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Y no salgan hasta que tengan la solución

Tacho Rufino | 11 de junio de 2012 a las 14:15

Nota del bloguero. Este artículo se escribió el viernes, y a pesar de que ha pasado lo que ha pasado al día siguiente, no ha perdido vigencia, creo yo.

CHRISTINE Lagarde es una mujer muy poderosa, quizá la mujer más poderosa del planeta con permiso de Hillary Clinton y Angela Merkel. La francesa es una señora de natural estiloso y atractivo de segunda lectura, y conoce bien el paño comunitario: antes de ser directora del Fondo Monetario Internacional (el organismo internacional que ejerce de bombero monetario y financiero), fue ministra de Economía de su país, con gran peso relativo en el sanedrín económico de la Unión Europea, el Ecofín. Por eso, porque sabe bien la esclerótica jaula de grillos que puede llegar a ser la UE, Lagarde ha dicho esta semana que “encerraría a los líderes europeos en una habitación hasta que salieran con un plan” para atajar la hemorragia económica -hemorragia según para quién-, política y de credibilidad que amenaza con hacer volar por los aires el euro y todo lo que en esa moneda se pretendía condensar. Encerrados, a vuestros pupitres sin moveros, a pensar hasta que entréis en razón. Un reality show con su desorden y sus chanclas, sus barbas incipientes, sus broncas y su tigre olfativo. Una versión negociadora de El ángel exterminador, la película de Buñuel en la que un grupo de adinerados, tras una cena, no pueden salir de la habitación en que están, sin motivo ni nada que se lo impida. Como náufragos en una balsa o tripulantes de un globo que pierde cota, que por cierto son tópicos habituales de técnicas de negociación en las escuelas de negocio.

Sucede que, mientras que los burgueses de Buñuel no sabían los porqués ni las posibles soluciones a su absurdo encierro, las personas que Lagarde encerraría saben lo que quieren y -quizá mejor- lo que no quieren. El problema es que las visiones de los negociadores son esencialmente distintas, y las vías de acción, contradictorias entre sí. Alemania quiere el rescate para España, el rescate y la intervención como Estado, porque es la forma más directa de gobernar España desde Berlín, con su firme fe en el equilibrio presupuestario. Una garantía de marasmo económico para años, con supuestos efectos benéficos a medio plazo. Merkel abomina de una deuda pública mutualizada o de garantía recíproca comunitaria, los eurobonos, y más aun repele esta idea -que salvaría de la asfixia a España- a los propios ciudadanos alemanes, que creen que tal recurso equivaldría a avalar a los derrochadores, empezando por usted y por mí. En el lado contrario, abrumados por los problemas que no paran de crecer, están Rajoy y su equipo. El rescate total vacía de legitimidad y utilidad a las urnas: es la entrega definitiva de la cuchara. Rajoy sobraría, asumiría el poder un Mario Monti de aquí, un cipayo técnico (por cierto, los mercados y Alemania hacen ahora muchas palmas a Monti e Italia, sin verdaderos motivos para, por contra, castigar tanto a España por activa y pasiva… ¿por qué será?).

El rescate solamente financiero, mediante la capitalización de las entidades españolas tocadas de muerte, sea vía FROB o no, asumiendo el salvador comunitario la propiedad de esos bancos en función del tamaño del flotador que lance, no sólo evita el rescate e intervención exterior, sino que encomienda la cirugía drástica de nuestro sistema financiero a Europa: mucho mejor para nosotros, no digamos para Rajoy. Pero volviendo a los intereses cruzados y conflictivos entre aquellos a los que Lagarde encerraría, no hay que olvidar que Alemania está cogiendo un músculo descomunal y una liquidez galáctica en esta crisis. El ministro de Economía francés recién llegado y el propio Juncker nos dan esperanza y cremita: “Si la banca española necesita dinero, lo tendrá”. Que los encierren a ellos también en el cuarto de Lagarde, por favor.

(Aterriza en la pantalla la portada de The Economist, siempre irónica y sugerente: de un barco de nombre “Economía mundial”, ya hundido muy por debajo de la superficie, sale una voz: “¿Por favor, podemos arrancar ya los motores, Sra. Merkel?” Siquiera intentarlo, María de los Ángeles…)

Las dietas rápidas es lo que tienen

Tacho Rufino | 17 de agosto de 2011 a las 11:58

Lamentablemente, y como era previsible, el exceso de celo en la imposición de planes de austeridad puede haber comenzado ya a causar serios daños al crecimiento y, a la postre, a la creación de empleo. Los últimos datos de crecimiento publicados ayer por Eurostat ofrecen un panorma generalizado de atonía, con Alemania a la cabeza (no así interanualmente, donde siguen siendo campeones), en este caso a la cabeza del parón junto con Francia. Es pronto para confirmar tendencia alguna, pero es el momento para volver a recordar que no todo es ajustarse el cinturón: la economía crece con el consumo y la inversión de lo que se produce, y esta rueda y no otra es la que crea empleo (otra cosa es ir más allá y preguntarse si ese proceso económico de crecer y crecer no es “engordar para reventar”).

La obsesión por la llamada consolidación fiscal (es decir, la reducción de la inversión y el gasto público por una lado; las privatizaciones ¿y las subidas de impuestos?, por otro) ha sido llevada al extremo de imponerse como única vía de salvación para las economías más endeudadas, provocando el estancamiento, y veremos si no también la asfixia y el marasmo. (Vean algunas noticias de periódicos e instancias de distinta orientación: la “paradoja dolorosa” de la que hablan Financial Times y Expansión;  la “pasada de frenada de Alemania del editorial de esta casa; Lagarde pide en FT “no asifixiar la economía con un excesivo recorte de la deuda pública” por ir “demasiado rápido”; Krugman confirma su teoría ayer, y dice que “una talla única [la alemana] no le vale a nadie”, ni a la propia Alemania, que no es en abosluto ajena a lo que le pasa a sus principales mercados y deudores.)

Había y hay otros caminos para salir del atolladero (en su caso, del hoyo), que han sido desechados a priori por la llamada ortodoxia presupuestaria: recortar gasto superfluo e improductivo con grandes programas nacionales de eficiencia… pero no recortar la inversión productiva, como hizo nuestro Gobierno con las Obras Públicas, aterrorizado desde Bruselas y Fráncfort de la noche al día (el día 12 de mayo de 2010, para ser más precisos). Recordemos por enésima vez a la profética Rosabeth Moss-Kanter, de Harvard:

“Los perdedores estaban mucho más dispuestos a cambiar de caballos a mitad del río y a mutilarse: cortarse las narices, al igual que los ojos, orejas, brazos y piernas. Reemplazaron a los directores generales. Cortaron los gastos. Cortaron las inversiones internas. Cortaron el personal. Cortaron proyectos. Cortaron la atención al cliente. Cortaron la comunicación. Tanto los ganadores como los perdedores hicieron frente a desafíos similares en esos años, pero respondieron de forma muy diferente. Entre los que cambiaron de máximo jefe o de dueño de la empresa, encontramos que los perdedores fueron más del doble que los ganadores, pero sólo aproximadamente la mitad fueron capaces de emprender acciones positivas como iniciar grandes proyectos o nuevos productos, ubicar nuevos colaboradores o socios o formar alianzas estratégicas. Se convirtieron en autocracias en vez de compartir y colaborar más.”

Incongruencias e incoherencias a todo nivel

Tacho Rufino | 30 de julio de 2011 a las 22:42

1. El universo macro. La flamante nueva gerente del FMI, Christine Lagarde, conmina a España a dejar de vincular subida salarial al IPC, y empezar a vincularla a la productividad (cómo se mida ésta es otro cantar)… mientras, la madura y glamourosa Lagarde comienza a disfrutar de su cojo-contrato con el gran fondo planetario: ligado al índice de precios del área metropolitana de Washington (sede del FMI). Coherencia y buen ejemplo ante todo. Oui, madame!

2. El microeconómico mundo de las macro-empresas. Banco Santander ha visto caer sus aún pingües beneficios de una forma notable, en buena parte por su estrategia global, dado que un buen bocado de pérdidas viene de su división del Reino Unido, la de Ana Patricia. Sus altos ejecutivos, sin embargo, han visto cómo sus retribuciones, entre fijas y variables, aumentan bastante más de lo que cayeron los beneficios. Abracadabra.

3. El microeconómico aprieto de una empresa local pero universal. El Betis, en situación concursal, tiene serios problemas de tesorería, y su solvencia está en entredicho, de forma que se ve judicialmente abocado a realizar quitas a los acreddores y renegociar los contratos de sus futbolistas a la baja. Los honorarios de sus administradores concursales (cuyo trabajo no carece de exigencia pericial, pero a la postre se realiza de una forma estandarizada con respecto a otros concursos de acreedores), sin embargo, son galácticos, y desproporcionados con los meses de trabajo realizados. El juez dice que no, que cobran lo que tienen que cobrar. Pero, ya se sabe: la justicia no hay que entenderla, hay que mirarla demsiadas veces con los ojos de la fe, como un tour a Jerusalén… o una previsión del FMI, mismamente.

No es buena idea, Cantona: hay otras mejores

Tacho Rufino | 6 de diciembre de 2010 a las 19:47

corralitoMañana (martes) veremos cuánto daño es capaz de hacer a la economía francesa la propuesta de Cantona de sacar, precisamente mañana, todo el dinero que los particulares mantengan como depósitos en los bancos. En realidad, el gran Eric no propuso tal cosa a modo de estrategia y ni siquiera de soflama para mover a tal acción popular, sino que lanzó la idea en una entrevista (ver) como una hipotética forma de defensa de la gente ante el hecho de que los banqueros y bancarios malos se van de rositas tras provocar en buena medida el estado crítico de la economía actual. La bella ministra económica francesa, Christine Lagarde, ha replicado a Cantona, no sin razón, que se dedique al fútbol (y al teatro, apunto yo, ya que el hombre da mucho de sí y es polifacético: ahora es actor, y no es malote), y no a las finanzas. Las razones las apunta Germà Bell, catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona, en una entrevista que acabo de escucharle en el programa La Ventana, de Gemma Nierga en la cadena Ser. Retirar masivamente el dinero de los bancos, dice Bell, daría lugar a la absoluta falta de liquidez de la economía (ver artículo de L. Lasa “Eric Cantona, los bancos y el corralito”). No podríamos pagar y cobrar las cosas que necesitamos más que durante un tiempo limitado; a partir de tal momento, el trueque sería la forma de intercambio (ver página elogiosa sobre trueque, a modo de contrapunto), un atraso que sólo es útil en economías de aldea ínfima con hippies de vuelta de todo. Los colegios, por ejemplo, se morirían de asco. Sólo quienes tengan algo que producir podrían vender algo, y eso a quienes acumulen el dinero en papel. A la larga, y ni siquiera tan a la larga, éstos no serían otros que mafias que provocarían todo menos cosas buenas en la sociedad. Un desastre, y no precisamente para los banqueros con cohíba inmenso. La función de liquidez de las entidades financieras es consustancial al sistema, como el sistema sanguíneo para la fisiología animal. Realmente, no es una buena idea. Aunque sí una iniciatativa simbólica y testimonial que pdoría abrir el debate sobre cómo evitar el poder omnímodo de ciertos bancos. Veamos.

Por ejemplo, sí podríamos debatir si los bancos que han naufragado por sus malas prácticas deberían ser nacionalizados (como hizo Brown en Inglaterra hace dos años, sin ir más lejos), y no reflotados con dinero público, empobreciendo al país en su capaz de invertir y gastar. Adelgazándolo a costa de su salud; desmantelándolo, en suma. O si las cúpulas de dichos bancos deberían ser desposeídas de sus patrimonios inmensos, que revertirían en la caja común. E incluso encausados y condenados. Pero retirar el dinero en masa de los bancos serían una masiva insensatez que haria daño, como suele suceder, a los más débiles. Que no es el caso de Cantona, claro está. Si Eric sacara el dinero de sus bancos e inversiones, tendría binladens para aguantar el tirón mucho más allá de su muerte. Sólo tendría que cotratar un ejército paramilitar para evitar que lo asaltaran en su casa una y otra vez. Casa de la que no podría salir, eso por descontado.

P.D. para futboleros:

Golazo de Cantona con el Manchester

Cantona atiza a espectador