Fiscalidad creativa: cómo subir los impuestos
Usted es un diligente padre de familia. Usted, supongamos, es un pater familias responsable, ya sea hombre o mujer: el término es un cliché -que no tendría ya cabida en un mitin al uso, almibarado y recargado por el lenguaje no sexista y políticamente correcto- para referirse a alguien que cuida de sus bienes y su hacienda. En ese caso, deberá proveer los ingresos suficientes para compensar sus gastos e inversiones normales. Quizá decida endeudarse puntualmente, con el propósito de incrementar o mantener su patrimonio y el de quienes de usted dependen. Un/Una buen/buena padre/madre de familia no debería pedir dinero a crédito para gastos suntuarios, es decir, para aquellas salidas de dinero que no son necesarias para la explotación (familiar o empresarial). Si sus ingresos menguan y no dan para cubrir sus costes fijos o variables, no queda más remedio que buscar nuevos ingresos. Alternativamente, reducir sus gastos o diferir su deuda. O una combinación de esas posibilidades. Los gobernantes de los países se encuentran ante una tesitura similar en los días que corren.
Los estados han encarado la crisis con operaciones de rescate, con inyecciones de liquidez con dinero público presente o futuro (es decir, endeudándose), con aumento del gasto estatal en carreteras y otras infraestructuras, incluidas aceras o zanjas, y otras medidas interventoras más o menos eficaces y reflexivas. Estos costes y salidas de dinero, unidos a los costes por el aumento brutal de los desempleados -particularmente doloroso en el caso español- han eliminado de un plumazo el superávit de los presupuestos públicos. Y no queda más remedio que hacer dinero para aguantar como sea la quema, para llevar pan a casa, para pagar la luz y el colegio.
A nivel macro, a los gobiernos no les queda otra que subir los impuestos para poder pagar subidios, infraestructuras, educación, sanidad, justicia o defensa públicas, y tantos otros rubros del presupuesto del Estado. Obama va a establecer un impuesto sobre el uso del móvil en las empresas, porque su déficit fiscal se prevé en nada menos que el 28 por ciento del PIB para finales de este año. Se trata de una nueva tendencia de gestión pública, que bien podría llamarse Fiscalidad Creativa. Volviendo a Obama, se supone que las llamadas son un beneficio, o como mínimo una transacción gravable, lo que ya es suponer. En España -una vez concluidas las elecciones europeas, claro- se decide subir el tabaco y la gasolina. Eso de momento. El gran pelotazo es la temida subida del tipo de IVA. Eso supondría un encarecimiento de la inmensa mayoría de los bienes y servicios, al final siempre pagados por un consumidor con un bolsillo cada vez más menguante. Es realmente una solución arriesgada. Quizá angustiada. ¿Tenemos muchas otras soluciones que aumentar la presión fiscal? No es esa la cuestión, sino más bien lo es cuáles van a ser los hombros que soporten la subida de impuestos directos e indirectos. Salgado y su secretario Ocaña han ideado una estrategia de muy buena venta popular: gravar los blindajes de ciertos ejecutivos, que hacen de su capa un sayo con planes de salida y de pensiones que pagan sus empresas de espaldas a los accionistas menos poderosos (los más poderosos pueden estar en el ajo en muchos casos). Difícil de implantar, pero muy lucida de cara a la opinión pública de tropa (ver una entrada en este blog relacionada con este asunto).
Los impuestos van a seguir subiendo. La opción contraria de reducirlos y así dejar más dinero en manos del público, relajando la presión fiscal, no parece que se vaya a imponer a la crudeza e inmediatez de la opción alternativa: subir los impuestos, apagar el fuego presupuestario.



