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Hasta el fondo

Tacho Rufino | 10 de junio de 2013 a las 21:55

EL Fondo Monetario Internacional es un organismo planetario que, dicho en corto, tiene como objetivo que los intercambios comerciales sean fecundos y estables, pero también tiene como fin fundacional “hacer retroceder la pobreza”. No está claro que esto último sea muy prioritario a tenor de algunos resultados de sus intervenciones. Esta semana hemos asistido a algo insólito: el Fondo ha entonado el mea culpa por su acción coordinada con la Comisión Europea y el BCE en Grecia: “No previmos los efectos devastadores de nuestra intervención y las medidas impuestas a cambio del rescate a Grecia”, han venido a decir en un informe. ¿En qué pensaron, entonces?, se pregunta uno. El FMI ha hecho examen de conciencia y se ha dolido de sus pecados, concedamos que ha hecho propósito de la enmienda y que ha contado sus pecados a un confesor, la opinión pública. El último requisito de la buena confesión -cumplir la penitencia- no ha sido satisfecho. A modo de penitencia, una buena compensación económica al pueblo griego no estaría nada mal, y no se me rían. Que los gobernantes y no pocos habitantes de Grecia hayan gestionado mal y pirateado mucho a costa del erario público parece un hecho incontrovertible. Pero esto no quita que el castigo haya sido desproporcionado y sus consecuencias, perversas.

Como un hombre que se entera de que su amante ha confesado la infidelidad a su marido sin consultarle a él, la Comisión Europea se ha apresurado a declarar que ve “erróneas e infundadas” las críticas del FMI. Suaviza su sorpresa y rechazo con un pañito caliente, con una coartadilla: “Este es un proceso de aprendizaje. Por supuesto, a posteriori, con la experiencia de tres años y medio, podemos volver atrás y examinar qué podría haberse hecho de forma distinta en un mundo ideal”. Alivia que la troika no sea tan rocosa y monocorde, reconforta la disidencia, aunque provenga de una institución cuyas erráticas previsiones económicas transpiren ideología y tengan una alta capacidad de hacer daño a las personas. Ahora, el Fondo reconoce sutilmente haber metido la pata hasta el fondo con Grecia! aunque centra su error en el incremento de impuestos a que forzaron a los griegos.  Y de paso, una entidad de alma yanqui le da una patada en la espinilla al germanismo que tanta caña da afuera, pero que se pone manirroto como cualquiera cuando llegan las elecciones nacionales. Lo mismo que a Grecia hubiera sucedido con España: una condena a ser un satélite pobretón. De repente, un aliado. Y uno muy sorprendente. Bienvenida la autocrítica, por mucho que las advertencias sobre los excesos en el calibre y el ritmo de los recortes fueron muchas. Es una buena noticia, en el fondo.

¿Para cuándo el acabose?

Tacho Rufino | 26 de diciembre de 2012 a las 14:15

(Publicado en papel en los periódicos de Grupo Joly el domingo pasado, en la nueva sección dominical de un servidor, bautizada como ‘Gafas de cerca’, espacio que he tenido la amarga fortuna de ocupar en sustitución de Ignacio Martínez)

LO difícil es bajar, más que subir: ver menguar el bolsillo, adelgazar, reciclarse. Bajando por la empinadísima escalinata del Gran Jaguar de las ruinas maya de Tikal, sin asidero alguno, rodeado de gente en su mayor parte presa también de un banal pánico de turista y con el precipicio de aristas de piedra por delante, uno -que además padece de cierto vértigo- se pregunta simultáneamente dos cosas: ¿para qué puñetas he subido yo aquí? Y, ¿me habrá llegado el momento, tan tontamente, y caeré rebotando por los escalones, como las cabezas de los sacrificados en la horrible Apocalypto de Mel Gibson? Hasta antes de ayer los mayas han estado de rabiosa actualidad, y por eso recordé el mal rato que pasé en aquella pirámide que se alza, sin motivo aparente, en medio de la jungla. Una pirámide que bien pudiera ser un símbolo de las atalayas técnicas desde las que los economistas, los centros de investigación y los llamados think tank hacen sus previsiones: desbrozando la realidad desde arriba, desde la sapiencia y la fina modelización prospectiva. Igual que las cifras presupuestadas de déficit público, las previsiones sobre cuándo se va a terminar la Gran Recesión -el otro Acabose, más corpóreo que el maya- son de origen variopinto, y dispersas en el espacio y el tiempo. Cambian de un día para otro; cada uno tiene la suya. Escopetas de feria de alto ringorrango.

Lo malo de las predicciones no es que fallen, sino que, como diría un perito muy enterado, “orientan las políticas”, o sea, animan a bajarle a usted el salario, a mandarlo al paro o a quitarle el subsidio; mueven a recortar servicios públicos, a traspasar al sector privado rentas y patrimonio públicos, a reformar sectores enteros, a subir más los impuestos a la minoría pagadora de siempre, a cualquier cosa. Repasemos las últimas predicciones, de mayor a menor optimismo. El Gobierno prevé que España volverá a crear empleo el año que viene. Refugiados en el providencialismo, como algún ministro, roguemos: Dios oiga al Gobierno. La CEOE, tan ajada, dice que no, que como muy pronto crearemos empleo en 2014, y afinan más: empleo neto, lo que se dice neto, hasta 2015, nada. Standard&Poor’s, esos amigotes fieles, no tiene pelos en la lengua: España no creará empleo hasta 2016. El prestigioso Juan Iranzo, del Instituto de Estudios Económicos, dice en el Club Financiero Génova que habrá que esperar a 2017 para que se contrate más de lo que se despide. Por su parte, el FMI dice que va a ser para 2018. Ante este panorama desquiciante, ¿no va a ser normal que la gente abrace el esoterismo, el simbolismo, la espiritualidad despavorida, y confiese que los mayas, la abejita Maya o los hermanos Amaya vienen a verle por la noche y les descubren una nueva dimensión, dándoles tanta paz? Es normal, hombre.

La esperanza en la recesión alemana

Tacho Rufino | 25 de agosto de 2012 a las 19:43

SI le dieran a elegir, ¿qué preferiría usted, ser rescatado o ser intervenido? El rescate es sin duda más romántico y estimulante, es redentor: a quién no le gusta ser liberado y poder respirar al fin, aunque sea por poco tiempo. La intervención, por su parte, es el duro que no se da a cuatro pesetas, es el precio a pagar por el rescate, de cualquier tipo de rescate: amoroso, bélico o financiero. Tras el rescate viene la intervención: eres mío y para mí; tus territorios son nuestros territorios ya; deberás hacer la política económica que yo te diga. La “condicionalidad macroeconómica”, que le hemos dado en llamar, o sea: recorta gastos, olvídate de las inversiones, reduce lo público sin pausa, eleva impuestos, reforma el sistema financiero ese tan peligroso que tienes, reorganiza el poliedro territorial y competencial ese tan sui géneris tuyo. Son precisamente estas dos últimas condicionalidades -el sistema financiero y el Estado autonómico en su versión actual- las nuevas urgencias de la santísima troika, una y trina. Es comprensible: nuestra rutilante banca -véase, mayormente, cajas- era un bluff, y el déficit autonómico es en su conjunto grande, resistente y difícil de coordinar: Guindos negocia fuera de España, y le toca a Montoro negociar dentro. ¿Qué papel preferiría usted? ¿O prefiere muerte, como el del chiste? A este respecto, por cierto, el sector erre-que-erre de la opinión económica sigue reclamando nuevas y siempre urgentes medidas de ajuste, hoy otras nuevas y distintas de las de ayer, a pesar de que las de ayer no han hecho de momento más que daño a la economía y las personas. Cuánto dolor es necesario infligir a cambio de un mejor e indefinido futuro es el gran sofisma español contemporáneo.


El rescate de España es un hecho; la intervención, también. Le llamamos ayuda, rescate parcial, financiero o suave; decimos supervisión en vez de intervención. Pero la realidad es que España hace tiempo que es cualquier cosa menos soberana en política económica. De tal forma que cuando el presidente dice este verano que “lo último que tocaría son las pensiones”, hay que contar con la reducción de éstas en el plazo de un año al máximo. Más tarde es demasiado tarde para la troika, y demasiado cerca de las próximas elecciones para el partido en el Gobierno. La llave y el grifo son, de fachada, cosa del BCE, que es una institución técnica, fría y liderada por un tecnócrata implacable, sabedor de cuál es su jerarquía hacia arriba y hacia abajo, un Mario Draghi nada de fiar desde una perspectiva española (el verdadero halcón de la austeridad en la sombra, firme partidario de que España pida ser rescatada e intervenida al estilo griego, irlandés y portugués, y contrario a la compra de deuda por parte del BCE como recurso ante el castigo inversor a España; el adalid del pánico alemán a la inflación es el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann: él es más poderoso que Draghi en este contexto). Si es el FEEF quien aflojará la mosca, si lo hará su sucesor el MEDE, si el BCE compra deuda española “sin límite” mientras que estos fondos de rescate -lo que son-se aprueban y los próximos rescates españoles -que lo son- son aprobados parlamentariamente en Alemania, son distintos cómos de un qué esencial: sólo cabe apretar los dientes mientras estemos en el euro. ¿O alguien tiene alguna alternativa? No es muy alentador, pero la única tabla de salvación para la degradación socioeconómica española es que Alemania entre en recesión, y el miedo a la inflación se vea superado por la necesidad de mantener la política monetaria de bajísimos tipos y, como piden cada vez más voces, una política fiscal expansiva comunitaria. Un frío que duela a Alemania, como el del invierno ruso en la Segunda Guerra Mundial. Y disculpen el símil.

Y no salgan hasta que tengan la solución

Tacho Rufino | 11 de junio de 2012 a las 14:15

Nota del bloguero. Este artículo se escribió el viernes, y a pesar de que ha pasado lo que ha pasado al día siguiente, no ha perdido vigencia, creo yo.

CHRISTINE Lagarde es una mujer muy poderosa, quizá la mujer más poderosa del planeta con permiso de Hillary Clinton y Angela Merkel. La francesa es una señora de natural estiloso y atractivo de segunda lectura, y conoce bien el paño comunitario: antes de ser directora del Fondo Monetario Internacional (el organismo internacional que ejerce de bombero monetario y financiero), fue ministra de Economía de su país, con gran peso relativo en el sanedrín económico de la Unión Europea, el Ecofín. Por eso, porque sabe bien la esclerótica jaula de grillos que puede llegar a ser la UE, Lagarde ha dicho esta semana que “encerraría a los líderes europeos en una habitación hasta que salieran con un plan” para atajar la hemorragia económica -hemorragia según para quién-, política y de credibilidad que amenaza con hacer volar por los aires el euro y todo lo que en esa moneda se pretendía condensar. Encerrados, a vuestros pupitres sin moveros, a pensar hasta que entréis en razón. Un reality show con su desorden y sus chanclas, sus barbas incipientes, sus broncas y su tigre olfativo. Una versión negociadora de El ángel exterminador, la película de Buñuel en la que un grupo de adinerados, tras una cena, no pueden salir de la habitación en que están, sin motivo ni nada que se lo impida. Como náufragos en una balsa o tripulantes de un globo que pierde cota, que por cierto son tópicos habituales de técnicas de negociación en las escuelas de negocio.

Sucede que, mientras que los burgueses de Buñuel no sabían los porqués ni las posibles soluciones a su absurdo encierro, las personas que Lagarde encerraría saben lo que quieren y -quizá mejor- lo que no quieren. El problema es que las visiones de los negociadores son esencialmente distintas, y las vías de acción, contradictorias entre sí. Alemania quiere el rescate para España, el rescate y la intervención como Estado, porque es la forma más directa de gobernar España desde Berlín, con su firme fe en el equilibrio presupuestario. Una garantía de marasmo económico para años, con supuestos efectos benéficos a medio plazo. Merkel abomina de una deuda pública mutualizada o de garantía recíproca comunitaria, los eurobonos, y más aun repele esta idea -que salvaría de la asfixia a España- a los propios ciudadanos alemanes, que creen que tal recurso equivaldría a avalar a los derrochadores, empezando por usted y por mí. En el lado contrario, abrumados por los problemas que no paran de crecer, están Rajoy y su equipo. El rescate total vacía de legitimidad y utilidad a las urnas: es la entrega definitiva de la cuchara. Rajoy sobraría, asumiría el poder un Mario Monti de aquí, un cipayo técnico (por cierto, los mercados y Alemania hacen ahora muchas palmas a Monti e Italia, sin verdaderos motivos para, por contra, castigar tanto a España por activa y pasiva… ¿por qué será?).

El rescate solamente financiero, mediante la capitalización de las entidades españolas tocadas de muerte, sea vía FROB o no, asumiendo el salvador comunitario la propiedad de esos bancos en función del tamaño del flotador que lance, no sólo evita el rescate e intervención exterior, sino que encomienda la cirugía drástica de nuestro sistema financiero a Europa: mucho mejor para nosotros, no digamos para Rajoy. Pero volviendo a los intereses cruzados y conflictivos entre aquellos a los que Lagarde encerraría, no hay que olvidar que Alemania está cogiendo un músculo descomunal y una liquidez galáctica en esta crisis. El ministro de Economía francés recién llegado y el propio Juncker nos dan esperanza y cremita: “Si la banca española necesita dinero, lo tendrá”. Que los encierren a ellos también en el cuarto de Lagarde, por favor.

(Aterriza en la pantalla la portada de The Economist, siempre irónica y sugerente: de un barco de nombre “Economía mundial”, ya hundido muy por debajo de la superficie, sale una voz: “¿Por favor, podemos arrancar ya los motores, Sra. Merkel?” Siquiera intentarlo, María de los Ángeles…)

Veinticinco horas con Mario

Tacho Rufino | 8 de mayo de 2012 a las 11:58

(Publicado en Joly el sábado 5/5/2012)

 

TIENE un aire a Peter Sellers, pero su nariz aguileña canta su etnia italiana judía, y queda descartado que sea un patoso capaz de dinamitar un guateque como Sellers haciendo el indio –en todos los sentidos– en aquella memorable película. Lo suyo no es dinamitar, o al menos no directamente. Como su propio apellido indica, Mario es un dragón, un dragón tecnócrata y con buen aliento; aunque potencialmente letal, él es fino y cortesano, sin duda demasiado listo como para defraudar a Alemania. Mario Draghi tiene un cargo esencial en el grupo de poder que lleva a España como meretriz por rastrojo. El Banco Central Europeo que dirige es pieza clave del trío que pone los deberes, amenaza o da palmaditas en la espalda a la política de hechos consumados y reformas cada viernes que practica nuestro Gobierno. La forzada extracción de conejos de la chistera -es decir, sin un plan ni programa conocido, e incluso en contra de lo prometido- se impuso a España desde el exterior desde que Angela Merkel, con Nicolas Sarkozy de palmero, llamó a consultas a Zapatero en mayo de 2010. De vuelta a casa –ya sin cuchara, honra ni futuro– el anterior presidente redujo y congeló los salarios de los funcionarios, congeló también las pensiones y eliminó el cheque-bebé, entre otras medidas de una austeridad que ha señoreado como único principio político. Una dinámica insostenible que, eureka, ya se ve como algo que, sin un Plan Marshall redivivo que lo acompañe, nos llevaba a todos al hoyo. Y a España la primera (o la cuarta, según se mire).

Esta semana, Draghi ha estado aquí, presidiendo un consejo de gobierno del Banco Central Europeo en Barcelona. También en España esta semana, el ministro económico alemán, Wolfgang Schaüble, ha estado muy cariñoso y ha bendecido las “valientes” e “impresionantes” andanadas de medidas de Rajoy, las vírgenes que ofrecemos en sacrificio a un Minotauro permanentemente insatisfecho. Aunque en realidad son cuatro sus miembros, la triada funciona grosso modo así: Alemania urge a reducir el gasto público porque su pánico histórico al déficit y a la inflación no le deja pensar más que lineal y monocordemente; el FMI urgiendo también a lo mismo, aunque el Fondo es cada vez menos obcecado, y pronuncia ya sin miedo la palabra crecimiento como necesidad tan grande como la de la austeridad; la tercera pata son los opacos inversores globales, que no por invisibles dejan de ser los más coherentes -y letales- del lobby político-financiero que tiene a España cogida por el arco. Son los que castigan o premian. El BCE es el recurso final para evitar estar absolutamente en manos de los inversores –llamados mercados. El BCE, con Draghi de manijero, es la válvula de escape a las presiones recurrentes sobre nuestra deuda. Pero Draghi nos alivia sólo intermitentemente; ahora sí, ahora no. El BCE, dice solemne cuando conviene, no se dedica a salvar a nadie de las garras de nadie. No vaya a ser que nos relajemos y dejemos de ofrecerle vírgenes al Minotauro en su laberinto. Una conjura tácita en parte, un castigo merecido en parte.

Suponemos que Draghi irá a cenar con frecuencia con su hijo Giaccomo a Londres, donde júnior es máximo ejecutivo de tipos de interés en Morgan Stanley (yo no digo nada). Esta noche de jueves, sin embargo, cena con Manriano Rajoy, alargando una horita las 24 que Draghi ha pasado entre nosotros. Antes, con su ex compañero de Goldman Sachs De Guindos, habrá recordado los tiempos en que enseñaron al Gobierno griego a hacer contabilidad creativa pública. Draghi es un símbolo de los tiempos: un técnico con gran capacidad metamórfica, un ejecutivo multipurpose. ¡Cuidado, Mariano, tú habla poco! ¡En gallego, Mariano!

(Me entero en este momento de que el consejero de Economía andaluz, Recio, ha tuiteado el discurso programático de Griñán a Krugman y a Hollande. Qué contraproducente oportunidad. “Tú eres de los nuestros, Paul, de siempre, y tú más, François!”. No hay manera. Qué nos gusta una pandilla y su rival.)

Devoluciones de Hacienda y amnistía hipotecaria

Tacho Rufino | 11 de abril de 2012 a las 13:11

La web de la Agencia Tributaria se colapsa en el primer día para apuntarse a solicitar los borradores: pura gestión financiera de los particulares, que quieren ser los primeros en recibir la devolución de lo que les ha sido retenido por encima de lo que deben tributar. Nada menos que 25.000 peticiones a primera hora dejaron K.O. al sistema de Hacienda. Desconozco si –como debiera para evitar estas situaciones—da igual ser el primero en pedir el borrador y confirmarlo para ser el primero en recibir los dineros. Igual que en una herencia entre hermanos lo más limpio es crear lotes y sortearlos, y después quienes quieran que negocien, el criterio del orden de llegada para establecer el orden en recibir la devolución o comprar una entrada para un concierto es absurdo. Pero más allá del procedimiento, este colapso informático es otro síntoma de lo caninas e inciertas que son las economías de individuos y familias. (Un dato: lo que Hacienda debe devolver es lo mismo más o menos que lo que, de pronto, el gobierno se propone recortar en Sanidad y Educación en los Presupuestos, unos 10.000 millones.)

Otra noticia sorprendente, también en la portadilla de Economía de los periódicos de Grupo Joly, perfectamente planteada por cierto:

El FMI anima a España perdonar parte de las hipotecas de las familias. El organismo dice que, tras el apoyo a los bancos, es hora de ayudar a los hogares. Señala como ejemplo la amnistía inmobiliaria de Islandia. Esta opción mitigaría el impacto de la morosidad sobre el consumo”.

No es por nada, pero ustedes habrán leído esta posibilidad antes en otros sitios, incluido éste. Hace unos años, decir tal cosa era algo, por así decirlo, de bolcheviques. Pero la lógica de la poderosísima institución que preside Christine Lagarde es aplastante. Está muy bien obligar a los bancos a provisionar los dudosos cobros por hipotecas. Pero, más allá del cataclismo con que se quiere adobar cualquier palo a la banca, esta medida, bien instrumentada, mesurada y planificada, reconciliaría a muchos con el sistema financiero y hasta con su futuro personal y el de su colectivo de referencia (España). Un sistema bancario cuya imagen se deteriora al mismo ritmo que crece el miedo, la radicalidad… y el odio al prestamista.

Hay que llegar al punto G-20

Tacho Rufino | 28 de septiembre de 2011 a las 18:59

Existe un lucido y lúcido modelo que dice que las crisis suelen tener siete fases, como siete cabezas tenía la hidra mitológica… griega. La hidra es buen símbolo del curso de los acontecimientos, porque por cada cabeza que algún héroe (Heracles en el mito; los rescates del FMI, el FEEF o el BCE comprando deuda, en estos tiempos), la hidra regeneraba dos. El modelo que ilustra las fases típicas de toda crisis comienza con una fase de liberalización financiera, es decir y en este caso, de ausencia de controles, desproporción patológica de la economía financiera sobre la real –a quien, en ortodoxia debería servir, y no crecer y multiplicarse independiente y metastásicamente hasta el colapso por entregas, como es el caso del colapso al que asistimos–. Estaremos viendo surgir totalitarismos más o menos modernos y tecnológicos y todavía habrá quien llame liberticidas a quienes recuerden que origen de todos los males está en la orgía financiera que tuvo lugar durante al menos una década antes del estallido de la crisis, y que o se controlan los excesos o los daños son brutales, que ya lo son. Qué sospechoso término, liberticida, que suelen tener en la punta de la lengua los mal llamados liberales obsesionados con el comunismo, en no pocos casos ultras de manual y de reconocido currículo. “¡Oh, libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”, dicen que dijo una heroína de la Revolución Francesa, justo antes de que la turbamulta de ocasión se marcara una pachanguita con su cabeza. De momento, los crímenes son económicos.

Algo hemos avanzado para hacer frente a esta hidra o alien mutante que se transforma y contagia desde lo financiero a lo real, de la crisis de la deuda soberana a la bancaria, del euro a quién sabe dónde y a qué: por fin hemos comprendido que, o se acomete la lucha entre todos, o la cosa sólo hará empeorar para todos. Alemania –que inmolará a Angela Merkel en las elecciones, lo cual la libera para hacer lo mejor para su país: salvar el euro– sabe que quien más tiene es quien más tiene que perder. Europa es su mercado natural y masivo. A corto plazo, el euro débil les conviene para exportar, pero sus mercados principales están tocados, en buena parte por la falta de reflejos comunitaria, que parece estar paliándose. Alemania es clave. Pero hay más. No sólo se requiere la acción coordinada del FMI, el BCE y el Bundesbank en la sombra, la Comisión de un Durao que hoy ha propuesto controlar y gravar las transacciones bancarias (“no todo va a ser recibir dinero de los contribuyentes, ¿no?”, ha venido a decir el viejo zorro portugués), Merkel, Sarkozy y los hermanitos pobres. No; también se requiere, y muy especialmente, la contribución de Estados Undios y la coordinación con Estados Unidos, un país que ya tiene miedo y –algo desmemoriado de su propia y fatal negligencia institucional, el detonante de todo– pide que por favor actuemos con diligencia. También se requiere la contribución de los países emergentes. Cuidado: China debe hacer de locomotora, y esa locomotora puede también gripar por una latente y enorme burbuja inmobiliaria. El planeta es muy chiquitito, y todos deben ser conscientes de que ni Grecia es el cáncer, ni la Unión Europea tampoco, ni Alemania la más noble y honesta pariente protestante que puede hacer y deshacer muy soberbia e indignada, ni Estados Unidos el imperio ya, ni China el nuevo imperio todavía. El G-20 es probablemente el único punto de encuentro. El punto G-20. Un punto de encuentro que hasta ahora ha servido para poco más que hacerse fotos en la que los grandes líderes del mundo parecen una promoción de compañeros de estudios en su 25 aniversario. ¡Encontremos el punto G-20, quizá no haya otra! Y busquemos ser uno de los 20 (que no lo son, que son más de 20).

Un drama de lo más trágico

Tacho Rufino | 21 de septiembre de 2011 a las 11:30

”Poderosa

El drama es una representación de un conflicto que se resuelve mediante el diálogo entre los actores de la situación. Hay dramas cómicos y dramas trágicos. Lo de Grecia y su bancarrota como Estado no tiene nada de comedia. La comedia se desarrolló previamente, y fue puesta en escena por habitantes y dirigentes de un país que era puro teatro, en el mal sentido de la palabra. Una comedia a la postre perversa para ellos mismos, con ingredientes argumentales muy arriesgados: corrupción, prestaciones sociales desquiciadas, evasión fiscal generalizada, derroche presupuestario, fraude estadístico, ruinosa guerra fría con Turquía por Chipre. El drama griego que deviene fatalmente en tragedia se desarrolla en estos días de forma acelerada, al ritmo desbocado en que todo se precipita en los últimos tiempos. Para que la tragedia llegue a ser tal hace falta poner en liza el destino (¿el del euro?), y es necesario que participen los hados, los dioses junto con fuerzas desconocidas e implacables que exigen enormes sacrificios (¿los mercados? ¿La Comisión, el FMI y Merkel?). También hay oráculos, pitonisas y sacerdotes que emiten oscuros presagios y prescriben dolorosos remedios: Roubini, Soros, Almunia, Buffett. Todas las recetas se cierran en dos: o se rescata, se rescata y se vuelve a rescatar a un país en bancarrota de hecho… o se le perdona parte de la deuda y se difiere su devolución. Entre ambas, hay una tercera vía: Atenas debe dejar de pagar –porque no puede ni va a poder pagar todo, y menos en plazo–, y salir del euro. No hay, pues, ninguna solución limpia para todas las partes implicadas. Los bancos y fondos de inversión franceses y alemanes que prestaron mucho dinero demasiado alegremente a Grecia no quieren asumir a su cliente insolvente, y los gobernantes de sus países los han estado protegiendo. El miedo a la caída de la banca lo puede todo.

Los griegos han hecho enormes sacrificios ya, y se acaban de echar otra pesada carga a la mochila con paralizantes medidas de cirugía económica: ayer anunciaron el despido del 30% de los funcionarios. Una versión de Diez Negritos en el Mediterráneo: 150.000 grieguitos. ¿Seré yo, Padre, seré yo? preguntarán mirando al Olimpo todos y cada uno de los funcioanarios griegos que temen estar entre los 150.000 que van a ir a la calle. Europa y el FMI –con la sartén por el mango, la pistola en la mano, el interruptor de la bombona de oxigeno y la cantimplora en el desierto–, siguen apretando y mantienen congelados los 8.000 millones que Grecia necesita, como quien dice, para poder comprar pan hoy y matar el hambre.

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Dos interesantes artículos de hoy sobre el asunto:

Joaquín Aurioles, Grupo Joly: Abandonar el euro

Nouriel Roubini: Grecia debe suspender pagos y salir del euro

Incongruencias e incoherencias a todo nivel

Tacho Rufino | 30 de julio de 2011 a las 22:42

1. El universo macro. La flamante nueva gerente del FMI, Christine Lagarde, conmina a España a dejar de vincular subida salarial al IPC, y empezar a vincularla a la productividad (cómo se mida ésta es otro cantar)… mientras, la madura y glamourosa Lagarde comienza a disfrutar de su cojo-contrato con el gran fondo planetario: ligado al índice de precios del área metropolitana de Washington (sede del FMI). Coherencia y buen ejemplo ante todo. Oui, madame!

2. El microeconómico mundo de las macro-empresas. Banco Santander ha visto caer sus aún pingües beneficios de una forma notable, en buena parte por su estrategia global, dado que un buen bocado de pérdidas viene de su división del Reino Unido, la de Ana Patricia. Sus altos ejecutivos, sin embargo, han visto cómo sus retribuciones, entre fijas y variables, aumentan bastante más de lo que cayeron los beneficios. Abracadabra.

3. El microeconómico aprieto de una empresa local pero universal. El Betis, en situación concursal, tiene serios problemas de tesorería, y su solvencia está en entredicho, de forma que se ve judicialmente abocado a realizar quitas a los acreddores y renegociar los contratos de sus futbolistas a la baja. Los honorarios de sus administradores concursales (cuyo trabajo no carece de exigencia pericial, pero a la postre se realiza de una forma estandarizada con respecto a otros concursos de acreedores), sin embargo, son galácticos, y desproporcionados con los meses de trabajo realizados. El juez dice que no, que cobran lo que tienen que cobrar. Pero, ya se sabe: la justicia no hay que entenderla, hay que mirarla demsiadas veces con los ojos de la fe, como un tour a Jerusalén… o una previsión del FMI, mismamente.

DSK y el chauvinismo

Tacho Rufino | 4 de julio de 2011 a las 21:53

Resulta tan admirable como repelente el chauvinismo, el de cualquier parte. Admirable por su consistencia, su constancia en la fe y el orgullo de lo propio. Y repelente por esos mismos motivos y, a partir de ellos, la carencia de criterio que implica la pasión subjetiva –permitan la redundancia– hacia lo que nace del propio terruño (y, por tanto, el rechazo y desprecio por lo que viene de afuera, particularmente del “afuera” más cercano). No es gratuito que Francia sea el país del que proviene el término chauvinismo: muchos franceses hacen gala de él siempre que pueden.

Por algún motivo que no alcanza uno a discernir del todo, entre España y Francia se da una relación extraña, y me explicaré. Los países sometidos por otros –o más pobres y subdesarrollados que sus vecinos– suelen sentir más odio hacia el rico dominador que al contrario. Por su parte, los más poderosos suelen practicar hacia el pariente pobre el ninguneo o el despreocupado desprecio… sin embargo, cuando el poderoso ve –como decía Sting en “Wrapped around your finger” – que “tu esclavo es tu dueño”, aunque sea puntualmente, la soberbia, la ira y algún otro pecado capital emergen con mal disimulada mala baba. Recientemente, hemos tenido ejemplos menores de estos comportamientos nacional-pueriles franceses (nosotros tenemos los nuestros; si lo prefieren, cada uno al estilo de su barriada autonómica): los pitidos a un Nadal que gana por sexta vez el Roland Garros sin hablar ni papa de francés, y también los pitidos hacia el último ganador del tour, el a día de hoy incontestable mejor ciclista mundial, Alberto Contador. Con grandes glorias en el pasado, de tenistas y ciclistas de élite Francia va cortita hasta nueva orden. El caso de Strauss-Kahn es una nueva muestra del prietas las filas galo en defensa de lo propio. Y si el ataque exterior es Made in Usa, la irracionalidad cobra tintes fenomenales.

Según sondeos calentitos, Strauss-Kahn es aclamado por la mitad de Francia para que vuelva a la política nacional: vente a casa, que esos yanquis son unos salvajes que te han detenido sin garantías, ni pruebas ni indicios. Ni los rasguños de la camarera de hotel, ni su declaración inmediata, ni el ADN de don Dominique en la ropa de la africana, ni los pies en polvorosa del exdirector del FMI inmediatamente después del incidente, ni los varios y variopintos antecedentes de DSK en acoso y abuso con mujeres de cualquier edad (con o sin dependencia jerárquica)… nada de esto pareció poner a la mitad de Francia en contra de su compatriota destinado en Washington –la otra mitad que sí cree que es un impresentable, dicho sea de paso–. No me interesan los volátiles detalles procesales, pero he leído que el caso contra DSK tiene visos de desmontarse porque la limpiadora de hotel supuestamente agredida dijo a alguien que “el tío tiene pasta y yo sé lo que me hago”. Sinceramente, yo a la camarera le hubiera recomendado intentar sacar toda la pasta posible por el intento de violación (o violación). ¿Que es posible que se trate de una trama de la desgraciada sin que terciara ningún acercamiento “impropio” por parte de un señor que debe controlar eso y mucho más, los préstamos de rescate del mundo incluidos y hasta los destinos de Francia? Lo dudo. ¿Que fue consentido el magreo, dado el sexy brutal de Strauss-Kahn, como el amor de las velinas por papi Silvio y sus bunga-bunga? Oh, très probable! El caso es que el chauvinismo hace que ahora se lo reclame en loor de multitudes (el 50% del país, como dice la demoscopia instantánea) en su país. Cosas veredes, mon ami

PD: cuando esto se escribe, leo que una periodista francesa denunciará a Strauss-Kahn por un intento de violación en 2003. Y van… ¡Pobre Dominique! ¡Cuánta tía oportunista! Estaría bueno tener de presidentes de nuestros vecinos a Berlusconi y a DSK. Un buen macho de la vara, dominante y territorial, que se lo quiera beneficiar todo con ímpetu e inmediatez: eso es lo que necesita el país, cojones.