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Maneras de pensar

Tacho Rufino | 25 de septiembre de 2011 a las 19:39

A rey muerto, rey puesto, aunque se trate de un rey a quien zurrar. Políticamente muerto Zapatero, Obama emerge como mono de goma sustitutivo al que dar leña. Si el rojerío siempre ha reclamado irónicamente el derecho al voto de todos los terrícolas en las elecciones USA, la globalización ha obrado el milagro de –aunque sin derecho a voto– la política estadounidense nos sea cercana, y la política europea sea cercana a ellos (y por supuesto, la política y la economía china cercanísima a todos). Uno tiene la manía de plantear hipótesis descabelladas –frikipótesis podrían llamarse– sobre la forma de pensar y la ideología de la gente. En cierta ocasión comprobé entre mis alumnos (de forma voluntaria y terminado el horario de clase, quede claro) que existía una asociación aparente entre el rechazo al aborto y la oposición a las primas por producción de energías renovables. Igualmente, en los preámbulos de la construcción del fenomenal carril-bici de la ciudad en que vivo, también pasé un cuestionario donde ciertas preguntas de despiste –a. Prefiero al Madrid; b. Prefiero al Barça; c. Los odio a los dos; d.Paso de fútbol– hacían de matojos ante las verdaderas preguntas a testar. La estadística de andar por casa arrojó una clara correlación entre quienes rechazaban el carril-bici y quienes defendían los ensayos de las bandas de música al aire libre, no me pregunten por qué. Tengo para mí, en fin, que si se preguntara a quienes odian a Zapatero qué opinión tienen de Obama, una parte significativa de los detractores de el hombre de la ceja dirían que Obama es un bluff o, directamente, un cretino. Más o menos de la forma en que las legiones de odiadores de Aznar identificaban a Bush Jr. con Mefistófeles. Necesitamos tótems, tabúes y monos a quienes dar leña.

Esta semana, en España varios periódicos que hacen estandarte del liberalismo urgente y purificador han arreado a Obama a modo. En portada, encontramos el viernes un muy innovador titular: “Las Bolsas se hunden al ritmo del twist de Obama”. Perry Mason gritaría “protesto, Señoría, argumentativo”, y un director de periódico ortodoxo echaría para atrás la relación de causa-efecto implícita en la frase. El twist es un baile de mucho meneíto –que Obama seguro que borda aunque sea cosa de blancos– y puede ser metáfora de tribulación e inconsistencia. Obama pretende tocar los ingresos y no sólo los gastos para luchar contra el desfase presupuestario llamado déficit. Eso implica subir impuestos, lo que para el liberal a la europea –a la americana, un liberal es más bien un izquierdoso– es anatema, como para un republicano allá. Subírselos a los ricos, en lo que el oportuno equipo de Obama ha dado en llamar la Buffett Rule (Regla o Ley Buffett), por haber sido el magnate dueño de Berkshire Hathaway y buenas porciones de Coca Cola y Mastercard quien reclamó que los más ricos deberían pagar al menos el mismo porcentaje de impuestos que un modesto asalariado. En el cada vez más cercano Estados Unidos, la prensa conservadora adopta un enfoque más serio para criticar a su presidente: “El plan de impuestos de Obama reclama más a los millonarios“. Informando, que es gerundio. Después lo analiza, y pone en boca de los republicanos las críticas a la Buffett Rule: no queremos impuestos porque empobrecen y limitan la inversión, y menos aún queremos otra forma de impuestos llamada asistencia médica gratuita y digna para los pobres, el Medicare de Barack. Como diría Rosendo, maneras de vivir… y de pensar. O, de vuelta al terruño, “tiene que haber gente pa to”, que dijo El Gallo.