Tacho Rufino | 27 de diciembre de 2011 a las 14:50
Éste y los que vienen no son buenos días para hacerse un análisis de sangre, pero sí son días de análisis retrospectivos del año, porque es lo que toca. Del año económico y social español. Ácidos que crean punzantes cristalitos en la punta de los dedos, grasas que espesan la sangre, alcoholes que suben la tensión, humos que duelen en el occipucio (acudir a la RAE, no confundirse) al día siguiente, mezclas imposibles que al ser ingeridas llevan para tus adentros una promesa de indigestión y diarrea. Hace poco me reprochaba un anónimo pero no faltón asiduo a este blog que yo venía abusando de las metáforas, y que por ese camino podría llegar a acabar escribiendo como lo haría un profundo jefe sioux en el día que elige para morir. E incluso como quien escribió el Corán o los textos védicos: una sucesión de lucidos tropos simbólicos para ser consumidos con el corazón predispuesto a la elipsis, al rodeo y al estilo indirecto. Exceso, indigestión, colapso, diarrea, rehabilitación: la metamorfosis de la crisis. También hay quien sabe que, para llevar adelante su política de recortes, lo que nos queda de momento es ir para atrás: adelgazar la riqueza nacional (permitan la simplificación los técnicos más ortodoxos), y aumentar paralelamente la cifra del paro, esto último sin querer y a modo de natural consecuencia. Si no se crece al menos un dos o un tres por ciento, y dada nuestra estructura de costes y de producción, no se creará empleo neto. Sino lo contrario. ¿Que usted se tomó dos docenas de seres cocidos –entre cefalópodos y crustáceos– a los que no está acostumbrado? ¿Que trasegó una mezcla de vinos y licores de colores y olores imposibles, hasta llegar a cantar por Farina y Abba sin solución de continuidad? ¿Que besó a su suegra con amor inusitado e incluso entre lágrimas? ¿Que los últimos trozos de turrón los comió con una mezcla de gula y de asco, pero para adentro que fueron? ¿Que no recuerda bien por qué tiene un premolar desconchado, pero la mera visión de un plato de peladillas a la mañana siguiente le puso el pelo de pollo? Pues ahora, a atravesar su pequeño desierto psico-físico. En cualquier caso, nada que ver con la perspectiva económica y social que trae el niño 2012 debajo del brazo. Un pan… y agua.
Ayer el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, nos advertía ante un muy solemne –y también simbólico, él no es de prodigarse por cualquiera– José María Aznar: de momento, y hasta nueva orden (“dos trimestres”, dijo con imprecisión muy intencionada), aquí, de crecer, poquito. O menos que nada. La bola de cristal de Guindos tiene muchas prestigiosas bases de datos, y tampoco hace falta ser un Nostradamus para decir que de momento no levantaremos cabeza, sobre todo si vamos por así decirlo a acometer una dieta de pan y agua. Todavía no hay un sólo titular en google ni mozilla que juegue con el ministro y la frasecita popular de caerse de un guindo, pero él sí nos pide sin hacer sangre aún que nos vayamos haciendo a la idea, que bajemos de la nube, si alguien quedá allí: recesión, aunque sin mencionar el término. Recordemos que la recesión se entiende por dos trimestres de crecimiento negativo del Producto Interior Bruto, es decir, ir para atrás y crear menos producción de bienes y servicios agregada que el trimestre anterior. Es como decir que uno va a a ostentar en breve la propiedad de un coche de color ausencia de color, o que se va a comer un entrepán de carne de cerdo sazonada y entripada, en vez de comprarse un coche negro y comerse un bocadillo de chorizo. Die la verdad, pero no dice la palabra fatídica. Recesión suena a nombre de patrona local a la que se visita en romería y por la que las inocentes lugareñas llevan el apodo de Resi. Recesión es la prima hermana de la Tasa de Crecimiento Negativo (expresión eufemística donde las haya) y de su tocaya Tasa de Desempleo. Recesión nos asegura Guindos en su primera comparecencia. Me pregunto cómo serán la Navidad del año próximo y sus declaraciones institucionales. 2011 iba a ser el año de la recuperación (o recuperacioncita, al menos), y nada de nada. Demos un voto de confianza a nuestros gobernantes, votados tan mayoritariamente. No nos queda otra, aparte de trabajar mejor y asomarnos de vez en cuando a las ventanitas privadas que muestran un panorama más bello. Que ustedes lo toreen bien.