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Botín, el poder ’sistémico’

Tacho Rufino23 de Noviembre de 2009 a las 9:45 am
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TRAS la debacle bancaria del mundo occidental, en plena tensión fronteriza entre las propias entidades financieras, y entre éstas y los gobiernos que les arrimaban garantías; en plena sequía, en fin, del crédito a particulares y empresas, Banco Santander realizó un movimiento en apariencia de alto riesgo, que a la postre resultó ser un golpe magistral (ver noticia). Una semana después de que a Río de Janeiro le otorgara el Comité Olímpico Internacional la organización de los Juegos de 2016, el primer banco español sacó a bolsa el 16% de su filial brasileña, con una plusvalía de casi 1.500 millones de euros. Si Río hubiera sido descartada como Madrid, otro gallo hubiera cantado… pero eso no sucedió, como era previsible que no sucediera, por otra parte. A esto -sólo un ejemplo- se le llama estar en el sitio preciso en el momento justo, con la mejor información de soporte. Ganando mientras los demás salvan los muebles, en el mejor de los casos. No en balde el Santander es uno de los bancos más valiosos del mundo.

Esta semana hemos escuchado de boca de Emilio Botín (video arriba), presidente del Santander, una queja, y a la vez un argumento, incuestionable: no pueden pagar los platos rotos de la crisis precisamente aquéllos que han hecho bien las cosas. Si obviamos el petardazo Madoff, que castigó a sus clientes de gran patrimonio y que creyeron estar en un parnaso de rentabilidad exclusiva, la entidad cántabra arroja cifras de negocio buenas, impropias de una economía depresiva. La cumbre del G-20 -que, la verdad, camina hacia la nada fotoburocrática- prescribe aplicar un mayor rigor a los bancos de gran tamaño, con riesgo sistémico. Y Botín lanza como respuesta uno de sus contados mensajes públicos con chicha: “Hay que vigilar el riesgo, no el tamaño”. Incontestable, y hagamos caja en la memoria.

Botín, sin duda, es un hombre sumamente poderoso; debe de ser una mente preclara, un trabajador permanente y un carácter implacable, que insufla la competencia extrema en el ambiente de trabajo de sus empleados, particularmente en los de alto nivel (y pareja retribución). Caiga o no caiga bien, Botín es el banquero de referencia, el que nunca falta; encorbatado siempre de rojo en las reuniones imprescindibles de la créme política-económica. Zapatero, recordarán, en la fase previa de la crisis, se apoyó mucho en él para anclarse ante una turbulencia que venía para quedarse. Ningún español tiene tanto poder sistémico. Valga este raro término, pero tan de actualidad, para entroncar con un estado de las cosas en el mundo bancario.

No sólo el Santander, sino también el segundo de nuestros grandes bancos (el BBVA), ve cómo el clamor por el control de las operaciones financieras amenaza con penalizar por igual a los que lo hicieron bien y a los que lo hicieron mal, o incluso hicieron poco. Los grandes bancos españoles -que no son sólo los dos primeros, el del Sabadell es un caso de gran éxito callado- pueden verse perjudicados por unas restricciones en apariencia sensatas y prudentes (asustadas), pero que ellos no merecen. Botín vino a decir que pagan justos por pecadores. Se llama riesgo sistémico al que acarrea el banco que es mayor y está más expandido en el mapa geográfico y, mejor, en el gran mapa financiero global. Y mientras que con una mayor vigilancia reguladora se pretende, por un lado, evitar amplias catástrofes patrimoniales se incurre, por otro, en un lastre para los buenos y en una forma de injusticia. Pero, en fin, hombros montañeses para aguantar no faltan.

 

Santander paga por Madoff

Tacho Rufino27 de Mayo de 2009 a las 7:10 am

Hace unos meses, una entrada de este blog en la que se calificaba a los casos Forum y Afinsa de estafa suscitó una serie de furibundos ataques personales -hacia mi persona, quiero decir- por “indocumentado”, “economista de pacotilla” y hasta “esbirro del Gobierno”, con esas expresiones u otras similares, algunosde cuyos comentarios se publicaron; otros, no. No les parecía a los comentaristas una estafa lo que habían perpetrado unos vendedores de crecepelo sobre sus patrimonios. Quienes estos insultos me lanzaban eran, muy probablemente, inversores que estaban a punto de recibir una útlima entrega de sus altos intereses y recuperar el capital… y no llegaron a recibir ni una cosa ni la otra. Debían de encontrarse justo en el penúltimo escalón de la pirámide. Y les cogió el parón del juego con la escoba en la mano, o sin silla donde sentarse. Toda esa ira se puede justificar por el dolor que produce el ácido en el bolsillo agujereado. Negar la estafa era una puerta (improbablemente) abierta a recuperar algo.

Mucho más recientemente, muchos inversores “con posibles” aceptaron la oferta del Santander para imponer dinero en productos financieros mágicamente rentables: ofrecían rentabilidades por encima de la lógica, y seguras, a un plazo relativamente corto, y lo ofrecían sólo a gente con capacidad de invertir grandes cantidades: he ahí el verdadero anzuelo, el de la exclusividad: nadie tanga a los más ricos, a la zona vip de la información asimétrica. Grandes cantidades invertidas que provenían no sólo de los ahorros actuales de dichas personas físicas o jurídicas, sino de créditos pedidos para invertir en dichos chollos provenientes del primerísimo mundo; es decir, utilizando eso que se llama el apalancamiento financiero. Si el crédito es muy bajo y los intereses son extrañamente mucho más altos, todo lo que pida me dará un diferencial de rentabilidad: dinero fácil para unos cuantos con información “privilegiada”, los amigos de Madoff o de los amigos de Madoff (Optimal Services, por ejemplo, gestora de Banco Santander). De pronto, los activos financieros -y no digamos sus rentabilidades- se esfumaron… y la deuda permanecía terca, por no hablar de la merma patrimonial. El daño a las grandes fortunas fue sensible, pero el daño infligido por la estafa de Madoff a las fortunas medianas que picaron fue proporcionalmente enorme.

Ayer se supo que el primer banco español, el Santander, reintegraba 170 millones al administrador judicial y concursal del caso Madoff para compensar en parte a las víctimas del fraude, consiguiendo con esto rehabilitarse moralmente ante sus clientes (al menos en parte), y de paso poder personarse como víctima directa en la causa. Un acuerdo legal al estilo USA, que es donde se dirime la cosa. Con escasas probabilidades de éxito, debemos intuir a la luz del tremendo mangazo operado por el financiero de la jet, que, como era de esperar, dice que “aquí no queda nada, o casi nada”. No se acuerdad de dónde está el dinero, el hombre, está mayor.

Para calibrar la dimensión de la locura transitoria que llevó a la gente a creer en los milagros, y a jugarse lo que tienen y lo que no tienen, está otra noticia de ayer: Lehman -otro banco que invirtió dinero de la gente en humo tóxico, y pegó el petardazo- contaba en España con 11.000 inversores que se jugaron 11.500 millones. Los intermediarios tempranillo ganaron sus comisiones… y el dinero se evaporó (descontando lo que está escondido en las cuevas de los bandoleros de postín), porque estaba invertido en nada.

Santander: de la necesidad, virtud

Tacho Rufino28 de Enero de 2009 a las 6:48 pm

 

 

Rectificar es de sabios, y Botín y sus pretorianos estratégicos -esos que pueden ser citados cualquier sábado por la noche para acudir el domingo a las nueve a echar un partidito de golf en Santoña o en Boadilla del Monte con el gran jefe- han sabido cambiar su discurso con respecto a las pérdidas que las inversiones de sus clientes han tenido con los fondos de Madoff, unos hedge funds que deberían traducirse como fondos abisales, por lo opacos que son y por lo insondable de las pérdidas por ellos originadas a lo largo del planeta. Huelga extenderse sobre el hecho de que dichos clientes invirtieron en Madoff tras ser señalados los productos de éste por los gestores patrimoniales de Grupo Santander como un destino óptimo para sus dineros: descollantes rentabilidades y con un riesgo en apariencia menor, dado que lo más granado de la opulencia económica terráquea invertía precisamente en dichos fondos. Resulta que, al descibrirse el pastel piramidal del pérfido Madoff, bandolero con tirantes de 1.000 dólares, muchos de esos clientes de Santander banca privada habían perdido mucho dinero. La multinacional financiera cántabra despejó la bola como un central tuercebotas: “no nos podemos hacer responsables de las estafas de otros”. Poco después de esta respuesta, se supo que la cantidad de dinero perdida por los clientes del Santander a causa del timo a los privilegiados era muy superior en procentaje a la cantidad perdida por el propio banco. Todo ello en proporción: si en la cesta recomendada al cliente Madoff pesaba 10, en la propia del banco pesaba 1. O sea, rompía una regla básica de la deontología financiera: no vendas al cliente aquello que no quieres para ti (o no lo quieres en la misma medida que lo aconsejas).

Pues bien, Botín ha aprovechado el mejor momento mediático alrededor de su esperadísima publicación de resultados de 2008 para hacer del vicio virtud. Del vicio de escurrir el bulto, a la virtud de compesar a todos sus clientes particulares golpeados por la citada estafa. Con una pirueta financiera, que hace que detraer 500 millones de los beneficios del banco sirva para compensar los 1800 millones que van a cubrir de los bolsillos rotos de su clientela VIP, cuyo secreto (miren esta noticia para mayores detalles acerca de la operación) es que no te doy dinero, te doy acciones del Santander. Dos pájaros de un tiro:

- Primero, quedo como una entidad socialmente responsabilísima ante la opinión pública, que si bien se beneficia de las ayudas y garantías publicas, es capaz de hacer frente a la tempestad para proteger a sus clientes.

- Segundo, y mucho más importante, no pierdo a esos clientes, la auténtica crème de la crème del patrimonio privado hispánico. Gente exigente e informada,  que defiende con uñas y dientes su fortuna, que se comunica entre ellos, y que es capaz de castigar a un banco que no trata a quien le da dinero como se trata a sí mismo. Y esa cartera de galácticos del parné vale infinitamente más de 500 millones. Una táctica de fidelización en plena guerra, un golpe sabio de timón, una puesta en escena oportuna a más no poder, una virtud extraída de un error reciente.

Autor

Economía razonable para todos lo públicos Economista, profesor de la Universidad de Sevilla y columnista habitual de los medios del Grupo Joly

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  • Reinhold Messeguer

    ¿24 millones de euros n particular? Me gustaría que dieses más datos si los tienes....

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    Well said. Guti is the ultimate chav + should forcibly be paired off with Belén Esteban. None of his...

  • ferran

    Que magnificas teorias de tertulias de cafe, se pueden ir desarrollando en el presente momento en que de nuevo...

  • María Síes

    Muy buen artículo, Tatxo. Si Millás está en ese tinglado, ZP (su dueño, al menos eso parece...

  • milagros

    No se si el presidente Obama podrá contra ellos. En caso de que no pueda o le cueste demasiado (que creo...

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