Archivos para el tag ‘recortes presupuestarios’

Notas para recortar

Tacho Rufino | 7 de junio de 2011 a las 15:29

Es innegable que España tiene un problema de ingresos, de ingresos meguantes. Si no se suben los impuestos, y recurrir a la deuda-para-amortizar-deuda y a la deuda para financiar gastos e inversiones está complicado, hay que “trabajar en costes” (gran eufemismo del mangement de la crisis). Es decir, recortar. Para ello, hay que establecer prioridades genéricas, conceptuales; si bien es cierto que lo que para uno es necesario, para otro puede no serlo. Aun así, aspiremos a que el sentido común sea verdaderamente común, y no actuemos por revanchismo, interés propio o urgida improvisación. Proponemos un borrador de “mapa para la austeridad” de las políticas públicas (este último plural es odioso, pero no me viene una expresión alternativa). Abramos el foco al máximo en una primera aproximación:

  • Primero, eliminar el despilfarro.
  • Segundo, liquidar lo superfluo.
  • Tercero, prescindir de lo prescindible.
  • Cuarto, dejar en suspenso lo transitoriamente prescindible.

Otros principios:

  • No recortarás en lo que es productivo y socialmente necesario, pero le exigirás eficiencia en el uso de los recursos que consume y compromete.
  • Concienciarás: el pequeño ahorro cercano tiene efectos expansivos. No manoseemos más lo de “el chocolate del loro”.
  • Evaluarás y serás evaluado.

‘Luz de gas’ a la economía española

Tacho Rufino | 19 de diciembre de 2010 a las 15:15

gaslightLa dualidad polarización en las opiniones sobre los recortes presupuestarios públicos está servida. Por un lado, la mayor parte de los economistas que hacen declaraciones coinciden en que las medidas que está adoptando nuestro Gobierno son necesarias pero, o llegan tarde, o son insuficientes y timoratas. Por otro, toma cada vez más fuerza en la calle la idea de que España es un pelele en manos del núcleo germano-francés de la Unión Europea, de orientación liberal conservadora, y más aún de unos agentes financieros globales que acosan a sus presas sin compasión, acelerando y pervirtiendo para su lucro –y el general empobrecimiento– el curso de los acontecimientos. En esta línea está una minoría de economistas que sostienen discursos alternativos, que prenden con facilidad en la gente insatisfecha: el malo es el sistema. El capitalista, claro es. Planteamiento poco operativo, pero con pegada.

Entre dos aguas (que no en la indefinición), están quienes pensamos, como en la primera línea de opinión mencionada, que cuando los ingresos menguan, los gastos deben ser adaptados a aquellos, sea en una casa, en una empresa, en el Estado central, en una comunidad autónoma o, ay, en un ayuntamiento. Máxime, si al crédito no se lo espera o es leonino, y siendo consciente –pero sin ánimos de quemar Wall Street– de que remendar selectivamente el hipertrofiado mundo de las finanzas globales es una utopía, por mucho que en los G-algo los Grandes Hombres se comprometan a refundar el capitalismo entre foto y foto. Aun así, la capacidad de gasto e inversión públicos no debe ser mermada hasta límites esqueléticos; el consumo y el empleo se verán letalmente dañados, y la rueda se atascará en el barro: delgaditos, pero débiles. La nueva codicia no es la de los tiburones financieros sin alma, sino la del adelgazamiento radical del Estado. Y decimos radical, no paulatino ni sensato.  En coincidencia con la corriente alternativa o de izquierdas, lo dicho es compatible con la certeza de que quienes han hecho daño por sus prácticas punkies deben pagar. O sea, los bancos ineptos deben desaparecer o, al menos, sus administradores pagar el pato, pura ley mercantil. Algo muy diferente de lo que se ha hecho en Irlanda, donde los bancos han sido reflotados (?) por un Estado paternal que los ha asumido en su seno, y que ha dedicado millones y millones del rescate exterior a tapar sus agujeros. Millones que pagarán las clases medias y pobres, en forma de mayores impuestos, menores salarios y menguantes coberturas sociales. Con, en suma, mayor pobreza y menores expectativas a más que medio plazo.

La nueva bofetada de la agencia de calificación Moody’s, esta semana, viene a confirmar que ya puede hacer los deberes Zp, que alguien le va a encontrar falta apenas pase una semana.  Salgado es aplaudida en Europa y también por pepitogrillo Mafo apenas presenta la segunda entrega de las medidas de recorte, no hace ni dos semanas. Y, sin solución de continuidad, llega otro experto –Moody’s, una escopeta de feria acreditada, que dio sus parabienes a Lehman Bros. justo antes de su  hundimiento–, y nos dice “no sé, no sé yo, creo que te voy a llevar al grupo de repetidores”. O sea, a dificultaros el acceso a la línea de crédito que supone la colocación exterior de deuda soberana. La Unión Europea, problematizada, no dice ni ‘mu’, tras gritarnos “bravo” apenas un rato antes. Entre todos nos hacen luz de gas (permítanme: hacer luz de gas es intentar conseguir que alguien dude de sus sentidos, de su razonamiento y de la realidad de sus actos, como hacía en la película de tal nombre Charles Boyer a Ingrid Bergman). Quizá Zapatero debería exigir con firmeza la defensa sin ambages de la UE: poco tiene que perder, y quizá reciba el apoyo de quienes, uno tras otro, van viendo las barbas de los vecinos cortar. Véase, Bélgica. (Cuando repaso este escrito es viernes por la mañana y Europa movió ficha ayer tarde: “La UE pacta crear el fondo de rescate para blindar el euro”. Natural.)

Pillado por las partes comunitarias

Tacho Rufino | 2 de octubre de 2010 a las 19:14

UNA máxima de El Mintzberg (una biblia de la organización de empresas) es que, en periodos críticos, el poder se concentra en la parte alta del organigrama. Ante el miedo, surge la organización macrocéfala, se recentraliza el poder, se acabó la delegación. Valga un ejemplo: antes de la exuberancia del crédito fácil y democrático (y su contrapartida, el ladrillo reventón cual Hulk), los bancarios de provincias siempre apelaban a “Madrid” para ganar tiempo en la concesión del préstamo, o para comunicarte: “Madrid ha denegado la operación”. Supongo que en Madrid-Madrid alegarían “Central”. Y “Central”, finalmente, sería una entelequia financiera, habitada por implacables bancarios sin carne ni hueso, salvo los dientes. Instalados ahora en la crisis, “Madrid” y “Central” vuelven a emerger como culpables de todas las negativas: el crédito sigue estando fatal (y, recordemos, sin eso no hay nada).

Una cosa parecida sucede con el Gobierno y Bruselas: el maestro armero está por Flandes. Las quejas, a él. Yo, el presidente, soy un abnegado mandado. Por eso Zapatero se dirá: o hago lo que me dice Bruselas (y Fráncfort, sede del BCE), o cuando queramos emitir deuda la vamos a tener que pagar con grandes primas (de riesgo, una forma de primas carnales entregadas al minotauro en su laberinto comunitario). Nos tienen pillados por… las cejas. Pero no es del sindicato de la ceja de Sabina y Víctor Belén de quien se ha hablado esta semana (¿dónde estaban?). En la recién pasada huelga, los sindicatos de clase y el Gobierno se han pisado la manguera, cosa tabú entre bomberos. Pero no mucho; se la han pisado poquito, y por exigencias del guión. La huelga ha sido, como decía la portada de este periódico, “poco general”. Ha tenido poco éxito, y ya de por sí tenía poco sentido, en lo sustancial y en la fecha. Si no es por el estrangulamiento del transporte y por los piquetes convencitivos, la Huelga General del 29-S hubiera sido una lacra histórica para UGT y CCOO, y será más bien recordada por ser la última coartada que los salvajes consentidos de las brigadas internacionales antisistema utilizaron para joder por Barcelona. Apuesto por que no va a haber muchas otras grandes contestaciones promovidas por los representantes oficiales de los trabajadores. Porque el Gobierno puede ser tachado de muchas cosas, pero no de política antisocial.

Los presupuestos generales conocidos con detalle esta semana deberían acallar a la izquierda que se ha rebelado (?) contra ZP. Casi el 60% de dichos presupuestos se destina a Gasto Social: pensiones, desempleo, subsidios, promoción del empleo, acceso a la vivienda, seguridad social. El año pasado supuso el 51% del gasto e inversión total del Estado. No sólo ha asumido casi un 10% más del pastel, no, es que ha aumentado su cifra absoluta. La queja debería venir no porque el Gobierno “no hace política de izquierdas”, sino por el chorro de nuevos parados que vendrán de la poda radical del ministerio más capitidisminuido: Fomento.

En síntesis: se mantiene a toda costa el gasto social -diana a la que apuntan los analistas “de derechas” -, y se recorta la capacidad productiva pública. Pan para hoy… La reforma laboral que sirvió de excusa para echarse a la calle y ejercer no ha surtido todavía efecto, claro que no. El Gobierno, pillado por sus partes comunitarias, hizo una reforma laboral. Y cuando, Dios mediante, la economía coja confianza y tono (¡y crédito!), esa tímida reforma facilitará la demanda de mano de obra, la mejora de las estructuras de personal y el reequilibrio entre quienes ostentan trabajos seguros y quienes -mayormente jóvenes- lo tienen precarísimo. Bien mirado, no está mal estar pillado.

Josep Antoni, Artur: gracias por salvarnos, seguid así por favor

Tacho Rufino | 30 de mayo de 2010 a las 20:57

josep-antoni-duran-i-lleida

Josep Antoni es un puntal de la política española. Ha conseguido hacerse con el puesto de catalán nacionalista que no dedica su vida a despreciar a España o a sentirse machacado por España. Este prototipo del que consigue liberarse Duran Lleida se hace corpóreo en un político  siempre disgustado con el Estado español y siempre marcando las distancias con el resto; algo que ha hecho mucho daño al país, que ha contribuido a la incomprensión mutua y a los complejos de inferioridad/superioridad (dos caras de una misma moneda, a veces la misma cosa más o menos disfrazada) regionales. Duran –en catalán, sin tilde- gusta fuera de su primer país (Cataluña) porque es constructivo y se lo percibe dispuesto a ayudar a la causa común (causa cuya existencia es continuamente negada con las palabras y los hechos; para muchos lo que existen son dos causas enemigas, una de las cuales es indefectiblemente “la causa española”). Duran no puede negar que es catalán antes que otras cosas, pero participa en el Parlamento de Madrid, gusta de prodigarse en los debates públicos españoles y, de momento, no obliga a gastar en traductores en Las Cortes. A Duran Lleida se lo ha calificado en este blog como esperanza política española, y no pocos pensamos que, entre lo que hay visible en el patio político, es el mejor. Un buen presidente de todos (lo cual dicen no pocos que es su gran objetivo personal).

La semana pasada salvó el pescuezo literalmente a Zapatero, al abstenerse su grupo en la votación del decreto en el que se materializa el plan de ajuste ya en vigor. Al no votar en contra, el presidente del Gobierno ganó el partido por los pelos. En su partido, CiU, y en otros foros catalanistas, la postura del grupo en dicha votación ha sido muy criticada. Precisamente, y entre otras cosas, por salvar a un Zp que, según muchos nacionalistas, ha engañado a Cataluña con el asunto del Estatut, en el que ha reculado después de haber alentado la Petita Constitució de Els Països Catalans.

Duran se ha defendido sin complejos: según acabo de leer, se arroga la salvación del euro justamente por esa abstención. CiU “ha salvado el euro”. En un principio, al leer tal cosa, pronunciada hoy ante 12.000 leales en Vic, uno piensa que este hombre ha perdido la sensatez que rellena su brillante cabeza. Después, uno piensa que de alguna manera tenía que liberarse de la acusación de esquirol, y qué mejor que una buena huida hacia delante, por mucho que quepa espetarle al coqueto político catalán aquello de “Modesto, bájate del árbol que se va a subir Duran Lleida”. Pero, pensando un poco más allá, la verdad es que no le falta algo de razón. Si Zapatero pierde la votación, dos cosas podrían haber sucedido, alternativa o conjuntamente. Primero, hubiera sido el fin de la menguante estrella de la ceja. Segundo –sostiene Duran-, si el plan de ajuste fiscal es tumbado en el Parlamento, España hubiera sido tratado por el FMI, las agencias de calificación, los fatídicos y volátiles mercados, Merkel, Sarkozy, Cameron y todos los referentes como otra Grecia. Según Duran Lleida, España hubiera sido intervenida por la UE y el FMI. Su colega de partido Artur Mas –sin tilde también- hizo en Vic el papel de poli malo (el bueno es Duran, claro) y dijo que “si alguien le tiene ganas a ese personaje [Zapatero] soy yo”, tras lo cual dijo, como Pujol, que lo que han hecho no es más que un acto de responsabilidad.

Gracias a todos por salvarnos.

Sobre ‘mutilaciones’ presupuestarias

Tacho Rufino | 18 de mayo de 2010 a las 9:43

Al leer esta mañana el artículo de Pepe Aguilar (“Zapatero se amputa“) sobre los recortes públicos anunicados la semana pasada, he rememorado las premonitarias palabras de Rosabeth Moss-Kanter (vean su blog), profesora de Estrategia de Harvard, en 2005, acerca de las actitudes de las empresas ante situaciones de crisis y su miedo asociado.  No tienen desperdicio. No dejen de leerlas, a pesar de que se refieren al sector privado, y a pesar de que sigo creyendo que los recortes son necesarios (y ni mucho menos suficientes ni justos si no se completan con otros como la reestrcuturación competencial y de los altos salarios públicos de mayor o menor utilidad, la de los impuestos a las rentas más altas, la del control bancario y otras) 

“Los perdedores estaban mucho más dispuestos a cambiar de caballos a mitad del río y a mutilarse: cortarse las narices, al igual que los ojos, orejas, brazos y piernas. Reemplazaron a los directores generales. Cortaron los gastos. Cortaron las inversiones internas. Cortaron el personal. Cortaron proyectos. Cortaron la atención al cliente. Cortaron la comunicación. Tanto los ganadores como los perdedores hicieron frente a desafíos similares en esos años, pero respondieron de forma muy diferente. Entre los que cambiaron de máximo jefe o de dueño de la empresa, encontramos que los perdedores fueron más del doble que los ganadores, pero sólo aproximadamente la mitad fueron capaces de emprender acciones positivas como iniciar grandes proyectos o nuevos productos, ubicar nuevos colaboradores o socios o formar alianzas estratégicas. Se convirtieron en autocracias en vez de compartir y colaborar más.”

Suprimir organismos públicos: el cascabel del gato

Tacho Rufino | 11 de noviembre de 2009 a las 12:57

Seguro que en alguna ocasión te ha sucedido. Ves un titular llamativo, un aparente notición; eso que los angloparlantes y los periodistas avezados llaman un scoop, y los más castizos y guasones denominan “un gran pelotazo informativo”. Entonces, puede que, picado por la sorpresa y avivado tu interés, decidas entrar en el cuerpo de la noticia, y pases a leerla más allá del titular, el destacado, el pie de foto, la infografía o la ilustración que la acompañen. Y puede que, tras engullir los primeros párrafos –lo que no se diga en ellos, difícilmente te desvelará gran cosa-, descubra usted que, desgranando y concretando el impactante título-anzuelo, no haya nada. Lo cual no quiere decir que dicha información sintética en letras grandes –el titular- sea falsa o inventada. Descartados fraudes y despistes de edición, la interpretación más verosímil para dicha falta de sustento del titular es que, teniendo la información en exclusiva, el reportero desconoce los detalles… y, antes que correr el riesgo de que algún competidor dé la noticia antes y le chafe el scoop, prefiere salir al papel (las ondas, la red, la pantalla) aunque sea con alfileres, es decir, sin más que decir que lo que el propio titular reza. Lo cual resulta decepcionante, y no es inhabitual. El lunes mismo me topé en la sección de Economía de El País con una pieza con estas características, firmada por Alejandro Bolaños, uno de los mejores periodistas económicos de este país a mi modo de ver y leer: “[El Ministerio de] Economía prevé suprimir organismos públicos para atajar el elevado déficit”. Si bucean en la noticia, tan importante declaración no es ampliada ni detallada, más allá de varios entrecomillados que abundan sobre eso mismo y que, es de suponer, provienen de la fuente no desvelada de El País, cabecera de prensa líder que tanto y tan preferente acceso tiene a las informaciones gubernamentales, más en esta legislatura. Alguien se lo ha dicho a Bolaños, y no sabemos quién es: así son las reglas del juego. (El artículo, por otra parte, ilustra brevemente un escenario general de los retos y amenazas presupuestarios que tiene España en estos momentos: previsiones del Gobierno y de la Comisión Europea sobre el déficit español, deuda pública, planes de intervención y estímulo, oferta de empleo público, salarios de los funcionarios o reforma fiscal.)

tijerasSobre el asunto en cuestión –la eliminación de estructuras e infraestructuras públicas para reducir el peligro déficit público español- se habla en los foros públicos y privados con frecuencia, pero hasta ahora no ha habido ninguna identificación ni cuantificación de dichos recortes por parte de aquellos a quienes corresponde gestionar la cosa. Salvo el PNV, que sí ha precisado su postura (el propio artículo lo menciona: dos ministerios y una vicepresidencia), oficialmente nada hay concreto sobre qué ministerios, vicepresidencias, organismos y empresas públicas, fundaciones, asesores y otros cargos, retribuciones, etc. ¿El adelgazamiento de lo público para capear el temporal es inminente? De momento, salvo objetivos genéricos de fuentes ministeriales ocultas, de eso no hay nada de nada.

(Ilustración sacada de istockfoto en Cotizalia.com)

Golpes bajos a la RSC

Tacho Rufino | 24 de junio de 2009 a las 13:08

 

Golpes Bajos era un grupo gallego de los ochenta que hizo canciones que para muchos, como yo, son legendarias. Entre otras, No mires a los ojos de la gente o Malos tiempos para la lírica. Ésta última ha cedido sin querer, y sin intervención de la SGAE que yo sepa, el copyright de tan bello título a cantidad de artículos y referencias periodísticas más o menos bellas. Yo también me concedo la licencia de poner mis sucias manos sobre la canción de marras y, aunque no en el título de esta entrada, diré que corren malos tiempos para la Responsabilidad Social Corporativa (ya imagino a ciertos amigos puristas de aquel tiempo pasado abofeteándome telepáticamente, pinchando alfileres en la fotito del alimentador este blog, o incluso mordiéndose los nudillos muy encorajinados). Pero la Responsabilidad Social Corporativa -gastos e inversiones de las empresas para revertir parte de su beneficio en la sociedad, haciendo de ello un argumento de marketing, lo cual es muy lícito- está perdiendo peso presupuestario en muchas empresas. Caja Madrid anunció antes de ayer recortes cuantiosos en su Obra Social para el próximo ejercicio, también ha congelado los salarios más altos. Se basa en que sus resultados han caído casi en un 70 por ciento. Muy comprensible. Como, paralelamente, también es comprensible que el Gobierno decida eliminar la bonificación de 400 euritos en la renta de cualquier contribuyente, medida desacertada tanto por su origen electoralista como por lo despilfarrador para con unas arcas públicas en el borde del abismo. Los no estrictamente necesario queda pospuesto hasta nueva orden.