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¿Apocalipsis now?

Tacho Rufino | 17 de junio de 2012 a las 21:59

AUNQUE significa revelación, y por eso Juan -no el bautista, otro- le puso ese nombre a un libro de la Biblia, la utilizamos para describir situaciones finales y desastrosas. De hecho, el libro del Apocalipsis describe el fin del mundo. Apocalypse now (Apocalipsis ya) fue el título que Coppola le puso a una película que conseguía trasladar a la guerra de Vietnam el horror que Joseph Conrad describió en El corazón de las tinieblas. Aunque venimos conviviendo con apocalipsis de baja intensidad sucesivos desde hace muchos meses, las elecciones de hoy en Grecia pueden ser el detonante de una reacción en cadena de rango planetario. Ojalá -que tiene resonancias de divinidad más oriental- esa reacción sea benéfica, purificadora y no cause mucho dolor. Si usted no está inmunizado aún ante Casandra -una sacerdotisa muy ceniza- y su profecía de que Troya iba a caer, quizá prefiera hoy prestarle a Grecia la atención justa, y disponerse en ver sus sosísimos partidos en la Eurocopa, si es que hicieron ayer sábado la machada de ganarle a Rusia.

Dani Rodrik es un afamado economista de Harvard. no se corta un pelo ni hace concesiones balsámicas a sus lectores, y tituló el jueves así de casandrianamente un artículo en Project Syndicate: El fin del mundo tal como lo conocemos [cuando este artículo se publicó el sábado en prensa, no sabíamos todavía que Syriza no ganaría las elecciones]. Glups. El apocalipsis razonado en clave de economía global, a saber: hoy gana el partido izquierdista Syriza, y reclama renegociar su martirio; Merkel se niega, y el BCE no da un euro más de liquidez; los bancos griegos se quedan secos: corralito y emisión de dracmas para respirar; Grecia descontada, y España observada por todos con cara de espectadores de una ejecución pública. Una ejecución demorada, porque hemos firmado un crédito galáctico que nos tendrá en pie tres meses. Pero al final, Merkel, presionada por su indignado pueblo superior, se niega a dar más oxígeno. España, ko: Sayonara, mi arma. Los ojos inyectados se vuelven hacia Italia y Francia. Surge a la postre un euro nuevo, sólo para rubios alemanes, holandeses, finlandeses y austriacos. El contagio financiero cruza charcos, hacia EEUU y China, que es presa de revueltas sociales. Su Gobierno decide echar el resto inundando el mundo de productos no ya baratos sino por debajo del coste. EEUU abandona la Organización Mundial de Comercio. El mundo árabe se radicaliza en el Islam, versión odio ciego. La autarquía se generaliza y la globalización es una condena debilitada. La II Gran Depresión está servida.

En el origen fue Grecia. El principio del final, en Grecia igualmente. También catarsis es una palabra de origen griego. Dice el diccionario de la RAE: “Purificación, liberación o transformación interior suscitados por una experiencia vital profunda”. Mejor verlo así.

 

Ni contigo, ni sin ti, Grecia

Tacho Rufino | 19 de febrero de 2012 a las 21:43

(Publicado el pasado sábado en prensa, Economía, ‘El Poliedro’, Grupo Joly)

RECURRENTEMENTE, llega en los últimos tiempos a la memoria de uno aquella escena de Zorba el griego en la que, como los dioses del Olimpo lo trajeron al mundo, Anthony Quinn se da un baño, alejándose de la cámara mientras muestra su trasero. Ahora Grecia parece adentrarse en las aguas para no volver atrás, al tiempo que, como Zorba, también enseña el trasero, pero más bien con la voluntad de hacer un calvo (conocerán la expresión) a la troika con la que negocia sin resultados su última patada a seguir, su último chute de oxígeno financiero, su segundo gran rescate a menos de un año del primero. Ayer mismo alguien contaba el chiste aquel sobre la misma película: “Se abre el telón, y se ve a una pareja en labores amatorias, con el discóbolo quieto al lado de ellos. ¿Cómo se llama la película?: Zobra el griego”. ¿Sobra el griego en la Unión Europea? Puede que sobre el griego y más de la mitad de la pandilla, pero el caso es que, como viene pasando con todo, la cosa no tiene buena solución. Grecia ha pecado mucho, y Grecia está en bancarrota. Pero la pequeña Grecia puede hacer mucho daño en su caída. Ni contigo, ni sin ti.

La banca europea se prepara para encajar la caída de Grecia, es decir, su impago. Se prepara quien es acreedor mediante la provisión de su insolvencia, es decir, reduciendo los beneficios con la imputación de una pérdida que no se ha producido pero probablemente se va a producir. Un país pequeño al que se ha dado muchísimo más crédito del que puede devolver. Y no se lo ha dado un loco, se lo ha dado principalmente la banca francesa (esta semana, BNP da por perdido y provisionado el 75% de su derecho de cobro), seguida por la alemana. Si la deuda griega en bonos de su Tesoro, préstamos u otras figuras crediticias hubiera sido con prestamistas periféricos, la Unión Europea no tendría dos velocidades: serían dos mundos distantes, tras haberse rebanado la actual Europa por los límites mediterráneos. Pero no es así. No sólo Grecia, sino Italia formidablemente y España grandemente deben mucho dinero a agentes económicos públicos y privados franceses. Grecia, pues, puede hacer un inmenso daño a las economías menos perjudicadas de la Unión. Alemania y Francia sufrirían mucho. Y si ellos sufren…

Abundan encendidas opiniones que acusan a los griegos de habérselo buscado: salarios públicos descabellados, prestaciones sociales del tebeo, vagancia generalizada, picaresca congénita, fraude fiscal masivo, evasión de capitales. Pueden encontrar comentaristas impolutos que se preguntan si éste es un socio digno de ser nuestro socio. Sin embargo, es injusto -si no cínico- atribuir toda la culpa a los griegos, a todos los griegos, a cualquier griego. A ver quién está libre de pecado. Si los helenos fueran los únicos culpables, Grecia estaría sola y rota desde hace tiempo. Se imponen unos recortes bestiales a un país, a sabiendas de que no va a poder en tales condiciones devolver el dinero, ni siquiera sobrevivir sin brutales convulsiones sociales. Los datos más recientes sobre la caída de su economía son escalofriantes. Por cierto, Alemania, Austria y Holanda se estrenan con pautas recesivas. El país balcánico -que lo es…- puede ser origen del conflicto definitivo de la UE. Urge atajar el problema, y de paso conseguir coherencia en la política económica comunitaria. O atreverse a expulsar a Grecia como piden los indignados de la Europa Central, afrontando las consecuencias, claro está.

Los plazos se han ido posponiendo una vez tras otra. La Eurozona quiere más compromisos de recorte y de que cuando lleguen las elecciones de abril no se desdiga el ganador del eventual acuerdo. Los griegos no dan confianza, entre otras cosas porque están asfixiados, y sus acreedores deben reestructurar su deuda (es decir, rebajarla o permutarla por otra más cómoda de devolver), para no aniquilar cualquier posibilidad de cobrar. Las elecciones son la clave. Las promesas electorales del vencedor deberán ser compatibles con un acuerdo. Si eso no sucede, Grecia abandonaría el euro. Y el contagio estaría servido.

Trato y truco: el griego la da por la espalda

Tacho Rufino | 2 de noviembre de 2011 a las 15:17

En el martes metido a domingo de ayer, mientras sudaba los excesos de baja intensidad del puente –trabajé el lunes, conste, dando varias clases a no más de cinco abnegados alumnos–, la tele frente a la cinta de correr informaba del trile de Papandreu a sus socios comunitarios. Entre la recurrencia a la situación griega, y dado que era el Día de los Difuntos, los subtítulos del solonoticias informaban de que cada día se venden menos flores en el cementerio. La causa no es que la gente no se levante a tiempo de ir a visitar las tumbas de sus familiares desaparecidos, presa de una resaca del coñazo de Halloween que todo lo puede. No. La causa es, cómo no, la crisis: la penuria real o el miedo a la que está por venir. Las familias –y es de suponer que los propios fallecidos cuando estaban en vida— prefieren ahora incinerar a sus muertos antes que enterrarlos de la forma tradicional, es más barato. Pues bien, sería la fatiga mental que acarrea el ejercicio aeróbico, pero una pirueta triangular de mi cabeza me llevó a poner esta opción funeraria en conexión con aquella alternativa que daban los romanos a los judíos que iban a morir en La Vida de Bryan: “Crucifixion?”, “Yes!”. De ahí, la tele –y mi enfebrecida cabeza– va a Grecia de nuevo, cuyo Gobierno no sabe qué forma de morir prefiere: si sufriendo lentamente una purgación programada –que quizá no acabe en muerte– recetada por la troika (FMI, UE, BCE), o lanzándose directamente por un barranco si en el referéndum con que amenaza Papandreu resulta que los griegos deciden –muy democráticamente, hombre, por Dios— que rechazan el plan que tanto ha costado acordar. Un plan en el que los principales socios comunitarios afectados han echado el resto, hasta condonar un 50% de la deuda pública helena en manos de inversores privados (bancos alemanes, en gran medida). ¿Cómo puede acordar el representante más cualificado de un Estado un trato, y a los dos días, cuando la calma –ruinosa calma, pero calma a la postre—había vuelto a los mercados y los espíritus, descolgarse con que esto lo tienen que decidir “mis ciudadanos” en referéndum? Eso es tomar el nombre de la democracia en vano, eso es trampa. Si hubiera convocado referéndum hace año y medio, estupendo, eso sí es una consulta pertinente ante un asunto de máximo interés nacional. Vestido de fantasmita, “¿Truco o trato?”, dice Papandreu  (mejor “Trato… y truco”), llamando a las puertas de sus acreedores, como si fuera un niño español, halloweener de toda la vida como las mías. Puñaladita por la espalda… o quizá sólo farol. Esperemos acontecimientos.

Un drama de lo más trágico

Tacho Rufino | 21 de septiembre de 2011 a las 11:30

”Poderosa

El drama es una representación de un conflicto que se resuelve mediante el diálogo entre los actores de la situación. Hay dramas cómicos y dramas trágicos. Lo de Grecia y su bancarrota como Estado no tiene nada de comedia. La comedia se desarrolló previamente, y fue puesta en escena por habitantes y dirigentes de un país que era puro teatro, en el mal sentido de la palabra. Una comedia a la postre perversa para ellos mismos, con ingredientes argumentales muy arriesgados: corrupción, prestaciones sociales desquiciadas, evasión fiscal generalizada, derroche presupuestario, fraude estadístico, ruinosa guerra fría con Turquía por Chipre. El drama griego que deviene fatalmente en tragedia se desarrolla en estos días de forma acelerada, al ritmo desbocado en que todo se precipita en los últimos tiempos. Para que la tragedia llegue a ser tal hace falta poner en liza el destino (¿el del euro?), y es necesario que participen los hados, los dioses junto con fuerzas desconocidas e implacables que exigen enormes sacrificios (¿los mercados? ¿La Comisión, el FMI y Merkel?). También hay oráculos, pitonisas y sacerdotes que emiten oscuros presagios y prescriben dolorosos remedios: Roubini, Soros, Almunia, Buffett. Todas las recetas se cierran en dos: o se rescata, se rescata y se vuelve a rescatar a un país en bancarrota de hecho… o se le perdona parte de la deuda y se difiere su devolución. Entre ambas, hay una tercera vía: Atenas debe dejar de pagar –porque no puede ni va a poder pagar todo, y menos en plazo–, y salir del euro. No hay, pues, ninguna solución limpia para todas las partes implicadas. Los bancos y fondos de inversión franceses y alemanes que prestaron mucho dinero demasiado alegremente a Grecia no quieren asumir a su cliente insolvente, y los gobernantes de sus países los han estado protegiendo. El miedo a la caída de la banca lo puede todo.

Los griegos han hecho enormes sacrificios ya, y se acaban de echar otra pesada carga a la mochila con paralizantes medidas de cirugía económica: ayer anunciaron el despido del 30% de los funcionarios. Una versión de Diez Negritos en el Mediterráneo: 150.000 grieguitos. ¿Seré yo, Padre, seré yo? preguntarán mirando al Olimpo todos y cada uno de los funcioanarios griegos que temen estar entre los 150.000 que van a ir a la calle. Europa y el FMI –con la sartén por el mango, la pistola en la mano, el interruptor de la bombona de oxigeno y la cantimplora en el desierto–, siguen apretando y mantienen congelados los 8.000 millones que Grecia necesita, como quien dice, para poder comprar pan hoy y matar el hambre.

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Dos interesantes artículos de hoy sobre el asunto:

Joaquín Aurioles, Grupo Joly: Abandonar el euro

Nouriel Roubini: Grecia debe suspender pagos y salir del euro

‘Deutschland über alles’, sí, pero dentro de un orden

Tacho Rufino | 13 de septiembre de 2011 a las 19:02

El magnífico himno alemán, cuya melodía es de Haydn, en algún verso de su penúltima versión proclamaba a “Alemania sobre todo” lo demás (“Deutschland über alles”). Una frase patriótica más, típica de cualquier himno (que tenga letra), aunque en alemán inquieta un poco. Pero no pretende afirmar que Alemania debe estar “sobre todos” los demás. Los alemanes, es cierto, son superiores en estos momentos. Han exportado de forma sobresaliente con el euro caro. También lo han sido en otros, y en no pocas cosas. Y sin duda no carecen de razones para pedir el puesto de manijero de la actual pandilla comunitaria. Pero no se aclaran. Ni parecen querer ver el partido al completo.

Merkel da la de cal ante sus huestes ensoberbecidas por la idea de que Alemania está siendo frenada y abusada por buena parte de Europa, y la de arena cuando debe tratar con sentido común los asuntos comunitarios en las cumbres gubernativas, ya sin necesidad política de inocular el populismo simplificador en vena. Alemania no quiere eurobonos, pero Alemania no quiere perder el euro con que ha ganado más poder económico que nadie. Alemania no quiere reestructurar deudas, a pesar de que la deuda griega, por ejemplo, la asumieron masivamente bancos y fondos de inversión privados alemanes y franceses cuando ya Grecia mostraba señales de reventón inminente: ¿por qué no se comen el impago esas empresas privadas? Porque eso afectaría a toda la Unión muy seriamente, con Alemania a la cabeza. Alemania no quiere adelantar el pago del rescate griego ahora, pero tampoco quiere que Grecia entre definitivamente en bancarrota. Alemania quiere ser líder indiscutible, e incluso con derecho de veto de su Bundestag en los asuntos comunitarios, pero Alemania sería menos Alemania sin la Unión Europea, que tiene unos tratados en vigor que no pueden ser remendados a instancias de una sola parte. En Alemania hablan de crear los Estados Unidos de Europa, pero la Alemania oficial no quiere discutir la renegociación de los tratados de la UE. Merkel debe mandar a callar a sus ministros, que dicen lo que el alemán medio quiere oír porque se ha acostumbrado a una verdad más que discutible, aquélla que dice ellos dan mucho a cambio de casi nada. Pone mucho la pila y la vena del cuello el sentirse superior. Pero la superioridad lo es en lo que lo es, y no da derecho a hacer y deshacer al antojo del tenido por superior en cualquier asunto.

Alemania exige una serie de sacrificios presupuestarios a países como el nuestro, en forma de límites del déficit y la deuda pública, pero Alemania ha sido la campeona del incumplimiento cuando la economía iba aparentemente muy bien (hasta hace tres o cuatro años): hicieron los deberes antes, pero en contra de los criterios establecidos por todos. Mientras, aquí, país europeriférico donde los haya, sí se cumplieron las normas. O sea, que sí, Alemania es el motor de Europa, podemos convenir que sí. Pero sobre cualquier otra consideración –über alles– es el motor de Alemania. Decir que es lo que es a costa de su saldo comercial tremendamente favorable con el resto de la Unión es tan parcial y tendencioso como afirmar lo que muchos dan por verdad de fe en el país del Gran Germano: que Alemania tiene una rémora en Europa, y que esto le da derecho a imponer políticas destinadas únicamente a reducir el peso y la capacidad de acción pública, generando unas masas de desempleados que están por venir a la vuelta de la esquina con estas políticas convertidas en dogmas.

Alemania es cada día más euroescéptica, pero también Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia. Y también, por otros motivos, Finlandia. Y también lo es desde siempre Gran Bretaña, en su nueva forma de la tradicional splendid isolation. El euroescepticismo crece a ritmo acelerado en la propia Europa. La amalgama de estados diversos con el ligante llamado euro funcionó mejor que bien a favor de corriente. Pero funciona nada bien en contra de la corriente. Y el daño de una ruptura o una parálisis negociadora sin fin haría tanto daño a Alemania como a Grecia. Los eurobonos (la materialización de la solidaridad europea, un debate que cada día se parece más al interregional en España centrado en las balanzas fiscales) y una armonización fiscal urgen. Hagan caso a Almunia cuando advierte –sin mencionar a Alemania, pero mencionándola—de que “algunos no se dan cuenta” de que el daño es para todos y no hay ningún culpable exclusivo (desde luego, la golfería presupuestaria griega –que, repetimos, pasó inadvertida a grandes inversores alemanes—es dolosa). Y a Roubini: “Alemania tiene que ayudar, invertir y estimular a la eurozona. No puede quedarse en la profesora que cumple y exige, porque mientras ella exporta y resiste a un euro tan fuerte, las economías más débiles tal vez no vayan a sobrevivir”. Y la arrastrarán de una u otra forma. España, por ejemplo, ha hecho y hace sacrificios que no se traducirán en absoluto en generación de empleo. España hace sacrificios para restaurar la confianza de los mercados. Ayudaría a restaurar tal confianza de dichos mercados financieros la anuencia comunitaria a emitir eurobonos más pronto que tarde. Y eso es cosa de Alemania. No se puede apretar hasta ahogar como la institutriz de la pobre Clara de Heidi, que no recuerdo cómo se llamaba.

È un mondo difficile…

Tacho Rufino | 11 de julio de 2011 a las 13:10

En el año 1992, la lira tuvo que salir del embrión del euro llamado SME (Sistema Monetario Europeo), e inmediatamente fue severamente devaluada. Previamente, Italia, asfixiada por una gran deuda pública, fue machacada por la especulación. Lo que le está sucediendo ahora al país transalpino se parece bastante a aquel panorama, pero no es lo mismo. La lira no existe, y por tanto no puede ser devaluada. Lo que se va a devaluar seriamente es la estabilidad económica y financiera de Italia. Y posiblemente la calidad de vida media de sus habitantes… si no lo remedian sus tumultuosas y ortopédicas instituciones. Y algunas de ellas están en ello.

La gran diferencia de aquel entonces con este ahora es que el euro ha ido maquillando y difiriendo la toma de conciencia de la complicada situación italiana (algo similar cabe decir sobre la crisis de deuda española, larvada durante años de exuberancia crediticia). Su deuda sigue creciendo, y –no menos importante para excitar los ataques de los leones a los ñúes que muestran síntomas de debilidad– la crisis institucional es más que seria. Berlusconi está acabado, y el equilibrio de alianzas que lo mantiene en el poder se ha deshecho. Aunque el delito está prescrito, ha sido condenado por lo que todo el mundo sabía pero il Cavaliere consiguió parar hasta ahora, evitando su debacle y la cárcel: su imperio mediático está cimentado en la corrupción. En concreto, en la compra de una sentencia pagada a un juez por 400 millones de aquellas liras (menos unos 200.000 euros, calculo, si actualizamos los valores a día de hoy). Italia no tiene perspectivas de crecer, ni de crear empleo, sino al contrario. Su señera y poderosa industria del norte y su gran capacidad exportadora no lo son todo.

El precio de ahuyentar a los especuladores de Italia es de 40.000 millones de euros, la cifra en que se valora su reequilibrio presupuestario en el plazo de tres años; su déficit publico, en definitiva. Para ello, como le ha sucedido a España, debe contener los gastos y/o aumentar los ingresos de los presupuestos públicos. Nunca en la historia de Italia se había ideado y aprobado en el Parlamento en una sola semana un proyecto de consolidación fiscal –ni de nada, realmente–. Ha ocurrido ahora: miracoloso (ver video para reír). Si cierto es que la sincopada y lenta solución –o patada a seguir— de la bancarrota griega ha acelerado las dudas sobre Italia –sobre su liquidez y su solvencia– y ha estimulado los jugos gástricos de las fieras financieras globales, también es cierto que la situación italiana debe meterse en cintura. Italia no es un país pequeño como Irlanda, Grecia o Portugal: su capacidad de originar daños colaterales en su desplome en muchísimo mayor. Bofetada tras bofetada, el euro tal como está compuesto, compartido y concebido a día de hoy tiene menos futuro que Berlusconi como primer ministro italiano. El inefable papi Silvio estorba tanto a su país como Zapatero al nuestro, e incluso más. Si Berlusconi se largara, los ataques se calmarían y la prima de riesgo se reduciría enormemente, según opinan sus detractores. Un consuelo: el asedio podría trasladarse un poco al Este y un poco al Norte. Desde España a Italia. De momento, no es así.

Como decía Tonino Carotone, español que tuvo gran éxito en Italia, “è un mondo difficile”…

Juncker: Grecia entrega su soberanía

Tacho Rufino | 3 de julio de 2011 a las 21:44

Mientras cualquier fórmula de multilaterialidad exige dar y tomar, cuando la reciprocidad y el intercambio se convierten en una unión económica, el embarque compromete a mayores niveles de interdependencia y por tanto, a prescindir de cosas (moneda propia y ejercicio de la política monetaria; legislación exclusivamente propia) para conseguir otras (la contrapartida de las anteriores: estabilidad monetaria, seguridad cambiaria y jurídica, mayores niveles de desarrollo social mediante leyes comunes, por ejemplo medioambientales).La UniónEuropea es un caso de multilateralidad comercial y política que, con la entrada del euro, supuso una verdadera unión económica, con su primus inter pares, Alemania, y sus vagones de cola, como Grecia, aunque no sólo Grecia. Grecia sufre ahora en sus carnes la cara oscura del compromiso y la interdependencia, el reverso de la moneda (nunca mejor dicho). Grecia se ve atrapada por sus ineficiencias, sus sinsentidos públicos y hasta sus mentiras estadísticas… pero también por el retorno de la singladura en popada que supuso su entrada en el euro y la recepción de enormes cantidades de fondos europeos y bancarios que financiaron un edificio sin cimientos.

Ayer, el jefe del Eurogrupo, el belga Jean-Claude Juncker, expresó con toda crudeza lo que les espera a los griegos: reformas fiscales radicales (pagar impuestos es la excepción a día de hoy, hay prebendas descabelladas en el sector público) y privatizaciones de todo aquello que tenga valor o cueste demasiado a las arcas públicas. Juncker habla de “correción total” de su forma de hacer política económica, y de “masiva perdida de soberanía” del país heleno: la UniónEuropea achicando aguas, sí, pero también el FMI y sobre todo los bancos y el miedo y el chantaje que inoculan éstos a las relaciones económicas en tiempos de crisis son los nuevos soberanos. Polvo, sudor y hierro. Y sin cabalgar. ¿O se puede cabalgar hacia atrás?

El verdadero vicio griego

Tacho Rufino | 27 de junio de 2011 a las 12:10

Los ratios per capita son por lo general esclarecedores. Hace poco, el Ministerio de Economía publicó los que dividen deuda municipal por el número de habitantes de cada municipio español. Quitando el peculiar caso de Ceuta, el Madrid de Gallardón ganó por goleada: concentra el 22% de la deuda municipal española total, y cada uno de sus tres y pico millones de habitantes “debería” unos 2.000 euros (los barceloneses, 742 euros). Madrid es una especie de Estados Unidos –sin dólar, magia potagia— en hispano, que puede endeudarse irracionalmente para ser más grande que nadie, para atraer más empresas que nadie, para acometer obras de dudosa financiación una tras otra… porque es “demasiado grande para caer” (?). Pero en fin, seguro que otros ayuntamientos menores caen antes en la bancarrota (palabra, por cierto, tabú hasta hace un año –como lo fue crisis en su día– y que hoy es moneda de cambio informativa). O sea, cada habitante de Madrid cabría a 2.000 euros de deuda de su municipio. Pues bien, cada uno de los once millones de griegos debería ¡175.000 euros! si repartieran a escote su inmensa deuda nacional (España mantiene cifras cfrecientes pero por debajo de la meida de sus países de referencia en la UE: unos 17 mil euros de deuda per capita estimada (unas diez veces menos que Grecia), y un porcentaje aún tolerable si lo referimos al PIB).

Grecia tiene un problema “cero”: nadie sabe nada a ciencia cierta. Es decir, sus cuentas y sus estadísticas tienen menos pedigrí que una liebre. Ayer, muchos reportajes de esos amplios dominicales, tan jugosos, ponían de relieve la pillería y el fraude instalados en el ADN de la relación entre los griegos y sus instituciones públicas. I.H Velasco daba datos jugosos en Mercados. Mencionemos algunos.

  • Los ferroviarios y otros empleados de ferrocarriles griegos ganan una media de 65.000 euros al año. Hoy se publican los salarios de los directores generales de área del ayuntamiento de mi ciudad y ninguno llega a tal cifra.
  • Las peluqueras griegas se jubilan a los 50 años por ser la suya una profesión “de riesgo”.
  • El corralito acecha al país, si es que éste no es presa de saca el dinero del banco y llévatelo donde puedas, colchón incluido: en el último año, los griegos han retirado depósitos bancarios por una cuarta parte del PIB nacional. Bonito panorama para la asfixiada banca griega.
  • El que quiere ser bien atendido en un servicio público debe impepinablmente pagar una mordida “por lo bajini”.
  • Esto que viene no es broma: las hijas solteras de empelados públicos fallecidos reciben una pensión vitalicia de 1.000 euros mensuales. Hay 40.000 de estas hijas solteras. ¿Le habrá dado alguna una zancadillita a su padre?
  • Uno de cada cuatro griegos con ingresos no paga un duro de impuestos.

¿Qué tiene esto que ver con España?

PD: al ver al perrito que camina entre los policías y manifestantes apunto de enzarzarse, no he podido evitar recordar la sobrecogedora primera parte de Gladiator: La batalla de Germaniahttp://www.youtube.com/watch?v=OLCZ3pZJr1s.

Una sesgadilla selección dominical

Tacho Rufino | 27 de septiembre de 2010 a las 22:47

Propongo tres artículos muy interesantes que ha publicado ayer domingo El País y Negocios (también de El País).

La semana próxima trataremos de ofrecer una selección más diversa en cuanto al origen.

El tabú de los gastos militares

Tacho Rufino | 5 de junio de 2010 a las 8:00

MIENTRAS en el mundo económicamente emergente las empresas trabajan en ampliar mercados, en ganar músculo financiero y en aumentar ventas y dimensión, en el Viejo Mundo (sin mayúsculas también vale), las instituciones, las empresas, y los individuos “trabajamos en costes”. Movistar da, sin embargo, la de cal, al poner tanto dinero encima de la mesa como recorte se autoinfligirá Fomento (6.500 millones), para hacerse con el paquete de control que Portugal Telecom tiene en la principal operadora brasileña, Vivo. El planeta cabecea hacia el Este, y también hacia América: Brasil es un mercado de promisión. Con excepciones como ésta, las empresas (los gobiernos, las familias), por estas latitudes, pelean por ajustar su estructura de costes a sus menguantes fuentes de ingresos. De inversión, ni hablamos.
Hace año y pico, Krugman vino al Sur invitado por la CEA a decirnos que teníamos que hacer lo que ahora hacemos: perder kilos, o sea, rebajar nuestros salarios. Él habló de un 15 por ciento por las buenas (por la mano de los gobernantes y empresarios), y bastante más por las malas (por la mano de la deflación). Estando todos de acuerdo en lo inevitable de reducirse y ajustarse, queda por aclarar en qué partes de nuestro cuerpo y cuándo. ¿Peder líquido rápido con diuréticos, recurrir al fármaco demacrante y quitar panceta quirúrgicamente?, ¿o luchar contra el michelín masculino y la femenina pistolera con dieta y un plan de fitness largo y pesado? Recortar la capacidad de movimiento y crecimiento es insensato salvo como medida de urgencia transitoria; recortar en lo superfluo, en lo prescindible y en lo que no conforma nuestra razón de ser como organización o persona es el objetivo y la exigencia. Por cierto, Krugman –y miles tras él– no sólo recetó perder peso en los salarios: habló de una caída equivalente y paralela de los precios. No sólo de los de las casas y los coches.

En relación con el baño helado de realismo que debemos darnos y que achica todo lo inflacionado, no se pierdan las palabras del diputado verde franco-alemán Daniel Cohn-Bendit, hace un par de semanas en el Parlamento Europeo (Youtube: “Daniel Cohn-Bendit subtitulado en español sobre ayuda económica a Grecia“). Cohn-Bendit, apodado Dany El Rojo cuando lideró Mayo del 68, es un parlamentario de una pieza; escuchar su elocuencia, su pasión y, más importante, la valentía y razón de sus palabras mueve a envidiar ese tipo de político que nada tiene de colgado alternativo. Pide justicia y racionalidad para el muy poco realista plan de ajuste griego. Más allá de afirmar, como hace, que los préstamos concedidos a Grecia son una forma de ganar dinero fácil con los diferenciales de tipos de interés (lo tomo al 2 y lo presto al 6), Cohn-Bendit toca un a llaga muy olvidada: la de los gastos militares. Lean unos datos del gran baile de la hipocresía y la ceguera de conveniencia, “les prestamos dinero para que nos compren armas”: Francia acaba de vender a Grecia 6 fragatas por 2.500 millones; helicópteros por 400 millones; un buen número de cazas Rafale a 100 millones la unidad; Alemania, por su parte, ha vendido también a Grecia 6 submarinos por 1.000 millones. A la vista de estos datos –los millones son de euros–, el conflicto greco-turco es una de los principales sumideros de los dineros públicos helenos. Al núcleo duro de la Europa comunitaria –Alemania y Francia–, ese conflicto, con Chipre como excusa, le resulta de lo más rentable. Presionar a los eternos candidatos turcos y a los orejadeburro griegos para que emprendan un proceso de desarme en la zona sería una vía más que eficaz para ayudar a las finanzas griegas. Pero eso no va a pasar. De la misma forma, aquí pagamos jugosas pleitesías adquiriendo tecnología y know-how militar francés y alemán, a cambio de fondos europeos de diversa naturaleza. Sobre esto, tampoco hablamos. No se trata ya de antimilitarismo: se trata de presupuesto. De trabajar en costes.