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Alessio Rastani, el hombre que soñaba recesiones

Tacho Rufino | 27 de septiembre de 2011 a las 12:43

Recibo este video de Luis Rull, de gran éxito en youtube aunque todavía no hay versión subtitulada en español, si bien la habrá en breve porque el pollo en cuestión ha montado un buen cirio. Está en inglés, aunque al hombre se le entiende bien. Si usted es “de francés”, aquí van alguna de las perlas que este trader (broker, agente, inversor en los mercados financieros) lanza a la patidifusa presentadora. Más clarito, el agua, y no me refiero a que yo comparta sus opiniones catastrofistas (puede que el tipo busque notoriedad, aun diciendo una verdad tabú), sino al espíritu depredator hard-core que mueve a muchos agentes financieros y que tanto parece mover al éxtasis a no pocos defensores de no tocar a la rosa, aunque la rosa sea antropófaga:

El crash está a la vuelta dela esquina, y la economía va a caer de forma muy dura… el euro y la bosa están muertos. Los inversores… el gran dinero y el dinero ‘listo': los grandes fondos, los hedge funds, las instituciones financieras… no compran planes de rescate, saben que la bolsa y el euro están listos, están poniendo su dinero en valores más seguros, como los bonos del tesoro y bonos a tres años [de países seguros, debe de querer decir] y al dólar… valores seguros..

- “¿Qué puede hacer que los inversores estén más contentos y más seguros?, pregunta la atribulada periodista. Esa pregunta es difícil. Personalmente no me importa nada de eso, soy un ‘trader’, no me preocupo por esas cosas, mi trabajo es ganar dinero donde se pueda. Me importa un pimiento la crisis y arreglar la economía… confieso que, desde hace tres años, cada vez que me acuesto sueño con una nueva recesión… hay gente que sabe prepararse para ganar pasta con los ‘crash’ económicos… pasó en los años 30, y la gente no recuerda que aquello no fue sólo un ‘market crash’, sino que hubo gente que se preparó para aquella crisis y sacar dinero de ella, todos podrían ganar dinero con esta situación, es una oportunidad… mi trabajo es ganar dinero cuando se presentan las oportunidades, [repite] yo, como los otros agentes e inversores, no me preocupo ni un poco por la economía o por arreglar la situación: nuestro trabajo es sacar dinero de ello… cuando reviente la bolsa, cuando reviente el euro, si sabes lo que tienes que hacer, si tienes los planes adecuados, te puedes hacer rico.

- “La gente debe de estar sobrecogida con lo que usted está diciendo…”, dice ella. Él se sonríe: Escuche… a todo el mundo que escucha esto, lo que sucede es como un cáncer, no se puede esperar hasta que sea demasiado tarde. Dejémonos de buenas intenciones y de declaraciones políticas. Los políticos no gobiernan el mundo, el mundo lo gobierna Goldman Sachs…

A partir de ahí, el joven recomienda a las personas que no sean tontas, que se preparen, que se metan a broker y ganen dinero si no quieren ver sus ahorros esfumarse. “Protejan sus ahorros”, dice, “porque en menos de doce meses pueden ver cómo desaparecen”. [¿Desaparecerán también las hipotecas…? Eso no se lo preguntó. El hombre iba a lo que iba]

En dos palabras: a-lucinante. Espero que los que se reían de la existencia de una forma de especulación ciega y destructiva (algunos de ellos mandando encendidas y hasta insultantes respuestas a las reflexiones que aquí y en otros lugares se han hecho sobre la excesiva libertad y codicia en los mercados financieros) reconozcan que hace falta reconocer al enemigo para poder afrontarlo. Las cosas son como son, y no porque lo haya venido a reconocer un broker sin complejos ni medias tintas en la (estupefacta) BBC, incluso si es un brokercillo necesitado de atención. Aquí tienen el perfil en facebook del muchacho, de nombre Alessio Rastani.

Un piloto que no da confianza

Tacho Rufino | 9 de agosto de 2011 a las 14:36

”Marco

Los denominados mercados están integrados por fondos de inversión, variantes más agresivos de éstos como los hedge funds, fondos de pensiones que mueven nuestros planes de pensiones, fondos soberanos de países con gran liquidez, bancos de todo tipo, agentes e intermediarios con más o menos influencia. No siempre se puede decir que el comportamiento de estos mercados sea eficiente y racional (no hablamos de ética, sólo de consistencia y coherencia en sus decisiones). Y no se puede negar que, aun así, su influencia en el futuro de zonas económicas enteras y países es excesivo. La política es lenta, y los casos recientes de la negociación para elevar el techo de la deuda en Estados Unidos y las medidas del BCE y la Unión Europea para frenar la sangría de la prima de riesgo española e italiana así lo constatan: la política va detrás de los mercados… y los mercados no son un buen termómetro de la actividad y perspectivas de la economía, ni tampoco de los riesgos de empresas, divisas, países o áreas económicas. Los países, pues, nadan a favor o en contra de la corriente, una corriente que últimamente es bastante impredecible –no es suficiente explicar lo que pasó ayer…– y hasta enloquecida. Los mandos del avión, por así decirlo, los toma de vez en cuando un pasajero borracho.

Para muestra, algunos botones.

Botón 1. Escribía ayer Jordi Sevilla, un hombre que piensa por sí mismo y no se pone las gafas de decálogo ideológico alguno para interpretar la realidad (así le fue como ministro): “Nos equivocamos si no reconocemos el carácter irracional con que, a veces, actúan los llamados mercados cuando, por ejemplo, exigen mayores retribuciones por su dinero ante los riesgos de un crecimiento lánguido en algunos países, provocando con estas subidas de tipo de interés [vía la prima de riesgo] precisamente lo que temen [: un crecimiento lánguido]”.

Botón 2. También la exigencia de austeridad por parte de los mercados es paradójica, si no contradictoria en sí misma: la economía crece con el gasto, con la compra de lo que se produce. Si el gasto se recorta al grito de “austeridad máxima como principio cero, el crecimiento puede esperar”, el deudor con problemas podrá obtener con los recortes un excedente a corto plazo y garantizar sus obligaciones a corto… pero compromete seriamente su liquidez futura, porque languidece.

Botón 3. Relacionado con lo anterior, el cortoplacismo es consustancial a los mercados financieros a día de hoy, y no es precisamente esta miopía una buena cura para los males vigentes. Palia los síntomas, pero no garantiza la salud a medio plazo, sino al contrario. La volatilidad y el erratismo extremo de las útlimas semanas son el escenario idóneo de la especulación pura y dura, que nada tiene que ver con la lógica económica y el interés común, sino con la ganancia privada más descarnada e insolidaria (para los guardaespaldas del mercado financiero libérrimo: no se trata de estigmatizar a todo el mercado: huelga decirlo, pero no cuesta volver a decirlo). Los mercados financieros son imprescindibles, pero deben ser supervisados.

Botón 4: Aunque una de las muy descalificadas agencias de calificación ha rebajado –aplicando protocolo y procedimiento, que es gerundio– la consideración del riesgo-país de Estados Unidos, su deuda pública cotiza a valores ínfimos, e incluso ridículos. O sea, que el mercado confía en la deuda de Estados Unidos, y no sólo no sigue las notas de Standard & Poor’s, sino que hace justo lo contrario de lo que ellas pretenden aconsejar. Antes de la rebaja de S&P, y después también. No en vano la calificadora no vio nada raro en dos situaciones cruciales y letales de la crisis metamorfósica que vivimos tan peligrosamente: la caída de Lehman Bros. y el burdo disfraz de solvencia de la Grecia pre-rescate.

Y botón 5. Lo hace ver hoy Gumersindo Ruiz en Economía de Joly: “[sobre los continuos bajonazos de las bolsas] Estas caídas no casan ahora con la disponibilidad de las sociedades a pagar dividendos nunca vistos, en correspondencia con unos buenos resultados, que no tienen por qué crecer más que la media de la economía internacional en la que operan”. Si las empresas son rentables y dan dividendos, cómo pueden hundirse sus cotizaciones. Desde luego que siempre hay alguna explicación, pero se trata de una paradoja, y bien gordita.

La burbuja tecnológica diez años después

Tacho Rufino | 14 de mayo de 2011 a las 11:57

 NO hace falta conocer a fondo el proceloso ambiente de la industria tecnológica para percibir hinchazones sospechosas en ella. Aunque usted no use Skype ni tampoco sepa bien si Google y Bill Gates tienen algo que ver, no parece razonable que una empresa compre a otra por un precio 400 veces superior a su última cifra de beneficios, como ha hecho Microsoft al comprar Skype. Si todo siguiera igual, harían falta 400 años para recuperar la inversión. 40 veces ya parecería caro, no digamos 400. Algo así como firmar, con 60 años de edad, una hipoteca a 40 años por una vivienda habitual.

Podemos convenir que Microsoft va a conseguir sinergias con otros negocios digitales suyos, así como otros soportes para distribuir publicidad, y que de paso va a fagocitar a un posible competidor futuro, o alternativamente evitar que competidores directos se hagan con la tecnología de cámara y voz de Skype. Podemos conceder credibilidad a una estrategia corporativa que va a posibilitar cosas jamás vistas combinadas en el mismo aparato: juegos, telefonía móvil con cámara en vivo, chat con videoconferencia… el no va más. Pero el precio parece rematadamente caro. Eso sí, el capital riesgo que había apoyado a Skype -cuando no era nada- ha pegado un galáctico pelotazo.

Inevitable recordar el estallido de las puntocom de la primavera del año 2000. Entonces, muchas firmas inversoras (empresas de private equity y venture capital, sí, pero también hedge fundspresos de gran calentón con la exuberancia repentina) se lanzaron a conseguir fenomenales plusvalías. Pero era excesivo tanto empeño conjunto, tanta caravana a por el oro del Oeste. Y la burbuja estalló. Era una burbuja, nadie lo niega. Pero ésta, en caso de ser burbuja, es muy distinta.

La velocidad de la innovación en internet es mayor que nunca antes; no hace falta ser un experto financiero del mercado tecnológico para reconocer tal cosa. El 9 de mayo, LinkedIn, una red social que ganó 243 millones de dólares el año pasado, valoró en 3,3 miles de millones su inminente salida a la bolsa de Nueva York: grandes expectativas, ¿no? Al día siguiente, Microsoft anunció que iba a adquirir Skype por 8,3 mil millones. Facebook y Twitter mueven más dinero que los grandes fabricantes de coches y aviones.

El nudo gordiano de este cambio de lo material a lo digital reside en la escala: la cantidad de gente que transita en las redes sociales. Mientras que el estallido de la burbuja tecnológica de principios de siglo se produjo con una cantidad de internautas ridículo para tanto dinero invertido en esa industria, a día de hoy hay cientos de millones de personas que se enganchan a la red, a las redes, voluntaria y gozosamente, diariamente. Un mercado de promisión. Piensen en China y los chinos. Multipliquen.

Los inversores, el dinero, vuelven a las empresas tecnológicas (un término mejor en castellano sería deseable). Pero no vuelven al mismo sitio. Mientras que la burbuja de 2000 limitaba con una esfera de fino grosor e inminente estallido, la burbuja en curso -que lo es, el sistema es como es- tiene dos características esenciales que no existían hace una década. Una: las soluciones no eran tan amables, tan poderosas, tan permeables… y tan baratas. Dos: el mercado de internet es hoy poliédrico e infinito, y entregado a la causa, afecto, dependiente. Otra cosa es cuándo todo esto comenzará a no ser gratuito. Porque la publicidad no lo es todo. Es más, es poco. Mientras, hay una burbuja en curso, pero es una burbuja inversora: panales de rica miel. Una miel de verdad, distribuida a ricos y a pobres por igual. No es la misma burbuja puntocom de principios de siglo. No tiene casi nada que ver.

Los mercados, ¿quiénes son?

Tacho Rufino | 29 de noviembre de 2010 a las 15:25

wall-street-film-photoELLOS no son tan malos. Ellos sólo encienden la mecha, y después gritan “¡fuego, fuego!”, aunque puede que no haya ni siquiera olor a chamusquina. Entonces, mucha gente se teme lo peor, porque el grito se ha escuchado, y bien fuerte, por lo que avivan la mecha, y abandonan el lugar, despavoridos. Ellos son los invisibles actores de “los mercados”. La mecha es la apuesta de ellos por que algo va a ir mal -unas acciones, una empresa, un país-. La gente que huye son fondos de inversión y de pensiones y también los muchísimos inversores, menos informados, que siguen la estela de ellos, y venden o compran aquí o allá. El lugar del que huye la gente es la Bolsa, el mercado de futuros y otros derivados… los traídos y llevados mercados financieros.

El proceloso y multiforme mercado financiero es aún hoy día, y a pesar de la crisis, más de diez veces mayor que el real en volumen económico. Es el sitio -un sitio también invisible, a tiro de Enter- donde se emiten, compran y venden bonos, acciones, derivados, divisas y muchos otros papeles que están sujetos a expectativas, movimientos faroleros y otros juegos puramente especulativos. Lo especulativo no es en sí bueno ni malo: las consecuencias sí lo son. Todos especulamos cuando esperamos que, pongamos, nuestra casa de la playa se revalorice para asegurarnos la pensión o el estudio de nuestros hijos en el extranjero. Lo que sí es perversamente especulativo es poner todo tu esfuerzo en derrumbar algo que, aquejado de un simple resfriado, acabas matando de neumonía o tuberculosis a base de ponerlo en la corriente, y ustedes perdonen la metáfora. Por ejemplo, el euro.

Los políticos, los que gobiernan, no pueden con ellos. No se ponen de acuerdo para poner coto a las actividades de los tahúres, quienesquiera que éstos sean. Millones de personas pierden su empleo, ven volatilizarse su patrimonio y sus ahorros. El enemigo más letal para sectores, empresas o territorios es la llamada venta corta. Se trata de apostar a que algo va a perder valor: Ellos -llamémosles hedge funds- le piden a alguien acciones o divisas, y las venden. Eso lo hacen masivamente, una y otra vez. Esos valores, por lo que viene a llamarse ley de la oferta y la demanda, pierden valor. Paralelamente, ellos se han comprometido a recomprar dichos valores, que como han caído de precio caen en sus manos baratitas. Su ganancia es previa, pues. Claro, que el riesgo existe, y pueden perder. No es éste el caso del asedio al euro, que está saliendo redondo a los cortistas. Desde primeros de año, las posiciones cortas contra el euro han ido creciendo exponencialmente, y la merma de la divisa comunitaria ha sido contemporánea a dichas apuestas de la ruina: las apuestas a la baja contra el euro se encuentran en máximos históricos, y se han multiplicado por diez desde principios de año. La caída del valor del euro con respecto al dólar ha sido casi de un 20%. Mucho dinero ganado, y no sabemos hasta cuándo.

El asunto tiene una doble cara. El vaso medio vacío o medio lleno. Alguien pierde porque alguien gana. La venta corta, dicen sus defensores, proporciona liquidez al sistema y penaliza las malas prácticas y las ineficiencias, y hasta desinfla burbujas. La realidad es que su apuesta es ciega, tanto con respecto a la estabilidad y corrección supuesta de los mercados (financieros o reales), como con respecto al daño emergente. La particularidad de estos ataques es que se están llevando por delante a países enteros, a su futuro y al de su gente. Ya puedes hacer los deberes o dejar de hacerlos: voy a por ti, como una locomotora, y voy a por ti ahora, que decía aquella canción.

el roto

Primero, los periféricos; después, el euro

Tacho Rufino | 20 de noviembre de 2010 a las 14:02

enlaceNOS llaman periféricos, ahora: casi es preferible el acrónimo de cerdo en inglés (PIGS). Por lo menos era gracioso. Pero periférico… Lo periférico -palabra griega, por cierto- es marginal, accesorio, dependiente, anexo. Prescindible, a unas malas. La propia Grecia junto con Irlanda, Portugal y España son “los países periféricos” ya en todos los papeles especializados en economía. Lo somos, sobre todo, para los que están en el núcleo, que son tres: Alemania, Francia y el Reino Unido, cada cual con su forma de liderar y pescar en la penuria, como buenos ricos. A los periféricos se nos acusa, no sin razón, de no haber sido sensatos en casa ni en los despachos privados y gubernamentales, y por ello debemos lo que no podemos pagar con nuestros menguantes niveles de ingresos. Cada telediario, cada portada de periódico, habla sin cesar de “contagio”, de una epidemia periférica que ahora tiene como transmisor máximo a Irlanda. En realidad se trata de una marea, una marea alta que recobra fuerza después del primer embate de mayo. ¿Han visto la cara de Zapatero esta semana? No tenía pinta de cantar aquel The tide is high de Blondie: “La marea está alta pero yo resisto, quiero ser tu número uno (…) no soy la clase de chica que tira la toalla”. Al contrario, tenía cara de no haber mandado a sus naves a luchar contra los elementos. Los elementos que se ven, y los que no se ven: los demiurgos financieros que deciden que ya puedes hacer los deberes y todo lo que quieras, pero tú vas a ser rescatado… y si no te pueden rescatar Merkel, Rompuy y compañía, pues a volar el euro. Una flor monetaria de un día mal contado. Cada uno a su billete. Y todos en la cartera del Gran Broker que todo lo ve.

celtas18Irlanda -y Portugal, que parece engancharse en su carro de rescate, ahora que todavía hay dinero- es pequeña, bella y con una historia tan dura como legendaria, lo que la hace suscitar un interés desproporcionado en el resto del mundo. Si usted ha hecho ya los deberes de lector, habrá reverdecido con la pluma de Vargas Llosa en su última novela la espantosa relación entre celtas y anglos, tribus íntimamente enemigas. Los anglos -que prefieren ser llamados británicos-, sin embargo, han sido los que más carne crediticia han puesto en el asador para financiar el fugaz milagro irlandés, y ahora quieren estar en primera fila del rescate de los paddy (diminutivo de Patricio con que peyorativamente se refieren los ingleses a los irlandeses). La nueva versión de su dialéctica dominio-resistencia es financiera. Irlanda quiere entrar por el aro a su manera: quiere ser rescatada, pero sin mencionar la palabra rescate; “queremos dinero prestado para apagar fuegos, pero no queremos que nos metan inspectores hasta en la sopa o que nos obliguen a establecer un tipo más alto para el Impuesto de Sociedades”. Sabe que necesita ingentes cantidades de euros prestados para poder tapar, con la mitad de ellos, los agujeros de los bancos irlandeses, entre cuyos clientes de dudosísimo cobre están miles de empresas y particulares que se endeudaron en ladrillos o proyectos que hoy, valgan algo o no, no son vendibles, nadie los quiere. La otra mitad del préstamo comunitario llamado rescate iría a financiar gastos imprescindibles para evitar que el país entre en el colapso (un dato: se calcula que el Mundial de fútbol hispano-portugués de 2018 proporcionaría unos beneficios de 1.000 millones; el rescate irlandés se cifra en ¡cien mil millones!). Detrás de todo esto está el hecho de que el recurso natural a endeudarse con el exterior se agota: el núcleo duro de los agentes de los mercados financieros penaliza y corta el suministro a los periféricos; los hedge funds apuestan contra el euro mediante el ataque a sus miembros más débiles. Puro darwinismo económico global. Si me permiten el recurso al chiste, “démonos por jodidos”.

(Cabe reparar en qué cosas positivas nos traería a los periféricos el ser rescatados: a fin de cuentas, nos dan un préstamo bastante barato con lo que nos olvidamos un poco de la agonía de lá colocación de deuda pública; y te lo da alguien a quien no interesa tu fatalidad.)

De los perversos ‘ratings’ y ‘funds’

Tacho Rufino | 28 de abril de 2010 a las 11:04

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Las agencias de rating no advirtieron, como era su deber, la cantidad de basura que había en muchos productos financieros. Sin embargo, Moody’s, Standard&Poor’s, Fitch y otras que no hicieron bien su trabajo, o connivieron con entidades financieras enloquecidas por captar clientes, siguen siendo ahora los moduladores de las inversiones y los créditos de empresas, particulares y países. En concreto, sus calificaciones de la calidad de la deuda pública de ciertos países están poniendo en peligro el futuro económico inmediato y a medio plazo de dichos países los mismos. Véase Grecia, véase Portugal, ¿véase…? Sin duda en el caso griego tienen razón: los propios griegos lo reconocen. Pero detrás de toda la debacle en curso –y la que viene–, sin embargo, está también la acción de los inversores galácticos que, con ingentes cantidades de dinero, apuestan a que algo va a ir mal. Por ejemplo, el euro. Por ejemplo, la economía griega. Quienes practican esta práctica demoledora y muchas más veces ganadora que perdedora se agrupan en los denominados hedge-funds, que no sólo practican la venta corta (para ver cómo funciona el asunto, pinchar aquí), sino que precisamente son los principales compradores y vendedores de derivados (pichar aquí), que es el nombre en el que se camuflaba (conviviendo con productos con verdadero valor) toda la bazofia sin valor que se retribuía con intereses exagerados hasta que todo se fue al carajo, cogiendo con la escoba en la mano y cara de tonto a miles de inversores que pensaron que aquello era Jauja, y que se podía ganar millonadas por la cara. Pues bien, los representantes de los hedge-funds dicen que no tienen mucho que ver con el desastre griego –y los que vengan–. Algo más que dudoso: las apuestas a favor del naufragio de una moneda o de un país entero están detrás también de la precipitación de los acontecimientos en el caso griego. Hasta ahí, normal: la solución a la debacle no debe demorarse, y la cirugía presupuestaria se impone allí (y aquí). Ahora bien, las apuestas con la venta corta vinculada a los seguros de crédito están poniendo en peligro el plan de rescate. Y eso no es ya inmoral, sino que debería tutelarse y sancionarse. ¿Por quién? ¿Por Obama…? Ésta es otra cuestión.

(Sobre este asunto hay una entrada anterior en este blog: El euro dilata la pupila de Soros)

Hedge funds: el cascabel del gato

Tacho Rufino | 11 de marzo de 2010 a las 18:01

Hace unos días publicábamos aquí una entrada sobre los inversores galácticos, en concreto sobre el magnate George Soros, y sobre los fondos de alto riesgo o hedge funds, desde algunos de los cuales se obran auténticos prodigios de desestabilización de monedas, empresas, sectores y países. Ayer miércoles leo en El País una noticia titulada “Obama apoya las críticas de Papandreu a los fondos de alto riesgo“; en ella se informa sobre un hecho claro: cierto tipo de inversiones puramente especulativas pueden hacer mucho daño a mucha gente, sin que en realidad hayan hecho algo para merecer tanto castigo. Castigo que, en un juego de suma cero, supone un gran premio para quienes desde estas plataformas veloces como la centella, superinformadas y superdotadas financieramente actúan sin piedad -y hasta con impunidad- contra lo que sea, a la caza inmediata de ingentes cantidades de dinero. ¿Que los halcones corren riesgo de perder? Suelen no perder, obvio es. Un párrafo del discurso de Papandreu en Wall Street: “Europa y EE UU tienen que decir hasta aquí hemos llegado a los especuladores que sólo actúan por las ganancias inmediatas sin tener en cuenta las consecuencias que pueden tener sobre grandes sistemas económicos, por no mencionar las consecuencias humanas en cuanto a pérdidas de puestos de trabajo, desahucio de viviendas y disminución de las pensiones”. ¿Podrá Obama con estos adversarios? ¿Quién le pone el cascabel a ese gato tan poderosísimo?

Dicho esto, dicho lo siguiente: Grecia tiene culpas que expiar, lo cortés no quita lo valiente. Sus cuentas públicas, a diferencia de las españolas, no son claras o son falsas.

El euro dilata la pupila de Soros

Tacho Rufino | 2 de marzo de 2010 a las 16:10

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(Publicado el domingo 28/2/2010 en ‘El Periscopio’, periódicos Joly)

GEORGE Soros es un especulador galáctico que, por alguna razón mágica, goza de predicamento como visionario de los problemas inminentes de las economías (en realidad, su especialidad es crear los problemas), como filántropo y hasta como hombre izquierdas. Judío de origen húngaro, cambió su apellido original, Schwartz, por el palíndromo Soros, un capicúa de letras que causa pavor a la Zona Euro en estos días, como si de una canina con capa y guadaña se tratara. Entre sus reconocidos méritos está el de haber conseguido tumbar a la libra en 1992. Como le sucede a una leona ante un cachorrito de impala despistado, a Soros se le dilata la pupila cuando ve una divisa o una empresa que tiene dificultades. En vez de ayudarla a superar el bache invirtiendo en ella -muy naïf esto, de acuerdo-, la ataca sin piedad para sacar partido de la pérdida vertiginosa de muchos. Esta semana ha apostado 8.000 millones de dólares contra el euro. Si además tiene de palmeros a periódicos de primerísima línea, como The Wall Street Journal esta semana, la caza de ventaja está servida. Cuando Zapatero, por boca de su Gran Blanco, al que Financial Times llamó paranoico, se quejaba hace unos días del ataque especulativo contra la economía española, tenía más razón que un santo. La crisis mundial no ha frenado a los hedge funds y otras plataformas que sólo crean valor para quienes especulan en la economía casino: de refundación del capitalismo, nada. Al contrario.

Igual que el gurú Soros, hay gente muy bien informada y muy rica que se dedica a una práctica llamada short-selling, que podría traducirse como venta corta. Básicamente, se trata de apostar a que algo va a ir a peor con fecha fija. Por ejemplo, el precio de unas acciones o una divisa. O sea, vendo caro y recompro barato, ganando. La clave del asunto está en que con la venta masiva de euros o cualquier otra mercancía financiera provoco una devaluación de la misma, porque los mercados son sensibles a estas cosillas. Huelo dificultades en el euro por la asimetría entre países orejas de burro (Grecia, ¿España?) y países empollones (Alemania, claro) que comparten la moneda… y me lanzo a la venta corta como un depredador, consiguiendo pingües plusvalías. Los puristas del librecambio financiero justifican la venta corta desde los hedge funds con el argumento de que “dan liquidez al sistema”. Yo no acabo de entenderlo. Mientras intentamos alumbrar esa beatífica cualidad (para profundizar en esto, ver artículo The Economist, sobre todo los comentarios), el euro pierde valor frente al dólar a marchas forzadas. Ya no vamos a poder ir de compras a la Gran Manzana, donde vive Soros, con tanta alegría. Esperemos que, al menos, podamos ir de compras en nuestra propia manzana.

Santander: de la necesidad, virtud

Tacho Rufino | 28 de enero de 2009 a las 18:48

 

 

Rectificar es de sabios, y Botín y sus pretorianos estratégicos -esos que pueden ser citados cualquier sábado por la noche para acudir el domingo a las nueve a echar un partidito de golf en Santoña o en Boadilla del Monte con el gran jefe- han sabido cambiar su discurso con respecto a las pérdidas que las inversiones de sus clientes han tenido con los fondos de Madoff, unos hedge funds que deberían traducirse como fondos abisales, por lo opacos que son y por lo insondable de las pérdidas por ellos originadas a lo largo del planeta. Huelga extenderse sobre el hecho de que dichos clientes invirtieron en Madoff tras ser señalados los productos de éste por los gestores patrimoniales de Grupo Santander como un destino óptimo para sus dineros: descollantes rentabilidades y con un riesgo en apariencia menor, dado que lo más granado de la opulencia económica terráquea invertía precisamente en dichos fondos. Resulta que, al descibrirse el pastel piramidal del pérfido Madoff, bandolero con tirantes de 1.000 dólares, muchos de esos clientes de Santander banca privada habían perdido mucho dinero. La multinacional financiera cántabra despejó la bola como un central tuercebotas: “no nos podemos hacer responsables de las estafas de otros”. Poco después de esta respuesta, se supo que la cantidad de dinero perdida por los clientes del Santander a causa del timo a los privilegiados era muy superior en procentaje a la cantidad perdida por el propio banco. Todo ello en proporción: si en la cesta recomendada al cliente Madoff pesaba 10, en la propia del banco pesaba 1. O sea, rompía una regla básica de la deontología financiera: no vendas al cliente aquello que no quieres para ti (o no lo quieres en la misma medida que lo aconsejas).

Pues bien, Botín ha aprovechado el mejor momento mediático alrededor de su esperadísima publicación de resultados de 2008 para hacer del vicio virtud. Del vicio de escurrir el bulto, a la virtud de compesar a todos sus clientes particulares golpeados por la citada estafa. Con una pirueta financiera, que hace que detraer 500 millones de los beneficios del banco sirva para compensar los 1800 millones que van a cubrir de los bolsillos rotos de su clientela VIP, cuyo secreto (miren esta noticia para mayores detalles acerca de la operación) es que no te doy dinero, te doy acciones del Santander. Dos pájaros de un tiro:

Primero, quedo como una entidad socialmente responsabilísima ante la opinión pública, que si bien se beneficia de las ayudas y garantías publicas, es capaz de hacer frente a la tempestad para proteger a sus clientes.

Segundo, y mucho más importante, no pierdo a esos clientes, la auténtica crème de la crème del patrimonio privado hispánico. Gente exigente e informada,  que defiende con uñas y dientes su fortuna, que se comunica entre ellos, y que es capaz de castigar a un banco que no trata a quien le da dinero como se trata a sí mismo. Y esa cartera de galácticos del parné vale infinitamente más de 500 millones. Una táctica de fidelización en plena guerra, un golpe sabio de timón, una puesta en escena oportuna a más no poder, una virtud extraída de un error reciente.

Madoff made-off: “El Piernas”

Tacho Rufino | 17 de diciembre de 2008 a las 11:03

Si usted tuviera un capital para invertir y le dijeran que el mejor gestor de fondos, el mejor colocador de dinero y el mejor rastreador de fondos de alto riesgo se llama Juan Piernas, Arturo Tunante, Inmaculada Trincona o, con rancio abolengo, Pepe Ladrón del Guante-Blanco, quizá se reiría de la llamativa circunstancia, y no le daría mayor importancia. Y le confiaría unos miles de euros para que se los moviera en derivados, securities, paquetización de títulos, estructuras varias, hedge funds y otros maravillosos productos financieros que, a diferencia de aquéllos en los que invierten los humildes (si es que pueden), dan una pasta de rendimiento… hasta que dejan de darla: parecía que sí, pero sigue sin haber duros a cuatro pesetas.

Usted ya conoce que Bernard Madoff ha hecho que los ricos también lloren, pegándoles el auténtico timo piramidal, también llamado  “Esquema de Ponzi” por el primer espabilado que la puso en práctica: una estafa piramidal en toda la regla, y no precisamente perpetrada sobre criaturitas indefensas e indocumentadas, sino crema la crema y nata de los inversores mundiales y sus clientes preferentes. Pues bien, Madoff se puede pronunciar en inglés “meidoff”, que es exactamente como también se pronuncia el pasado de Make off, made off, un verbo compuesto que en inglés significa, atención, nada menos que “salir corriendo, robar, llevarse algo”, aparte de otras acepciones. Impresionante, ¿no?