Archivos para el tag ‘Santander’

Si alguien sabe, es él

Tacho Rufino | 3 de febrero de 2013 a las 19:38

ES probablemente el hombre más poderoso de España. Lo dejó claro con un mensaje no verbal en la última visita oficial del Rey a Brasil tras matar al elefante, en la que, con todos los empresarios españoles de la delegación vestidos de riguroso traje oscuro -su alteza, también-, Botín se presentó en bermudas, todo vestido de rojo. Un ferrari vintage que conserva el rugido inconfundible de su motor. Superjuvenil, muy contento y sin apuro alguno. Antes, en la última convocatoria a Moncloa de Zapatero a los próceres de la patria, el presidente del Santander se bajó del coche en tirantes, también rojos, y se puso la chaqueta cuando se lo pidió el cuerpo. El que puede, puede. Anécdotas más o menos cargadas de simbolismo aparte, no escuchar o despreciar los diagnósticos y pronósticos de Emilio Botín-Sanz de Sautuola y García de los Ríos -como ha llegado a llamarse- es, o bien un acto de pasotismo, o bien una insensatez. La principal entidad bancaria española dentro y fuera de España sigue siendo un ejemplo de estructura organizativa personalista, a pesar de su extraordinaria profesionalización, su carácter de marcador de tendencia y su dimensión global. Todos lo reconocen en la intimidad: manda él. Y lo que queda. Esta semana, don Emilio ha hablado. El oráculo financiero cántabro ha hablado. Y a uno, la verdad, le ha gustado escuchar sus palabras. Sin duda, casi cualquier noticia que no haya sido deprimente o repulsiva en esta semana ha movido a la esperanza: pura relatividad.

A pesar del agujero negro en curso, a pesar de que la banca no asume su función social, y a pesar de que los beneficios -no pérdidas en ningún caso normal- de las entidades financieras han caído severamente, el Santander ha consolidado su posición de dominio en un mercado financiero donde la concentración y la nacionalización de facto imperan. Aunque sus ganancias han caído casi un 60%, si no consideramos las necesarias provisiones por insolvencias, el Grupo Santander arroja unos resultados envidiables para la inmensa mayoría de los bancos mundiales. Ha ganado cuota y 20.000 nuevos depositantes. Para los no contables: el banco sortea sin problemas la crisis, y es además más prudente incluso de lo que los reguladores le exigen. Y ahora, la buena noticia de verdad: Emilio Botín data en finales de este año y principios del siguiente la recuperación de Europa y, lo que es más importante, de la maltrecha España. Tiene fe en que estamos recuperándonos. Considero la previsión de Botín más fiable que el ahora sí y ahora no del FMI, o del ahora no y ahora tampoco de Alemania y su prensa. La otra interpretación de este soplo de aire fresco del verdadero patrono de Fernando Alonso es que se está comprometiendo a hacer fluir el crédito. Si alguien sabe, es él; si alguien puede, es él.

Incongruencias e incoherencias a todo nivel

Tacho Rufino | 30 de julio de 2011 a las 22:42

1. El universo macro. La flamante nueva gerente del FMI, Christine Lagarde, conmina a España a dejar de vincular subida salarial al IPC, y empezar a vincularla a la productividad (cómo se mida ésta es otro cantar)… mientras, la madura y glamourosa Lagarde comienza a disfrutar de su cojo-contrato con el gran fondo planetario: ligado al índice de precios del área metropolitana de Washington (sede del FMI). Coherencia y buen ejemplo ante todo. Oui, madame!

2. El microeconómico mundo de las macro-empresas. Banco Santander ha visto caer sus aún pingües beneficios de una forma notable, en buena parte por su estrategia global, dado que un buen bocado de pérdidas viene de su división del Reino Unido, la de Ana Patricia. Sus altos ejecutivos, sin embargo, han visto cómo sus retribuciones, entre fijas y variables, aumentan bastante más de lo que cayeron los beneficios. Abracadabra.

3. El microeconómico aprieto de una empresa local pero universal. El Betis, en situación concursal, tiene serios problemas de tesorería, y su solvencia está en entredicho, de forma que se ve judicialmente abocado a realizar quitas a los acreddores y renegociar los contratos de sus futbolistas a la baja. Los honorarios de sus administradores concursales (cuyo trabajo no carece de exigencia pericial, pero a la postre se realiza de una forma estandarizada con respecto a otros concursos de acreedores), sin embargo, son galácticos, y desproporcionados con los meses de trabajo realizados. El juez dice que no, que cobran lo que tienen que cobrar. Pero, ya se sabe: la justicia no hay que entenderla, hay que mirarla demsiadas veces con los ojos de la fe, como un tour a Jerusalén… o una previsión del FMI, mismamente.

Exportadores a la fuerza, los nuevos emigrantes

Tacho Rufino | 7 de mayo de 2011 a las 14:21

No hay síntoma más palmario de la gravedad de la situación económica que el hecho de que el lastre de las empresas españolas se llame precisamente España. Para las que sólo operan aquí, grandes o pequeñas, y también para las que están ‘internacionalizadas’, es decir, que no sólo exportan, sino que se implantan en sus nuevos mercados. El BBVA, por ejemplo, ha visto sus resultados menguar casi un 7,3% por lo precario de sus operaciones nacionales y sus enladrillados e inciertos activos españoles: la caída de los resultados ‘domésticos’ no ha sido del 7,3%, ¡sino del 33%! El fuerte tirón del mercado mexicano y otros emergentes no ha podido compensar la cantidad de provisiones que han debido dotar los bancos nacionales, ocasionando recortes notorios en sus cuentas de resultados. El Santander, siempre golpeando primero, tiene un porcentaje cada vez más modesto de negocios en nuestro país: menos que en Brasil, por poner un ejemplo.

Las multinacionales no son nacionales, es lo que tiene. Para bien y para mal. Porque las inversiones y el empleo de las empresas globales se realizan en las tierras de promisión. Donde no hay mercado, el “Virgencita que me quede como estoy” es el eslogan más probable, tanto para las empresas como para sus empleados: dos caras de una misma moneda devaluada. Igual que el agua busca siempre su salida, no cabe esperar más que los beneficios del ‘efecto sede’ y una cierta fachada de compromiso patriota en las estrategias corporativas de quienes salen a vender y a establecerse fuera. De nuevo en este caso, hacer de la necesidad virtud ha originado notables incrementos de las exportaciones españolas: dentro, en algunos casos como el de la construcción, no se vende un metro lineal. Y, o sales fuera, o languideces dentro.

La exportación, cuando no es planificada sino forzada por las circunstancias, es una versión comercial e indolora de la emigración. A Ginebra o Fráncfort, antes, con la maleta donde no faltaban chorizos para el camino; a México, Shanghai o Río, ahora, a la feria de turno con los planes de negocio. Se crea la riqueza fuera, y en el mejor de los casos se mandan remesas de divisas de vuelta a casa. Las empresas ganan músculo y desparpajo, es cierto. Pero deben calibrar otros costes eventuales que en el terruño no emergen. Por ejemplo, el riesgo que se adquiere con clientes lejanos –todavía existe el espacio físico–; homologaciones, permisos y trámites burocráticos; aviones, comidas y hoteles para los conquistadores; riesgo político; costes por seguros de crédito… y sobre todo problemas de comunicación, tanto explícitos (el idioma) como implícitos (las costumbres, los valores, las asunciones, lo no verbal). El principal problema de los ‘pepes’ en Alemania era precisamente ése.

Las exportaciones son nuestra pequeña gran victoria como economía nacional ante la crisis global que aquí vivimos más que proporcionalmente. De hecho, una mirada al cuadro macroeconómico  del Servicio de Estudios de La Caixa del mes de mayo arroja cifras previsionales negativas por doquier, salvo en algunas partidas que sí crecen, sea para bien (exportaciones), para mal (desempleo e inflación) o por narices (importaciones). Las importaciones –algunas de las cuales, como el petróleo o el gas son casi inamovibles– crecerán moderadamente, probablemente por el efecto de la subida de los precios de materias primas. Subirán los precios mermando el poder adquisitivo de los hogares. El paro seguirá despreciando la reforma laboral, y se mantendrá incólume, alrededor del 20% de la población activa. En cuanto a las exportaciones, en fin, mar en calma, o sea, poca pesca costera: a emigrar con las redes tocan, a otros mares con mayor bravura.

Todas las miradas sobre nuestra banca

Tacho Rufino | 15 de enero de 2011 a las 20:55

Navidad-melancolica-952647LOS elementos del paisaje tienen en su mayoría una apariencia penosa, pero son sencillos de interpretar: crecimiento imperceptible, o sea, no ya incapaz de generar empleo, sino todavía destructor de puestos de trabajo; subidas de impuestos al consumo sucesivas, lo que unido a la contracción salarial supone un empobrecimiento de la población; brusca caída de una de las ruedas económicas, el consumo; estancamiento del flujo crediticio. Hay algunas pinceladas luminosas: el apreciable y vital incremento de las exportaciones, la recuperación del turismo, los tipos de interés bajos (pero si, como parece, los sube el BCE para frenar la inflación de los otros, España y sus legiones de hipotecados sufrirán la medida más que nadie). En la tesitura actual, cuando de nuevo la palabra “rescate” ha ocupado portadas de periódicos, España ha conseguido esta semana colocar nada menos que 3.000 nuevos millones de deuda soberana en el exterior. Pero nada parece ser suficiente, y nuestro sector bancario está ahora en boca de todos. Es lo que toca.

La banca española está, con y sin razón, en entredicho. Espero no estar obsesionado con la creciente bipolarización de todo (la semana pasada se hablaba aquí de ese mismo fenómeno en el tamaño de las empresas y su reparto de poder), pero las entidades españolas adolecen también de una polarización extrema: dos grandes bancos poderosísimos, por un lado; muchos bancos y, sobre todo, cajas en serios aprietos, por otro. Las nuevas dudas sobre nuestra viabilidad financiera como país provienen de la deuda externa y su padrastro, el déficit. La deuda no es grande en comparación con otros países, pero se la supone -como la irlandesa- muy expuesta a contagiarse del exceso de préstamos hipotecarios y otros activos procedentes de la construcción que sufre la banca privada, que, en un caso extremo, debería ser asumido por el Estado. Los bancos españoles no cumplen a día de hoy una de sus funciones -financiar, dar crédito- por la mencionada exposición inmobiliaria y también por sus enormes dificultades para obtener a su vez crédito del exterior, algo básico para su funcionamiento. Como ejemplo, los bancos españoles están financiando con instrumentos a corto plazo (los repos) lo que debería ser financiado a largo: en casa del herrero, cuchara de palo. La nueva barra libre del BCE -otra forma, antes excepcional, de obtención de fondos de la banca- ha aliviado el problema y ayudado a salvar nuestro poblado del acecho de los lobos especulativos. El reciente “¡al FROB, al FROB!” de Zapatero ha sido el otro parche de este obligado cambalache de urgencia. La enésima urgencia.

miradasPero son sobre todo las cajas de ahorros las que alimentan las nuevas desconfianzas del mundo exterior. A fin de cuentas, las finanzas son tan sensiblitas que las percepciones cuentan más que los hechos: así es si así os parece, que escribía Pirandello, y dense ustedes por fastidiados, que decía otro menos letrado. Las cajas, pues. Estarán felices quienes, por mor de la muy benéfica bancarización y, a su vez, la despolitización local y regional de las cajas y el racionalísimo abandono de sus labores sociales, aplaudieron la castración en origen de una gran caja andaluza: mientras la negligencia y el primadonnismo ejecutivo bloquearon tal posibilidad, otras comunidades se aseguraron tan útil -y abusado, que también- recurso de política económica. Ahora, a pesar de que en Alemania existen landesbank (sus cajas de ahorros) por doquier, lo de aquí les huele mal. Cierto es que tienen pequeña dimensión relativa y mucho ladrillo en sus balances, y que esto se ha soslayado transitoriamente con los SIP que unen churras con merinas poniendo a resguardo -de momento- a muchas cajas y cajitas. Pero, de nuevo, nos estamos llevando por delante, obligados desde fuera, un buen número de activos públicos y privados que podemos echar mucho de menos cuando esta oleada de liberalismo a la fuerza remita: concentración y, sí, polarización. Pírrica y contradictoria victoria del liberalismo a la fuerza.

Botín, el poder ‘sistémico’

Tacho Rufino | 23 de noviembre de 2009 a las 9:45

http://www.youtube.com/watch?v=JkhXYyGJr1s
TRAS la debacle bancaria del mundo occidental, en plena tensión fronteriza entre las propias entidades financieras, y entre éstas y los gobiernos que les arrimaban garantías; en plena sequía, en fin, del crédito a particulares y empresas, Banco Santander realizó un movimiento en apariencia de alto riesgo, que a la postre resultó ser un golpe magistral (ver noticia). Una semana después de que a Río de Janeiro le otorgara el Comité Olímpico Internacional la organización de los Juegos de 2016, el primer banco español sacó a bolsa el 16% de su filial brasileña, con una plusvalía de casi 1.500 millones de euros. Si Río hubiera sido descartada como Madrid, otro gallo hubiera cantado… pero eso no sucedió, como era previsible que no sucediera, por otra parte. A esto -sólo un ejemplo- se le llama estar en el sitio preciso en el momento justo, con la mejor información de soporte. Ganando mientras los demás salvan los muebles, en el mejor de los casos. No en balde el Santander es uno de los bancos más valiosos del mundo.

Esta semana hemos escuchado de boca de Emilio Botín (video arriba), presidente del Santander, una queja, y a la vez un argumento, incuestionable: no pueden pagar los platos rotos de la crisis precisamente aquéllos que han hecho bien las cosas. Si obviamos el petardazo Madoff, que castigó a sus clientes de gran patrimonio y que creyeron estar en un parnaso de rentabilidad exclusiva, la entidad cántabra arroja cifras de negocio buenas, impropias de una economía depresiva. La cumbre del G-20 -que, la verdad, camina hacia la nada fotoburocrática- prescribe aplicar un mayor rigor a los bancos de gran tamaño, con riesgo sistémico. Y Botín lanza como respuesta uno de sus contados mensajes públicos con chicha: “Hay que vigilar el riesgo, no el tamaño”. Incontestable, y hagamos caja en la memoria.

Botín, sin duda, es un hombre sumamente poderoso; debe de ser una mente preclara, un trabajador permanente y un carácter implacable, que insufla la competencia extrema en el ambiente de trabajo de sus empleados, particularmente en los de alto nivel (y pareja retribución). Caiga o no caiga bien, Botín es el banquero de referencia, el que nunca falta; encorbatado siempre de rojo en las reuniones imprescindibles de la créme política-económica. Zapatero, recordarán, en la fase previa de la crisis, se apoyó mucho en él para anclarse ante una turbulencia que venía para quedarse. Ningún español tiene tanto poder sistémico. Valga este raro término, pero tan de actualidad, para entroncar con un estado de las cosas en el mundo bancario.

No sólo el Santander, sino también el segundo de nuestros grandes bancos (el BBVA), ve cómo el clamor por el control de las operaciones financieras amenaza con penalizar por igual a los que lo hicieron bien y a los que lo hicieron mal, o incluso hicieron poco. Los grandes bancos españoles -que no son sólo los dos primeros, el del Sabadell es un caso de gran éxito callado- pueden verse perjudicados por unas restricciones en apariencia sensatas y prudentes (asustadas), pero que ellos no merecen. Botín vino a decir que pagan justos por pecadores. Se llama riesgo sistémico al que acarrea el banco que es mayor y está más expandido en el mapa geográfico y, mejor, en el gran mapa financiero global. Y mientras que con una mayor vigilancia reguladora se pretende, por un lado, evitar amplias catástrofes patrimoniales se incurre, por otro, en un lastre para los buenos y en una forma de injusticia. Pero, en fin, hombros montañeses para aguantar no faltan.

 

Santander paga por Madoff

Tacho Rufino | 27 de mayo de 2009 a las 7:10

Hace unos meses, una entrada de este blog en la que se calificaba a los casos Forum y Afinsa de estafa suscitó una serie de furibundos ataques personales -hacia mi persona, quiero decir- por “indocumentado”, “economista de pacotilla” y hasta “esbirro del Gobierno”, con esas expresiones u otras similares, algunosde cuyos comentarios se publicaron; otros, no. No les parecía a los comentaristas una estafa lo que habían perpetrado unos vendedores de crecepelo sobre sus patrimonios. Quienes estos insultos me lanzaban eran, muy probablemente, inversores que estaban a punto de recibir una útlima entrega de sus altos intereses y recuperar el capital… y no llegaron a recibir ni una cosa ni la otra. Debían de encontrarse justo en el penúltimo escalón de la pirámide. Y les cogió el parón del juego con la escoba en la mano, o sin silla donde sentarse. Toda esa ira se puede justificar por el dolor que produce el ácido en el bolsillo agujereado. Negar la estafa era una puerta (improbablemente) abierta a recuperar algo.

Mucho más recientemente, muchos inversores “con posibles” aceptaron la oferta del Santander para imponer dinero en productos financieros mágicamente rentables: ofrecían rentabilidades por encima de la lógica, y seguras, a un plazo relativamente corto, y lo ofrecían sólo a gente con capacidad de invertir grandes cantidades: he ahí el verdadero anzuelo, el de la exclusividad: nadie tanga a los más ricos, a la zona vip de la información asimétrica. Grandes cantidades invertidas que provenían no sólo de los ahorros actuales de dichas personas físicas o jurídicas, sino de créditos pedidos para invertir en dichos chollos provenientes del primerísimo mundo; es decir, utilizando eso que se llama el apalancamiento financiero. Si el crédito es muy bajo y los intereses son extrañamente mucho más altos, todo lo que pida me dará un diferencial de rentabilidad: dinero fácil para unos cuantos con información “privilegiada”, los amigos de Madoff o de los amigos de Madoff (Optimal Services, por ejemplo, gestora de Banco Santander). De pronto, los activos financieros -y no digamos sus rentabilidades- se esfumaron… y la deuda permanecía terca, por no hablar de la merma patrimonial. El daño a las grandes fortunas fue sensible, pero el daño infligido por la estafa de Madoff a las fortunas medianas que picaron fue proporcionalmente enorme.

Ayer se supo que el primer banco español, el Santander, reintegraba 170 millones al administrador judicial y concursal del caso Madoff para compensar en parte a las víctimas del fraude, consiguiendo con esto rehabilitarse moralmente ante sus clientes (al menos en parte), y de paso poder personarse como víctima directa en la causa. Un acuerdo legal al estilo USA, que es donde se dirime la cosa. Con escasas probabilidades de éxito, debemos intuir a la luz del tremendo mangazo operado por el financiero de la jet, que, como era de esperar, dice que “aquí no queda nada, o casi nada”. No se acuerdad de dónde está el dinero, el hombre, está mayor.

Para calibrar la dimensión de la locura transitoria que llevó a la gente a creer en los milagros, y a jugarse lo que tienen y lo que no tienen, está otra noticia de ayer: Lehman -otro banco que invirtió dinero de la gente en humo tóxico, y pegó el petardazo- contaba en España con 11.000 inversores que se jugaron 11.500 millones. Los intermediarios tempranillo ganaron sus comisiones… y el dinero se evaporó (descontando lo que está escondido en las cuevas de los bandoleros de postín), porque estaba invertido en nada.

Santander: de la necesidad, virtud

Tacho Rufino | 28 de enero de 2009 a las 18:48

 

 

Rectificar es de sabios, y Botín y sus pretorianos estratégicos -esos que pueden ser citados cualquier sábado por la noche para acudir el domingo a las nueve a echar un partidito de golf en Santoña o en Boadilla del Monte con el gran jefe- han sabido cambiar su discurso con respecto a las pérdidas que las inversiones de sus clientes han tenido con los fondos de Madoff, unos hedge funds que deberían traducirse como fondos abisales, por lo opacos que son y por lo insondable de las pérdidas por ellos originadas a lo largo del planeta. Huelga extenderse sobre el hecho de que dichos clientes invirtieron en Madoff tras ser señalados los productos de éste por los gestores patrimoniales de Grupo Santander como un destino óptimo para sus dineros: descollantes rentabilidades y con un riesgo en apariencia menor, dado que lo más granado de la opulencia económica terráquea invertía precisamente en dichos fondos. Resulta que, al descibrirse el pastel piramidal del pérfido Madoff, bandolero con tirantes de 1.000 dólares, muchos de esos clientes de Santander banca privada habían perdido mucho dinero. La multinacional financiera cántabra despejó la bola como un central tuercebotas: “no nos podemos hacer responsables de las estafas de otros”. Poco después de esta respuesta, se supo que la cantidad de dinero perdida por los clientes del Santander a causa del timo a los privilegiados era muy superior en procentaje a la cantidad perdida por el propio banco. Todo ello en proporción: si en la cesta recomendada al cliente Madoff pesaba 10, en la propia del banco pesaba 1. O sea, rompía una regla básica de la deontología financiera: no vendas al cliente aquello que no quieres para ti (o no lo quieres en la misma medida que lo aconsejas).

Pues bien, Botín ha aprovechado el mejor momento mediático alrededor de su esperadísima publicación de resultados de 2008 para hacer del vicio virtud. Del vicio de escurrir el bulto, a la virtud de compesar a todos sus clientes particulares golpeados por la citada estafa. Con una pirueta financiera, que hace que detraer 500 millones de los beneficios del banco sirva para compensar los 1800 millones que van a cubrir de los bolsillos rotos de su clientela VIP, cuyo secreto (miren esta noticia para mayores detalles acerca de la operación) es que no te doy dinero, te doy acciones del Santander. Dos pájaros de un tiro:

Primero, quedo como una entidad socialmente responsabilísima ante la opinión pública, que si bien se beneficia de las ayudas y garantías publicas, es capaz de hacer frente a la tempestad para proteger a sus clientes.

Segundo, y mucho más importante, no pierdo a esos clientes, la auténtica crème de la crème del patrimonio privado hispánico. Gente exigente e informada,  que defiende con uñas y dientes su fortuna, que se comunica entre ellos, y que es capaz de castigar a un banco que no trata a quien le da dinero como se trata a sí mismo. Y esa cartera de galácticos del parné vale infinitamente más de 500 millones. Una táctica de fidelización en plena guerra, un golpe sabio de timón, una puesta en escena oportuna a más no poder, una virtud extraída de un error reciente.