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Más peligro que la China

Tacho Rufino | 24 de septiembre de 2012 a las 7:08

QUE el mundo es y será una porquería ya lo sabía Gardel, en el quinientos seis, ¡y en el dos mil también! Quien dice dos mil, dice dos mil doce. Y no sólo para la España de los rescates y los regates al rescate de un Rajoy preelectoral y partidista; ni para la del discurso del Rey bloguero que no se calla, o la del banco malo que nos tragamos los contribuyentes y -hombre, muchas gracias- los bancos buenos también un poco: la España nuestra de cada semana, un sinvivir. Consolémonos con la letra del tango Cambalache: siempre ha sido así. Y consuelo de tontos: es así para prácticamente todos, y si no lo es lo ha sido o lo será. Venga esto a cuento del progresivo temor de los sacerdotes de la economía global, tan polarizados y por ello desprestigiados, acerca de que, si un gran peligro es la crisis de la Eurozona con España de actual prota, más peligro tiene China. Es cuestión de tiempo. Recuerdo a algunos economistas hoy partidarios de la Dukan Pan & Agua hablar no ya de la solidez de nuestro sector de la construcción, sino del milagro del crecimiento planetario sostenido e indefinido. También de China como nueva locomotora, como el paraíso de las oportunidades y las energías. Y qué va, no es para tanto.

Durante muchos años, el Oráculo de Delfos del mundo cada vez más interdependiente se ha reunido en una estación de esquí de Suiza, Davos. El Foro Económico Mundial ha sido el lugar de intercambio de ideas sobre cómo mejorar el mundo, y recientemente el Foro ha ido realizando otros encuentros por el mundo, en lugares donde, como en Davos, no pudiera llegar horda antisistema alguna a fastidiar la reunión, como la propia Davos, arriba en la montaña…. y como China, donde las protestas y ataques que no son masacrados son aquellos que, por ejemplo, destrozan intereses japoneses. Este año, el minidavos chino se ha realizado en Tianjin. Y los grandes hombres están no ya asustados con la crisis del euro (a esto estamos acostumbrados, como quien dice), sino por la nueva tormenta por venir: China ralentiza su crecimiento. Aunque es evidente que el crecimiento permanente es insostenible y crea asimetrías -injusticias, por así decirlo- aquí o allá, jugaremos con las reglas de análisis ortodoxas una vez más. El crecimiento del PIB chino ha caído a cotas menos irracionales, aquellas de dos dígitos, hasta el 7,5%. Eso implica entre otras cosas una fuerte caída de sus importaciones, nuestro supuesto maná, así como la reconversión de sectores que parecía que iban a comerse -literalmente- el mundo, como la del automóvil. Según decía The Economist esta semana sobre este asunto, “la gente está acostumbrada a los malos augurios provenientes de Europa; desde China resultan espeluznantes”.

Los países en recesión, como muchos europeos, necesitan agarrarse al crecimiento chino y al de sus importaciones para apuntalar su propio crecimiento vía exportaciones. Pero no sólo el PIB chino se desacelera (o sea, crece, pero menos que el año anterior), sino que no hay confianza alguna en las estadísticas chinas, menos fiables que las griegas del otrora consultor Draghi. Sí hay indicadores indirectos mucho más fiables que los del partido único: la producción eléctrica china ha crecido alrededor del 1%, y la tendencia es a decrecer. ¿Encaja esto con un crecimiento del valor añadido industrial unas diez veces superior? Huele a pan de gambas. Mientras que la burbuja de la manipulación oficial de la República Popular de China explota o no en la cara de todos, sería una buena noticia que nuestro banco malo lo comprara alguna corporación china, como aquel otro prenda que confundió los carteles de protestas en el parque de bomberos de Jerez, y ofreció: “Lo complo todo, cuánto”. Ya hay propuesta para el nombre del banco que se ha tragado el contribuyente español: el ChungHo Bank.

De momento, rescaca de dos trimestres

Tacho Rufino | 27 de diciembre de 2011 a las 14:50

Éste y los que vienen no son buenos días para hacerse un análisis de sangre, pero sí son días de análisis retrospectivos del año, porque es lo que toca. Del año económico y social español. Ácidos que crean punzantes cristalitos en la punta de los dedos, grasas que espesan la sangre, alcoholes que suben la tensión, humos que duelen en el occipucio (acudir a la RAE, no confundirse) al día siguiente, mezclas imposibles que al ser ingeridas llevan para tus adentros una promesa de indigestión y diarrea. Hace poco me reprochaba un anónimo pero no faltón asiduo a este blog que yo venía abusando de las metáforas, y que por ese camino podría llegar a acabar escribiendo como lo haría un profundo jefe sioux en el día que elige para morir. E incluso como quien escribió el Corán o los textos védicos: una sucesión de lucidos tropos simbólicos para ser consumidos con el corazón predispuesto a la elipsis, al rodeo y al estilo indirecto. Exceso, indigestión, colapso, diarrea, rehabilitación: la metamorfosis de la crisis. También hay quien sabe que, para llevar adelante su política de recortes, lo que nos queda de momento es ir para atrás: adelgazar la riqueza nacional (permitan la simplificación los técnicos más ortodoxos), y aumentar paralelamente la cifra del paro, esto último sin querer y a modo de natural consecuencia. Si no se crece al menos un dos o un tres por ciento, y dada nuestra estructura de costes y de producción, no se creará empleo neto. Sino lo contrario. ¿Que usted se tomó dos docenas de seres cocidos –entre cefalópodos y crustáceos– a los que no está acostumbrado? ¿Que trasegó una mezcla de vinos y licores de colores y olores imposibles, hasta llegar a cantar por Farina y Abba sin solución de continuidad? ¿Que besó a su suegra con amor inusitado e incluso entre lágrimas? ¿Que los últimos trozos de turrón los comió con una mezcla de gula y de asco, pero para adentro que fueron? ¿Que no recuerda bien por qué tiene un premolar desconchado, pero la mera visión de un plato de peladillas a la mañana siguiente le puso el pelo de pollo? Pues ahora, a atravesar su pequeño desierto psico-físico. En cualquier caso, nada que ver con la perspectiva económica y social que trae el niño 2012 debajo del brazo. Un pan… y agua.

Ayer el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, nos advertía ante un muy solemne –y también simbólico, él no es de prodigarse por cualquiera– José María Aznar: de momento, y hasta nueva orden (“dos trimestres”, dijo con imprecisión muy intencionada), aquí, de crecer, poquito. O menos que nada. La bola de cristal de Guindos tiene muchas prestigiosas bases de datos, y tampoco hace falta ser un Nostradamus para decir que de momento no levantaremos cabeza, sobre todo si vamos por así decirlo a acometer una dieta de pan y agua. Todavía no hay un sólo titular en google ni mozilla que juegue con el ministro y la frasecita popular de caerse de un guindo, pero él sí nos pide sin hacer sangre aún que nos vayamos haciendo a la idea, que bajemos de la nube, si alguien quedá allí: recesión, aunque sin mencionar el término. Recordemos que la recesión se entiende por dos trimestres de crecimiento negativo del Producto Interior Bruto, es decir, ir para atrás y crear menos producción de bienes y servicios agregada que el trimestre anterior. Es como decir que uno va a a ostentar en breve la propiedad de un coche de color ausencia de color, o que se va a comer un entrepán de carne de cerdo sazonada y entripada, en vez de comprarse un coche negro y comerse un bocadillo de chorizo. Die la verdad, pero no dice la palabra fatídica. Recesión suena a nombre de patrona local a la que se visita en romería y por la que las inocentes lugareñas llevan el apodo de Resi. Recesión es la prima hermana de la Tasa de Crecimiento Negativo (expresión eufemística donde las haya) y de su tocaya Tasa de Desempleo. Recesión nos asegura Guindos en su primera comparecencia. Me pregunto cómo serán la Navidad del año próximo y sus declaraciones institucionales. 2011 iba a ser el año de la recuperación (o recuperacioncita, al menos), y nada de nada. Demos un voto de confianza a nuestros gobernantes, votados tan mayoritariamente. No nos queda otra, aparte de trabajar mejor y asomarnos de vez en cuando a las ventanitas privadas que muestran un panorama más bello. Que ustedes lo toreen bien.

El dinero no dará la felicidad, pero la explica bien

Tacho Rufino | 24 de mayo de 2011 a las 18:50

El cuadro de abajo ha sido elaborado por The Economist (daily chart) a partir de los datos de la OCDE, que ha elaborado a su vez una medición alternativa del producto económico de un territorio, donde manda el PIB desde hace décadas. El denominado Índice para una Vida Mejor (lo bautizamos aquí como IVM: no lo he encontrado en ningún sitio; ni una alternativa, se aceptan contribuciones de gente más avezada en la búsqueda internética) puede ser ponderado por quien lo usa. Para entender el cuadro, hay que tener en cuenta una noción de estadística que intentaré explicar aquí con sencillez, la correlación. Dos variables están directamente correlacionadas cuando varían de la misma manera: una crece, la otra también, como el calor y el sudor. Si medimos dos indicadores de riqueza alternativos en el mismo país, echamos sus valores a pelear estadísiticamente, y nos da –usando técnicas matemáticas clasicas– un índice de correlación alto y directo, podemos suponer que miden la misma cosa o muy parecida. O sea, que según lo de abajo, el nuevo índice más cualitativo y completo de la OCDE viene a medir lo mismo que el soberano PIB. No somos nadie: el índice de la felicidad mide y explica lo mismo que el PIB (en esto también se aceptan correciones de estadísticos, pero que “bajen el balón al césped”). Por eso los puntos se van desplazando en la gráfica hacia arriba y la derecha de forma homogénea: a más de PIB, más de IVM en el mismo país. O sea, dinero y felicidad corren en la misma dirección… aunque, según este humilde mortal, llega un momento en que una nueva cantidad mayor de ganancia no da una mayor felicidad o sensación de ella.

(Debajo del cuadro, el texto que lo acompaña en The Economist)

“Durante más de 70 años, los economistas se han centrado en medir el producto económico. Su forma de medición habitual, el Producto Interior Bruto (PIB), tiene limitaciones, por ejemplo, no considera la depreciación de los recursos naturales y excluye servicios sin contraprestación monetaria como el voluntariado. El 24 de mayo la OCDE lanzó una forma de medida alternativa del bienestar, que incluye 20 indicadores relativos a 11 sectores en sus 34 países miembros, entre ellos la satsifacción vital y la contaminación atmosférica. La OCDE ha confeccionado una herramienta de medición interactiva que permite a sus usuarios cambiar el peso de cada actividad según su propio punto de vista. El cuadro de arriba muestra los resultados de su Índice de una Vida Mejor (al cual, en su versión básica, han aplicado pesos o ponderaciones iguales) frente al PIB per capita a paridad de poder adquisitivo (una versión del PIB que lo ajusta en los distintos países en función del coste de la vida en cada uno de ellos). El dinero puedo que no dé la felicidad… pero sí da una fuerte correlación con este nuevo índice que pretende darle un valor al contento de las personas.”

La economía busca una salida… sumergida

Tacho Rufino | 18 de mayo de 2009 a las 18:07

En épocas de crisis, además del paro, la morosidad, el déficit público o los EREs, hay cosas que, aun creciendo, no son tan negativas como aquéllas. En concreto, la economía sumergida: ilegal o alegal, pero economía (se valora en un 20 por ciento del PIB, que, claro está, no se contabiliza en tal PIB). La economía, como el agua, siempre busca y encuentra una salida. Cuidado, no estoy defendiendo que la gente no se dé de alta para ejercer una actividad, o que no declare las horas de pluriempleo que echa aparte de su trabajo habitual; ni tampoco la “evasión” de impuestos y cotizaciones que esto supone, ni muchísimo menos el hecho de que se emplee a gente sin darla de alta ni garantizarle seguridad y otros derechos. Pero igual que la construcción es una vaca flaca pero es nuestra vaca, la economía sumergida es, a la postre, economía. Según oportunos estudios, la economía sumergida -muy difícil de calibrar, por algo se llama como se llama: no “se ve”- parece estar creciendo como la espuma, en un porcentaje superior al del descenso del PIB (magnitud en la que, ya decimos, no computa la actividad económica informal, aunque se valora la producción oculta en cerca de un 20 por ciento del PIB en el caso español). Y eso, en cutre, no deja de ser una compensación positiva: lo que se evapora en la economía formal -el PIB- se condesa en la informal. El Gobierno, además, parece estar dispuesto a hacer la vista gorda, más en lo fiscal que en lo laboral. De hecho, desdice a los inspectores de Hacienda, cuyo portavoz, Francisco de la Torre dice que no habrá más medios para vigilar el aumento de las actividades fuera del control público (en Estados Unidos, Obama ha creado 900 plazas nuevas de inspectores, con el objetivo de controlar esta forma de fraude).

La crisis, en suma, supone un envilecimiento social, un paso atrás de las relaciones entre Estado, personas y empresas. Sin embargo, no creo que lleguemos a ver realizada la tesis del último libro de Vicente Verdú (Capitalismo funeral, ahí es nada), agorero al máximo, según quienes lo han leído. Verdú dice que la crisis es un escenario muy muy parecido al de una posguerra. No adelantemos el cataclismo empujando con los peores augurios posibles: la realidad es de por sí bastante jodida, y disculpen la expresión.

La pérfida estanflación ataca de nuevo

Tacho Rufino | 24 de agosto de 2008 a las 21:33

En tercero de carrera, allá por el año 84, se convirtió en algo recurrente la palabra “estanflación” en las clases de Estructura Económica, que entonces impartía en la Universidad de Sevilla el profesor Vallés Ferrer. Con su gran parsimonia y su marcado acento catalán, nos descubría que un cuadro clínico caracterizado por el estancamiento económico o la recesión (o sea, no crecimiento o decrecimiento del Producto Interior Bruto de un país durante dos trimestres seguidos), la inflación (crecimiento sostenido de los precios al consumo, deteriorando el poder adquisitivo de las personas del país, y también deteriorando la capacidad competitiva de ese país con respecto al exterior) y el desempleo. Tres variables nocivas para la economía, causas y/o consecuencias unas de otras de manera más o menos directa. La estanflación -una adaptación del término inglés stagflation, a su vez una mezcla de “stagnation” (estancamiento) e “inflation”- venía a tirar por tierra las certezas de la llamada Curva de Philips, que establecía que cuando se intenta controlar la inflación, el desempleo tiende a subir. Hay que elegir, pues.

O sea, según Philips, para combatir el paro hay que tolerar cierta inflación. Y resultaba que, en ciertos periodos como aquél de las clases de Vallés y en otras fases cíclicas anteriores, no sucedía así: podía haber alta inflación, incapacidad para reducirla, paro rampante y -gallina o huevo-, estancamiento o recesión de la actividad económica general. Más o menos como ahora, tras unos veinte años en los que el palabro ha estado en el desván cogiendo polvo.

Se me ocurren dos expresiones cliché en este orden de cosas: “la estanflación ataca de nuevo” y “la estanflación ha venido y nadie sabe como ha sido”. Y no les falta razón a los tópicos.

Sarkozy tira de premios Nobel

Tacho Rufino | 9 de enero de 2008 a las 11:51

Sarkozy, de nuevo. El pintoresco Napoléon del XXI no para. Es capaz de anunciar una boda secreta -que ya tiene mérito- y al mismo tiempo tirar de dos economistas de “cara amable” para el gran público, con sus premios Nobel y muy del gusto europeo: Stiglitz, con sus ataques a la globalización y al Fondo Monetario Internacional; Sen con sus estudios sobre la pobreza. Sarkozy los ficha para que investiguen una alternativa al PIB para medir el crecimiento económico: a Francia no le va muy bien con el baremo “contable y artimético” (expresión suya) para renovar su grandeur. Además, Sarko afirma que ha pactado con Zapatero y Prodi “expulsiones colectivas” de inmigrantes ilegales, al tiempo que anuncia programas de recuperación de los suburbios marginales, donde anida el odio racial, la frustración y la falta de expectativas de los jóvenes y no jóvenes. ¡Este hombre no le hace asco a ningún huerto, mon dieu! ¿Se trata de una estrategia de marketing personal, o es Nicolás una auténtica máquina política… o una incontinente presa de la exaltación amorosa?

En PIB per cápita les ganamos

Tacho Rufino | 19 de diciembre de 2007 a las 20:45

Dejando con cara de pasmo en la grada a nuestra Familia Real española, nos ganaron en la final de waterpolo en las olimpiadas de Barcelona, como siempre nos ganan con malas artes -o sin ellas- en innumerables cuartos de final en fútbol; son más guapos y más elegantes e intentan levantarnos a las chicas… pero ya les ganamos en PIB per cápita a los italianos, pueblo rápido y “furbo” (espabilado) donde los haya. Un magnífico artículo de Rogelio Velasco para Joly Digital publicado hoy nos da las claves de este histórico éxito. Según los datos del centro estadístico comunitario Eurostat, estamos por encima de la media de la UE. Sin embargo, en la Zona Euro -con la que debemos medirnos- las campanas están más quietas: no logramos cerrar la brecha con los socios más ricos del club. Según Rogelio, si afloráramos a efectos de cálculo las economías sumergidas, probablemente subiríamos peldaños en el escalafón, pudiendo pedir nuestro ingreso de pleno derecho en el G-8, lobby de los económicamente poderosos (en el que sí está Italia, por cierto).

La autoflagelación no es nada buena para la necesaria autoestima, pero si desagregamos el análisis por comunidades autónomas, otro gallo nos cantaría a los andaluces en la comparación. Claro, que no se puede ser receptor crónico de fondos estructurales y de cohesión y a la vez estar entre los primeros de la clase. ¿Debemos confiar en nuestra convergencia regional con nuestro ritmo de crecimiento?