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Te toca pagar a ti, pillín

Tacho Rufino | 25 de octubre de 2009 a las 20:16

hacienda juntapaganini

La avidez por sanear los presupuestos públicos no sólo se refleja en la subida de dos puntos del IVA prevista para julio de 2010. En los ámbitos autonómico, provincial y local los bocados se dan por donde se puede. Contaré brevemente un ejemplo de exacción fiscal injustificada y abusiva, y no lo digo sólo porque alguien muy cercano la esté sufriendo en mis sus carnes: nuestra víctima (pongamos “usted”) no es la única.

Usted compra una casita en el pueblo originario de una rama de sus ancestros, una oportunidad que andaba esperando desde hace tiempo. El precio -como no pocos a estas alturas de la caída del metro cuadrado español- no es de locos como solía ser, y ni siquiera lo negocia para bajarlo. La casa necesita reforma, y usted pide un préstamo hipotecario para sufragar buena parte de la inversión; papeleos, impuestos y reforma incluidos. Paga religiosamente el de Transmisiones, más toda la interminable cantidad de derechos reales, tasas, minutas y demás, dejando conforme (?) a la hacienda local, a la autonómica, a la Agencia Tributaria, al notario, al banco, a la gestoría, al vendedor y a sus acreedores, a todos sin excepción; y hasta a su señora, que tenía muchas ganas de tener una casita en la sierra (bueno, en el caso que nos ocupa es la señora la que ha llevado la voz cantante). Pero héteme aquí que llega la Junta de Andalucía, que es mi estadito autonómico, y dice que se huele que usted ha comprado demasiado barato, cosa que no sólo no es cierta a tenor del estado y las características de la casa, sino que es que sencillamente no es cierta y punto (es cosa de hacer el cálculo de dividir el precio de venta por metros cuadrados de la vivienda, que no está sen el barrio de Salamanca; ni siquiera está en una calle acerada, pero eso nadie ha ido a comprobarlo). Pero doctores tiene la Iglesia y baremos tiene la Hacienda, y a usted le endiñan una complementaria a modo de ataque preventivo, como el de la URSS.

Ellos –el repentino enemigo- dan por hecho que usted maneja dinero negro y que quiere ahorrarse impuestos, y ha pagado una parte en B. Todo ello, en el caso que tan bien conozco, es sencillamente falso: todo ha sido pagado y liquidado religiosamente. Pero los gestores del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales, su Junta de Andalucía de mi alma, dan por hecho que usted defrauda, y se pasan por el forro la realidad, e incluso el principio de libre fijación de precios por parte de las partes, cuestión vital en nuestro derecho mercantil. Usted es un listo, así que le mando una paralela y le digo que tiene que pagar –a la voz de ya- tres mil euros más. Comienza el acoso y derribo kafkiano, perpetrado al alimón por la administración autonómica y la provincial: negras cartas certificadas, recargos desquiciados, abogados, recursos, cefaleas, subidas de bilis ante el buzón y malestar general. Todo por comprar en tiempos en que no se compra, algo que usted creía un acto socialmente bueno. Y el que despistado que compre se convierte en el venado con más puntas, al que el rifle de la hacienda autonómica apuntará sin compasión. Tú vas a pagar un poquito de nuestros gastos, probo ciudadano, y la excusa es que eres un pillín que escritura a bajo precio con la connivencia del vendedor, el notario, el banco y el obispo de Calahorra. ¿A quién se le ocurre comprar en tiempos crisis, hombre de Dios, con la canina financiera que hay en el aparato burocrático patrio?

 

(Ilustraciones: el logo de la Hacienda andaluza y Paganini, metáfora del sufrido contribuyente)