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¿Para cuándo el acabose?

Tacho Rufino | 26 de diciembre de 2012 a las 14:15

(Publicado en papel en los periódicos de Grupo Joly el domingo pasado, en la nueva sección dominical de un servidor, bautizada como ‘Gafas de cerca’, espacio que he tenido la amarga fortuna de ocupar en sustitución de Ignacio Martínez)

LO difícil es bajar, más que subir: ver menguar el bolsillo, adelgazar, reciclarse. Bajando por la empinadísima escalinata del Gran Jaguar de las ruinas maya de Tikal, sin asidero alguno, rodeado de gente en su mayor parte presa también de un banal pánico de turista y con el precipicio de aristas de piedra por delante, uno -que además padece de cierto vértigo- se pregunta simultáneamente dos cosas: ¿para qué puñetas he subido yo aquí? Y, ¿me habrá llegado el momento, tan tontamente, y caeré rebotando por los escalones, como las cabezas de los sacrificados en la horrible Apocalypto de Mel Gibson? Hasta antes de ayer los mayas han estado de rabiosa actualidad, y por eso recordé el mal rato que pasé en aquella pirámide que se alza, sin motivo aparente, en medio de la jungla. Una pirámide que bien pudiera ser un símbolo de las atalayas técnicas desde las que los economistas, los centros de investigación y los llamados think tank hacen sus previsiones: desbrozando la realidad desde arriba, desde la sapiencia y la fina modelización prospectiva. Igual que las cifras presupuestadas de déficit público, las previsiones sobre cuándo se va a terminar la Gran Recesión -el otro Acabose, más corpóreo que el maya- son de origen variopinto, y dispersas en el espacio y el tiempo. Cambian de un día para otro; cada uno tiene la suya. Escopetas de feria de alto ringorrango.

Lo malo de las predicciones no es que fallen, sino que, como diría un perito muy enterado, “orientan las políticas”, o sea, animan a bajarle a usted el salario, a mandarlo al paro o a quitarle el subsidio; mueven a recortar servicios públicos, a traspasar al sector privado rentas y patrimonio públicos, a reformar sectores enteros, a subir más los impuestos a la minoría pagadora de siempre, a cualquier cosa. Repasemos las últimas predicciones, de mayor a menor optimismo. El Gobierno prevé que España volverá a crear empleo el año que viene. Refugiados en el providencialismo, como algún ministro, roguemos: Dios oiga al Gobierno. La CEOE, tan ajada, dice que no, que como muy pronto crearemos empleo en 2014, y afinan más: empleo neto, lo que se dice neto, hasta 2015, nada. Standard&Poor’s, esos amigotes fieles, no tiene pelos en la lengua: España no creará empleo hasta 2016. El prestigioso Juan Iranzo, del Instituto de Estudios Económicos, dice en el Club Financiero Génova que habrá que esperar a 2017 para que se contrate más de lo que se despide. Por su parte, el FMI dice que va a ser para 2018. Ante este panorama desquiciante, ¿no va a ser normal que la gente abrace el esoterismo, el simbolismo, la espiritualidad despavorida, y confiese que los mayas, la abejita Maya o los hermanos Amaya vienen a verle por la noche y les descubren una nueva dimensión, dándoles tanta paz? Es normal, hombre.