Archivos para el tag ‘Salida del euro’

El nuevo dracma de Grecia

Tacho Rufino | 11 de mayo de 2011 a las 10:15

Aunque la expulsión de un país miembro de la Eurozona no se recoge en ningún punto de los tratados de la Unión Europea, tampoco en ningún sitio se dice que un  país no pueda salir del sistema monetario europeo por su propio pie. Esto último, en el caso griego, liberaría en buena medida al euro de las tensiones que lo desestabilizan. El ingreso de Grecia en la UE se sirvió con calzador a partir de unas cifras falseadas en los criterios de convergencia (cosa que no sucedió con otros países como Irlanda, Portugal o España).

Para Grecia, salir del euro implicaría la posibilidad de combatir su enorme crisis fiscal devaluando su moneda propia, para así hacer sus productos más competitivos. Por el contrario y paralelamente, el valor vivo de su deuda externa aumentaría con cada devaluación, ya que Grecia debería afrontar el pago de dicha deuda en euros o dólares, comprados con resucitados y devaluados dracmas. El país heleno estaría muy probablemente abocado a suspender pagos en las primeras fases de este proceso. Los griegos saldrían poco de sus fronteras, porque les saldría demasiado caro, y tenderían a consumir más bienes de su país, dado la carestía relativa de las importaciones no estrictamente necesarias, como el petróleo. El empobrecimiento relativo del país estaría servido hasta tanto las devaluaciones no originaran una mayor competitividad de su economía que se sustanciara en crecimientos de renta.

Para la Europa central, es decir, Alemania y Francia, el default o mora en los pagos griegos significaría un grave contratiempo, ya que sus bancos son los principales prestamistas exteriores de Grecia. Por tanto, volver a darle más dinero comunitario para aplazar el problema o lanzarlo hacia adelante supondría que la Unión Europea avala de facto a esa banca francogermana. A estas entidades financieras de las dos potencias principales del euro, oír hablar de bancarrota de Grecia les pone los pelos como escarpias. Paradójicamente, son estos prestamistas los que mantienen a Grecia en el euro. De nuevo, el temor bancario es lo que más pesa.

¡Encuentro digital, oiga!

Tacho Rufino | 24 de octubre de 2010 a las 19:44

Me permito colgar aquí las preguntas y respuestas del encuentro digital que tuve el honor de llevar el pasado viernes con lectores de las cabeceras digitales de Grupo Joly.

Link: “Hay que trabajar mejor, no más ni por menos dinero”

Deconstruyendo el euro

Tacho Rufino | 18 de octubre de 2010 a las 13:33

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UNO. En los albores de la crisis en curso, Gran Bretaña -que no pertenece al euro, pero que, desde su tradicional splendid isolation, opina oficialmente sobre la divisa europea- dijo por boca de un emisario en Davos que “si España no controla su desempleo, sus niveles de actividad y sus presupuestos y finanzas públicas, se verá forzada a abandonar el euro”. Fuera los pigs del paraíso monetario.

Dos. La semana pasada, el Nobel Joseph Stiglitz afirmaba que “el euro había sido una experiencia interesante”, para compararlo después con aquel Sistema Monetario Europeo, también llamado “serpiente monetaria”, que acabó muerta por el veneno de otra serpiente, la especulativa, que derribó a la libra en 1992. O sea, que Stiglitz no da un duro por el euro a medio plazo. De paso, el profesor de Columbia dijo que España corría grave riesgo de sufrir una versión europea de el corralito argentino: “Sólo cuando Argentina rompió la paridad de su moneda con el dólar fue cuando pudo comenzar a crecer y a reducir su déficit”. Otro agorero insigne, Nouriel Roubini, afirma que “en un tiempo, no en un año o en dos, podríamos ver la rotura de la unión monetaria europea“. La deconstrucción de la estructura monetaria europea, el desmontaje del lego llamado euro.

Tres. Esta semana, un grupo de expertos reunidos en Londres convenían que España es el país al que mejor vendría salir del euro. “Si es por vuestro bien…”. Según la mayoría de los 300 sacerdotes económicos allí reunidos, Europa no puede rescatar continuamente a países que no soportan el ritmo de Alemania. La moneda única camufla este gap competitivo, pero el problema acaba emergiendo una y otra vez, por ejemplo en forma de ataques contra la divisa o contra la capacidad de endeudarse de España.

Valgan estas tres citas para ilustrar los periódicos avisos y cargas de profundidad que nos quieren hacer volver a la peseta, sea por nuestro propio pie o con tarjeta roja. Salir del euro, devaluar la nueva peseta, hacer que nuestros productos se vendan mejor por más baratos; exportar más ante una demanda interna mustia; convertir en caros los productos europeos, haciendo preferibles los nacionales; dejar, en suma, de salir alegremente a pasar el puente en un circuito Praga-Budapest (pero reforzarnos como potencia turística, porque seríamos un destino todavía más barato).

Claro que, dando por legalmente factible la salida del euro sin abandonar la UE, los efectos benéficos de manejar el tipo de cambio tienen contrapartidas lúgubres, entre otras cosas porque importamos más que exportamos: pagaríamos la energía en dólares (caros), devolveríamos la deuda externa en euros (caros), el riesgo de cambio se dispararía y entorpecería las actividades de nuestras empresas globales, nuestra credibilidad internacional -cualquiera que ésta sea- se iría al traste durante un tiempo imposible de precisar, y la inflación inmediata de los precios, si bien tendría efectos positivos sobre la deuda privada ya en pesetas, sería difícil de controlar y crearía inestabilidad. Perderíamos la vigilancia presupuestaria que, con cierta laxitud, establece el Pacto de Estabilidad comunitario. Nos empobreceríamos.

Puede que el euro, como vino a decir Stiglitz, tenga sus años contados. Que haya sido una excelente experiencia colectiva europea, y que haya sido positiva -a favor de ciclo- para crear un verdadero mercado común. Por otra parte, ningún político se va a atrever a proponer que salgamos del euro por nuestro propio pie. No faltan razones para temer al paisaje poseuro. O sea, que mejor la tarjeta roja. Si no echan a De Jong, que a punto estuvo de partir a Xabi Alonso en dos en Sudáfrica, ¿por qué nos van a echar a nosotros los árbitros europeos?

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Stiglitz, ‘El Gran Agorero’

Tacho Rufino | 4 de octubre de 2010 a las 14:20

¿Quién es Stiglitz?

Stiglitz_xx_animHace unos siete años, recién traducido al español, comencé a leer con fruición un libro de Joseph Stiglitz, El malestar de la globalización. Creo recordar que no lo acabé, y que la lectura fue de conveniencia, ya que no era estrictamente necesario seguir las páginas de principio al final en secuencia. Algunos capítulos han envejecido mal, y el autor actualizó su contenido dándole proactividad y no mero diagnóstico en 2006 (Cómo hacer que la globalización funcione), pero el talante neokeynesiano –propio de los economistas que piensan que los automatismos del mercado, especialmente la tendencia al pleno empleo, son una falacia dañina y puramente teórica– de este economista judío de apabullante currículo quedaba fuera de toda duda a partir de sus ideas. Stiglitz no cae bien a la derecha oficial, y las malas lenguas dicen que eso tiene mucho que ver con que la Academia sueca le diera el Nobel. Muchas de esas ideas contrarias a las de los economistas que él llama “fundamentalistas del mercado” pueden resumirse en la siguiente respuesta del profesor de Columbia en una entrevista: “Las teorías que desarrollamos explican por qué los mercados sin trabas no sólo no alcanzan justicia social, sino que ni siquiera producen resultados eficientes. Por determinados intereses aún no ha habido un desafío intelectual a la refutación de la mano invisible de Adam Smith: la mano invisible no guía ni a los individuos ni a las empresas -que buscan su propio interés- hacia la eficiencia económica”

¿Por qué Stiglitz es un agorero?

corralitoPorque, como publica hoy esta casa en sus diarios, dice que “España puede acabar como la Argentina de el corralito”. Para tan inquietante aseveración, argumenta:

  • que nuestro déficit va a ser creciente, por mucho que se recorte el presupuesto. Dicho recorte, como venimos diciendo aquí, es mutilador más que racionalizador. Los gastos se recortan paralizando la capacidad de intervención del Estado… pero los ingresos decrecen más que los gastos, lo cual es un círculo vicioso de manual.
  • Que el recorte presupuestario llevará a un mayor desempleo.
  • Que España se convertirá en un frágil crónico por esa vía del recorte “ingenuo” y “precipitado”, y es cuestión de tiempo que los halcones especualdores vuelvan a fijar sus pupilas sobre esta presa fácil llamada España.
  • Que, finalmente, el Estado español estará en una situación crítica, de práctica suspensión de pagos y restricciones a la disposición de las cuentas bancarias de los particulares (lo que se llamó en Argentina el corralito), ya que no puede devaluar su moneda para resucitar vía exportaciones baratas.

Stiglitz nos da el lunes. ¿Añoraremos la peseta? Sobre la salida del euro por nuestro propio pie (y no saliendo del paraíso de la eurozona mediante expulsión del resto de países, ver entrada de este blog “Fuera cerdos del paraíso”) hablaremos aquí esta semana. ¿Un locura, una frikada? No, en absoluto. Cosas más raras se han visto en los últimos tres años.

Ponemos nerviosa a Europa

Tacho Rufino | 1 de febrero de 2010 a las 13:26

ZAPATERO se ha debido tragar unos cuantos sapos en su puesta de largo presidencial en Davos, y ha acabado pidiendo “fe” en España a los mandatarios allí reunidos, que están nerviosos con nuestros pésimos números económicos y no han parado de exigir explicaciones y, sobre todo, medidas drásticas. España, su economía, empieza a ser un problema no sólo para España, sino también para la Unión Europea, y así lo manifiesta esta semana tanto la agencia Reuters como el diario Der Spiegel, ambos alemanes. Nuestra deuda pública, nuestro déficit fiscal, nuestra tasa de desempleo y ciertos rasgos de nuestro sistema financiero dan mucho susto a los países de más peso de la Unión.

Der Spiegel teme que, después de Grecia y quizá Portugal, el siguiente fallido del club sea España. El “riesgo español” es, empero, más temible: nuestra población más que duplica a la suma de griegos y portugueses, y nuestra economía, medida en PIB, es casi tres veces superior a la de los otros dos rezagados juntos. Jan Strupczewsky, de Reuters, explicaba el miércoles la filtración a Der Spiegel de un informe de la D. G. de Economía y Finanzas de la UE, “sólo para los ojos” de los ministros de Economía del Eurogrupo. Según dicho informe secreto, el tipo de cambio subyacente de España está sobrevalorado en más de un 10%, mientras que los grandes hombros alemanes están infravalorados en un 5%. Se trata de estimaciones, ya que no existe tipo de cambio oficial alguno entre las economías comunitarias: todos estamos bajo el cielo protector del euro. Un paraguas que puede desequilibrares gravemente, cosa que los alemanes y el resto de países verdaderamente competitivos no tolerarán: quieren una moneda de referencia internacional y no una convulsa lavadora de miserias de algunos. Curiosamente, los británicos tampoco paran de arrearnos cera, con intenciones no muy claras, ya que ellos mantienen su libra: quizá están pensando cambiar de divisa y quieren que la Eurozona esté saneadita para entonces.

Sea como sea, y más allá de la interpretación técnica del tipo de cambio implícito, lo que subyace es una enorme divergencia de competitividad. En la última década, mientras Alemania y Finlandia han sido cada vez más competitivos como países, nosotros -y Grecia, Portugal o Irlanda- hemos ido empeorando nuestros indicadores. Ahora se nos piden cirugía: reducir el gasto público a lo bestia -adiós, Keynes-; reestructurar de verdad las cajas de aquí a seis meses y otras medidas que, a la postre, supondrán una reducción dolorosa de nuestros salarios y nuestros precios: también se llama empobrecimiento. El Gobierno ya está actuando. Algo es algo.

Fuera cerdos del paraíso euro (o Quítate tú pa ponerme yo)

Tacho Rufino | 29 de enero de 2009 a las 19:25

Escudados en su supuesta esencia irónica y distanciadamente hiriente, los británicos llaman a ciertos países de la Unión Europea PIGS. Literalmente, PIGS significa cerdos, aunque el faltón juego de letras representa las iniciales en inglés de Portugal, Italia, Grecia y España (Spain). No hace mucho tiempo, en ese mismo saco estaba Irlanda, pero éstos, si bien son para aquéllos unos cerdos de toda la vida y viceversa, lo son por otros motivos que no son del caso. Ahora, el foro de Davos -un ‘think tank‘ ultraliberal reconvertido a marchas forzadas en responsablemente keynesiano- dice que España lo tiene muy crudo, que ha crecido con escoliosis severa, que hemos tirado la casa y los fondos europeos por la ventana y que nos queda sólo una alternativa: recortar drásticamente los salarios y el gasto público. Imagino a Zapatero mirando hacia otro lado ante tales cursos de acción para afrontar la crisis. De momento, nadie nos sacará tarjeta por incrementar nuestro déficit público para dar árnica al sufrimiento del pueblo, aunque las futuras generaciones deberán pagar dicho tratamiento y aunque, también de  momento, los límites de Maastricht estén arrinconados en algún cajón. Pero todo se andará.

El euro ha sido un colchón y un paraguas para una economía poco competitiva en el exterior como la española. Por otra parte, ha anulado el recurso a la devaluación de la moneda nacional -que tras la peseta ya no es tal- como recurso de urgencia para hacer nuestros productos más baratos y venderlos mejor fuera, consiguiendo así equilibrar nuestra desastrosa balanza comercial. Según un experto presente ayer en Davos -inglés, of course-,“si España no controla su desempleo, sus niveles de actividad y sus presupuestos y finanzas públicas, se verá forzada a abanadonar el euro”. Gran pelotazo informativo, no me dirán.

Mientras digerimos esta noticia que seguramente va a ser recurrente a partir de ahora, cabe apuntar que dicho aviso de expulsión coincide con el debate interno británico acerca del abandono de la libra y su integración en el euro. Como cantaba un conjunto salsero, quítate tú pa ponerme yo. Nada es fijo ni cierto en estos tiempos de tribulación.

Si España sale del euro -por su propio pie o con una carta que traiga el motorista de Bruselas-, el corralito financiero está asegurado, la banca se colapsaría por la huida de depositantes y acreedores y la financiación externa del país se vería enormemente dificultada, entre otras consecuencias (ver aquí una lista de pros y contras). Por contra, si volvemos a la peseta podremos manejar nuestro tipo de cambio, como hemos dicho antes. En ese caso, olvidémonos de ir a las rebajas de Nueva York, de cruceros caribeños a los que van hasta los jovenzuelos en pandilla y, en general, de llegar mucho más allá en vacaciones de la casa de los parientes del pueblo. O nos sacamos el Interrail con al mochila llena de latas de atún. Sé que la cosa no está para bromas, pero agoto los cartuchos de la risa antes de darme al ponche definitivamente.