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Berlusconi, su prima, Hollande y Bernanke

Tacho Rufino | 13 de diciembre de 2012 a las 13:20

Sin duda, lo más llamativo de la semana es la vuelta de Berlusconi al ruedo político. ¿Horreur? Sí, puede, pero su derecho lo ampara: es un candidato electo, forzado a abandonar el cargo de premier por el sindicato de fuerzas exteriores llamado troika, que colocó en el puesto de primer ministro a un técnico (un delegado territorial, la verdad) llamado Mario Monti. Sobre este asunto pretendo basar la El poliedro que se publica los sábados en los diarios de Joly. Sólo adelantar una cosa, acerca del primer silviazo de la nueva era (“Lo de la prima de riesgo es una estafa”): estoy totalmente de acuerdo con Berlusconi, sin antecedentes y sin que sirva de precedente. Es una estafa vestida de racionalidad de mercado.
Pero la semana ha dado más de sí: los socialistas franceses en el poder hacen lobby ante Alemania –lo ha cantado la propia Merkel– para precipitar nuestro encadenamiento al rescate y la intervención del mencionado sindicato exterior –un directorio tecnocrático: BCE, Alemania, Comisión, FMI, OCDE, otros–, de forma que hagamos de cortafuego a su propia caída en el descrédito financiero internacional, su exposición al tiburoneo inversor vía prima de riesgo y, eventualmente, su propia bancarrota y petición de rescate. “Maricón el último” (dicho sea sin homofobia ninguna; carezco absolutamente de ese detestable sentimiento). La gran esperanza socialista, Hollande, el contrapeso progresista de una Europa llena de aristas, facciones, divergencias y obsesiones de austeridad… resulta ser un enemigo para España. Nada nuevo cuando se comparten fronteras, bien mirado. Fronteras y pánico.
La semana, en fin, ha traído otra noticia bien jugosa y desmitificadora, en este caso desde el otro lado del Atlántico, desde Estados Unidos concretamente. El Gobierno de Obama ha movido –no me cabe duda– a la autoridad monetaria, la Reserva Federal que gobierna a su vez Bernanke, a implantar una política monetaria aún más expansiva expansiva, no sólo reduciendo al mínimo (al cero) los tipos de interés reales, sino metiendo cantidades fenomenales de dinero público en el sistema, vía compra anticipada de títulos públicos en el mercado, bonos y demás (concepto: quantitative easing). ¡Oh, es posible! ¡Y conveniente! ¿Qué habrán pensado la Merkel y su Draghi?: “Cosas de americanos, locuras que no nos podemos permitir en una jaula de grillos como la UE, con lo disolutos que son algunos socios (no los golfos que también han transitado el propio Deutsche Bank, no, esos no cuentan para el populismo norteño)”. Meter dinero público en el sistema con el objetivo de crear empleo: de eso se trata. Lo hace la meca del libre mercado y el sistema capitalista: política pública made in USA, pata negra, ¿o no?

¿Por qué se permite hacerlo? ¡Porque puede!

Tacho Rufino | 6 de agosto de 2012 a las 13:05

TODO es ahora cambiante y complejo, extremadamente dinámico e incierto, así que por qué no practicar un poco de revisionismo también en nuestro refranero de calle. Por ejemplo, “Que tienes más peligro que una caja de draghis”. Alternativamente, “eres más falso que un Draghi de plástico”. Esta semana, contra todo pronóstico y seguramente reconvenido por Merkel, este Shylock con másteres y currículum de gran escualo de Goldman Sachs nos vuelve a hundir en la miseria. ¿Por qué lo hace? Porque puede: he ahí la cuestión. Shylock era el avaro prestamista shakespeariano, que encarnaba lo peor del estereotipo antisemita, pero evidentemente no es por la condición de judío de Mario Draghi -que lo es- por lo que él resulta inmoralmente peligroso para grandes masas de población. Krugman o Stiglitz, grandes críticos del papel del dúo Merkel-Draghi en los últimos tres años (error, el último año; antes, Trichet), también lo son. Como un niño caprichoso y despiadado, el presidente del BCE se ha desdicho, la ha envainado, y la calma que infundió la semana pasada a los también insoportablemente leves mercados se ha esfumado este jueves. Una palabra tuya bastará para sanarme, Mario, y otra palabra tuya bastará para matarme. Hay en España quien pide que Draghi sea juzgado por crímenes contra la Humanidad (no es broma). Hay en España maximalistas en otras trincheras que opinan que nos merecemos este castigo, que por qué nos va a salvar el BCE comprando nuestra deuda pública: la ortodoxia selectiva e intermitente -ahora sí, ahora no- resulta tan demagógica como pretender sentar a Draghi en un banquillo de acusados como sentaron en Nuremberg los aliados a aquel juez nazi, el Dr. Jennings (escalofriantes interpretaciones de Burt Lancaster y Spencer Tracy en la película de Stanley Kramer). ¿Mucha referencia a la Alemania nazi? Con mayor claridad y cantidad las podemos encontrar en la prensa alemana contemporánea y en referencia al papel político de su país en esta crisis. El semanario Der Spiegel tiene una versión reducida en español. No está nada mal darse una vuelta por sus páginas digitales para modular nuestras percepciones sobre “los alemanes”. Jakob Augstein, prestigioso columnista y editor, publicó hace pocas semanas en Der Spiegel un artículo titulado “Alemania, conductora kamikaze”, en el que dice a las claras que el discurso merkelista -bien cocinado por el diario populista Bild- de que “todo el mundo quiere llevarse nuestro dinero” no es sólo falso, sino que incrementa el riesgo de corrosión de la Democracia. Y no tiene Augstein miedo de establecer paralelismos de la situación actual con la República de Weimar y el surgimiento del nazismo. “Merkel trabaja en debilitar el compromiso europeo de los alemanes… comete un grave error al enterrar la idea clave de la posguerra: la potencia media que constituye Alemania no tiene futuro fuera de la comunidad europea de destinos”. La vía europea es complicada, pero la vía alemana no existe: “¿Qué hará Merkel cuando el euro y Schengen, fruto de sesenta años de integración, hayan desaparecido? ¿Confiar en China?”, se pregunta Augstein. Y volvamos a Draghi, un hombre que aparece de pronto investido de un poder excesivo. El curator del euro puede provocar y apaciguar maremotos diciendo unas palabrillas misteriosas ante la prensa. Aunque sin duda Draghi es la correa de transmisión de la actual política obsesiva y corta de miras de Merkel, la capacidad de hacer daño del italiano es inmensa. Pero recordemos que el origen de su poder no es democrático, y da miedo pensar en que las fuerzas que rigen nuestros destinos no son nuestras voluntades hechas representantes políticos y gobernantes, sino un gobernador de un banco central de una Europa dividida en lo esencial… y unos mercados financieros erráticos, asustadizos o, peor, yonquis de la especulación y el corto plazo.

Por qué se habla de ‘corralito’ español

Tacho Rufino | 15 de mayo de 2012 a las 20:27

Si nuestro país hubiera tenido moneda propia, en circunstancias similares a la que nos agobian desde hace cuatro años España se habría visto obligada a prácticar una o más devaluaciones de su divisa, probablemente hasta un 20% como mínimo. Los problemas de financiación se habrían aliviado, aunque la devolución de sus deudas (que permanecería en dólares u otra moneda de referencia global) estaría en entredicho al ser más cara. En cualquier caso, tal devaluación no era ni es posible, así que España tiene un serio problema de financiación, que no va a ser indefinidamente parcheado por el Banco Central Europeo, como estamos viendo.

El calvario de nuestra gestión financiera pública –que se traslada a empresas y familias como si de un cordón umbilical se tratara— se nota en la caída de la bolsa y en la prima de riesgo. Veamos. Uno. Si la bolsa cae como está cayendo mes a mes y año tras año, es porque los inversores –españoles y extranjeros, como los grandes fondos de inversión—venden acciones de la bolsa española, se deshacen de ellas, en mayor proporción que las órdenes de compra en el llamado parqué. Muchos retirarán su dinero del país, y lo invertirán en otros sitios. Dos. Cuando, por su parte, España paga mucho por colocar su deuda pública (es decir, la prima de riesgo es grande con respecto a lo que paga Alemania, que no paga casi nada por endeudarse para gestionar su tesorería nacional), quiere decir que muchos inversores no renuevan sus inversiones en títulos de deuda españoles, y ha que ofrecer mucha carnaza a los inversores para que el Estado español  no entre en default, en bancarrota, o sea, que no pueda pagar sus gastos corrientes y financieros, más las amortizaciones de la deuda del Tesoro que llega a su vencimiento. Los bancos españoles ya no pueden ser obligados a ser los paganinis que sustentan dichas emisiones, comprándolas masivamente de forma quasi-obligatoria. Directamente, porque ya no pueden, y menos estando en el ojo del huracán por sus tremendas bolsas de dudoso cobro. Tres. Un aclaración: los inversores –que no siempre son ocultos facinerosos sin alma y con demasiado poder, qué va: quizá sea usted uno– no quieren correr el riesgo de que un país en el que han invertido sea expulsado del euro, asuma una nueva moneda menos valiosa, y ese menor valor se traslade a sus inversiones. ¿Qué haría usted?

Sumen a esto el pánico de muchos depositantes de Bankia –y las orejas que le ven al lobo otros depositantes de otros bancos españoles–, azuzados por justicieros de ocasión que juegan a atacar al sistema financiero, cuando en el camino ayudan a hacer que los ahorros de sus propios padres se volatilicen (hablo de algunos grupos del 15-M, sí: la multiformidad y la indefinición de grandes masas de gente produce también monstruos, o simple papanatismo). Sumen también a esto que el augur económico más granado del mundo, Paul Krugman, afirma que España puede estar en una situación de corralito (hace años que Krugman aplica tal posibilidad a España) ¿Cuál es el resultado? La  aceleración en la fuga de capitales de nuestro país: salen muchos más dólares y euros que entran desde hace más de un año. Muchísimo más. Como si la botella de oxígeno se vaciara y el paciente no tuviera con qué rellenarla. Asfixia.

Algunos datos (vean las tablas abajo, para corroborar). La inversión financiera neta en España tocó techo en 2006. Desde entonces ha caído estrepitosamente, hasta ser negativa (o sea, se invierte fuera más de lo que se invierte aquí desde afuera). Más palmario aún: el BCE sigue la pista de los flujos de capitales de la eurozona, y la fuga legal de capitales en España es la que más crece de la Unión Europea, desbancando a Italia, que tiene el mayor volumen de fuga (en Grecia y Portugal quedaba ya poco por fugar en el último año). Aunque los datos de la tabla finalizan en febrero de 2012, es de temer con fundamento que la cosa no ha hecho sino empeorar en marzo y abril. ¿Adónde ha ido ese dinero? Lo diremos con un dato: en los siete últimos meses de 2012, la liquidez de los bancos alemanes y holandeses ha crecido en casi 400.000 millones de euros: poco cabe explicar. Para parar la sangría de la fuga de capitales, el corralito (o sea: no dejar que la gente disponga libremente de sus depósitos bancarios) es una salida desesperada. Para aquellos que buscan soluciones ya y se las exigen a políticos y economistas: buenas, buenas, no hay ninguna. De ellas hablaremos en la próxima entrada.

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¿’Hispania delenda est’?

Tacho Rufino | 10 de abril de 2012 a las 12:36

Si España es el condenado a la crucifixión, los inversores financieros son los romanos y la Unión Europea una mezcla de sanedrines de pose técnica y de Herodes lavándose las manos (por ejemplo, no comprando deuda española durante estos episodios de ataque y venta masiva, lo cual disuadiría a los atemorizados de vender presa del pánico y a los especuladores puros de jugar a ganar en el río revuelto). Recordarán aquella hilarante escena de La vida de Brian: “¿Crucifixión?”, preguntaba amablemente el listero romano. “Sí”, respondía con igual cortesía el reo. “Bien, salga por esa puerta, alinéese a la derecha, una cruz por persona”. España no tiene quien la defienda, o mejor, ni siquiera la atribulada adopción de medidas de enorme impacto social y económico de su Gobierno es capaz de parar las impenitentes y periódicas razzias de unos agentes de los mercados que vienen a decirle: “Dése usted por jodida; le canto a usted por Luz Casal: Y voy a por ti, y voy a por ti, como una locomotora por ti, y voy a por ti, y voy a por ti, y voy a por ti ahora”.

Los confusamente llamados “mercados”, los dueños y árbitros finales de la economía que vivimos, los emperadores invisibles, no se creen que vayamos a ser capaz de ir amortizando nuestra creciente deuda (privada, pública, externa), a retomar la senda del crecimiento ni a poder soportar los mazazos automutiladores de los recortes, muchos repentinos y atribulados, alguno planificado, casi todos negados antes de anunciados. Los romanos del siglo XXI dan y quitan. Si, por un lado, es innegable que la situación de España es muy comprometida fiscalmente y muy preocupante en cuanto a su nivel de actividad, y todo ello justifica parte de la prima de riesgo, por otro es también innegable que un reducido número de inversores globales es capaz de condenar a una economía completa, reforzando su proceso de degradación y taponándole las vías de recuperación. No sólo la prima de riesgo (el interés que pagamos de más que el que paga menos por su deuda pública, Alemania, en estos momentos con un alarmante nivel de 420 puntos básicos), sino los ataques a ciertos valores de nuestra bolsa de valores. En este sentido, el levantamiento de la suspensión de las operaciones bajistas o de short selling (dicho mal y pronto, apostar con dinero o acciones de otro a que a alguien –por ejemplo, ahora, Abengoa, Bankinter o Popular– le va a ir mal, vendiendo a su valor acciones u otros títulos, haciendo así caer su precio en el mercado, para recomprarlas baratas, ganando en origen) ha ocasionado que unos pocos grandes inversores acaparen cientos de millones de euros en inversiones destructivas (para ellos no lo son, claro es). Hay quien las justifica porque dan liquidez al sistema, algo así como decir que cortándole la mano a alguien elimino la posibilidad de que ese alguien se hurgue la nariz. Algunos nombres de estas gestoras que se han instalado en España para hacer subir y bajar las cosas obteniendo réditos en una y otra circunstancia, acelerando el proceso de mala fama y descomposición de nuestra economía: Amber Capital, Wellington Management, Landsdowne Partners y Marshall Wace.

Carthago delenda est“–“Cartago debe ser destruida”–  dicen que dijo un senador romano. Cartago es España, los romanos, queda dicho, son los inversores. “Hispania delenda est”.

La madre de todas las volatilidades

Tacho Rufino | 13 de agosto de 2011 a las 14:01

”http://www.oficinadeturismo.net/estados-unidos

TRAS la enorme pérdida de riqueza que supuso la primera oleada de la Gran Crisis, hace ya más de tres años, los dineros inversores del mundo que sobrevivieron se asustaron tanto que abandonaron sus destinos habituales para refugiarse en la deuda pública, que por entonces era tan poco rentable como, en general, muy segura. Al concentrarse el mercado en bonos y letras de los tesoros nacionales, éstos se convirtieron de pronto en la madre de todas las volatilidades. Quién nos habría de decir que los principales gestores de bolsa se revolverían contra el alma errática y especulativa de la misma. Leemos en el mismísimo Expansión cosas insospechadas: “Cualquier rumor tumba a los mercados, no me extrañaría que muchos fueran interesados”, dice un gestor de fondos; “La cosa es más estable cuando se usan métodos tradicionales, y se limitan los derivados”, dice otro, un gran operador londinense. Las armas de destrucción masiva (como calificó Warren Buffett a las complicadas estructuras derivadas y a las operaciones de venta corta) existían, y no estaban en Iraq, sino por las bolsas del mundo. Lo declaran los propios directores y actores de esta película gore-financiera: eureka. La refundación del capitalismo que se anunció en 2008 ha sido un fiasco: la política se tambalea ante los golpes de una bestia que, en ausencia de árbitro, ni su entrenador puede calmar desde la esquina. [Esto se escribió el jueves, justo antes de conocerse el acuerdo europeo para prohibir las operaciones bajistas o de venta corta sobre bancos… durante 15 días].

Compartiendo casualmente una cerveza tras el deporte, uno escucha a un joven broker andaluz que trabaja en la city decir que “son una panda de chorizos, y en muchos casos no tienen idea de lo que compran y venden, nos hacen movernos por impulsos a corto plazo, por salvar el pellejo. Yo, de momento, lo salvo, pero 50.000 como yo van a la calle sólo en Londres este año”. En la misma reunión, un señor ve la otra cara del chorizo, y sentencia sin atisbo alguno de duda que “tanta emisión de deuda pública es una forma de quitar los dineros a las empresas para dárselo a los estados, que no hacen más que mantener parásitos y despilfarrar”. Descontemos el cinismo guasón del hombre y descubramos una animadversión instalada en buena parte de nuestra burguesía: lo público es muy malo. Tal certeza se puede observar en empresarios que trabajan para el Estado central, autonómico o local. Tampoco importa que el hijo estudie en un colegio privado que nunca funcionaría si no se financiase con lo público, ni que cuando a uno no le llega la salud al cuello se dirija sin dudarlo a la sanidad pública: lo público es malo. E incluso roba liquidez a las empresas, emitiendo deuda. Pero la realidad es tozuda: si la deuda pública no hubiese actuado como refugio, el dinero estaría (más aun) en oro, o hinchando calcetines y colchones… o directamente evaporado. Volatilizado. Claro, que al ser el objeto de tráfico principal -y al ser un escorpión el escorpión-, la deuda pública comenzó a sufrir las ventas en masa, le emergencia de las primas de riesgo como indicador clave, las operaciones bajistas de consecuencias tantas veces fatales. Los sofocones, las subidas, los bajonazos y las resacas de una versión de parqué de las fiestas rave de Ibiza. Los ríos revueltos y sus pocos pescadores.

Los adalides del “no toques a la rosa del mercado financiero”, los adoradores de filántropos de destrucción masiva como George Soros atacan en realidad la propia viabilidad de nuestro sistema, el capitalista. O se controla a los mercados financieros con un verdadero acuerdo a lo Bretton Woods, u Occidente periclita más pronto que tarde. Aún hay que oír aquello de que “cuando cayó Lehman y AIG, habría que haber dejado caer a todas las fichas en mal estado. Así se hubiera depurado el sistema”. Depurado, no, qué va: muerto, como vaticinó Carlos Marx. Sería irónico que el fracaso práctico de la filosofía política del alemán tuviera dentro, cual matrioska rusa, el germen del verdadero cáncer para el sistema, el que “sí funciona”.

‘Mercado Kid’ noquea a ‘Mantequilla Estado’

Tacho Rufino | 6 de agosto de 2011 a las 15:58

“Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió”. Ojalá estas palabras que Borges puso en boca del joven que fue a matar al monstruo se hicieran realidad, y el minotauro estuviera deseando calmarse e incluso morir a manos de quien supiera llegar al centro de su laberinto. El laberinto económico inextricable que quizá a ustedes, también, les provoque tanto hartazgo como temor. En la misma línea mitológica, una analista sueca tira esta semana de metáfora para ilustrar lo que está pasando: “[los mercados]…un dios enfurecido, que nosotros mismos hemos creado, y al que ahora vamos a tener que ofrecerle muchos sacrificios para que se calme”. El “nosotros mismos hemos creado” es sin duda un plural algo injusto: todos los “nosotros” no somos igual de “nosotros”, hay algunos que han contribuido mucho más a emponzoñar la situación económica global que otros. Probablemente, no pocos de ellos son los que ahora obtienen grandes beneficios de la extrema inestabilidad, que amenaza con llevarse por delante ese poliedro diverso y dispar en que se ha convertido la Unión Económica y Monetaria. Lo que llamamos el euro.

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El combate está bien avanzado, y un púgil rocoso y sin estilo, con excelente juego de piernas, que nunca descubre su rostro y cuya pegada siempre hace pupa vapulea a los puntos a su contrincante, un espigado y elegante boxeador blanco, de alta escuela y método, que no tumba a un pelele y que tiene el mentón tan frágil como castigado el hígado. Los mercados revientan a la política. Titulaba Joaquín Aurioles en estas páginas el jueves: “El gobierno de los mercados”. No se quedaba en el desencanto, sino que cuantificaba cuál es el déficit de tesorería que tiene y tendrá España, y recordaba que, por nuestra parte, no queda sino trabajar en los gastos y/o en los ingresos. Mejor rápido que tarde. Porque siendo desproporcionada -abusiva si quieren, criminal incluso- la acción algo carroñera de los más conspicuos agentes financieros contra España o Italia -y lo que vendrá-, nosotros tenemos muchas tareas por hacer.

Sigamos haciendo patria, y citemos a otro articulista de esta casa. Fede Durán, con tino y elocuencia, escribía ayer viernes acerca de los deberes por finalizar y pendientes de empezar a meterles el diente. Tenemos que: aclarar a Mercado Kid cómo se organiza fiscalmente este país autonómico; corregir una reciente reforma laboral que ha sido lo que los jóvenes llaman ahora un pa ná; acabar cuanto antes con la reforma del sistema financiero español; acercarse a los países grandes, sean blancos o amarillos; subir el IVA. Sobre esta última cuestión se habla poco. Es un tabú político anunciar que se van a subir los impuestos porque no queda otra. Nadie lo hace. Es más, algunos prometen lo contrario. “Sé cómo obtener la cuadratura del círculo: voy a bajar los impuestos”. No nos vale tampoco la alquimia rubalcábica, un candidato metido a Robin Hood tributario: “Más impuestos para los más ricos, obligar a los bancos a dar crédito”. Esa rata, ¿quién la mata? Hace mucho tiempo que muchos lo decimos: los impuestos -así, en su conjunto- seguirán subiendo, por mucho maquillaje efectista que se haga (bajo un poco por aquí, subo mucho por allá). A nivel local, vean cómo se comportan los policías locales de su ciudad. Auténticas máquinas recaudadoras. Un alcalde del PP contradice la doctrina de su partido: “Voy a subir los impuestos, me da igual loo que piense mi partido. Esto se hunde”. Las verdades del lugareño. Como puños.

… y se colocaron todos (bastante caros)

Tacho Rufino | 4 de agosto de 2011 a las 13:27

España ha superado la prueba, y aunque ha debido prometer a los suscriptores de los títulos de deuda de hoy un interés superior al homólogo anterior (los emitidos el 2 de junio), ha colocado sin problema la cantidad  deseada: 3.300 millones de euros a tres años o tres años y medio. La demanda ha duplicado a la oferta de estos títulos tan arriesgados según el indicador llamado prima de riesgo… El interés está por debajo del 5%, y dado el nivel previo de la prima de riesgo, puede considerarse aceptable. Eso sí, habrá que pagar un sobrecoste de casi 7 millones de euros en intereses en comparación con lo que se hubiera pagado con los tipos contratados en la última emisión de bonos de la misma naturaleza. Por otro lado, la prima de riesgo española se ha relajado, aunque en pequeña medida. Como decíamos ayer (algo precipitadamente, sí, arriesgarse causa más ganancia o más dolor que no hacerlo, tanto en la bolsa como en cualquier actividad, aunque sea la de bloguero), era de esperar: la inversión de quienes han podido suscribir hoy los bonos españoles incomparablemente mayor de la que obtendrían si invirtieran en bonos alemanes. De hecho, el Tesoro ha tenido que desechar 1.500 millones que querían la apetitosa deuda española. El bono español es una buena inversión… menos para España. ¿Alguien dudaba de que se iba a colocar todo lo requerido por el Tesoro de España, hasta el último título, y rápidamente? Una conclusión inmediata es que la presión de los mercados secundarios por medio de posiciones bajistas  –presión que eleva la prima condicionando el interés que posteriormente en el mercado de emisión debe conceder España— ha dado sus frutos: sé que voy a comprar bono español, pero voy a presionar previamente en el mercado de segunda mano, así obtendré mayores intereses. Quien puede hacerlo, lo hace, desde Singapur o desde Albacete a solas, o agregadamente a favor de corriente. España tiene un serio problema de déficit presupuestario, que provoca la necesidad de acudir al convulso –ahora, para España e Italia, antes y después eran y serán otros—mercado de deuda pública. Está claro que los mercados tienen a la política cogida por el arco, a veces como un perrito zarandea a un peluche. Pero mientras el BCE y la Comisión (el Ejecutivo español pinta poco a corto plazo) previenen este tipo de convulsiones desproporcionadas, debe concentrarse el Gobierno actual y el por venir en reducir el déficit, que, no olvidemos, tiene dos partes: aumentar los ingresos o reducir el gasto… y no sólo esto último. Es una opción política, casi ideológica: ¿aumentamos impuestos y practicamos el “afán recaudatorio”, comabatiendo decididamente el fraude fiscal? ¿O sólo recortamos gasto social? ¿A quién aumentamos o, en su caso, reducimos la presión fiscal?  Sobre este particular y otros, el certero analista de esta casa y hasta hace unos días presidente del Observatorio Económico de Andalucía, Joaquín Aurioles, ha publicado hoy un excelente artículo en Joly, titulado El gobierno de los mercados

La bolsa ‘revivió’, la prima ‘se relajó': era de esperar…

Tacho Rufino | 3 de agosto de 2011 a las 14:09

(Nota: cuando ayer colgué esta entrada, el título decía “revive” y “relaja”, en presente, porque todavía no se había terminado la jornada. Al final del día, la bolsa bajó y la prima se mantuvo alta. En el camino, la volatilidad del río revuelto. Algunos lectores me han censurado el fallo por precipitado. Acepto y agradezco la crítica: podía haber estado menos on-line y esperar, eso sí. Pero cabe decir que el cierre es sólo el último registro en la bolsa: hay que tener en cuenta el proceso y no sólo la foto final.)

No hay sorpresas: ayer la debacle, hoy la resurrección, Gran negocio para algunos, sofocón y soponcio para muchos otros. El ave fénix de la bolsa ha sufrido un gran rebote técnico; por su parte, la escalada de la prima de riesgo española se ha calmado hasta nueva orden: todo de un día para otro, literalmente. El propio Expansión, nada sospechoso de atacar a quienes atacan a los países vía mercados, dice que “Los especuladores dejan a España e Italia al borde del abismo económico”. El mismísimo Merril Lynch afirma que esto ha sido demasiado. Todavía algún lector me llamará indocumentado y locatis, y dirá que esto que ha pasado esta semana es un fenómeno puro, benéfico, depurativo, correctivo y natural: que es “asín” y punto. Que nos lo merecemos por granujas, derrochadores e indisciplinados. Que viva Alemania (el país y cuyos bancos más han prestado a Grecia, sin darse cuenta de lo que estaban haciendo…), y se mueran los feos.
Las batallas entre los inversores más avisados y la política siguen siendo vencidas por los primeros. Y es que el castigo ha sido de nuevo absolutamente desproporcionado. Incluso Rajoy parece reconocerlo con un gesto patriótico de acercamiento al amortizado Zp: a él menos que a nadie le interesa forzar un rescate tan forzado ni la consiguiente pérdida de capacidad de acción del Gobierno, ese Gobierno que a decir de todos es suyo y del PP a la vuelta de tres meses mal contados.
Quien ayer tuviera liquidez y comprara un buen lote de las de repente depauperadas acciones del Santander o BBVA, hoy ha pegado un pelotazo enorme si ha decidido venderlas. Un repentino cambio de rumbo en la cotización cuyo aprovechamiento está al alcance de pocos, practicado sobre unos bancos que, paradójicamente, no sólo son altamente rentables y dan altos dividendos a sus accionistas, sino que además tienen sus huevos en cestas diversas por todo el mapamundi. Se veía venir el repunte, ¿o no? Los muchas veces impagables comentarios en los periódicos especializados (que suelen huir de los insultos y la fea mordacidad, porque entre otras cosas deben acreditarse) lo habían afirmado una y cien veces ayer: esto era la calma chicha antes del tsunami de la gran ganancia planificada. La ganancia que tiene la cara oscura de poner al borde de la mierda a todo un país que lo último que necesita es lo que está pasando en este agosto de tempranillos a golpe de clic: “las personas concretas a las que hay que convencer”, como definía a los grandes especuladores el gobernador del Banco de España, Fernández Ordóñez. Pensar que quienes provocan –provocan, y no sólo aprovechan– las caídas de las acciones y las escaladas desmesuradas de las primas de riesgo son agentes inocuos del sistema y fuentes de liquidez y corrección, es una falacia.
España tiene un problema de liquidez… que está causando uno de solvencia con la ayuda de los ocultos matones del patio. Su deuda pública es todavía relativamente menor que la del resto de Europa. Es una pieza muy apetitosa. Se gana mucho en su bolsa de un día para otro –de ayer a hoy, por ejemplo–, y se compra deuda pública a precio de ganga. O sea, deuda retribuida con intereses muy altos, a menos de cinco años: ¿alguien cree que quien mañana compre títulos del Reino de España no habrá hecho un excelente negocio, y además seguro? Hablando de reinos, los reyes de hoy son los que tienen liquidez. Cosa escasa en agosto, según dice la historia económica. Pero de agosto y sus paradojas hablaremos aquí el sábado, por si a alguien pudiera interesarle.

El mercado aprieta pero no afloja

Tacho Rufino | 26 de julio de 2011 a las 11:11

Día de emisión. Uno de los días en el que la prima de riesgo puede convertirse en un bombazo de relojería, aunque en este caso se trate de una bomba relativamente pequeña por tratarse de una emisión de letras y no de títulos a largo plazo. Mientras que durante la última oleada de la crisis de la deuda soberana la fluctuación de la prima (que ha subido mucho y ha bajado poco) ha afectado al mercado secundario, hoy compromete al Reino de España en una emisión de unos 3.000 millones (acabamos de saber que se ha colocado toda: era de esperar). Mientras que en el mercado secundario quienes arriesgan –ganan o pierden– son quienes suscribieron deuda española en su día, en el mercado primario o de emisión quien arriesga –aparte de quien compra, claro– es el Estado, o sea, los españoles del futuro, quienes deberán soportar el diferencial de interés que debemos comprometernos a pagar como país hoy para poder colocar esos 3.000 millones. El acuerdo comunitario –bueno, entre Francia, Alemania y el resto– para requetesalvar a Grecia de la semana pasada parecía que iba a calmar la inestabilidad, la desconfianza y la especulación contra el euro vía periféricos… desde el lunes siguiente ya se vio que no, que el mercado aprieta pero no afloja. Era demasiado apetitosa la alta y turgente prima española, de forma que trasladarla a la emisión de hoy prometía pingües beneficios. Si no se cubriera la emisión, se diría que los mercados temen de verdad un default o suspensión de pagos español. Si se cubre, la estrategia de elevar al alza la prima mediante operaciones directas y de derivados habrá dado sus frutos: el bono español será un chollo. Más de tres puntos por encima del alemán. La emisión de hoy se ha cubierto –¿de verdad alguien lo dudaba?–, y era de letras, o sea, a corto plazo. Ha habido que prometer un interés altísimo para estos títulos a seis meses (hasta un 2,5%): un auténtico bombón periférico para los inversores. En el peor de los casos –para los sucriptores de hoy–, el aval europeo cubriría el riesgo de impago al vencimiento, pero eso es una hipótesis sencillamente descabellada. Con el tiempo, si las cosas siguen en esta línea, estos ataques conseguirán pinchar la pelota –el euro–, y no habrá un título de deuda europeo a salvo. El negocio habrá volado por los aires.

Los ingredientes de la prima

Tacho Rufino | 13 de julio de 2011 a las 13:55

Ingredientes de la prima de riesgo