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Entre deudores también hay clases

Tacho Rufino | 6 de mayo de 2013 a las 15:30

ESTAR endeudado no gusta a nadie, aunque la mayoría lo estamos. En algunos afortunados casos, la deuda sirvió a quien la contrajo para invertir en cosas que daban más rentabilidad que el coste de la deuda: a eso se lo llama estrambóticamente en Finanzas “apalancarse”. No pocos alumnos nuevos de economía ponen cara de “otro profe con las ocurrencias” cuando se menciona en clase el apalancamiento, mientras piensan que te refieres a estar repantingado en tu sofá con tu smartphone tras una dura noche. La deuda no es en sí buena ni mala: te ayuda a gestionar tu economía o, alternativamente, te condena a no dormir bien. Hace un par de semanas supimos que los cálculos de dos economistas señeros de Harvard, Reinhardt y Rogoff, que creían identificar el gran punto en el que la deuda de un país alcanzaba un nivel que hacía imposible el crecimiento, estaban algo equivocados. Un fallito estadístico sin maldad ninguna, pero que inspiró y dio palanca a la política económica de la austeridad por la austeridad. La que ha hundido y despojado de soberanía alguna a países como Portugal o Grecia. La política económica que ha hecho que hasta los más irreductibles economistas de la ortodoxia antidéficit pronuncien las palabras “crecimiento” y “empleo”, y que Rajoy y Guindos contradigan su programa electoral en su dura negociación con Europa, pidiendo a la Europa en el machito que se abra a los estímulos gubernamentales: una cuestión de supervivencia, aunque esta semana Esperanza Aguirre haya vuelto, con su heráldica coherencia habitual, a hacer de pepitogrillo del PP: “Más recortes en la Administración Pública, desmemoriados compañeros, desde el mayor de los cariños y los respetos”. Con amigos como éstos… La deuda es algo muy denostado, pero países prósperos, incluso con economías muy distintas -como Estados Unidos y Suecia, por ejemplo-, están endeudados hasta las cejas y no pierden el sitio de privilegio ni nadie los condena a pan y agua.

La deuda es otro de los asuntos que enfrenta a los entendidos, y su frontal discrepancia en este y otros asuntos mueve al gran público a desconfiar de ellos. El bajón de la prima de riesgo de la deuda española esta semana también ha sido sorprendente y hasta esotérico, por mucho que muchos se hayan aprestado a dar las inevitables explicaciones técnicas. La deuda pública y la forma en que los acreedores tratan a sus deudores son también una fuente de asimetrías, y la Historia nos demuestra que, incluso entre los débiles, siempre ha habido clases. Unos datos. Cuando Alemania fue vencida en la guerra, su deuda externa era muy superior en términos absolutos y relativos a la de la rescatada Grecia en la actualidad, por ejemplo. La quita que le concedieron los acreedores vencedores fue también enorme: el 63%, bastante superior a la engañosa condonación aplicada a los griegos. En el acuerdo de Londres en 1953, los aliados vencedores pusieron unas condiciones a la ingente deuda República Federal de Alemania que pueden considerarse extraordinariamente generosas y radicalmente distintas de las aplicadas a Grecia. Se buscaba, más que reducir la deuda, estimular el crecimiento alemán, no condenar al paro a sus jóvenes, sino al contrario; no desequilibrar la economía del culpable alemán y mejorar aceleradamente las condiciones de vida de su pueblo (para más detalle acudir a los trabajos de Éric Toussaint). Grecia no es Alemania, claro es. Y por eso, al parecer, Grecia debe ser condenada a la exclusión y la subsidariedad. A ser un satélite lobotomizado. Si nosotros hubiéramos sido rescatados, estaríamos prácticamente en la misma senda hacia la muerte económica. Gracias a quien corresponda al menos por eso: por resistirse.

La cara del todavía ministro

Tacho Rufino | 12 de septiembre de 2012 a las 20:34

Como suele decirse con los entrenadores sin resultados, no sabemos si De Guindos se comerá los polvorones en el Gabinete. Más bien tiene cara de pavo en Navidades, dicho sea con el debido respeto al que durante un tiempo fue el ministro estrella (es un decir, no está la cosa para vedetismos) de Rajoy. El hombre de gran currículum profesional, Lehman Brothers como empleadora incluido. Con el rescate+condicionalidad+control férreo que viene, De Guindos puede sobrar bastante, no sé bien si en la manera en que sobra un crack en una empresa decadente o si en la manera en que sobra un gallito en el corral cuando llegan a él los gallos de pelea con espolones más acerados. El ministro de Economía y Competitividad, en el día en que Uly Martín de Video Atlas le hizo esta tremenda foto que está ahí abajo, soltó una perla de esas tremendistas y cargadas –lo siguiente es una hipótesis mía– de ideología antipública: según informa El País, De Guindos ha advertido este miércoles en el Pleno del Congreso que si en los próximos trimestres no se consigue modificar la situación económica de los últimos cinco años “será imposible que se sigan manteniendo las prestaciones sociales”. Claro. Sabemos cuán difícil está el presupuesto público y cómo es de difícil reducir el déficit. Pero creo que estas declaraciones se deben, alternativamente, a una de estas dos razones:
– Está avisando, implícitamente, de que el rescate europeo nos salvará, y que los dineros del mismo podrán seguir cubriendo las prestaciones sociales.
– Está convirtiendo un problema de liquidez en un problema estructural y apocalíptico: en una enfermedad cróncia incurable ante la que sólo cabe cirujía y/o eutanasia.
Una tercera posiblidad es que De Guindos, sabiéndose amortizado, ha perdido la vergüenza y dice lo que piensa y hasta lo que le gustaría.
La foto de marras:

‘Mercado Kid’ noquea a ‘Mantequilla Estado’

Tacho Rufino | 6 de agosto de 2011 a las 15:58

“Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió”. Ojalá estas palabras que Borges puso en boca del joven que fue a matar al monstruo se hicieran realidad, y el minotauro estuviera deseando calmarse e incluso morir a manos de quien supiera llegar al centro de su laberinto. El laberinto económico inextricable que quizá a ustedes, también, les provoque tanto hartazgo como temor. En la misma línea mitológica, una analista sueca tira esta semana de metáfora para ilustrar lo que está pasando: “[los mercados]…un dios enfurecido, que nosotros mismos hemos creado, y al que ahora vamos a tener que ofrecerle muchos sacrificios para que se calme”. El “nosotros mismos hemos creado” es sin duda un plural algo injusto: todos los “nosotros” no somos igual de “nosotros”, hay algunos que han contribuido mucho más a emponzoñar la situación económica global que otros. Probablemente, no pocos de ellos son los que ahora obtienen grandes beneficios de la extrema inestabilidad, que amenaza con llevarse por delante ese poliedro diverso y dispar en que se ha convertido la Unión Económica y Monetaria. Lo que llamamos el euro.

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El combate está bien avanzado, y un púgil rocoso y sin estilo, con excelente juego de piernas, que nunca descubre su rostro y cuya pegada siempre hace pupa vapulea a los puntos a su contrincante, un espigado y elegante boxeador blanco, de alta escuela y método, que no tumba a un pelele y que tiene el mentón tan frágil como castigado el hígado. Los mercados revientan a la política. Titulaba Joaquín Aurioles en estas páginas el jueves: “El gobierno de los mercados”. No se quedaba en el desencanto, sino que cuantificaba cuál es el déficit de tesorería que tiene y tendrá España, y recordaba que, por nuestra parte, no queda sino trabajar en los gastos y/o en los ingresos. Mejor rápido que tarde. Porque siendo desproporcionada -abusiva si quieren, criminal incluso- la acción algo carroñera de los más conspicuos agentes financieros contra España o Italia -y lo que vendrá-, nosotros tenemos muchas tareas por hacer.

Sigamos haciendo patria, y citemos a otro articulista de esta casa. Fede Durán, con tino y elocuencia, escribía ayer viernes acerca de los deberes por finalizar y pendientes de empezar a meterles el diente. Tenemos que: aclarar a Mercado Kid cómo se organiza fiscalmente este país autonómico; corregir una reciente reforma laboral que ha sido lo que los jóvenes llaman ahora un pa ná; acabar cuanto antes con la reforma del sistema financiero español; acercarse a los países grandes, sean blancos o amarillos; subir el IVA. Sobre esta última cuestión se habla poco. Es un tabú político anunciar que se van a subir los impuestos porque no queda otra. Nadie lo hace. Es más, algunos prometen lo contrario. “Sé cómo obtener la cuadratura del círculo: voy a bajar los impuestos”. No nos vale tampoco la alquimia rubalcábica, un candidato metido a Robin Hood tributario: “Más impuestos para los más ricos, obligar a los bancos a dar crédito”. Esa rata, ¿quién la mata? Hace mucho tiempo que muchos lo decimos: los impuestos -así, en su conjunto- seguirán subiendo, por mucho maquillaje efectista que se haga (bajo un poco por aquí, subo mucho por allá). A nivel local, vean cómo se comportan los policías locales de su ciudad. Auténticas máquinas recaudadoras. Un alcalde del PP contradice la doctrina de su partido: “Voy a subir los impuestos, me da igual loo que piense mi partido. Esto se hunde”. Las verdades del lugareño. Como puños.

El euro, un negocio familiar mal avenido

Tacho Rufino | 30 de julio de 2011 a las 12:39

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EL euro es como un negocio familiar: llega un momento en que son demasiados sus participantes, y demasiado diversos sus intereses para ser gobernable. Mientras que en las empresas de Don Fundador (después hermanos, después primos) la primogenitura, el sexo y otras razones más o menos azarosas son las que otorgan mayor control a uno que a otros, en el caso del euro las razones para ejercer el mando en la moneda común son objetivas: el euro es un marco alemán disfrazado de banderitas de colores nacionales, y la sede del Banco Central Europeo está en Fráncfort porque, a saber: Alemania aporta más que nadie al presupuesto comunitario, Alemania es la mayor potencia industrial de Europa, Alemania es la campeona mundial de las exportaciones, y Alemania, en fin, ofrece un cuadro macroeconómico cuyo presente y cuyas perspectivas no son comparables a los de nadie en la UE. De esta forma, cuando Trichet decide subir los tipos de interés de la zona euro, hace la política monetaria que conviene a Alemania… y viene desastrosamente mal al Estado, a las empresas y a los particulares de España. Asimetrías de la vida. Por este complicado poliedro económico y monetario, el ministro de Finanzas alemán ha dicho esta semana que “los países rescatados deberían prescindir de parte de su soberanía”… o ser expulsados de la zona euro. Se refiere Schauble a la soberanía presupuestaria y fiscal: “Tú organiza teatro al aire libre en el Partenón y tenme las islas en condiciones, que yo me encargo de llevarte las cuentas” (esto no lo ha dicho…). No es de extrañar que el sentimiento anti-mediterráneo crezca en Alemania con el miedo a una crisis que -lo que nos quedaba por ver- amenaza cual hidra de siete cabezas con reinventarse cuando llegan noticias sobre la posible suspensión de pagos de Estados Unidos.

Pero veamos el contrapunto a esta preponderancia teutona: veámoslo todo, o al menos miremos otra cara del cubo. El euro ha sido absolutamente clave para la expansión exportadora alemana; recuerden que en los 90 Alemania tenía déficit por cuenta corriente, y se endeudaba como si fuera un PIGS. La moneda única les ha venido de coco y huevo para financiar la reunificación. Recordemos también que uno de sus destinos comerciales esenciales ha sido la periferia europea: cómprame, cómprame mucho que yo financio los fondos de desarrollo y, si no tienes en el bolsillo, aquí hay crédito, que estamos en familia. Sin deudas griegas, portuguesas e irlandesas el poderío alemán no sería tanto poderío. ¿Por qué el mayor acreedor extranjero de Grecia es Alemania y sus bancos? Los países pobres y compradores son la otra cara de los ricos y exportadores. Hace falta lo uno para que exista lo otro. ¿Que ello no exime de culpa a gobernantes y particulares por embarcarse en una política de endeudamiento público y privado como el español? Desde luego que no. Pero el maniqueísmo y las verdades absolutas, para los mítines y las tabernas.

El euro tiene un futuro más que comprometido, y su actual realidad dista mucho de parecerse a lo que Robert Mundell denominó “área monetaria óptima”, entre otras cosas por la diversidad en la política fiscal de sus miembros. El euro, tras una década en la que navegó con el viento mayormente de popa, se encuentra instalado en la adversidad, ante el dilema de ser o no ser. O ser de otra manera. E incluso ser de más de una manera; que exista más de un euro. El visionario Nouriel Roubini ha dicho esta semana que no sólo Grecia es insolvente, sino que también lo son Portugal e Irlanda. El apodado Doctor Catástrofe hila fino: “Hay un 30% de probabilidades de que Grecia y Portugal salgan de la zona euro”. Presa del vedettismo y el alto caché, lo dijo en Alemania, ante los asentimientos generalizados de los algo ensobebercidos primos de zumosol comunitarios, a quienes no cabe duda de que los mediterráneos y los irlandeses -como mínimo- “vivimos de ellos” (obviemos paralelismos hispánicos). Puede que el euro haya sido flor de una década. En cualquier caso, el euro de nuestros hijos no será éste.

De repente, el desastre: ¿especulación o pánico fundamentado?

Tacho Rufino | 11 de julio de 2011 a las 21:28

Hoy ha sido uno de los días más negros de los últimos tiempos económicos: la prima de riesgo sobre el bono alemán se ha vuelto a volver loca (es un decir: la vuelven loca deliberadamente, ¿no creen?), y el barómetro imperfecto de la bolsa –cuya extrema sensibilidad y volatilidad es un buen río revuelto para pescadores con buena información y capacidad de influencia en las cotizaciones— se ha pegado un leñazo casi histórico.
España no ofrece toda la confianza debida a la opinión internacional y a sus mercados financieros. Ahora bien, atribuir a la falta de reformas drásticas y recortes quirúrgicos “necesarios” esta volatilidad de lunes es miope como mínimo, tendencioso probablemente, y políticamente interesado en algunos casos: ¿cómo puede atribuirse a causas sustanciales este movimiento tan abrupto e inesperado –de nuevo: inesperado según para quién: marionetas, rebaños… o pastores–? ¿No es otro zarpazo planificado de agentes con gran influencia, a cuyo cebo acuden miríadas de pececitos asustados, haciendo el caldo gordo a los grandes titiriteros? ¿Hay que ser un paranoico para ver que la debilidad de Italia está siendo aprovechada para machacar el futuro del euro al grito de “dos grandes por el precio de uno” (Itali y España)? La cosa es grave, y Zapatero y Berlusconi quizá harían bien en irse y diferir el problema unos meses (vaya papelón el de sus sucesores, en nuestro caso el del muy silente Rajoy). Pero estos ataques de pillaje a la costa, estas razzias financieras que crean nocivas inercias para pueblos enteros, son más especulativas que fundamentales: tienen más de maldad y codicia que de verdad y análisis. España crece poco, pero crece ya, y el empleo –puede que transitoriamente, claro—ha mejorado (muy levemente, sí). ¿Es este el momento donde la lógica dice que España está llegando a cotas de intereses de deuda “de rescate”, de un día para otro, con la bolsa haciendo los coros, abandonando el barco? No me cuadra. ¿A ustedes? El fuerte le dice al que renquea: “Dése usted por jodido, antes o después, ¡y haga lo que haga!”.

(Una opinión alternativa –diría que opuesta– a la de esta entrada en el interesante blog de Enrique Caltrava en Expansión)

Nos conviene mucho Madame Lagarde

Tacho Rufino | 21 de mayo de 2011 a las 12:36

(Esta entrada ha sido publicada hoy en el periódico, y si lector sigue este blog percibirá coincidencias con la anterior entrada sobre DSK)
 

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LAS jornadas de reflexión limitan la posibilidad de opinar sobre el jugoso y amargo panorama patrio. Lo cual resta juego, pero tiene sus cosas buenas. Por ejemplo, hoy no se debe castigar a nadie con la enésima reflexión formato “que sí, pero no” acerca de Democracia Real y Spanish Revolution. De paso, tampoco se autocastiga quien debe escribir teniendo que posicionarse sobre este fenómeno tan difícil aún de ponderar: es que uno también anda hecho un mar de dudas. Así que a otra cosa, una cosa del mundo exterior. Por ejemplo, DSK; su auge y estrepitosa caída.

Sostenemos que Dominique Strauss-Kahn es un caso de sublimación freudiana de la pulsión sexual, una pulsión desbordada que se canalizó -eso sí, a duras penas, y no cambien vocales…- hacia una frenética, ambiciosa y triunfante vida política que lo llevó a la antesala del Elíseo, en su caso situada en Washington, sede del Fondo Monetario Internacional. Pero el subconsciente, a nivel individual, es como Dios: no se lo ve ni se lo conoce bien, pero tiene el poder. De vez en cuando asalta los territorios de la racionalidad; somete a la voluntad y el autocontrol. Y en vez de estar embebido en rescates y tensiones de tipos de cambio, se deja un hombre llevar por unos morros y un uniforme de camarera de hotel… a quien fuerza, acostumbrado como está el poderoso financiero a hacer su santa voluntad. De esta forma, arrastra a su futuro político a una marmita repleta de ácido. El silenciamiento y la exageración de la presunción de inocencia -que a tantos en Francia y aquí les ha llenado la boca hasta llegar a cerrarles los ojos- probablemente, hubiera echado paladas de cal viva sobre los hechos si éstos hubieran acaecido no ya en El Cairo, sino en el mismísimo París. Dominique tenía mucho más difícil escapar de rositas en Estados Unidos. Lo sabía, y quiso escapar presa del pánico. Lo trincaron en el avión, y en un par de días ha cambiado su declaración inicial: primero, “pero si yo estaba con mi hija muy lejos de allí”; después, “fue un flechazo de sensualidad incontenible y recíproca; estas cosas nos suelen pasar a mí y a George Clooney”. Parafraseando aquel eslogan primigenio de la Transición: “presunción de inocencia, sí, pero dentro de un orden”. Si se nos permite la transgresión dada la víspera que es hoy, apostillemos diciendo que la teoría conspiranoica de que tras todo esto está Sarkozy de Bruni resulta tan juguetona con la de Rubalcaba de titiritero de la movilización social en curso. Con morboso gancho, pero más que improbable.

Ahora queda esperar a ver quién sucede a DSK. Por una norma no escrita que otorga cargo siempre a un europeo (por cierto, los tres últimos directores europeos del FMI han pegado diversas suertes de espantá, Rato incluido), la muy competente y chic ministra de Economía francesa, Lagarde, tiene muchas papeletas. Perfecta conocedora de cómo está la cosa fiscal y monetariamente en la Unión Europea, Christine puede ser un parapeto y un antídoto para las sucesivas razzias que los agentes más poderosos de los mercados financieros perpetran periódicamente sobre el euro. A nuestra Salgado, o sea, a España, le interesa que su amiga ocupe el cargo, de todas todas. Pero los países emergentes, como buenos emergentes, sacan pecho. Afirman que ellos tienen mayor influencia de facto en la ansiada recuperación global, y que este cargo sería un espaldarazo a tal realidad. Pero el principal contribuyente al fondo es la UE, y esos galones van a ser exhibidos delante de indios, mexicanos, brasileños, sudafricanos o israelíes. Hasta la semana que viene no saldremos de dudas, pero cuando esto se escribe una agencia de noticias da por “entronizada” a Madame Lagarde, si bien el nombramiento tendrá que esperar a la semana próxima. Son buenas noticias, aunque sean paliativas. No da la cosa para más.

Nosotros, ‘okupas’ del futuro

Tacho Rufino | 22 de abril de 2011 a las 9:27

LEO a Daniel Innerarity describiendo (2008) con gran simbolismo ciertas situaciones que, de seguir así, son insostenibles: no tienen futuro. Ofreciendo alternativas a la expresión “estafa generacional” (la que se perpetra sobre los cotizantes eternos que no tienen garantizada su pensión), el filósofo habla de “colonialismo temporal”, practicado por los hoy vivos respecto a las generaciones jóvenes y por nacer. Colonizar el tiempo frente a la tradicional colonización del espacio. Mientras lo normal solía ser trabajar para los hijos y en general para el porvenir, hoy se consume y se vive en detrimento de las cohortes venideras. Una rapiña del futuro perpetrada por okupas del futuro… nosotros. El futuro es hoy “un basurero del presente”, dice Innerarity. No sólo el sistema de pensiones es insostenible, sino que por supuesto lo es el legado de residuos y daños a la naturaleza. Y también lo es la deuda pública presente y por venir, venga ésta de parto natural -colocaciones aceptadas por los mercados a precios normales-, con fórceps -pagando un sobreprecio con respecto al bund alemán-, o por cesárea -el rescate-.

Uno de los pocos versos que uno recuerda viene al hilo de la cuestión. “En Nueva York no hay más que un millón de herreros forjando cadenas para los niños que van a venir”, afirmaba un hipersensible Lorca en Poeta en Nueva York. Si la hecatombe económica en curso tiene su detonante en Wall Street, cabe aplicar tan oscuro aforismo a los daños diferidos provocados por la Gran Crisis. De acuerdo; lo nuestro tiene ingredientes derivados de la enorme deuda familiar y empresarial made in Spain pero, sea como sea, la deuda española no hace más que atraer a los depredadores financieros. Éstos actúan en parte con fundados motivos, y en parte con una apuesta a la ruina de nuestras arcas públicas. Los presupuestos públicos y uno de sus nutrientes de tesorería -la periódica emisión de deuda- se ven afectados por una cadena perversa que percibe el olfato de los agentes más poderosos de los mercados: la deuda privada de dudoso cobro es un activo dudoso en los balances bancarios. Si decidimos socializar las pérdidas de la banca -he ahí el quid de la cuestión- con dinero público, nuestro sector público está tocado de muerte. La banca, eso sí, sobreviviría más o menos indemne.

Van al menos tres crisis que nos han puesto al borde de la bancarrota, sobre todo la de mayo del año pasado, y aquí están otra vez los pelos del lobo enganchados en nuestra valla. Si hay que salvar a la banca, habrá que condenar a las generaciones futuras -y no tan futuras- a pagar las debacles patrimoniales de quienes dieron crédito sin ton ni son (a muchos que los asumían sin ton ni son, cierto es). En Irlanda se socializaron las pérdidas de los bancos, y otro tanto se hizo en Islandia. ¿Quién pagará los agujeros contables de las entidades financieras? Los irlandeses y los islandeses de a pie durante años y años. ¿Pasará lo mismo en España, como ya podemos afirmar que pasa en Portugal? En Estados Unidos, Obama admite la necesidad de la reducción drástica del déficit (déficit público no es igual deuda pública, pero es carburante de ella), precisamente con el lema “la solución no puede cargarse sobre la espalda de los ciudadanos”. China, el mayor inversor en deuda pública estadounidense, dice que hay que proteger sus derechos como acreedor. Apuesten por el recorte de la sanidad, educación y protección del medio ambiente USA. Aquí, nuestra capacidad de recortar es más limitada a estas alturas: los deberes no han servido para mucho. La patada a seguir supondrá sacrificios para los hogares más que para los bancos ineficaces. Salvo que la mansedumbre que la crisis inocula en los corazones se transforme en indignada insumisión. Cuando no haya mucho que perder, y los perjudicados no sean sólo los habitantes del futuro, sino los propios colonos del presente.

ZP: ¿a la redención por el recorte?

Tacho Rufino | 25 de enero de 2011 a las 14:40

Blair caía bien fuera mientras que en el Reino Unido el odio hacia su persona no paraba ni para de crecer; Obama tiene gran cartel fuera de sus fronteras, pero la mitad de su país es más enemigo acérrimo suyo que adversario. Los políticos con “carisma” –esa capacidad de camuflar lagartos, en demasiadas ocasiones– suelen quemarse dentro pero mantener incólume su imagen exterior. Bueno, con Berlusconi pasa justo lo contrario, pero ése es otro cantar: en Italia, tras salir a la luz pública sus orgias semanales con prostitutas y menores, el índice de popularidad del inefable Silvio… ¡sube! Pero volviendo a un mundo político más normal (?), a Zapatero le pasa en buena medida lo que a Blair u Obama: lo quieren más fuera que dentro. A los hechos me remito. La semana pasada, The Economist publicaba un reportaje sobre la mayor fortaleza reformadora que está demostrando nuestro presidente en cuestiones consideradas clave para recuperar crédito y confianza internacional, y nacional también: reforma del sistema financiero, con especial lupa sobre las cajas; recortes presupuestarios, menor dependencia de los sindicatos, reforma del sistema de pensiones, subidas de impuestos, reducción importante del gasto público, mensajes y adevertencias a las comunidades autónomas y sus déficit…

Según The Economist, Zapatero se encuentra ante una gran chance de convertir sus renuncias impopulares en una oportunidad electoral. Los sondeos son tan claros a favor del PP –que rehúye cualquier pacto nacional y sólo piensa en las urnas y la “sed de urnas de los españoles”–, que la cosa sólo puede mejorar para Zp. Según la mencionada revista, la (nueva) firmeza y la continuidad en el ajuste y la reforma podrían cambiar la imagen pública del presidente, y hacerlo aparecer en la mente y el corazón de un buen número de españoles como un estadista responsable aunque le cueste la popularidad y, teóricamente, los votos. Cuezan esos ingredientes a fuego lento durante meses, y podríamos ver a un Zp renacido cual ave fénix de sus propias cenizas. Mientras, como mono de goma, ponemos a Rubalcaba por delante: un candidato de plástico, que no irá de número uno. El número uno de la lista será Zapatero, el de la “sangre, sudor y lágrimas”. Las elecciones no son mañana, y podrían coincidir con un perceptible cambio de rumbo positivo de los ahora patéticos números de nuestra economía. No lo den por muerto.

Abajo, la significativa ilustración de The Economist, la bilbia liberal. Ojo al bíceps del esmirriado Zp:

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‘Luz de gas’ a la economía española

Tacho Rufino | 19 de diciembre de 2010 a las 15:15

gaslightLa dualidad polarización en las opiniones sobre los recortes presupuestarios públicos está servida. Por un lado, la mayor parte de los economistas que hacen declaraciones coinciden en que las medidas que está adoptando nuestro Gobierno son necesarias pero, o llegan tarde, o son insuficientes y timoratas. Por otro, toma cada vez más fuerza en la calle la idea de que España es un pelele en manos del núcleo germano-francés de la Unión Europea, de orientación liberal conservadora, y más aún de unos agentes financieros globales que acosan a sus presas sin compasión, acelerando y pervirtiendo para su lucro –y el general empobrecimiento– el curso de los acontecimientos. En esta línea está una minoría de economistas que sostienen discursos alternativos, que prenden con facilidad en la gente insatisfecha: el malo es el sistema. El capitalista, claro es. Planteamiento poco operativo, pero con pegada.

Entre dos aguas (que no en la indefinición), están quienes pensamos, como en la primera línea de opinión mencionada, que cuando los ingresos menguan, los gastos deben ser adaptados a aquellos, sea en una casa, en una empresa, en el Estado central, en una comunidad autónoma o, ay, en un ayuntamiento. Máxime, si al crédito no se lo espera o es leonino, y siendo consciente –pero sin ánimos de quemar Wall Street– de que remendar selectivamente el hipertrofiado mundo de las finanzas globales es una utopía, por mucho que en los G-algo los Grandes Hombres se comprometan a refundar el capitalismo entre foto y foto. Aun así, la capacidad de gasto e inversión públicos no debe ser mermada hasta límites esqueléticos; el consumo y el empleo se verán letalmente dañados, y la rueda se atascará en el barro: delgaditos, pero débiles. La nueva codicia no es la de los tiburones financieros sin alma, sino la del adelgazamiento radical del Estado. Y decimos radical, no paulatino ni sensato.  En coincidencia con la corriente alternativa o de izquierdas, lo dicho es compatible con la certeza de que quienes han hecho daño por sus prácticas punkies deben pagar. O sea, los bancos ineptos deben desaparecer o, al menos, sus administradores pagar el pato, pura ley mercantil. Algo muy diferente de lo que se ha hecho en Irlanda, donde los bancos han sido reflotados (?) por un Estado paternal que los ha asumido en su seno, y que ha dedicado millones y millones del rescate exterior a tapar sus agujeros. Millones que pagarán las clases medias y pobres, en forma de mayores impuestos, menores salarios y menguantes coberturas sociales. Con, en suma, mayor pobreza y menores expectativas a más que medio plazo.

La nueva bofetada de la agencia de calificación Moody’s, esta semana, viene a confirmar que ya puede hacer los deberes Zp, que alguien le va a encontrar falta apenas pase una semana.  Salgado es aplaudida en Europa y también por pepitogrillo Mafo apenas presenta la segunda entrega de las medidas de recorte, no hace ni dos semanas. Y, sin solución de continuidad, llega otro experto –Moody’s, una escopeta de feria acreditada, que dio sus parabienes a Lehman Bros. justo antes de su  hundimiento–, y nos dice “no sé, no sé yo, creo que te voy a llevar al grupo de repetidores”. O sea, a dificultaros el acceso a la línea de crédito que supone la colocación exterior de deuda soberana. La Unión Europea, problematizada, no dice ni ‘mu’, tras gritarnos “bravo” apenas un rato antes. Entre todos nos hacen luz de gas (permítanme: hacer luz de gas es intentar conseguir que alguien dude de sus sentidos, de su razonamiento y de la realidad de sus actos, como hacía en la película de tal nombre Charles Boyer a Ingrid Bergman). Quizá Zapatero debería exigir con firmeza la defensa sin ambages de la UE: poco tiene que perder, y quizá reciba el apoyo de quienes, uno tras otro, van viendo las barbas de los vecinos cortar. Véase, Bélgica. (Cuando repaso este escrito es viernes por la mañana y Europa movió ficha ayer tarde: “La UE pacta crear el fondo de rescate para blindar el euro”. Natural.)

Merkel: “Zp, anticipa las elecciones”

Tacho Rufino | 25 de noviembre de 2010 a las 9:00

Los apostantes de la ruina son jugadores en los mercados financieros, bien informados y financieramente sobrados, que encienden y alimentan los ataques contra el euro. Su estrategia es ir a por los ñúes más débiles (Grecia, Irlanda…), tan enfermos como especulativamente enfermados. Si Leonard Cohen decía “primero tomaremos Manhattan, después tomaremos Berlín”, cabe decir que si bien el objetivo final de esta marea -que tiene tanto de real como de financiera pura y durísima- es, efectivamente, Berlín (el euro), los objetivos parciales no están en Manhattan, sino en Dublín, Lisboa, Madrid o Roma. Merkel sabe que le va mucho en ello, y quiere que quien le va a tener que pagar la factura haga los deberes. En el caso de España, MAFO no para con la reforma de las pensiones (antes, hemos hecho la laboral, el recorte salarial de los funcionarios y otras tareas dolorosas)… y es más que probable que Merkel haga suya la canción triste  del PP y culpe a Zp de lo que está pasando. O, al menos, que lo vea como un obstáculo para que España regenere confianza y se muestre sólida de cara al exterior (buitres con tirantes incluidos). Me la juego: Merkel le va a exigir a Zapatero que adelante las elecciones; todo en mayo de 2011, con las programadas muncipales y autonómicas. Más probabilidades, muchas más, tengo de ganar esta apuesta que que me toque el Gordo de Navidad, o siquiera el lote ibérico de Moi, Casa Cástulo, Heliópolis. Aunque en esta rifa de barrio sólo me juego cinco euritos…