Botín, el poder ’sistémico’
Esta semana hemos escuchado de boca de Emilio Botín (video arriba), presidente del Santander, una queja, y a la vez un argumento, incuestionable: no pueden pagar los platos rotos de la crisis precisamente aquéllos que han hecho bien las cosas. Si obviamos el petardazo Madoff, que castigó a sus clientes de gran patrimonio y que creyeron estar en un parnaso de rentabilidad exclusiva, la entidad cántabra arroja cifras de negocio buenas, impropias de una economía depresiva. La cumbre del G-20 -que, la verdad, camina hacia la nada fotoburocrática- prescribe aplicar un mayor rigor a los bancos de gran tamaño, con riesgo sistémico. Y Botín lanza como respuesta uno de sus contados mensajes públicos con chicha: “Hay que vigilar el riesgo, no el tamaño”. Incontestable, y hagamos caja en la memoria.
Botín, sin duda, es un hombre sumamente poderoso; debe de ser una mente preclara, un trabajador permanente y un carácter implacable, que insufla la competencia extrema en el ambiente de trabajo de sus empleados, particularmente en los de alto nivel (y pareja retribución). Caiga o no caiga bien, Botín es el banquero de referencia, el que nunca falta; encorbatado siempre de rojo en las reuniones imprescindibles de la créme política-económica. Zapatero, recordarán, en la fase previa de la crisis, se apoyó mucho en él para anclarse ante una turbulencia que venía para quedarse. Ningún español tiene tanto poder sistémico. Valga este raro término, pero tan de actualidad, para entroncar con un estado de las cosas en el mundo bancario.
No sólo el Santander, sino también el segundo de nuestros grandes bancos (el BBVA), ve cómo el clamor por el control de las operaciones financieras amenaza con penalizar por igual a los que lo hicieron bien y a los que lo hicieron mal, o incluso hicieron poco. Los grandes bancos españoles -que no son sólo los dos primeros, el del Sabadell es un caso de gran éxito callado- pueden verse perjudicados por unas restricciones en apariencia sensatas y prudentes (asustadas), pero que ellos no merecen. Botín vino a decir que pagan justos por pecadores. Se llama riesgo sistémico al que acarrea el banco que es mayor y está más expandido en el mapa geográfico y, mejor, en el gran mapa financiero global. Y mientras que con una mayor vigilancia reguladora se pretende, por un lado, evitar amplias catástrofes patrimoniales se incurre, por otro, en un lastre para los buenos y en una forma de injusticia. Pero, en fin, hombros montañeses para aguantar no faltan.






