total” de su forma de hacer política económica, y de “masiva perdida de soberanía” del país heleno: la UniónEuropea achicando aguas, sí, pero también el FMI y sobre todo los bancos y el miedo y el chantaje que inoculan éstos a las relaciones económicas en tiempos de crisis son los nuevos soberanos. Polvo, sudor y hierro. Y sin cabalgar. ¿O se puede cabalgar hacia atrás?

‘Zobra’ el griego, o urge su catarsis

Tacho Rufino | 26 de abril de 2010 a las 17:16

 moneda euro-Grecia

(Foto: Un euro griego)

DE nada ha servido a Grecia contar con un primer ministro, Yorgos Papandreu, con un excelente bagaje técnico y diplomático, el tercer eslabón de una familia de primeros ministros con exquisita formación. Su padre Andreas, exiliado, estudió Filosofía y Economía en Harvard, universidad en la que fue profesor antes de conseguir sendas cátedras de Economía en Minnesota y en UCLA. Su abuelo Giorgios, nacido en el XIX, es la piedra de toque de una exquisita saga de socialistas moderados. A pesar de contar con un político de raza y prestigio al frente de su Gobierno, el país ha entrado en una fase de descomposición de consecuencias incalculables, para Grecia y para la Europa comunitaria. Permitan que recuerde aquel chascarrillo: se abre el telón, y se ve a una pareja pelando la pava denodadamente, mientras un discóbolo posa tras ellos. Se cierra el telón. ¿Cómo se llama la película?: ‘Zobra’ el griego. Puede que en Fráncfort se estén planteando que sí, que sobra Zorba. Si deja de pagar sus deudas, deberá abandonar el euro.

Ayer viernes, todas las portadas de los principales periódicos occidentales -compartiendo primera plana con un Obama en Wall Street que no ceja en su compromiso de domeñar el salvajismo financiero- dedicaban espacios preeminentes a la “agonía” o a la “sentencia” de Grecia por parte de los inversores, a la inminente “quiebra” griega y , por supuesto, a la “tragedia”, vocablo tan griego como crisis o caos… y catarsis . Nadie, sin embargo, mencionaba en la primera plana que la expulsión del euro del país helénico es la consecuencia natural de sus elevadísimas deudas pública y exterior, de sus insostenibles déficits fiscal y por cuenta corriente, de la falta de reacción de las inversión internacional al apoyo del FMI, de la rebaja de su calificación de riesgo por parte de las agencias de ráting, de sus maquilajes estadísticos a la postre descubiertos, de, en fin, su incapacidad de exportar bienes que son caros por su exceso de mano de obra incorporada, también sobrevalorada salarialmente. Una economía en fuera de juego competitivo, castigada por sus vicios y la emergencia de China y otros países.

Una economía anémica, carente no sólo de glóbulos rojos suficientes para competir, sino empeñada hasta las cejas. Y, ahora, totalmente descontada por los inversores y ahorradores, que están llevándose el dinero a otros territorios, vendiendo masivamente una deuda pública griega que, aunque pague más interés que nadie, nadie quiere. Nadie se fía. Sin dinero corriente, no hay movimiento económico. Un problema de liquidez gravísimo, el griego, que pudiera ser consecuencia de una insolvencia fatal. Lo primero es gestionable con ayudas y apoyos externos transitorios; lo segundo es la muerte. A Grecia, muy probablemente, no le queda sino adelgazar a lo bestia, sufrir un bajonazo drástico de su nivel de vida. (En el momento en que esto se escribe, la agencia Efe difunde el anuncio de Yorgos Papandreu: “Grecia se rinde al mercado y solicita la activación del plan de rescate”.)

Es inevitable en este punto volver a preguntarse en cuántas cosas nos parecemos a Grecia. No tenemos su desaforado déficit público, ni mucho menos su deuda pública, que en España arroja mejores niveles que la media de la eurozona. España cuenta con grandes empresas multinacionales (financieras, energéticas, tecnológicas, constructoras) que Grecia no tiene en medida comparable. España no miente en sus estadísticas públicas y aguanta el tirón de los demiurgos del rating, cuyas calificaciones inducen la circulación del ahorro y la inversión. Pero España está expuesta al contagio, porque se nos identifica con Grecia merced, en buena parte, al acrónimo PIGS, y también por causas objetivas: nuestra debilidad competitiva, nuestros productos relativamente caros y nuestro crecimiento no ya anémico, sino adobado con un creciente paro crónico. Urge adelantarse a la jugada y seguir abundando en las reformas y los recortes públicos. A los griegos sólo les queda resurgir de sus cenizas, como su Ave Fénix. La catarsis griega: purificación ritual, y vuelta a la vida.

¿Cuánto es eso en dinero de verdad?

Tacho Rufino | 19 de abril de 2010 a las 8:06

bombines
PIDO por email a Caitlín, irlandesa de Belfast y profesora de Filología en el sur de España, que me haga algunos comentarios sobre el amor de los británicos a la libra, y su correlativo rechazo del euro. Transcribo sus letras: “El típico englishman [aunque les duela, los británicos no consiguen que el resto del mundo deje de llamarles ingleses, sin más] considera al euro como una verdadera amenaza para su cultura y su identidad. Desprecia todo lo que sienta que no puede controlar y que no haya inventado o creado. He escuchado con frecuencia a ingleses que, al decirle alguien un precio en euros, replicaban: “¿Cuánto es eso en dinero de verdad (en libras, claro)?”. Los euroescépticos, en su mayoría tories (conservadores), con el periódico The Sun de aliado, han espoleado a todo un país en verdadero declive a rechazar todo lo europeo, e intentan en la actual campaña electoral recuperar el orgullo británico, criticando el euro, y asustando a la gente con la amenaza de salarios más bajos y menor calidad de vida que se derivan de cualquier mayor contacto con Europa…” ¿Recuerdan la canción de Sting?: “No bebo café, tomo té, my dear (…) soy un alien, soy un extranjero legal, soy un englishman en Bruselas” (Nueva York en la original). La prensa británica constata la fotografía de Caitlín

En 2003, BBC News (“Should Britain join the euro?“) hablaba de un Tony Blair todavía no masacrado por su fidelidad a un Bush de oscuras motivaciones, que consideraba la posibilidad de entrar en el euro y participar en Europa como uno más (de los tres fuertes, claro está). Es muy sorprendente ver cómo hay muchos comentarios en la noticia –la mayoría– de nativos que consideran tal posibilidad como inevitable y conveniente para el Reino Unido, y lo antes posible. Cómo han cambiado las tornas.

El pasado martes, Euboserver.com muestra un panorama radicalmente distinto. David Cameron, el líder conservador que aspira a sustituir en Downing Street a Gordon Brown, afirmaba el otro día en un debate electoral televisado (el primero de la historia política del país, en el que, por cierto ganó un tercero, el muy guapito y liberal Nick Clegg) que “nunca” entrarían en el euro. Es más, Cameron promete una enmienda legal que prohibiría tal anatema monetario. No quedó ahí la cosa. Al Tratado de Lisboa –que eliminó la mayoría de los vetos nacionales a las medidas comunitarias– lo llamó “episodio vergonzoso”. También echó pestes del proyecto de establecer un fiscal con potestad comunitaria. Llegó, finalmente, a reclamar la recuperación de ciertas prerrogativas gubernativas sociales y laborales que habían volado a Bruselas. De vuelta al “Espléndido Aislamiento” de la política exterior de Disraeli… más de un siglo después.

 

(Ilustración: foto Dailymail, Hackett, Zegna)

Lo que vale un euro español

Tacho Rufino | 17 de diciembre de 2007 a las 21:02

El azar y la incontinencia del discurso político han querido brindarme la oportunidad de hacer debutar este blog con algo tan jugoso como las inefables declaraciones de nuestro ministro de Economía. El prestigioso Solbes se ha sobrado, y nos ha sorprendido a todos transformando su papel habitual de sensato papá pitufo en el de lenguaraz analista económico de barra: los españoles no saben lo que vale un euro.

A estas alturas, el ministro con aire de cura engolado debe de estar maldiciendo la hora del sábado en que afirmó que la espiral inflacionaria española tiene que ver con nuestra ignorancia monetaria, y también con que somos tan rumbosos que damos un euro entero de propina al tomar café.

De entrada, más de una quinta parte de los españoles han empezado a tener dinero en el bolsillo con la llegada del euro, y las pesetas le suenan menos que a la generación peseta le sonaban los reales o los duros de sus mayores. En la parte alta de nuestra pirámide-botijo poblacional –los mayores de 65– las estrecheces abundan, y los euros que reciben de pensión son tan escasos que conocen su valor a la perfección. Entre ambos segmentos tenemos a más de la mitad de los españoles, que también sabe lo que vale un euro: con las cosas de comer no se juega.¿Lo peor de la boutade ministerial?: más allá de la trivialidad, repelen la autocomplacencia, la levitación sobre la realidad y la cortina de humo que, sin éxito, pretendía poner sobre la responsabilidad que, en una parte apreciable, tiene el Gobierno en nuestra estabilidad monetaria.

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