Archivos para el tag ‘Reforma Laboral’

Yola, quédate

Tacho Rufino | 19 de febrero de 2013 a las 18:00

EL trabajo por cuenta ajena ya no volverá a ser como antes. Nos convertimos en una versión pigmea de la sabana laboral estadounidense: un remedo de alto riesgo social. Los salarios, para aquellos que los perciban, sufren un imparable trastorno bipolar: un ramillete de altos ejecutivos y profesionales sobradamente bien pagados frente a un descampado infinito donde sobreviven a duras penas la inestabilidad laboral, la movilidad sin crecimiento ni desarrollo, el infraempleo de los titulados y el minijob que viene de Alemania. Y la economía sumergida. Sumemos a este cuadro la fuga de cerebros de todo tipo y condición, de la que ha dado cuenta esta semana el INE: en algunas ciudades andaluzas, la emigración de personas entre 25 y 35 años ha crecido en el último año más del 5%. Para colmo de males, entre esos emigrantes no sólo están los ingenieros que van a Alemania o los fisioterapeutas y enfermeros que se colocan en Francia o Reino Unido. Ayer viernes quedamos conmocionados por la noticia de que Yola Berrocal se marcha. “Soy un caso más de fuga de cerebros”, dijo sin pelos en la lengua (el que precisa es el periodista que escribió la noticia). Pero más allá de este histrionismo tan divertido que, en el fondo, sirve para sobrellevar el bonito plan, tras ese panorama polarizado y degradado de las relaciones laborales hay poco más que silencio.

Después está el autoempleo y el fenómeno emprendedor. Ponga una empresa en su vida, la suya propia. Sin duda la que sería la salida más airosa a este estado de cosas: pequeñas y medianas iniciativas de profesionales, universitarios que se lo montan por su cuenta, gente despedida con experiencia o sin ella, jóvenes y no jóvenes con iniciativa y creatividad, o simplemente forzados por el escenario yermo de empleo. Proyectos personales que emplean a algunas otras personas. Una epidermis empresarial tupida, no sólo nutrida de comercio y hostelería; formada por muchos pequeños, algo de lo que siempre hemos carecido en el sur. La enorme eclosión del fenómeno emprendedor, el emprendimiento (no es una hermandad de penitencia, vaya usted acostumbrándose al término) y el “fomento de la cultura emprendedora” no sólo están conformando un algo disperso, inconexo y, por tanto, ineficiente entramado de iniciativas públicas y privadas, sino que contiene una falacia en sí misma: para que una nueva empresa pueda plantearse su viabilidad tiene que contar con dos cosas imprescindibles: crédito y clientes (de los business angels, ni hablamos: blablablá). Al crédito no se lo espera a pesar de altísimo esfuerzo del contribuyente en salvar bancos. Lo segundo -clientes potenciales con algo que gastar- esperamos verlo florecer en 2014. Tenemos que conseguir que Yola se quede y dé sus frutos aquí.

‘Roselloni’

Tacho Rufino | 11 de febrero de 2013 a las 12:49

ÉRAMOS pocos y parió la abuela, dice el dicho. En la semana del aquí no ha pasado nada pero algo puede que sí haya pasado de Rajoy, cuando compareció ante la prensa en una grabación en una tele de plasma -galleguismo tecnológico-, el presidente de los empresarios españoles ha parido: “En España no hay seis millones de parados (…), la estadística sobre el paro, la EPA del Instituto Nacional de Estadística, no me la creo yo (…) hay 400.000 funcionarios que no hacen nada más que consumir bolígrafos y teléfono (…), si me dejas a mí la legislación laboral la cambio en una semana”. Quién dijo miedo.

Ya llevaba tiempo Joan Rosell sin soltar ese tipo de boutades de alto impacto que su predecesor, el infausto Díaz Ferrán, convirtió en propias de un directivo de la patronal que se preciase. La débil afiliación de la alta patronal, el desapego hacia ellas del empresario pequeño y mediano, que ni tiene ni quiere relumbrón ni focos, convierte a la incontinencia verbal de Ferrán o Rosell en un rival del empresario en una tierra como la nuestra, en la que el empresario, desgraciadamente, sigue siendo para muchos “el que tiene lo que yo no tengo, un sujeto espabilado que sortea impuestos, innova poco y emplea poco, vive bastante de lo público y es una casta mayormente hereditaria”. Con amigos como éstos, quién quiere enemigos. Descartado que el presidente de la CEOE ingiriera ayer viernes al alba licor de forma irresponsable, debemos platearnos por qué dice esas cosas alguien de su significación. Él, que en teoría representa al colectivo esencial para el renacimiento español, los empresarios. Platearemos aquí dos hipótesis: la de la falta de cariño y la de la rebosante ambición política.

Hipótesis 1. El papel de los empresarios en el corazón de la crisis no es precisamente lucido hasta la fecha. En gran parte arrastrados por una contracción crediticia y de consumo brutal, y en parte también por el efecto llamada al despido de una inoportuna reforma laboral, los empresarios españoles pelean por sobrevivir, salen al exterior, a veces desesperadamente. Y han conseguido la pírrica victoria del anhelado incremento de la productividad, pero sólo porque el denominador de dicha productividad -el número de trabajadores- ha caído a plomo, y no por la mejora en la gestión, en la innovación o en el uso de la tecnología. En este estado de cosas, lo más prudente sería que el que pasa por portavoz de los empresarios fuera moderado y constructivo en sus declaraciones. Pero ya llevaba callado mucho tiempo, y es amante de la notoriedad y el poder mediático -eso le pone, si no no estaría ahí-, está en una edad complicada, algo falto de dosis de titulares de prensa y apertura de noticiarios. Quizá preso de una falta de autoestima sublimada. Es sólo una hipótesis.

Hipótesis 2. Joan Rosell tiene una agenda oculta. Una agenda política. Quizá usted ha seguido leyendo hasta aquí algo irritado, porque en realidad está de acuerdo con las frases-flashes de Rosell: ni hay tanto paro (sino mucho sumergido); los funcionarios viven en general del cuento y del contribuyente; menos días de despido y más manos libres le metía yo a la ley laboral. Una forma legítima de pensar. Que comparte una franja no desdeñable de los mayores de edad españoles, que no tiene por qué estar nutrida de empresarios. Es decir, sus mensajes tienen tirón político: por una minoría podría empezar Rosell el camino de la política, su aspiración oculta. Un Roselloni, un Berlusconi español que recoge los restos del naufragio de una partitocracia corrupta. Un empresario de mensaje desabrido, simple, directo, algo faltón, desinhibido, amante de las polémicas de anestesia. Agua hipervitaminada para una maceta falta de riego: el votante. Es sólo una hipótesis.

Hay una tercera, pero mejor dejarla para otra ocasión.

Salvar los 400

Tacho Rufino | 28 de enero de 2013 a las 12:48

SI el vídeo mató a la estrella de la radio, e internet y su anzuelo de gratuidad se van a llevar por delante a muchas de las cosas y maneras con que vivíamos, la reforma laboral mató al empleo. Paradoja. Pero no lo mató directamente, sino matando al alimento del empleo: el consumo. Ya lo sabemos bien; mi hija de 14 años me describió el círculo vicioso perfectamente el otro día: gente sin empleo, o con salario encanijado, o con mucho miedo… luego bolsillo cerrado y manos empuñadas. Si no se compra ni vende y se produce menos, sobra más gente en las empresas, y va a la calle. Y degenerativa vuelta a empezar.

Inoportuna y extemporánea como un potaje en agosto, la severa reforma laboral del Gobierno podría haber tenido efectos positivos en el ciclo alto, en la exuberancia de la producción, el crédito y las transacciones. Quién sabe. Pero en una situación de recesión es una llamada al despido. Un “¡tonto el último!” institucional. ¿Forzado por nuestro endeudamiento privado y público, por la desconfianza de los mercados que nos racionan el soma de la liquidez necesaria; por la Merkel, como gustamos simplificar? Por todo eso y por una algo infantil presunción de superioridad en la política económica de corte flexibilizador: “El bálsamo de Fierabrás, sanador y mágico, es nuestra reforma laboral: cuando estemos en el poder lo veréis”. Sea como sea, incluidos los letales legados zapaterianos, los efectos de la reforma laboral son un fiasco de marca mayor. Un diezmo al patrimonio familiar nacional. 6.000.000 de personas y sus familias en precario, con una caja negra por futuro y recibiendo lo que les pertenece del Estado. Digamos cuatro millones descontando los buzos fiscales, sumergidos por necesidad o por vicio.

El ministro Arias Cañete aseguró el jueves que la reforma laboral -cual bífidus no muy caducado- dará “potentes resultados” en 2013; Rafael Merino, portavoz adjunto del PP, al alimón, fue más allá: de hecho, dice, los está dando, aunque no se perciban esos frutos demasiado bien. Por su parte, el periódico alemán de referencia, el Frankfurter Allgemeine, aprieta pero no afloja. Al conocer los datos de la EPA, ha calificado nuestro mercado laboral de agujero negro, y ya puestos, se ha puesto teutón y alarmista con el déficit español: ni hemos alcanzado el objetivo, ni los vamos a alcanzar. Achtung! ¿Hay alguna esperanza, por pequeñla que ésta sea, de que alguien ponga cordura, y se acuerde desde un cargo ejecutivo de los millones de familias aterrorizadas de forma más o menos silente? Sí, la hay. El propio presidente, Mariano Rajoy, ha anunciado que se mantiene la ayuda de 400 euros al parado indefinidamente, hasta que rebajemos la tasa de paro a menos del 20%. Una medida justa y necesaria. Algo es algo. El déficit es en este caso secundario, ¿o no?

Los malos amigos de Rajoy

Tacho Rufino | 28 de febrero de 2012 a las 21:04

(Este artículo fue publicado el sábado pasado en El Poliedro, Economía, Grupo Joly. Agradezco a Guillermo que, en la cinta de correr de al lado, me diera varias ideas que aquí se recogen)

 

TENGO para mí que el prietas las filas es mucho más un rasgo del PSOE que del Partido Popular, donde las aspiraciones de promoción y liderazgo de los barones y otros altos cargos son más indisimuladas que en los socialistas, que acaban peleándose ante el mundo y moviéndose la silla a las claras sólo cuando las campanas tocan a rebato y los puestos a ocupar son menguantes. Más allá de las disidencias y ocurrencias de pesos pesados como Aznar, Aguirre, Rato o Gallardón, en el nuevo Gobierno ha surgido otra cabeza reluciente con ganas de chupar cámara. José Ignacio Wert -sociólogo pero de profesión político, probablemente un ministro útil si se contuviera- ha metido la pata en varias ocasiones, y de manera innecesaria. En el mejor de los casos, por incontinencia tras muchos años en la recámara; en el peor, con un vedetismo intencionado que perjudica a su jefe, el presidente Rajoy. Entre otras perlas epatantes, Wert dijo -para desdecirse después, claro- que nuestro deporte profesional es sucio. “Tenemos un problema de dopaje”, soltó justo el día en que Rajoy abrazaba y defendía a Nadal con el mismísimo Rey haciéndole los coros. Es sólo un ejemplo de los enanos que le pueden crecer a Rajoy en sus propias filas como no demuestre una severidad que, en apariencia al menos, no se le presume. Pero el principal enano que le ha crecido al Gobierno se llama CEOE.

¿Que la CEOE no es el PP? Formalmente, desde luego que no. En la práctica, y en lo referente a la reforma laboral anunciada, se puede argüir que los extremos de la reforma -en cuanto a liberalización del despido, atribuciones empresariales en lo tocante a contratos y conflictos, y en recortes de salarios- satisfacen con creces las aspiraciones declaradas de la patronal, y dejan con un palmo de narices todas las reclamaciones sindicales. De hecho, la reforma ha ido más allá, mucho más, de ninguna exigencia de Rosell en los últimos años. La dualidad dañina e injusta de nuestro mercado laboral y el languidecimiento de la actividad económica son argumentos de peso para una reforma, por no abundar en el hecho de que en la práctica lo que la reforma permite ya se venía haciendo en los despachos. El Gobierno ha optado por una cirugía a la tremenda que se le va a echar encima, no ya en la calle con pancartas, sino en prestaciones por desempleo difíciles de sostener, en la tambaleante paz social que tan peligrosa imagen da de nosotros afuera, y en el alimento de una de por sí enorme economía sumergida. El Gobierno ha sido coherente con sus principios y, recuerden, España le ha dado manos libres en forma de mayoría absoluta. El Gobierno gobierna, y abrir la puerta a la dación en pago -política social, por mucho que la última palabra la tenga el que tiene el derecho, el banco- o aliviar la morosidad de las autonomías y ayuntamientos -una excelente iniciativa para pymes y autónomos cuyas facturas amarillean en el cajón- así lo atestiguan (¿por qué no hizo esto Zapatero?).

Y en esto llega Feito y dice que el que no coja un trabajo en Laponia -cualquier trabajo- que se vaya a donde dijimos y deje de chupar del bote. Si ése es el cerebro económico de la CEOE, vamos mal. ¿O es que el hombre está en mala edad y necesita atención? Por cierto, en Finlandia -adonde radica Laponia- las empresas invierten diez veces más en innovación que aquí, en sectores de futuro… y la ley laboral es mucho más protectora con el trabajador que la hasta ahora nuestra. No digamos que la nueva.

Pero, dos días después, llega Rosell y también le pisa el callo a Rajoy. Aparte de pedir amnistía fiscal para el dinero negro -¿cuándo anunciará alguna contribución o simple compromiso, aunque sea de boquilla?-, el presidente de los empresarios (?) ha dicho que en España “los parados encuentran milagrosamente trabajo un mes antes de que se les acabe la prestación”. Toma ya. Todos los parados. Milagrosamente. Como decía el del chiste, ¿es para matarlo o no es para matarlo? Y otra preguntita retórica a más no poder: con amigos como éstos, ¿quién quiere enemigos?

Lo quiero todo, y lo quiero ya

Tacho Rufino | 21 de febrero de 2012 a las 16:36

El presidente Rajoy se ha encontrado con una situación compleja y dinámica; difícil y con rápidos cambios, o sea, su panorama es incierto, y la dificultad de gestionar es quizá incomparable a ninguna otra en los últimos 25 años, por lo menos. Rajoy parece persona de naturaleza moderada, y tiene claro que la imagen que España proyecta al exterior es clave para los procesos de negociación y defensa en que se ve embarcada (política fiscal y déficit, financiación extra  o de urgencia de la Unión Europea, eventuales políticas de estímulo, neutralización de los ataques financieros). Por eso, las manifestaciones contra la reforma laboral del domingo le han hecho daño, y su respuesta desde el congreso de su partido en Sevilla no fue altanera ni sobrada: fue presidencial en el mejor sentido del término. Sin embargo, a Rajoy le crecen los enanos. Algún ministro ha pecado de vedetismo (véase Wert, que quiere para sí más que Educación y Cultura, y que atribuye carácter tramposo a nuestro deporte profesional, justo el día en que Rajoy abraza y alaba a uno de los principales acusados de dopaje en un canal de TV francés, Nadal). Pero el principal enano que le ha crecido es el de la patronal, justo después de haberle puesto en bandeja una reforma laboral mucho más cercana a sus reclamaciones declaradas y tácitas que a las de unos sindicatos devaluados.

Francamente, la actitud que ha demostrado en las últimas semanas la patronal española (en la que, en sus distintas instancias territoriales, por cierto, el porcentaje de afiliados es muy pequeño) es decepcionante. Les han hecho su reforma y siguen pidiendo con indisimulada avidez la desregulación radical. Los interlocutores empresariales –una casta institucional, en algunos casos un lobby, en otros unos gestores de fondos públicos, o todo a la vez y entre otras cosas—piden ahora más leña al fuego. Quieren que se quite la percepción por desempleo a quien rechace un trabajo, sin precisar qué tipo de trabajo, en qué condiciones, si adecuado o no al perfil del parado, si aquí o en Pekín. Eso ha dicho su incontinente Feito, gurú económico de la CEOE, quizá el enano que le crece al propio Rosell… ¿o es su poli malo? Otro cuele como el de los 20 días si se dan ciertas condiciones (en las que están la mayoría de las empresas, o lo van a estar). Otra forma de eliminar lo que había radicalmente, ahora que los vientos son favorables. Aunque estén amainando por la popa del Gobierno aceleradamente. Por cierto, en Laponia, Finlandia (un país envidiable económicamente), un parado puede rechazar hasta tres veces una oferta de empleo, e incluso a la tercera no pierde absolutamente su derecho de percepción. Ah, y eso siempre que el empleo ofrecido se desarrolle en el entorno en que vive el desempleado (ver el esclarecedor artículo de Ignacio Martínez hoy sobre el asunto: Mentiras sobre Laponia)

La reforma laboral anunciada y pendiente de refrendar en el Parlamento, antes que buena ni mala, es una reforma hecha a la medida de los deseos de Rosell et al. Estaba cantada, y el paripé de poner a negociar a la CEOE con los sindicatos era eso, una mera escenificación galante, si no fuera por lo dramático del asunto en liza. Eliminar la bipolaridad en el mercado laboral español –con unos muy seguros y muchos muy precarios— era de ley, nunca mejor dicho. Pero las vías para paliar esa dualidad injusta eran diversas, y se ha optado por la de facilitar (casi) al máximo el despido. ¿Se compromete a crear empleo la patronal, a algún tipo de acuerdo social, a ceder en algo? Negativo, no. Quiere despido libre, eso es todo hasta la próxima. Si hacía falta una reforma para hacer más justo y objetivo el mercado de trabajo, se ha optado por la tremenda, provocando una explosión de protestas de gente con miedo al futuro, lo cual ha sido aprovechado por unos sindicatos despechados, que han convocado movilizaciones con éxito de público indudable. Y a quien se ha hecho caso de manera bastante explícita, la CEOE, todo esto le parece poco. Si los sindicatos no representan a todos los trabajadores ni a la mayoría de los desempleados, como se recuerda continuamente, la patronal tampoco representa a la mayoría de los empresarios. Primero mandamos –que los mandamos, sí– a otro millón al paro facilitando muchísimo el despido (y la reducción de salarios, que es quizá el tapado de la reforma). Segundo, negamos, o eso quiere Feito, a todo el que se escantille la percepción a que tiene derecho. O tenía. Una jugada de estrategia fina: ya somos Estados Unidos, pero sólo en crueldad social. ¿Empezaremos a ser Estados Unidos o Alemania laboralmente, competitivamente, a partir de ahora? Lo dudo muchísimo. Ni a corto ni a medio plazo.

Acercarnos a nuestro entorno (entornos, por cierto, hay muchos, según se entienda) en materia laboral es razonable. Pero siguiendo la línea dura de reforma –ahora que todavía hay algún crédito para el Gobierno, incluido el de quienes ven cómo su propio partido votado les propicia el irse al parque los lunes— es una pasada de frenada, un exceso y un error. Hoy he escuchado a uno decir “Si estás en el paro y no quieres coger aceitunas, pues a la puta calle; sin paro, coño”. Ésa es España, también. Y en España no tenemos el mismo paro que Alemania, ni su misma productividad, ni sus niveles de innovación y democracia empresarial, ni su ética fiscal o laboral, ni somos marcopolos exportadores como ellos, ni vamos a arreglar las cosas con una reforma a la tremenda. Como decía Queen: “Lo quiero todo, lo quiero todo, lo quiero todo… y lo quiero ya”.

I want it all

No se me venga usted abajo

Tacho Rufino | 15 de febrero de 2012 a las 14:05

Nadie niega que la reforma laboral tiene como objetivo principal el ajuste, que es sin duda la máxima más maximalista de cuantas en política económica hayan señoreado en periodo alguno de la existencia de ustedes y mía. Trasunto privado del adelgazamiento de los gastos e inversiones públicas, el ajuste de las plantillas no sólo se ha producido de forma drástica sin necesidad de reforma, sino que la nueva vuelta de tuerca de la reforma del mercado de trabajo –en este caso, le toca al Partido Popular— va a propiciar a medio plazo el definitivo adelgazamiento del personal en nómina. Nadie, ni siquiera la patronal, niega que la Reforma Báñez está destinada a facilitar el ajuste de personal de las empresas; es decir, el despido. Si florecerán o no con el tiempo los campos secos de Inglaterra al galope de las huestes del Rey Arturo, ése es otro cantar posterior. De momento, ajusta, que algo queda. Esperemos que algo quede.

La UE nos urge a seguir recortando, a comernos el músculo (viejo y demasiado correoso, pero músculo) de nuestra economía. Rajoy pidió árnica nada más debutar: “Prometo hacer los deberes, seño, pero me tiene usted que dar tiempo para ponerme al día”. Pues va a ser que no, Mariano (España): “Has subido los impuestos comiéndote tus promesas y hasta tus teóricos principios, y has hecho una extremadamente agresiva reforma laboral. Todo eso está muy bien, pero no pares ni un segundo o la cagas. Mira a tu alrededor mediterráneo, a ver si no vas a ser expulsado como el griego lo va a ser seguramente. Déjate de elecciones de Andalucía y de gaitas, y haz tu trabajo, pero ya: dame unos presupuestos extremadamente agresivos con tu economía. No creo que mueras de inanición público-privada. En cualquier caso, ése es tu problema”.

La paz social  empieza a ser el problema del Gobierno, como si tuviera pocos: los tristones y resignados Toxo y Méndez comienzan a decorarse las caras con pinturas de guerra; los médicos se conjuran en sus colegios profesionales; surgen noticias de ladrones insospechados que dan palos pidiendo perdón y apelando a sus hijos; conservadores de corazón sufren de una  esquizofrenia que se debate entre su devoción y su despensa; miles de empleados de banca duermen mal; decenas de miles de empleados de empresas cotizadas en bolsa y otros miles de empleados de pymes asumen que su despido contendrá 20 días por año en su ecuación…

Va a ser un año duro de cojones. Si usted es carnavalero, disfrute del cachondeo organizado por su ayuntamiento, que el año que viene no habrá un pavo para tal fin si no vive usted en Río o en Cai, que ahí el tinglado renta. Si le empacha el carnaval oficial, mónteselo por su cuenta, no piense sólo a corto plazo presa del pánico, y reflexione estratégicamente: diversifique su pensamiento huyendo de obsesiones; concéntrelo en actividades emocionalmente productivas; penetre en nuevos mercados no retribuidos con salario; reestablezca joint-ventures con sus amigos algo olvidados; atrinchérese en sus mercados más ordeñables. No corte cuellos si no es estrictamente necesario para su supervivencia, no sea cutre y no deje de acudir a su Cheers a compartir unas cervezas con los parroquianos, no venda precipitadamente su patrimonio, no deje de educar ni mucho menos de besar a sus cachorros. No se venga abajo. Quien suscribe lo va a intentar. Sin ir más lejos, acabo de entrar en la senda meloso-espiritual del repelente Paulo Coelho sin darme ni cuenta. A lo que puede llegar uno.

No es país para jóvenes

Tacho Rufino | 13 de febrero de 2012 a las 13:16

AFRONTAMOS la que en palabras de Guindos va a ser una reforma laboral “extremadamente agresiva”. El ministro de Economía con atribuciones exteriores (las interiores, excluida la reforma del sistema financiero e incluida la cuadratura del círculo autonómico, residen en Montoro) hablaba en el patio con el delegado de clase y dueño de la pelota, el comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn. Los micrófonos captaron que el español le aseguraba al finlandés los ingredientes que Olli esperaba en la reforma, plato que lleva “extrema agresividad” y poca indemnización por despido, cosa que engorda mucho a las empresas.

Guindos ha aclarado el malentendido con un dribling fino: la agresividad extrema se refería a la intensidad en la lucha contra “la lacra española del paro”, y no a la desregulación laboral definitiva. También hay que tener en cuenta que a veces nos expresamos superlativamente sin necesidad, y decimos “superfenomenal”, o cosas peores, cuando queremos decir “bien”. A Mario Monti, el zipayo técnico de Merkel en Italia, también lo cogieron en un rehúse hace unos días. Dijo que un trabajo fijo a largo plazo era tan monótono… supermonótono. Italia es un buen vecino al que mirar las barbas.

Uno de los grandes problemas del género humano es confundir los deseos con la realidad. La confusión de la teoría con la realidad es también una patología al uso. En Italia claman los atribulados gobernantes contra la monotonía del trabajo fijo y la estúpida vocación de vivir cerca de los padres una vez empollinados. Sin embargo, la hija de la ministra de Trabajo -trabajo-tiene no uno, sino dos trabajos fijos y monótonos, y a tiro de piedra de los padres. Tirar con pólvora del rey, otro grave vicio. El caso de la chica -oncóloga, que ha sabido aprovechar sus talentos- es sólo un ejemplo de la brecha habitual: no somos capaces de ser generosos; la hipocresía señorea, y miramos solamente por lo nuestro. Nuestros políticos de izquierda o derecha no llevan a sus hijos a colegios públicos. La hija de la ministra Fornaro, que así se llama, ha ido a Estados Unidos a especializarse. Para acabar en Turín, al lado de sus padres. Honra a sus padres el dar todo por el futuro de sus pequeños, siempre pequeños. Todos queremos lo mejor para nuestros cachorros. Por eso ofenden las recetas que el médico no se aplicaría.

España ostenta el mayor nivel de paro juvenil de Europa. Sostenemos universidades públicas que forman a pájaros que a la postre, y en el mejor de los casos, han de volar fuera, e irse a dar su rendimiento a otros países (o regiones, ¿es usted padre de andaluces?). Una ecuación perversa. Guindos quiere ser extremadamente agresivo con el paro -Dios lo ilumine-, pero seguramente tendrá a sus hijos cerca, o a tiro de avión. No hagamos demagogia; pero no toleremos tampoco que se nos adjudique la segunda división por dogma: ¿a trabajar, lejos? ¿Por qué? Está bien la movilidad, la disponibilidad a marcharse a buscar nuevos mares. Pero en absoluto es la solución.

Cuando esto se escribe (viernes 10 febrero), el Gobierno anuncia que quienes se quedan en el paro con derecho a percibir subsidio pueden disponer de toda su percepción de una vez, siempre y cuando lo inviertan en montar su negocio. Una forma algo desesperada de promover la iniciativa privada. Una buena iniciativa. Lo hacemos por necesidad. Pero es una buena medida. Porque quienes predican la movilidad geográfica y funcional -y disculpen la añeja terminología- como válvula de escape suelen no tener problemas laborales.

Pillado por las partes comunitarias

Tacho Rufino | 2 de octubre de 2010 a las 19:14

UNA máxima de El Mintzberg (una biblia de la organización de empresas) es que, en periodos críticos, el poder se concentra en la parte alta del organigrama. Ante el miedo, surge la organización macrocéfala, se recentraliza el poder, se acabó la delegación. Valga un ejemplo: antes de la exuberancia del crédito fácil y democrático (y su contrapartida, el ladrillo reventón cual Hulk), los bancarios de provincias siempre apelaban a “Madrid” para ganar tiempo en la concesión del préstamo, o para comunicarte: “Madrid ha denegado la operación”. Supongo que en Madrid-Madrid alegarían “Central”. Y “Central”, finalmente, sería una entelequia financiera, habitada por implacables bancarios sin carne ni hueso, salvo los dientes. Instalados ahora en la crisis, “Madrid” y “Central” vuelven a emerger como culpables de todas las negativas: el crédito sigue estando fatal (y, recordemos, sin eso no hay nada).

Una cosa parecida sucede con el Gobierno y Bruselas: el maestro armero está por Flandes. Las quejas, a él. Yo, el presidente, soy un abnegado mandado. Por eso Zapatero se dirá: o hago lo que me dice Bruselas (y Fráncfort, sede del BCE), o cuando queramos emitir deuda la vamos a tener que pagar con grandes primas (de riesgo, una forma de primas carnales entregadas al minotauro en su laberinto comunitario). Nos tienen pillados por… las cejas. Pero no es del sindicato de la ceja de Sabina y Víctor Belén de quien se ha hablado esta semana (¿dónde estaban?). En la recién pasada huelga, los sindicatos de clase y el Gobierno se han pisado la manguera, cosa tabú entre bomberos. Pero no mucho; se la han pisado poquito, y por exigencias del guión. La huelga ha sido, como decía la portada de este periódico, “poco general”. Ha tenido poco éxito, y ya de por sí tenía poco sentido, en lo sustancial y en la fecha. Si no es por el estrangulamiento del transporte y por los piquetes convencitivos, la Huelga General del 29-S hubiera sido una lacra histórica para UGT y CCOO, y será más bien recordada por ser la última coartada que los salvajes consentidos de las brigadas internacionales antisistema utilizaron para joder por Barcelona. Apuesto por que no va a haber muchas otras grandes contestaciones promovidas por los representantes oficiales de los trabajadores. Porque el Gobierno puede ser tachado de muchas cosas, pero no de política antisocial.

Los presupuestos generales conocidos con detalle esta semana deberían acallar a la izquierda que se ha rebelado (?) contra ZP. Casi el 60% de dichos presupuestos se destina a Gasto Social: pensiones, desempleo, subsidios, promoción del empleo, acceso a la vivienda, seguridad social. El año pasado supuso el 51% del gasto e inversión total del Estado. No sólo ha asumido casi un 10% más del pastel, no, es que ha aumentado su cifra absoluta. La queja debería venir no porque el Gobierno “no hace política de izquierdas”, sino por el chorro de nuevos parados que vendrán de la poda radical del ministerio más capitidisminuido: Fomento.

En síntesis: se mantiene a toda costa el gasto social -diana a la que apuntan los analistas “de derechas” -, y se recorta la capacidad productiva pública. Pan para hoy… La reforma laboral que sirvió de excusa para echarse a la calle y ejercer no ha surtido todavía efecto, claro que no. El Gobierno, pillado por sus partes comunitarias, hizo una reforma laboral. Y cuando, Dios mediante, la economía coja confianza y tono (¡y crédito!), esa tímida reforma facilitará la demanda de mano de obra, la mejora de las estructuras de personal y el reequilibrio entre quienes ostentan trabajos seguros y quienes -mayormente jóvenes- lo tienen precarísimo. Bien mirado, no está mal estar pillado.