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La quiniela de los ministrables de Economía

Tacho Rufino | 26 de noviembre de 2011 a las 18:00

Estamos ansiosos por saber quién va a ser el tipo que, junto con Guardiola y Ronaldo, más minutos de telediario acapare en el futuro inmediato. ¿Será como en la ceremonia de los Oscar cuando van a otorgar el galardón a la mejor película? Mariano Rajoy abre el sobre mirando a la cámara, diciendo, interesantón: “And the winner is…”. ¿Guindos? ¿Montoro? ¿Rato? ¿Caruana? ¿Páramo? ¿Paco González el del BBVA? ¿Piqué? Nunca tantos optaron a tan ciclópea encomienda. De momento, el que ejerce es el presidente electo, Rajoy, que ha estado en su sitio -Don Prudencio- , amarrado ya al mástil de un barco torpedeado y desvencijado que le toca patronear. Los mensajes exteriores (Merkel: “Enhorabuena, ahí tienes los deberes”, Fitch: “Sorpréndeme, rico”, FMI: “Ponte las pilas ya si quieres oxígeno”) e interiores (CEOE: “¡Apocalipsis now! ¡Rápido! ¡Todo!”) son bofetadas, urgencias e imposiciones que sólo hace dos años nos hubieran parecido intolerables intromisiones, algunas marcando el paso de la oca, otras aprovechando los trenes baratos. Pero Mariano, por ejemplo, le ha dicho a Merkel con tino, apenas bajarse del balcón de Génova: “Haremos los deberes del déficit, pero a cambio me quita usted de encima -usted que puede- la injustificada pero corrosiva presión sobre mis emisiones de deuda: usted también tiene deberes, Angela”. Supongo que nuestro flamante premierestará deseando darle los trastos a un ministro. Puede optar ente tecnócratas más o menos reputados, banqueros aupados por la política a sus tronos en la última planta y políticos fieles con estudios.Luis de Guindos confirmó una incontinencia que se traslucía en sus más recientes artículos en El Economista, cuando soltó algo fantasmalmente durante la campaña aquello de: “Cuando yo esté ahí…”. Eso puede costarle caro. Parece que Rajoy le habló del cargo, y él lo dio por hecho o decidió marcar el árbol con unas gotitas de propietario. Un tecnócrata desconocido del gran público. Economista, claro; funcionario del Estado, director del Instituto de Empresa, multi-consejero, fue secretario de Estado de Economía con Aznar. Ah, fue consejero para Europa de Lehman Brothers.

Rodrigo Rato, prestigiado con el viento del ciclo en la popa durante su ministerio con Aznar. Aznar lo exilió al FMI para poder manejar precisamente al más dócil Rajoy, que perdió aquellas elecciones como las perdió. Rato -primer español en un cargo galáctico, después de Solana y Samaranch- dejó plantado al FMI sin importarle su patria, y se vino al más lucrativo trono de Caja Madrid alegando morriña familiar. Sus informes en el FMI se demostraron desastrosos. A pesar de estos dudosos avales, tiene un gran cartel y magnetismo personal, es duro y refinado. Su delfín, Jaime Caruana, es un tecnócrata puro, versión ingenieril. Se quedó -él sí- en el FMI cuando se fue su mentor, que ya lo había hecho gobernador del Banco de España previamente. Caruana es tan frío como invisible. Su fama es de gran perspicacia y ortodoxia económica, por mucho que su gobierno del banco central español coincidieran con la máxima hinchazón de las burbujas crediticia e inmobiliaria, que él, como tantos otros que hoy silban, negaron.

González Páramo es otro técnico, cuya apariencia de sereno intelectual de elegantes maneras -un Galbraith de la Meseta, aunque liberal sin colmillo- lo harían nadar bien en el proceloso mar comunitario. De todas formas, es precisamente su pertenencia al Comité Ejecutivo del BCE lo que lo acredita como candidato, aparte de su impecable formación académica. Es, además, experto en Hacienda Pública. Presupuesto, déficit, finanzas europeas: de eso se lo sabe todo. Por mucho que el BBVA haya sido siempre un banco afecto al Partido Popular, sería descabellado institucionalmente e inaceptable en la calle que Francisco González fuera ministro. Piqué también queda prácticamente descartado: nunca ha sido amigo de Mariano, y no puede desprenderse de un aura de poco confiable. Queda Montoro. Montoro es quien de verdad se merece el cargo. Es experto en Hacienda Pública (fue ministro adláter de Rato), y ha sido bastión correligionario de Rajoy en las duras y a las maduras. Está curtido, es agresivo y claro. Es muy amigo de Rato, dicen: éste puede ser un buen apoyo si fuera ministro el jiennense, una dupla que Rajoy debe controlar como presidente que va a ser. No le acompaña el carisma a Cristóbal. Ni falta ninguna que hace.